Historias De La Historia Primera Serie — Carlos..

Annotation ВїQuiГ©n InventГі el sostГ©n? ВїQuiГ©n fue Juliano el ApГіstata? ВїCГіmo y quГ© recetaban los mГ©dicos en pasados tiempos? ВїEl general PavГ­a entrГі en el Congreso a caballo? ВїExistiГі un papa que era mujer? ВїCГіmo y quГ© comГ­an los reyes de EspaГ±a? ВїCГіmo terminГі la Casa de Austria? ВїCuГЎndo se inventГі el purgatorio? ВїQuiГ©n fue MarГ­a Luisa de Orleans, primera esposa de Carlos II? ВїCГіmo es posible que santa Teresa de JesГєs muriese un 4 de octubre y fuese enterrada al dГ­a siguiente, 15 del mismo mes?... En este libro se contentan estas y otras preguntas que se/le han formulado al autor a lo largo de ocho aГ±os de actividad radiofГіnica. Completan la obra una serie de epigramas, anГ©cdotas, historias curiosas, etimologГ­as, etc. El lector sabrГЎ, por ejemplo, que la cГ©lebre frase "Ya no hay Pirineos" no fue pronunciada nunca, que el conde DrГЎcula existiГі realmente, que los gays no son cosa de ahora, asГ­ como otras muchas curiosidades histГіricas que le harГЎn pasar un rato divertido, sin olvidar, como dice Chesterton, que divertido es lo contrario de aburrido, no de serio. Carlos Fisas HISTORIAS DE LA HISTORIA (PRIMERA SERIE) COLECCIГ“N DOCUMENTO DirecciГіn: Rafael Borras Betriu Consejo de RedacciГіn: Marta Teresa ArbГі, Marcel Plans, Carlos Pujol y Xavier VilarГі В© Carlos Fisas, 1983 Editorial Planeta, S. A., CГіrcega, 273-277, 08008 Barcelona (EspaГ±a) EdiciГіn al cuidado de MarГ­a Teresa ArbГі DiseГ±o colecciГіn y cubierta de Hans Romberg (realizaciГіn de Jordi Royo) IlustraciГіn cubierta: detalle de "Carlos V" de Tiziano. “La bragueta emperadora'' segГєn la definiГі Rafael Alberti en su libro "El burro explosivo", jamГЎs reeditado, Museo del Prado, Madrid (foto Salmer). Procedencia de las ilustraciones: Archivo Editorial Planeta, Archivo HistГіrico Nacional, Archivo Vendrell, Balmes, Bulloz, Efe, Europa Press, Giraudon, Instituto Municipal de Historia. (Barcelona), Keystone, Mas y Zardoya 1ВЄ ediciГіn: diciembre de 1983 DepГіsito legal. B. 10.534-1987 ISBN 84-320-4315-X Printed in Spain — Impreso en EspaГ±a Talleres GrГЎficos В«Duplex, S. A.В» t Ciudad de la AsunciГіn, 26-D, 08030 Barcelona A LUIS DEL OLMO que me introdujo en el mundo apasionante de la radio y AL RAIG DE SOL DE LA MEVA TARDOR Je n'aime dans l'histoire que les anecdotes, et parmi les anecdotes, je prГ©fГЁre celles oГ№ j'imagine trouver une peinture vraie des moeurs et des caractГЁres Г  une epoque donnГ©e. Ce goГ»t n 'est pas trГЁs noble; mais je l'avoue Г  ma honte, je donnerais volontiers Thucydide pour des mГ©moires authentiques d'Aspasie ou d'un esclave de PГ©riclГЁs; car les mГ©moires, que sont des causeries familiГЁres de l'auteur avec son lecteur, fournissent seuls ces portraits de l"homme qui m'amusent et qui m'intГ©rГ©ssent. Prosper MГ©rimГ©e, В«Chroniquedu RГЁgne de Charles IXВ», prГ©face AMIGO LECTOR Un buen dГ­a —y de ello hace ya ocho aГ±os— mi amigo Luis del Olmo me llamГі para intervenir como colaborador en un programa de radio. A su lado he permanecido todo este tiempo y pienso permanecer mucho mГЎs. Con Г©l he recorrido Radio Nacional de EspaГ±a, Radio Peninsular, Radio Cadena y ahora Radio Miramar de Barcelona y Cadena de Ondas Populares de EspaГ±a-COPE. Mi aficiГіn es la historia y por ello, tal vez por casualidad, empecГ© hablando de algo tan alejado de nuestra sociedad como es la urbanidad, la cortesГ­a y las buenas maneras, cosas, todas Г©sas, que para muchos de nuestros jГіvenes son tan lejanas como la guerra de las TermГіpilas o las guerras pГєnicas. Poco a poco fui ampliando mis intervenciones que, dicho sea sin falsa modestia, han tenido un cierto Г©xito. Varios oyentes me han dicho y me han escrito pidiendo que las recogiese en un libro. Y ahГ­ van, no todas, por supuesto, sino aquellas que por una causa u otra he tenido mГЎs a mano. Este libro es un cajГіn de sastre. AquГ­ encontrarГЎs anГ©cdotas, curiosidades, aspectos del vivir cotidiano, etc., y huelga decir que no he inventado nada. Una anГ©cdota que me place contar a menudo es la siguiente: Terminaba un dГ­a mi intervenciГіn en Radio Nacional de EspaГ±a cuando del auditorio —en Radio Nacional las emisiones eran pГєblicas como lo son ahora en Radio Miramar— se levantГі un seГ±or que vino a mi encuentro. —QuerГ­a saludarle —me dijo— porque encuentro maravillosas sus intervenciones, son extraordinarias... AquГ­ pongan todos los adjetivos elogiosos que quieran. —...pero me gustarГ­a saber algo. ВїDe dГіnde saca usted todas esas cosas? —De los libros —respondГ­. Y Г©l, desilusionado, contestГі: —AsГ­, cualquiera. Y tenГ­a razГіn el buen hombre. AsГ­, cualquiera, cualquiera que tenga, como yo, el vicio de leer. EstГЎ al alcance de todo el mundo. Lo difГ­cil para mГ­ serГ­a no poder leer, pasar un dГ­a sin lectura. Leer y releer es mi mayor distracciГіn, mi mayor aficiГіn. Puedo decir que casi la Гєnica. Por ello lo que hago, digo y escribo no tiene mГЎs valor que el de haber escogido, y asГ­ lo deseo, algo que interese, al oyente primero y ahora a ti, lector amigo. Libros, libros, muchos libros. De ello se deduce que, excepto algГєn comentario, Г©ste que tienes en las manos es fruto de otros y no mГ­o. He bebido en muchas fuentes y si en algo he errado cГєlpeseme a mГ­ por no haber sabido escoger el manantial. Por lГіgica honradez he procurado citar siempre el volumen del que he entresacado algГєn hecho, algГєn episodio. Al final una pequeГ±a pГЎgina bibliogrГЎfica darГЎ cuenta de los mejores libros en que tГє, lector, puedes ampliar detalles si asГ­ lo deseas. Un dГ­a, en unos grandes almacenes barceloneses estaba hojeando unos libros cuando una seГ±ora de mediana edad le dijo a una muchacha joven que la acompaГ±aba: —Ves, hija, esta gente que lee es que no sabe cГіmo matar el tiempo. Juro que la anГ©cdota es cierta y autГ©ntica. ВЎ No saber cГіmo matar el tiempo era la Гєnica razГіn que aquella mujer veГ­a para dedicarse a la lectura! Nada mГЎs hermoso que leer. Conversar con quien tienes ganas y callar y hacer callar si te apetece. Tener amigos que se llaman Cervantes, Shakespeare, Montaigne, santa Teresa, Proust, Leopardi, Quevedo, Dostoievski... ВїquГ© mejor compaГ±Г­a se puede encontrar? Y mГЎs variada. SegГєn el humor y el estado de ГЎnimo hablas con uno o con otro, y como decГ­a Montesquieu en sus Cartas persas: В«El estudio ha sido para mГ­ el soberano remedio contra los disgustos de la vida y no he tenido nunca ninguno que no me haya quitado una hora de lectura.В» В«QuitadoВ» es, tal vez, palabra muy absoluta. La lectura puede no ser una panacea, pero siempre, por lo menos, es un bГЎlsamo. Este libro estГЎ compuesto por una serie de curiosidades que, en general, no se encuentran en los libros de historia al uso. ВїCГіmo vivГ­an nuestros antepasados? ВїCГіmo pleiteaban? ВїCГіmo intentaban curar sus enfermedades? ВїQuiГ©n era la papisa Juana o fulano o zutano de quien se habla sin saber a ciencia cierta si existieron o no? Sin pretender que este volumen dГ© respuesta a todas esas preguntas, sГ­ puedo decir que pretende interesar a los posibles lectores a que busquen respuestas a sus dudas. Este libro quisiera ser un acicate para mayores y mejores lecturas. Una advertencia mГЎs: В«El yo es odiosoВ», dice Pascal, y uso mucho de este pronombre personal. No se achaque a vanidad ni egolatrГ­a. PodrГ­a decir, como Montaigne, que В«hablo de mГ­ porque es la persona que tengo mГЎs a manoВ», pero eso tambiГ©n en mi caso serГ­a vanidad. Si hablo de mГ­ o de mis opiniones lo hago para hacer constar que no se debe dar mГЎs valor a lo que digo que el de una posiciГіn personal ante las cosas. No pretendo, ni mucho menos, erigirme en maestro, sino todo lo contrarГ­o. Cuando lean В«yoВ» interprГ©tenlo como opiniГіn personal que sinceramente expongo. Y sinceramente, tambiГ©n, creo que puede ser equivocada. Y me parece que no debo aГ±adir mГЎs. Como decГ­an los latinos —que no los В«chachisВ» de hoy—, VALE, que quiere decir adiГіs. Si, es verdad, se me olvidaba algo. No prestes este libro. Si te gusta, cГіmpralo para regalarlo a tus amigos para complacerlos; si no te gusta, regГЎlalo a tus enemigos para fastidiarlos; pero no lo prestes. Recuerda el proverbio: Libro prestado, perdido o estropeado. Y ahora sГ­, VALE. UNA FRASE AFORTUNADA En 1702 el mariscal francГ©s duque de VendГіme entraba en Parma de donde habГ­a salido el duque Francesco Farnese o Farnesio, que gobernaba el ducado. QuedГі encargado de los asuntos del mismo el arzobispo de Borgo San Donnino Alessandro Romovieri quien fue a visitar al mariscal en el palacio que ocupaba. El duque de VendГіme le recibiГі mientras estaba sentado en su sillico que, segГєn la Real Academia EspaГ±ola es el nombre que recibe elВ«...bacГ­n. Vaso alto y redondo para excrementosВ». La cosa no es de extraГ±ar, pues en aquellos tiempos no era inusual recibir a las visitas mientras se hacГ­an sus necesidades. Incluso se cuenta que madame de Pompadour, ya mГЎs avanzado el siglo, se hacia dar lavativas en su salГіn apartada de sus visitas por un pequeГ±o biombo por sobre del cual aparecГ­a su cabeza conversando tranquilamente como si nada especial sucediese. Pues bien, quedamos en que el duque recibiГі al arzobispo mientras hacia sus necesidades, cosa bastante difГ­cil, pues sufrГ­a estreГ±imiento pertinaz y tenia hemorroides. Y pido perdГіn por dar esos detalles pero son necesarios para el relato. Mientras el arzobispo iba presentando las demandas que debГ­a presentar el duque sin encomendarse a Dios ni al diablo, se levantГі del sillico y le mostrГі sus posaderas diciendo: —¡ Г‰stos son los problemas que me preocupan en este momento! El arzobispo indignado, no era para menos, se levantГі de su sillГіn y se fue. Pero era de todo punto necesario tratar con el mariscal y para ello encomendГі la misiГіn a un abate joven, muy listo, y al que tenГ­a en gran estima. Se presentГі, pues, el abate al mariscal quien, avisado de la visita le recibiГі sentado en su sillico y, en el momento de entrar, sin dejar que pronunciase una sola palabra se levantГі y enseГ±Гі su tafanario al mensajero. El abate, ni corto ni perezoso, se acercГі al duque exclamando: — Oh, che culo d'angelo! Lo dijo en italiano para no herir sensibilidad alguna. Inmediatamente y aprovechando la sorpresa del duque le dio consejos para cuidar las almorranas y le pidiГі que le permitiese pasar a la cocina para prepararle unos platos especiales para el caso. No hablГі para nada de los asuntos que le habГ­a encargado el arzobispo pero le presentГі unos macarrones con mantequilla y otras viandas por el estilo y se despidiГі hasta el dГ­a siguiente, en que le obsequiГі con una sopa de queso y otras virguerГ­as y luego se puso a tratar de los problemas parmesanos. El duque de VendГіme le concediГі todo lo que le pidiГі y la presencia del joven abate se hizo necesaria para Г©l, tanto que, no sГіlo le recibiГі cada dГ­a, sino que al tener que volver a Francia se lo llevГі consigo. Estuvo en Flandes hasta la derrota de Oudenarde, luego fue a ParГ­s acompaГ±ando siempre al duque y preparГЎndole guisados exquisitos. En 1710 el duque de VendГіme fue enviado a EspaГ±a para dirigir las tropas de Felipe V en la guerra de SucesiГіn. Y con Г©l se vino nuestro clГ©rigo. Las tropas felipistas, bajo su mando, fueron de victoria en victoria. DespuГ©s de la batalla de Villaviciosa, el duque de VendГіme fue a descansar a Vinaroz, en donde el 11 de junio de 1712 morГ­a, segГєn se dijo, de una indigestiГіn de langostinos. El abate se ocupГі del cadГЎver que fue llevado al Escorial y enterrado en el panteГіn de los Infantes por orden expresa del rey. Se puede ver su sarcГіfago en la sala que se encuentra despuГ©s de la horrible tarta blanca. Es la tercera o cuarta sepultura a mano izquierda. ВїY quГ© hizo nuestro abate? Pues no se dejГі amilanar y se aproximГі al rey Felipe V y a su esposa MarГ­a Luisa de Saboya. Era Г©sta, segГєn dice la condesa de la Roca, В«de talla pequeГ±a, pero habГ­a en toda su persona una elegancia notable. Sus cabellos eran castaГ±os; sus ojos casi negros, llenos de fuego y de vivacidad. Su fisonomГ­a conservГі largo tiempo una expresiГіn infantil, pero muy inteligente, en una agradable mezcla de ingenuidad y de gracia pueril. Su tez era de notable blancura y, como su hermana la duquesa de BorgoГ±a, tenГ­a las mejillas gruesas, talle airoso, pies pequeГ±os y manos encantadoras. En una palabra, ganaba mucho en ser vista y oГ­da, pues sus retratos no dan mГЎs que una mediana idea de sus encantos, mientras que su persona estaba tan llena de atractivos, que cuantos hablaban con ella se deshacГ­an en elogiosВ». Por su parte el duque de Grammont, en una carta enviada a Versalles cuando fue embajador en Madrid, dice, refiriГ©ndose a MarГ­a Luisa: В«No puede decirse que sea una belleza, pero sГ­ que su figura agradarГЎ siempre a cualquier hombre de gusto delicado.В» TenГ­a entonces la reina 24 aГ±os y gustaba de la buena cocina. Por cierto que en su cena de bodas, segГєn dice Fernando GonzГЎlez-Doria en su interesante y recomendable libro Las reinas de EspaГ±a: В«El duque de Saint-Simon cuenta en sus famosas Memorias cГіmo las damas de la corte espaГ±ola quisieron dar una lecciГіn a los jГіvenes reyes, para que comprendieran que tenГ­an el deber de ser, a partir de ahora, espaГ±oles por encima de todo por mГЎs que por comprensibles razones alternasen en su trato Г­ntimo el servicio de nobles de EspaГ±a con algunos extranjeros. Se habГ­a previsto que en la cena de bodas la mitad de los platos estarГ­an condimentados al estilo espaГ±ol y la otra mitad al gusto francГ©s; pues bien, segГєn Saint-Simon, las damas se las ingeniaron para que solamente estuvieran en condiciones de poder ser presentados a Felipe V y a MarГ­a Luisa Gabriela los platos cocinados a la usanza espaГ±ola. Los jГіvenes soberanos entendieron perfectamente la lecciГіn, y les bastГі este episodio meramente anecdГіtico para asimilar la idea de que, siendo los reyes de EspaГ±a, era para ellos extranjero todo cuanto no hicieran y aprobaran sus sГєbditos, y en verdad que nadie podrГ­a reprocharles que no supieran aprovechar el tiempo en la tarea a veces nada fГЎcil no ya de hablar, sino de pensar en espaГ±ol.В» Ello sucedГ­a cuando entraba en EspaГ±a para casarse con su prometido el rey Felipe V. Г‰l tenГ­a 17 aГ±os y ella 13 y ya era nГєbil. La rema tenГ­a como rodrigona a MarГ­a Ana de la Tremouille de Noirmoutier, viuda en primeras nupcias del prГ­ncipe de Chalais y en segundas del prГ­ncipe Orsini, duque de Bracciano. Los espaГ±oles en vez de llamarla princesa Orsini la llamaban princesa de los Ursinos. TenГ­a 59 aГ±os y digo esto, porque en cierta pelГ­cula espaГ±ola de los aГ±os 40, segГєn creo, se la presentГі como una joven pizpireta y vampiresa lo que no corresponde a la realidad. Nuestro protagonista se hizo amigo de todos, del rey, de la reina y de la todopoderosa princesa. A base de platos y guisados, de su buen gusto en la mГєsica y en las artes, se los puso a todos en el bolsillo. En 1714 muere la reina MarГ­a Luisa de Saboya y el buen abate, listo y entrometido, fiel siempre a los Farnesio, soberanos de Parma, imagina y proyecta el nuevo enlace del rey. Su candidata es В«una buena muchacha de veintidГіs aГ±os, feГєcha, insignificante, que se atiborra de mantequilla y queso parmesano, educada en lo mГЎs intricado de su paГ­s, donde jamГЎs ha oГ­do hablar de nada que no sea coser y bordarВ». Ella es Isabel de Farnesio y asГ­ la describe a la princesa de los Ursinos, en aquel momento ninfa EgerГ­a del rey de EspaГ±a. La princesa no ve ningГєn inconveniente en el enlace. Una muchacha asГ­ no pondrГЎ ningГєn impedimento a sus ansias de poder. SГ­, sГ­, la realidad es muy distinta. El padre FlГіrez nos dice que la princesa Isabel habГ­a estudiado desde su infancia В«gramГЎtica, filosofГ­a, geografГ­a, sistemas celestes, historia, mГєsica, pintura, lenguas latinas, espaГ±ola, francesa y toscana, costumbres de naciones y hechos de varones ilustresВ». AhГ­ es nada. El primer contacto, y Гєltimo, entre la nueva reina de EspaГ±a y la princesa de los Ursinos nos lo narra el susodicho libro Las reinas de EspaГ±a de GonzГЎlez-Doria en su pГЎgina 292: В«Los muchos aГ±os y la excesiva beligerancia que tanto don Felipe como su primera esposa le han dispensado han hecho impertinente y demasiado subida de humos a MarГ­a Ana de la Tremouille. Ya estГЎ ante Isabel de Farnesio, y pretextando que le duele una rodilla apenas hace una leve reverencia a la reina; Г©sta se lo disculpa con una sonrisa que la Orsini va a interpretar muy equivocadamente; creyГ©ndose ya que le va a bastar un gesto para adueГ±arse de la voluntad de la nueva soberana, pues a veces se logra mГЎs con un golpe de audacia que con la mГЎs reverente sumisiГіn, toma MarГ­a Ana de la Tremouille a doГ±a Isabel por la cintura, y con gran sorpresa de Г©sta le nace dar una vuelta, diciГ©ndole a propГіsito del exceso de kilitos que delatan en la reina su aficiГіn a la mantequilla y a los buenos quesos parmesanos: »—¡Cielos, seГ±ora, quГ© mal formada estГЎis! ВЎQuГ© cintura tan gruesa!В» Y nos relata un autor que В«al oГ­r tal impertinencia la Farnesio palideciГі y llamГі al jefe de la guardia. En perfecto castellano le ordenГі tajante: »—Llevaos de aquГ­ a esta loca que ha osado insultarmeВ»... Era el oficial jefe de la guardia un tal AmГ©zaga, quien sabiendo el enorme ascendiente de que hasta este instante ha gozado la Orsini, no querГ­a exponerse a futuras represalias de Г©sta, y por ello con todo respeto solicitГі de la reina que la orden que le daba para que se detuviese a la princesa se la cursara por escrito; tomГі asiento la reina Isabel en un banco, y В«escribiГі sobre su propia rodilla la orden de extraГ±amientoВ»... В«MarГ­a Ana de la Tremouille, con aquellas frases, con aquel gesto, acababa de ser derribada por la buena muchacha insignificante de la que astutamente habГ­a hablado Alberoni. Y sin darle siquiera tiempo para cambiarse de ropa, ni para acudir a despedirse del rey, ni pudiendo viajar con mГЎs equipaje que el que desde Madrid habГ­a llevado hasta Jadraque, se hizo subir a su carroza a la princesa Orsini, se rodeГі el vehГ­culo con cincuenta soldados, y se la condujo a la frontera francesa con prohibiciГіn rigurosa de que intentara pisar territorio espaГ±ol nunca mГЎs.В» El abate ya estГЎ donde ambicionaba estar. Poco despuГ©s, en 1716, a la caГ­da del cardenal del Giudice, a consecuencia de la conspiraciГіn de Cellamare que ocasionГі las iras del regente de Francia, Felipe de Orleans, se convierte en amo y seГ±or de la MonarquГ­a espaГ±ola. En 1717 es nombrado cardenal, pero su estrella empieza a declinar. Sus artes culinarias se ven postergadas ante la creciente melancolГ­a y locura de Felipe V. El 5 de diciembre de 1719 era despedido de sus cargos y expulsado de EspaГ±a. Fue a Roma en donde se le sometiГі a distintos procesos que, al final, fueron sobreseГ­dos en diciembre de 1723 con todos los pronunciamientos favorables. El viejo, ahora ya viejo, cardenal se retira a su villa natal. Se dedica a obras de caridad y de asistencia pГєblica. MuriГі en Piacenza el 26 de junio de 1752 a los 88 aГ±os de edad. Se llamaba Julio Alberoni. EL NOMENCLГЃTOR URBANO Creo que fue don JosГ© SГЎnchez Guerra que siendo presidente del Consejo de Ministros recibiГі una comisiГіn de no sГ© quГ© pueblo que le comunicГі que el Ayuntamiento habГ­a decidido, por unanimidad, dar su nombre a una plaza. El viejo polГ­tico, viejo por la experiencia que no por los aГ±os, quedose un rato pensativo y luego, sonriendo respondiГі: —Miren ustedes, les agradezco el honor que me hacen; pero me molestarГ­a mucho que, en un cambio de gobierno cualquiera se le antojase a alguien echar mi nombre por la borda y dedicar la plaza a cualquier otro hombre polГ­tico, les sugiero que, para mayor seguridad, el nombre sea plaza del presidente del consejo de ministros y asГ­ servirГЎ siempre. Esta anГ©cdota viene a cuento por los Гєltimos cambios en el callejero de nuestras ciudades y pueblos. Se hace, segГєn he oГ­do decir, para terminar con los odios y lograr la hermandad de todos los espaГ±oles. Me parece que se sigue un camino equivocado. Si se quiere de verdad terminar con los rescoldos de nuestra guerra civil, lo lГіgico es que al lado de una avenida del GeneralГ­simo Franco, hubiese otra dedicada a don Manuel AzaГ±a y junto a la plaza del General Miaja se encontrase la calle del General Mola. Lo demГЎs es puro revanchismo. Explicable, sin duda, pero no disimulable. Esto de los homenajes populares me recuerda una anГ©cdota que cuenta Enrique Povedano en su obra La carГЎtula rГ­e. UN DIPUTADO SIN MANCHA Por los aГ±os de 1900, aproximadamente, era diputado por la provincia de Alicante don JosГ© Francos RodrГ­guez. LlegГі un dГ­a en que el escritor, como es obligatorio en estos casos, tuvo que recorrer su distrito. Y sucediГі que en un pueblo, cuyo alcalde habГ­a sido previamente avisado, el Ayuntamiento y los vecinos quisieron recibir con la mГЎxima dignidad a su representante en Cortes. Pero aquellos sencillos aldeanos que no celebraban en todo el aГ±o mГЎs fiesta que la de la PurГ­sima, hubieron de emplear para el caso los adornos, gallardetes y colgaduras que utilizaban para su anual conmemoraciГіn religiosa. No es para descrito el asombro de Francos RodrГ­guez, periodista archipopular, madrileГ±o de pura cepa y hombre avezado a la vida de teatros y francachelas al leer en un arco que a la entrada del pueblo se habГ­a puesto para recibirle: В«BENDITA SEA TU PUREZA.В» Esto de la В«purezaВ» me hace pensar en que la palabra candidato proceda del latГ­n candidus blanco, y se refiera al color blanco con que los aspirantes a un cargo pГєblico vestГ­an para demostrar la pureza de sus intenciones. ВїSe imaginan a don Felipe GonzГЎlez, don Manuel Fraga, don Alfonso Guerra, don Santiago Carrillo y todos los mil y pico candidatos a los cargos de diputados y senadores vestiditos de blanco en vГ­spera de unas elecciones? ParecerГ­a que estГЎbamos en los tiempos de la Primera ComuniГіn. LA PROTOH1STOR1A Eugenio d'Ors llamaba Protohistoria a lo que, en general, se llama Prehistoria e incluГ­a en la denominaciГіn todo aquello que sucediГі en el mundo antes de los primeros testimonios escritos. Hace dos mil millones de aГ±os —2.000.000.000—, ВЎcasi nada!, que se calcula que empezГі la formaciГіn de la Tierra. Es lo que se llama perГ­odo PrecГЎmbrico que llega hasta los 540 millones de aГ±os a. de J.C. De los 540 millones hasta 190 millones antes de nuestra era se desarrolla el Paleozoico o Primario, dividido en las Г©pocas CГЎmbrica, SilГєrica, Devoniana, CarbonГ­fera y PГ©rmica. De los citados 150 millones hasta 70 millones se cuentan las Г©pocas TriГЎsica, JurГЎsica y CretГЎcica, que constituyen el perГ­odo Mesozoico o Secundario. De los 70 millones al millГіn de aГ±os de nuestra era, y pido perdГіn por lo aburrido de mi exposiciГіn, se habla de Г©pocas Eocena, Oligocena, Miocena y Pliocena, que se engloban en el perГ­odo Cenozoico o Terciario. Y sigamos con nombres raros. Un millГіn de aГ±os a. de J.C. se inaugura la Era de las Glaciaciones, que dura hasta 10.000 aГ±os —aproximadamente— antes de nuestra era y desde este momento hasta nuestros dГ­as la Г©poca de los aluviones. Ambas configuran el llamado periodo Pleistoceno o Cuaternario. Para que nos demos cuenta de lo que todo ello significa imaginemos por un momento, que el origen de la Tierra se sitГєa en un 1 de enero. Pues bien, la Era Primaria se iniciarГ­a a primeros de setiembre, los primeros peces, que aparecen en el SilГєrico, lo harГ­an a finales de octubre. Los mamГ­feros, correspondientes al perГ­odo JurГЎsico, a finales de noviembre. El primer homГ­nido —el australopiteco— el 31 de diciembre, a eso de las 9 de la noche. El Homo Sapiens —que aunque parezca mentira somos nosotros—, el mismo 31 de diciembre a las once y media de la noche. Y nosotros vivirГ­amos poco mГЎs o menos a las 11 de la noche, 58 minutos, del mismo 31 de diciembre. Es decir, que llevamos —el gГ©nero humano lleva— unos 30 minutos de existencia en este imaginario aГ±o de la CreaciГіn. ВЎ30 minutos!, ВЎmedia hora! De los 522.000 minutos de existencia del mundo —contados al buen tuntГєn y sin tener en cuenta los aГ±os bisiestos—, la raza humana hace 30 minutos que vive en esta tierra. De los 31.320.000 segundos que cuenta el aГ±o nosotros, los hombres, llevamos existiendo sГіlo 1.800. Entonces usted y yo, ВїcuГЎntas milГ©simas de segundo hace que vivimos? MГЎs vale no contarlo, no vale la pena, usted y yo no somos nada, no somos nadie. ВЎ Y lo que creemos ser! Meditemos un poco. DE MГ‰DICOS Y CURANDEROS Cuenta el padre FГЎijoo que cuando andaban saludadores por el mundo, se hallaba uno en un corro, vio pasar un can y dijo: —Aquella perra va preГ±ada; parirГЎ siete cachorros y cinco rabiarГЎn. —No es perra —le dijeron—, sino perro. —Pues si es perro —replicГі Г©l sin inmutarse—, en verdad que va bien harto. Esta anГ©cdota es significativa, pues durante largo tiempo histГіrico le es imposible al coleccionista separar las anГ©cdotas referentes a mГ©dicos y a curanderos. No es nada extraГ±o si se tiene en cuenta que aun los mismos pacientes tampoco los sabГ­an distinguir. Hubo un tiempo heroico de la Medicina en que, exceptuando figuras eminentes, todos los demГЎs, mГ©dicos y saludadores, no pasaban de ser meros empГ­ricos, con pretensiones de saber adquirir lo infuso. En el siglo XVIII, un tal Jacques Beaulieu, mГЎs conocido por el nombre de FrГЁre Jacques, operaba los cГЎlculos hepГЎticos en forma sorprendente. El mariscal duque de Lorges, que lo supo, hizo llamarle, pero antes de confiarse a Г©l juzgГі conveniente ponerlo a prueba. Se buscГі por ParГ­s 22 enfermos de la piedra que fueron llevados al palacio del mariscal y operados por FrГЁre Jacques ante los cirujanos del rey. SegГєn Г©stos dijeron, la operaciГіn fue efectuada en forma grosera y poco cientГ­fica. De todos modos, demostrГі que conocГ­a bien la anatomГ­a. Todos los operados curaron en pocas semanas. En vista de estos magnГ­ficos resultados, el duque de Lorges no vacilГі en ser operado. Se le operГі y muriГі al dГ­a siguiente. Y del modo como el empirismo se aunaba con las creencias mГЎs absurdas, sea prueba esta otra historia. En 1S93 corriГі el rumor de que a un niГ±o de Silesia, de 7 aГ±os, le habГ­a salido un diente de oro. Hortius, profesor de Medicina en la Universidad de Hermanstaedt, escribiГі en 1595 la historia de este diente y pretendiГі que era medio natural y medio maravilloso, y que habГ­a sido enviado por Dios a este niГ±o para consolar a los cristianos de los desmanes de los turcos. Fijaos en quГ© consuelo y quГ© relaciГіn entre el diente y los cristianos y los turcos. El mismo aГ±o, con el fin de que este diente no careciese de historiadores, Rollandus la escribiГі otra vez. Siguen a este historiador lngolsteterus y Civalius. No faltГі a estas historias mГЎs que el ser verdadero el diente, pues examinado por un joyero descubriГі que no era mГЎs que un diente vulgar cubierto por una delgada hoja de oro. Se empezГі por escribir los libros y despuГ©s se consultГі al joyero. En el libro Historia de la estupidez humana, de IstvГЎn Rath Vegh, se dan muchos mГЎs detalles sobre el caso. El libro de Jacobo Hortius se titula De ГЎureo dente maxillari pueri silesii, primum citorum eius generatio naturalis fuerit nec ne: deinde aut digna eius interpretatio dari quafat. Lipsiae (Leipzig), 1595. El niГ±o en cuestiГіn habГ­a nacido el 22 de diciembre de 1585. En el momento de su nacimiento, el Sol se hallaba en la constelaciГіn de Aries, en conjunciГіn con Saturno. Gracias a la favorable situaciГіn astrolГіgica, los humores que nutrГ­an el cuerpo del reciГ©n nacido funcionaban con tanta intensidad que segregaron, en vez de masa Гіsea, oro puro. Contra Hortius y Rulandus o Martin Ruland, mГ©dico de Regensburg, Ingolsteterus o Johan Ingolstedter, escribiГі su libro. Ruland contestГі y terciГі en los debates Duncan Liddel, explicando que era imposible que Hortius tuviese razГіn. La explicaciГіn no era muy cientГ­fica que digamos. Era, segГєn Г©l, imposible, sencillamente porque В«el 22 de diciembre de 1585 el Sol no se hallaba en la constelaciГіn de AriesВ». Quien descubriГі todo el pastel fue un mГ©dico apellidado Rhumbaum, que hallГі en la parte superior de la muela una grieta sumamente sospechosa. Al tocarla notГі un pequeГ±o movimiento: ВЎla muela estaba cubierta de una fina lГЎmina de oro! ВЎ QuiГ©n lo hubiera dicho! Y ya que hablamos de oro, diremos que en este mismo libro de Rath— Vegh hay un capГ­tulo sobre farmacopea aurГ­fera que voy a extractar. El libro en cuestiГіn, editado por JanГ©s, estГЎ agotado. SerГ­a interesante una nueva ediciГіn. Aunque la editorial no sea la de este libro, entre profesionales bien educados, no hay competidores sino colegas. Ya en tiempos de Plinio se empleaba el oro como remedio y mГЎs tarde la Medicina de los ГЎrabes lo englobГі oficialmente en la farmacopea mГЎs distinguida. Y desde entonces se fue usando continuamente. Se ha conservado una pequeГ±a factura de la corte del rey Luis XI de Francia, atestiguando que el monarca, por orden de unos galenos, debГ­a beber oro contra el mal de San Vito que le aquejaba. Para fabricar tan costoso brebaje se emplearon nada menos que noventa y seis doblones de oro. En la obra De triplici vita, publicada en 1489, se conserva una cuenta de Marsilio Ficino que dice asГ­: В«Todos los autores recomiendan el oro como el medio mГЎs suave y mГЎs libre de toda corrupciГіn entre todas las materias conocidas. A causa de su brillo estaba consagrado al Sol, por su semejanza con el astro JГєpiter. Por esta razГіn es capaz de templar maravillosamente el calor con la humedad y conservar de la corrupciГіn los humores corporales. Es capaz de llevar, junto al calor del sol, el calor jupiterino a las distintas partes del cuerpo. В»Es preciso, con este fin, que el estado sГіlido del oro se haga mГЎs suave y mГЎs apto para ser absorbido. Sabido es, en efecto, que los medicamentos que ejercen influencia sobre el corazГіn, lo hacen cuando la fuerza activa que poseen sufre lo menos posible. Para que el organismo sufra lo menos posible, es preciso preparar la dosis de la manera mГЎs suave posible, o sea la mГЎs mГ­nima; lo mejor serГ­a, pues, que el oro lГ­quido pudiera prepararse desprovisto de toda materia extraГ±a. Pero esto sГіlo se puede conseguir, en el mejor de los casos, pulverizado y hecho lГЎminas finas. В»ExplicarГ©, pues, cГіmo se puede obtener oro lГ­quido. В»Se cogen flores de Corago, vuglosa y melina —a Г©sta la llamamos nosotros "hierba limonГЎcea''-en el momento en que el sol entra en Leo. Se hierven estas flores en agua de rosas, con azГєcar blanco diluido en el agua, y por cada onza de este brebaje se aГ±aden tres laminillas de oro, ingiriГ©ndolo en ayunas con un poco de vino blanco.В» Y he aquГ­, del mismo libro, otra anГ©cdota sacada del mismo capГ­tulo: В«Al oro le correspondГ­a cierto papel en la viruela. Era preciso cubrir el rostro afectado con una fina lГЎmina de oro, y la fuerza radiante y estelar del oro anulaba la obra destructora de las pГєstulas malignas. AsГ­ procedieron los mГ©dicos con la esposa del general Miklos BerchГ©nyi cuando enfermГі de viruela. El resultado debiГі de dejar mucho que desear, pues el cronista Kaleman Mikes dice en una de sus cartas literarias, del 28 de diciembre de 1718: В»"Se suele curar a las damas distinguidas de otra manera que a las demГЎs. En cuanto cayГі enferma la esposa de BerchГ©nyi, hubo consejo de numerosos mГ©dicos, y cada cual proponГ­a otra cosa para que las viruelas no se vieran y la belleza se conservase, por lo que le cubrieron la cara con una fina lГЎmina de oro, haciГ©ndole una mГЎscara. Tuvo que permanecer asГ­ durante algГєn tiempo, pero al fin fue preciso quitarle el oro, pues es imposible pasearse con la cara dorada, ya que, a pesar de todo, la cara de color de rosa gusta mГЎs que la dorada. Entonces surgiГі una gran dificultad. ВїCГіmo quitarle la mascarilla? Emplearon sin Г©xito toda clase de lГ­quidos por lo que fue preciso quitarla con un punzГіn, poco a poco y por partes. Consiguieron sacГЎrselo todo, pero el oro se habГ­a secado tanto en la nariz que la labor resultГі todavГ­a mГЎs difГ­cil. Por fin lo lograron, si bien la nariz se le quedГі completamente negra. Por esta razГіn no podrГ­a recomendarle a nadie que se hiciera dorar la cara."В» No sГ© en quГ© debГ­an basarse lo mГ©dicos que tal terapГ©utica usaban. Creo que lo hadan siguiendo una rutina mГЎs que por convicciГіn, equivocada o no, adquirida por el estudio. Ha habido Г©pocas en que la supersticiosa tradiciГіn tenГ­a mГЎs valor que el estudio y la misma evidencia. Refiere Galileo en sus DiГЎlogos una anГ©cdota que demuestra el fanatismo con que era acatada en su tiempo la autoridad de AristГіteles. VisitГі cierto caballero a un mГ©dico muy cГ©lebre de Venecia, en cuya casa se habГ­a reunido mucha gente para asistir a una disecciГіn que debГ­a verificar un anatГіmico habilГ­simo. Г‰ste hizo fijar la atenciГіn en la gran cantidad de nervios que, partiendo del cerebro, pasaban a lo largo del cuello a la espina dorsal y de allГ­ se desparramaban a todo el cuerpo (sic en el texto que copio). PreguntГі entonces el mГ©dico al caballero: —¿Veis cГіmo los nervios proceden del cerebro y no del corazГіn? —Confieso —respondiГі el otro— que la cosa no puede ser mГЎs cid y, desde luego, defenderГ­a vuestra opiniГіn si no se opusiera a ello autoridad de AristГіteles. Lo peor no es que opinare asГ­ un profano, sino que lo hicieren tambiГ©n los archiatros, cirujanos y ademГЎs componentes de la profesiГіn. Y si no tenГ­an convicciones era peor porque obraban como el que des cribe un criado en la donosa comedia Don Gil de las calzas verdes de Tirso de Molina: Yo te dirГ© lo que hacГ­a mi mГ©dico. Al madrugar, almorzaba de ordinario una lonja de lo aГ±ejo porque era cristiano viejo y con este letuario agua vitis que es de vid, visitaba sin trabajo calle arriba, calle abajo los egrotos de Madrid. VolvГ­amos a las once: considere el pГ­o lector, puesto que fuere de bronce, harto de ver orinales y fГ­stulas, revolver HipГіcrates, y leer las curas de tantos males AsentГЎbase, y ГЎ penas ojeaba dos autores, cuando doГ±a EstefanГ­a gritaba: В«Hola, InГ©s, Leonor, id a llamar al doctor que la cazuela se enfrГ­a.В» RespondГ­a Г©l: В«En una hora no hay que llamar a cenar: dГ©jenme un rato estudiar. Decid a vuestra seГ±ora que le ha dado garrotillo al hijo de tal condesa; y que estГЎ la ginovesa su amiga, con tabardillo; que esfuerza mirar si es bueno sangrarla estando preГ±ada; que a DioscГіrides le agrada mГЎs no lo aprueba Galeno.В» EnfadГЎbase la dama, y entrando a ver su doctor decГ­a: В«Acabad, seГ±or; cobrado habГ©is harta fama, y demasiado sabГ©is para lo que aquГ­ ganГЎis; advertid, si asГ­ os cansГЎis, que pronto os consumirГ©is. Dad al diablo los Galenos, si os han de hacer tanto daГ±o Вї QuГ© importa al cabo del aГ±o veinte muertos mГЎs o menos?В» SubГ­a a ver al paciente: decГ­a cuatro chanzonetas: escribГ­a dos recetas destas que ordinariamente se alegan sin estudiar: y luego las embaucaba con unos modos que usaba extraordinarios de hablar. EncajГЎbanle un doblГіn y asombrados de escucharle no cesaban de adularle hasta hacerle un SalomГіn Y juro a Dios que teniendo cuatro enfermos que purgar le vi un dГ­a trasladar (no pienses que estoy mintiendo) de un antiguo cartapacio cuatro purgas, que llevГі escritas (fuesen o no a propГіsito) a palacio; y recetaba la cura para el que purgarse habГ­a, sacaba una y le decГ­a: В«Dios te la depare buena.В» Y el enfermo lo tomaba y a veces sanaba y a veces morГ­a. Creo que muchos la debГ­an tomar siguiendo el razonamiento del doctor Carth. La duquesa de Marlborough obligaba a su marido a tomar una medicina de sabor muy desagradable. Al no conseguirlo exclamГі: —Que me cuelguen, si esta medicina no te cura. —Vamos, milord —dijo entonces el doctor Carth—, tomadla, que de todos modos saldrГ©is ganando. Y volviendo a los mГ©dicos, creo que si hubiera prosperado el sistema Austrigilda pronto hubiesen desaparecido de la faz de la tierra. Austrigilda, esposa de GontlГЎn rey de BorgoГ±a, estando en su lecho de muerte obtuvo de su marido que harГ­a enterrar con ella a sus dos mГ©dicos. DE LA EXACTITUD DE LAS ANГ‰CDOTAS El cГ©lebre autor Enrique Povedano publicГі en 1959 un libro titulado La carГЎtula rГ­e. В«ExcursiГіn anecdotaria a travГ©s de los grandes artistas de la escena: actrices, actores, comediГіgrafos...В» llevaba un prГіlogo de Alfredo Marquerie. La primera anГ©cdota del libro, copiada a la letra dice: Un hombre insignificante Cierta primera actriz dramГЎtica, de positivo mГ©rito artГ­stico y que, allГЎ por las postrimerГ­as del pasado siglo XIX, llegГі a alcanzar en Madrid considerable resonancia, recibГ­a todas las noches en la saleta anterior a su camerino a buen nГєmero de artistas, escritores y abonados, formando asГ­ una reuniГіn intelectual y distinguida, a usanza de las tertulias literarias de la Г©poca. Entre los asiduos veГ­ase invariablemente a un seГ±or bien portado, de barba entrecana, afable, discreto y que apenas osaba intervenir en la conversaciГіn general. A partir de determinada noche, el caballero en cuestiГіn dejГі de asistir al teatro. Al cabo de algunos dГ­as, uno de los contertulios, echando de menos al susodicho, preguntГі ala comedianta: —¿QuГ© ha sido de aquel seГ±or que se reunГ­a con nosotros y no hablaba casi nunca? —¿A quiГ©n se refiere usted? —inquiriГі la actriz. —Al caballero de la barbita entrecana. —¡ Ah, ya sГ©! MuriГі la semana pasada. —¿SГ­? ВЎPobre seГ±or! ВїY quiГ©n era? —Mimando. Pues bien, esta anГ©cdota la he leГ­do repetidas veces en anecdotarios anteriores. Referida en Francia a madame Geoffrin o a otras personas, por ejemplo. ВїQuГ© quiere decir eso? Pues que sucesos, acaecidos o no, se atribuyen a personas muy diversas pero que tienen algo en comГєn. Buena parte de los rasgos ingeniosos que en EspaГ±a se adjudican a Jacinto Benavente, por ejemplo, en Francia lo son a Tristan Bernard, Sacha Guitry u otros, en Inglaterra a Bernard Shaw, a Oscar Wilde..., y asГ­ sucesivamente. Son los que en el idioma de nuestros vecinos se llaman los amuseurs publics. Se cuenta, por ejemplo, que un dГ­a se encontraron en una acera de Madrid Jacinto Benavente y JosГ© M. a Carretero, mГЎs conocido por su seudГіnimo de El caballero Audaz, gran corpachГіn, metro noventa de estatura y espadachГ­n conocido por sus varios duelos que dijo contemplando al gran dramaturgo, pequeГ±o, delgado, barba cuidada y fama de afeminado: —Yo no cedo el paso a maricones. —Pues yo sГ­ —dijo Benavente bajando de la acera. La anГ©cdota es falsa. He encontrado varias versiones de ella atribuida a personajes dispares y de Г©pocas muy diversas. El adjetivo ofensivo es distinto, unas veces alude a las costumbres sexuales del contrario, otras se le llama cobarde, cornudo, imbГ©cil, etc., pero la anГ©cdota es la misma. De ello se deduce que se ha de ir con mucho cuidado al atribuir a uno u otro personaje un suceso o una frase determinada. He procurado siempre verificar mis fuentes y, en caso de duda, no he vacilado en dar como mГЎs cierta la mГЎs antigua pero, aun asГ­, no sГ© si siempre he acertado. ANECDOTARIO He aquГ­ un cГіctel de anГ©cdotas escritas al buen tuntГєn y extraГ­das de varios libros de mi biblioteca, que no sГ© cГіmo clasificar y que no han tenido cabida en los diversos apartados o capГ­tulos de este libro. —El antiguo jefe de los conservadores, SГЎnchez Guerra, efectuГі en 1925 un viaje a ParГ­s. Por aquel entonces, dictadura de Primo de Rivera, estaban suspendidas las Cortes y el Senado. A SГЎnchez Guerra, que encontraba a faltar los lГ­deres parlamentarios, le preguntaron: —¿QuГ© ha hecho usted por ParГ­s? —Pues descansar, pasear... y he ido al Parlamento francГ©s a ver cГіmo transcurrГ­an las cosas. —Ha querido usted recordar el pasado. —En efecto. Me ha ocurrido lo que a un cordobГ©s amigo mГ­o. Su familia se habГ­a arruinado. Pasaba casi hambre. Entre varios amigos le protegГ­amos y, un buen dГ­a, se presentГі al mejor sastre de la ciudad y mandГі que le tomaran medida de un traje. El sastre lo hizo asГ­ y tomГі nota de las observaciones. —Quiero que la americana sea un poco ajustada, el chaleco con botones, el pantalГіn alto de talle, etc. Al final el sastre preguntГі: —¿Y de quГ© tela quiere que le hagamos el traje? —De ninguna. Yo no he venido a hacerme ningГєn traje. He venido sГіlo para darle gusto al cuerpecito. —Y eso es lo que he hecho en mis visitas a la CГЎmara de Diputados del Parlamento francГ©s. He ido a darle gusto al cuerpecito. La anГ©cdota que sigue no estГЎ copiada de ninguna parte, sino vivida por mГ­. La escena en casa de los marqueses de S., ella duquesa de S., en el barrio barcelonГ©s de S. Hay una reuniГіn semiliteraria semimundana y las conversaciones se ven interrumpidas continuamente por un, creo, sobrino nieto de los anfitriones. Un niГ±o terrible, sin gracia, incordiando a unos y otros, metiГ©ndose en todo e interrumpiendo todo diГЎlogo. Cada minuto agrava mГЎs la situaciГіn y la incomodidad de los contertulios. Al final, aprovechando una pausa, se oye la voz de monГЎrquico de CГ©sar GonzГЎlez Ruano que dice: —A ver niГ±o, a ver cuГЎndo leemos eso tan bonito de que has subido al cielo. Ni que decir tiene que CГ©sar no fue invitado nunca mГЎs a aquella casa. El gran critico, escritor e investigador de nuestra historia literaria Luis Astrana MarГ­n asistiГі un dГ­a a una reuniГіn en la que una muchacha, excepcionalmente bella, dio un recital de piano. Al terminar, la artista se acercГі a Astrana y le preguntГі quГ© le habГ­a parecido. —SeГ±orita, toca usted el piano maravillosamente. Cuando los ojos cerraba me parecГ­a oГ­r a Rubinstein, pero debo confesarle que he preferido tener los ojos abiertos. El cardenal Rampolla cuando era secretario de LeГіn XIII recibiГі un dГ­a la visita de un joven de la rancia nobleza francesa que dijo que querГ­a confesarse con Г©l. La confesiГіn fue larga. Los pecados, especialmente contra el sexto mandamiento, eran incontables. —Hijo mГ­o —le dijo el cardenal—, y ВїquГ© te ha impulsado a venir al tribunal de la penitencia? —Eminencia, es que voy a casarme dentro de unos dГ­as. —Entonces, hijo mГ­o, no te voy a imponer ninguna penitencia. Ya es bastante la del matrimonio. Un dГ­a el cardenal Duperron ante Enrique III de Francia pronunciГі una elocuente disertaciГіn probando la existencia de Dios. Cuando terminГі, dijo: —Acabo de probar la existencia de Dios. MaГ±ana, si vuestra majestad me lo permite, probarГ© que no existe. Al rey no le agradГі tanto cinismo y expulsГі al cardenal de la corte. Un soldado del ejГ©rcito del mariscal de Sajonia fue encontrado culpable de haber robado gallinas por valor de seis francos y condenado a muerte. El mariscal, que estaba presente, le dijo: —¡ Eres un idiota! ВЎ Jugarte la vida por seis francos! —Mi general, en el frente me la juego cada dГ­a por veinticinco cГ©ntimos. Al mariscal le hizo gracia la respuesta y le indultГі. Hace muchos aГ±os, muchos, era Г­dolo del Teatro de Variedades de Madrid un actor llamado Ricardo Zamacois. Un dГ­a que se encontraba en el despacho del empresario se presentГі un artista francГ©s que ofrecГ­a su compaГ±Г­a cГіmico-mГєsico-bailable. El empresario no sabГ­a cГіmo sacarse de encima aquel plomazo que le auguraba el Г©xito, muy improbable, de un espectГЎculo. —Miguen ustedГ©s —decГ­a el francГ©s— mi espectaculГі es algГі magavillosГі porquГ© con el bailГ© se puedГ© expresar todГі: los sentimientГіs, los deseГіs, las ambiciones, todГі puedГ© expresarsГ© con la musicГЎ, todГі bailandГі. Zamacois, viendo los apuros del empresario para sacarse de encima a aquel pesado, terciГі en la conversaciГіn. —¿De manera que usted dice que todo puede expresarse con el baile? —SГ­, seГ±og, todГі. —Muy bien, pues entonces hГЎgame usted el favor de decirme bailando: В«El martes llegarГЎ de Cuenca un primo de mi mujer.В» La compaГ±Г­a francesa no fue contratada. Pedro y Pablo eran dos hermanos gemelos que se parecГ­an tanto que todo el mundo los confundГ­a; llegГі el dГ­a de presentarse para el servicio militar y la consiguiente revisiГіn mГ©dica. EntrГі primero Pedro y, al salir, dijo a su hermano: —Me han declarado inГєtil total. —Pues bien, vuelve a entrar y dices que eres yo. AsГ­ lo hizo Pedro y al salir dijo a su hermano: —Te felicito, te han declarado apto para todo servicio. Ahora una anГ©cdota entresacada de la FisiologГ­a del gusto de Brillat— Savarin. Vi un mazo de espГЎrragos, el menor de los cuales era como mi dedo Г­ndice. PedГ­ el precio. —Son cuarenta francos, seГ±or. —Son realmente hermosos, pero a este precio sГіlo puede comerlos algГєn rey o algГєn prГ­ncipe. No habГ­a acabado de decir esto, cuando dos gordos ingleses que estaban a mi lado me miraron y su rostro se tiГ±Гі de un color admirable. Uno de ellos comprГі el mazo, sin ni siquiera pedir el precio y se lo llevГі silbando el himno inglГ©s God save the King. ВЎ Ay, estos ingleses! Un mГ©todo original para comer tranquilamente en un banquete. Generalmente te colocan entre dos damas y te encuentras enfrente con otra. El mГ©todo del gran gastrГіnomo Kaben —lo cita Curnonsky, y me parece que es un alias suyo— es el siguiente: Se dirige a la seГ±ora de su derecha. —¿EstГЎ usted casada, seГ±ora? —SГ­. —¿Tiene hijos? —SГ­. —¿De quiГ©n? La seГ±ora, enfadada, no le dirige mГЎs la palabra. Se inclina Kaben hacia su izquierda. —¿EstГЎ usted casada, seГ±ora? —SГ­. —¿Tiene hijos? —No. —¿CГіmo lo hace? Ofendida, la seГ±ora no le habla mГЎs. Kaben habla con la seГ±ora de enfrente. —¿EstГЎ usted casada, seГ±ora? —No. —¿Tiene hijos? Otra mujer ofendida que no le habla durante toda la comida. Y asГ­ Kaben-Curnonsky puede saborear el menГє sin ser molestado. Cuando se estrenГі en Madrid la zarzuela La Corte de FaraГіn, que obtuvo un gran Г©xito que aГєn perdura hoy en dГ­a, un primer actor y director de una compaГ±Г­a que entonces se llamaba В«de provinciasВ» quiso representarla. El dГ­a antes del estreno el peluquero y el sastre se acercaron al actor en cuestiГіn y le preguntaron: —DГ­ganos, Вїde quГ© Г©poca es esta obra? —De la Г©poca de la Biblia —respondiГі el otro. A mГ­ me hace gracia esto de В«las provinciasВ» con lo que ciertos ambientes madrileГ±os matizan con desprecio a los que no son de la Villa y Corte. Olvidan que ellos son de la В«provincia de MadridВ». A un artista muy conocido en el teatro espaГ±ol, cuyo nombre no cito por haber fallecido y dejado hijos que continГєan brillantemente la carrera de su padre, le preguntaron: —¿CuГЎntas botellas eres capaz de beberte en una noche? —VerГЎs, eso depende. Corrientemente dos. Si la cena es muy buena, tres. Si luego hay tertulia cuatro. Y si yo no pago la cuenta, cinco. InscripciГіn en un restaurante: В«Tenemos plena confianza en Dios. Los demГЎs paguen al contado.В» ANГ‰CDOTAS DE MГљSICOS Mi amigo Miquel Arimany es el benemГ©rito editor, entre otros, de un libro que creo poco conocido y que recomiendo a mis oyentes —hoy lectores—. Se trata de la obra de Bernard Grun Vida privada de grandes mГєsicos. Tiene dos defectos: uno, que las anГ©cdotas estГЎn redactadas, a veces, si orden ni concierto, y, dos, que no lleva Г­ndices onomГЎstico y de temas. De todos modos quien lo lea pasarГЎ un buen rato, o unos buenos ratos y aprenderГЎ muchas cosas sobre los autores que prefiera y aun de muchos que quizГЎ desconozca. El libro se publicГі en 1958 y no sГ© si quedan ejemplares en las librerГ­as. Si asГ­ no fuera merecerte una nueva ediciГіn subsanando si puede ser, los dos defectos apuntados. Ustedes, sin duda, han escuchado, no una, sino muchas veces, la cГ©lebre SinfonГ­a del Nuevo Mundo, de Antonin Dvorak —en checo, este nombre lleva sobre la r un acento cincunflejo al revГ©s f y se pronuncia Dvorjak, dГЎndole a la j un sonido parecido al que tiene en catalГЎn o en francГ©s. Cito una anГ©cdota del libro: В«Resulta extraГ±o encontrar a Antonin Dvofak, el checo rГєstico y bonachГіn, en tan rara compaГ±Г­a. Pero Dvorak tenГ­a una marcada pasiГіn por ferrocarriles, estaciones de ferrocarril, locomotoras y por todo lo relacionado con los trenes. В»En Praga iba cada dГ­a a la estaciГіn de Francisco-JosГ©, compraba un billete de andГ©n y procedГ­a a una minuciosa inspecciГіn del establecimiento. Hablaba con los revisores, porteros, guardias y maquinistas. Se informaba ansiosamente de las salidas y llegadas de trenes; sabГ­a el horario de memoria y si un tren llevaba retraso, interpelaba a cualquier empleado que se le pusiera a tiro e, incluso, presentaba excusas a los pasajeros. Durante sus aГ±os de profesorado en el Conservatorio miraba a menudo, nerviosamente, su antiguo reloj de ferroviario y sГєbitamente ordenaba a un discГ­pulo que fuera a la estaciГіn y se informara de si el exprГ©s Brno-Praga de las 11.20 horas, nГєmero 158, habГ­a llegado a tiempo y de si su maquinista, Jaroslav Votruba, tenГ­a algo interesante que comunicar. AsГ­, maestros de la mГєsica en ciernes como Novak, Suk, Fibich, Nedbal y Lehar, debГ­an interrumpir sus estudios para satisfacer la pasiГіn de su profesor. В»Un dГ­a JosГ© Suk, que estaba prometido con la hija de Dvofak, Otilia, regresГі a Praga, procedente de su ciudad natal. »—¿QuГ© tal ha ido el viaje? —pregunto Dvofak. »—Bien, gracias —le asegurГі el joven—. Todo fue esplГ©ndidamente. Salimos de KrГ©covice puntualmente a las 2.34 horas, llegamos a Benesov a las 3.18, tomamos agua, continuamos a las 3.25 y hemos llegado a Praga a las 5.46 horas. Para mГЎs detalles el nГєmero del tren era el 10 726. »—¡Dios bendito! —exclamГі Dvofak, escandalizado—. ВЎQuГ© loco estГЎs! ВїNo sabes que el 10 726 es el nГєmero de construcciГіn de la locomotora? El tren de Benesov lleva el nГєmero 187 —y, volviГ©ndose a su hija, refunfuñó—. ВЎY esto, querida, es la especie de hombre con quien deseas casarte!В» Cuando le ofrecieron la direcciГіn del nuevo Conservatorio Nacional de Nueva York, Dvofak dudГі largo tiempo. La circunstancia que decidiГі la aceptaciГіn fue la incitante perspectiva de ver todas las nuevas locomotoras americanas, gigantescas y fabulosas, los tenders, vagones, coches-cama y coches-restaurant y las estaciones. Fascinado, Dvofak contemplГі la antigua gran estaciГіn central, embelesГЎndose en ella como ante una de las maravillas del mundo, y todos los dГ­as se desplazaba desde la calle 17 hasta la 155 solamente para gozar de la fugaz contemplaciГіn del mayor espectГЎculo que Nueva York podГ­a ofrecerle: el paso centelleante del Chicago-ExprГ©s. No me negarГЎn que tiene gracia. Que esto le sucediera a Arthur Honegger, que compuso la partitura de Pacific 231 para el film de Abel Gance serГ­a comprensible, ВЎpero Dvofak! Por cierto que la citada composiciГіn de Honegger no intenta В«descubrir el ruido de la mГЎquina, sino trasladar al lenguaje musical la impresiГіn visual de la imagen lГ­rica que sugiere su potencia y su fuerzaВ». Son palabras textuales del autor. El film de Abel Gance se llamaba La rueda. EL COCINERO DE SU MAJESTAD Con este tГ­tulo escribiГі una de sus mejores novelas aquel monstruo de la pluma que se llamГі Manuel FernГЎndez GonzГЎlez. Cocinero de su majestad, el rey Felipe III, fue el no menos cГ©lebre —por lo menos en lo que al arte cocinarГ­a se refiere— Francisco MartГ­nez MontiГ±o que en su libro Arte de cocina explica que realizГі un aprendizaje en las cocinas de palacio. Largo serГ­a hacer un resumen, aun pequeГ±o, del libro en cuestiГіn. Basta copiar un trozo. Helo aquГ­: В«una merienda В»Pemiles cocidos. В»Capones, o pavos asados calientes. В»Pastelones de ternera, y pollos, y caГ±as calientes. В»Empanadas inglesas. В»Pichones, y torreznos asados. В»Perdices asadas. В»Bollos maymones, o de vacГ­a. В»Empanadas de gazapos en masa dulce. В»Lenguas, salchichones y cecinas. В»Gigotes de capones sobre sopas de natas. В»Tortas de manjar blanco, y natas, y mazapГЎn. В»Hojaldres rellenos. В»Salchichones de lechones enteros. В»Capones rellenos frГ­os, sobre alfitete frГ­o. В»Empanadas de pavos. В»Tortillas de huevos, y torreznos, y picatostes calientes. В»Empanadas de benazГіn. В»Cazuelas de pies de puercos con piГ±ones. В»Salpicones de vaca, y tocino magro. В»Empanadas de truchas. В»Costradas de limoncillos, y huevos mexidos. В»Conejos de huerta. В»Empanadas de liebres. В»Fruta de pestiГ±os. В»Truchas cocidas. Ȅoclos de masa dulce. В»Panecillos rellenos de masa de levadura. В»Platos de frutas verdes. В»Gileas blancas, y tintas. В»Fruta rellena. В»Empanadas de perdices en masa de bollos. В»BuГ±uelos de manjar blanco, y frutillos de lo mismo. В»Empanadillas de quajada, o ginebradas. В»Truchas en escabeche. В»Plato de papГ­n tostada con caГ±as. В»Solomos de vaca rellenos. В»Quajada de platos. В»Almojovanas. В»Si la merienda fuera un poco tarde, con servir pastelones de ollas podridas, pasarГЎ por cena. Ensaladas, frutas, y conservas, no hay para quГ© ponerlas aquГ­, pues se sabe que se ha de servir de todo lo que se hallare, conforme al tiempo que se hiciere la merienda.В» AhГ­ es nada. DespuГ©s de tal retahГ­la de platos, decir que con unos pastelones de ollas podridas, podrГЎ pasar por cena. Claro que con buena voluntad. No faltaba mГЎs. Es difГ­cil imaginar quГ© capacidad estomacal deberГ­an tener los cortesanos de aquel tiempo. Horroriza sГіlo el pensarlo. En un magnГ­fico libro Historia de la gastronomГ­a espaГ±ola, Manuel MartГ­nez Llopis copia estas frases de Mariano Pardo de Figueroa, mГЎs conocido por su seudГіnimo de В«Doctor ThebussemВ» que se refieren a un banquete con el que el duque de Medina Sidonia obsequiГі a Felipe IV y su esposa en el lugar conocido como Coto de DoГ±ana. Dicen asГ­: В«Sabido es que las bodas de Camacho fueron penitencia de monje y parvedad de anacoreta, si se comparan con aquellas cocinas de 120 pies de largo cada una, y con aquellos abastecimientos de 800 fanegas de harina, 80 botas de vino, 10 de vinagre, 200jamones, 100 tocinos, 400 arrobas de aceite, 300 de fruta, 600 de pescado, 50 de manteca de Flan— des, 50 de miel, 200 de azГєcar, 200 de almГ­bares, 400 de carbГіn, 300 quesos, 400 melones, 1.000 barriles de aceitunas, 8.000 naranjas, 3.000 limones, 10 carretadas de sal, 250 de paja, 1.500 fanegas de cebada, 2.400 barriles de ostras y lenguados en escabeche, 1.400 pastelones de lamprea, 46 acГ©milas porteando nieve, 4.000 cargas de lona, 1.000 gallinas, 10.000 huevos, 600 cabras paridas, que daban 20 arrobas de leche diarias; cabrito, pescados frescos, conejos, perdices, faisanes, pavos... y otros comestibles en exageradas cantidades. SerГ­a necesario copiar toda la relaciГіn, si hubiГ©semos de dar cuenta del rico menaje, de las viviendas, vestidos de pajes, monteros y seГ±ores; aderezo de coches y caballos, partidas de caza y pesca, comedias, bailes, mГєsica, castillos de fuegos y valiosos regalos de telas, armas, joyas, con que el duque obsequiГі a cuantos personajes asistieron a la fiesta, la cual ocasionГі, al decir de los cronistas, unos 300.000 ducados de gasto.В» Y basta por hoy. Me voy a tomar un cafГ© para ayudar mi digestiГіn. LA JUSTICIA Y LA LEY En el frontГіn del antiguo Palacio de Justicia de MilГЎn se leГ­a esta sentencia de G. Filangieri: В«Lo spavento del malvagio deve essere combinato con la sicurezza dell'innocente.В»(El miedo del malvado debe combinarse con la seguridad del inocente.) El pueblo, al leerlo, lo parafraseaba asГ­: — Lo spavento dell'innocente debe essere combinato con la sicurezza del malvagio. (El miedo del inocente debe combinarse con la seguridad del malvado.) Y que mГЎs tarde fue transformada en: В«Lo spavento del malvagio deve essere combinato con l'innocenza del colpГ©vole.В» (El miedo del malvado debe combinarse con la inocencia del culpable.) Con lo que se consiguiГі que la frase fuese ininteligible y al serlo la gente la creyГі mГЎs jurГ­dica. No hay duda de que el vulgo y buena parte del que no lo es [1] considera con temor todo lo que tiene que ver con la justicia. В«Justicia y no por mi casaВ», dice el refrГЎn espaГ±ol. Ya puede decir AristГіteles que la mГЎs excelente de todas las virtudes es la justicia y Raimundo Lulio que la justicia es aquella virtud por cuya razГіn los hombres dan a cada uno lo suyo, que todo el mundo cree como Proudhon que la justicia no es, de ningГєn modo, obra de la ley. Por cierto que la frase de Raimundo Lulio, como sabrГЎ cualquier romanista, aunque haya sido suspendido mГЎs de una vez, es un plagio descarado o quizГЎ una cita, no confesada, de la frase conocidГ­sima de Ulpiano que todos hemos aprendido en los primeros dГ­as de la carrera: Jurris praecepta sunt haec: honeste vivere, alterum non laedere suum cuique tribuere [2] ВїA quГ© se debe, pues, este temor a la justicia y sus Гіrganos visibles? Dice el salmista que В«la misericordia y la verdad se encuentran juntas, se besan la justicia y la pazВ» [3]. Dando forma plГЎstica a este pensamiento figuran en los locales en donde la justicia se administra cuadros y estatuas representГЎndola en el momento citado por David. Un abogado, Bautru, que fue uno de los primeros miembros de la Academia Francesa, poeta, consejero de Estado, literato y hombre ingenioso, indicaba una de estas representaciones a un amigo y le decГ­a: —¿Ves? Se abrazan; se despiden; no se verГЎn ya nunca mГЎs. Г‰ste es el temor principal. Excepto contados casos, quien litiga cree tener razГіn y teme que no se la reconozcan. Por ello tambiГ©n dice un refrГЎn que В«MГЎs vale mal ajuste, que buena sentenciaВ». En un Palacio de Justicia figuraba una antigua tela de autor desconocido representando un hombre de avanzada edad, roto y estropeado, con remiendos en el traje y vueltos los bolsillos del pantalГіn; debajo figuraban unos versos que traducidos decГ­an asГ­: Siempre he litigado; siempre he ganado Y ahora mira como me han pintado. En Florencia figuraba la siguiente inscripciГіn: OPORTET MISERERI (Es necesaria la misericordia) que era traducida asГ­ por los pleitantes: PUERTA DE LA MISERIA Y para no citar sГіlo cosas extranjeras dirГ© que en Barcelona la gente interpreta simbГіlicamente el hecho de que en el Palacio de Justicia esta palabra se lea sobre un fondo formado por un lГ­o de adornos y ringorrangos imposible de aclarar. MEZCOLANZA Dice el diccionario que mezcolanza es В«mezcla extraГ±a y desordenadaВ». Esto es lo que sigue. ВїUna miniatura ha de ser siempre pequeГ±a? No. Aunque a primera vista parezca extraГ±o, miniatura no deriva de mini, pequeГ±o, sino de minium, bermellГіn. Con este color se decoraban los libros, algunos libros, antiguos: cantorales, antifonarios, libros de horas, etc. Los manuscritos miniados son aquellos que tienen miniaturas, grandes o pequeГ±as cuya caracterГ­stica principal es la de que el color rojo figure en lugar preferente. Se empleaban otros colores azul, verde, amarillo —generalmente sustituido por oro— blanco —en su lugar plata o algo parecido—. Eran en general pequeГ±as, pero, a veces ocupaban toda una pГЎgina en gran folio, lo que permitГ­a el pergamino. Es decir, mayores que muchas miniaturas de los siglos XVIII y XIX que son ornato de muchos museos. Por ejemplo, el de LГЎzaro Galdeano, en Madrid. ВїPor quГ© se llama peripatГ©ticas a las prostitutas callejeras? Si hay una palabra que haya sido prostituida en nuestro idioma, y en otros muchos, es precisamente Г©sta. PeripatГ©tico es un vocablo derivado del griego peripatos, paseo, y se llamaban peripatГ©ticos a los filГіsofos que seguГ­an las doctrinas de AristГіteles que las exponГ­a mientras paseaba. Como algunas prostitutas ejercen su В«oficioВ» deambulando por las aceras de las ciudades se las llamГі В«peripatГ©ticasВ» aunque no sepan quiГ©n era AristГіteles ni cosa parecida. ВїQuiГ©n inventГі el aviГіn y cuГЎndo? Varias naciones se vanaglorian de contar entre sus hijos al inventor del aviГіn. En los Estados Unidos se da como cierta la fecha del 17 de diciembre de 1903 cuando los hermanos Orville y Wilbur Wright lograron volar, con una mГЎquina mГЎs pesada que el aire, en un campo cerca de Daytona. Al parecer Г©ste no fue un vuelo propiamente dicho sino un salto de 19 segundos. Los hermanos Wright usaban unos raГ­les para que su aparato pudiera despegar y si el viento no les ayudaba no podГ­an hacerlo. El primer vuelo real dicen que lo realizГі el 6 de mayo de 1908. El aviГіn llevaba un motor fabricado en ParГ­s por la casa Barriquand y Marre. Pero esta fecha debe compararse con la que exhibГ­a el francГ©s Gabriel Voisin quien afirma que el 13 de enero de 1908 un aviГіn logrГі volar durante un kilГіmetro despegando sin ayuda de ninguna clase, es decir, por sus propios medios. Anteriormente el 15 de mayo de 1907 se habГ­a logrado un salto de 80 metros, el 26 de octubre del mismo aГ±o otro de 711 metros. El 11 de abril de 1908 se lograba un vuelo de 3 kilГіmetros en circuito cerrado y asГ­ sucesivamente hasta llegar el mismo aГ±o a volar a lo largo de 18 kilГіmetros. Era un Г©xito. Los pilotos se llamaban Voisin, Farman y Delagrange. Ahora bien, el nombre aviГіn fue inventado en 1890 por el francГ©s Clement Ader, cuyo aparato В«L'EoleВ» que se encuentra en el conservatorio Nacional de Artes y Oficios de ParГ­s, consiguiГі un salto de 50 metros y en 1896 el В«modelo n.В° 5В» de Samuel Pierpont Langley efectuГі un salto de 500 metros a orillas del rГ­o Potomac que durГі un minuto y medio. De todos modos, antes de todos ellos el alemГЎn Otto Lilienthal ya habГ­a volado, en vuelo a vela sin motor. ВїTiene algГєn origen histГіrico la frase В«Yo sГ© dГіnde me aprieta el zapatoВ»? SГ­: El significado de la frase es tan obvio que a cualquiera se le podrГ­a ocurrir. De todos modos es el autor latino Plutarco quien en la vida de Paulo Emilio cita el origen del proverbio. Paulo Emilio se habГ­a divorciado de PapirГ­a, hija de Papirio Mosso. Nadie acertaba a explicarse el hecho. PapirГ­a era joven, bella, rica, honesta y, sin embargo, se veГ­a repudiada. Hasta que un amigo en una reuniГіn se lo preguntГі al protagonista. Г‰ste les enseГ±Гі su sandalia: —Mirad mi calzado. ВїHabГ©is visto nunca otro mejor trabajado y mГЎs elegante? Pues sГіlo yo sГ© dГіnde me aprieta. Y no dio mayor explicaciГіn. Las nodrizas han desaparecido ВїcuГЎndo se empezГі a contratar mujeres mercenarias para amamantar a los niГ±os? No tengo ni idea. Supongo que el primer hombre cuya esposa no podГ­a amamantar a su hijo o bien habГ­a muerto en el parto o durante la lactancia buscГі a otra mujer que sustituyera a la madre. ВїUna pariente, una esclava, una criada a sueldo? No lo sГ©. Antes de inventarse todos estos productos que hoy existen para la lactancia artificial, se tenГ­a que recurrir a la lactancia mercenaria. En los paseos y parques de nuestras ciudades se veГ­an pasear nodrizas, vestidas a veces aparatosamente que amamantaban a hijos ajenos, algunas de ellas abandonando a su propia prole. Yo mismo fui amamantando —mi madre muriГі al darme a luz— por una castellonense y como era niГ±o canijo y poca cosa estuve mamando hasta los dos aГ±os poco mГЎs o menos. Desde entonces me ha quedado querencia por el envase y compadezco a los niГ±os de hoy, alimentados con productos artificiales, porque me parece que van a tener sueГ±os erГіticos, mГЎs adelante, ante el escaparate de una farmacia. Bromas aparte, amamantar a un hijo ha sido siempre, no sГ© ahora, algo sagrado para la madre. De una de ellas, griega, se cuenta que estando con calentura y advirtiendo que una mujer extraГ±a daba de mamar a su hijo le hizo vomitar la leche que acababa de mamar. Lo mismo se narra de Blanca de Castilla, reina de Francia y madre de San Luis, que dijo: —¡CГіmo habrГ© de permitir yo que una mujer cualquiera me quitase el titulo de madre que me han dado Dios y la naturaleza! En el libro de BastГєa La sabidurГ­a de las naciones se lee: В«En la CrГіnica de don Pero NiГ±o, conde de Buelna, escrita por Gutierre Diez de GГЎmez, alfГ©rez y portaestandarte del mismo conde que le acompaГ±Гі en todas sus aventuras, se refiere que doГ±a InГ©s Laso de NiГ±o, madre del referido Pero NiГ±o, llevГі tan a mal que cierto dГ­a otra mujer hubiese dado de mamar a su hijo, que no parГі hasta haberle hecho arrojar la leche que habГ­a tragado, cuyo hecho describe en estos tГ©rminos: В»EbesГЎndole —al niГ±o— diz que era ella dueГ±a tan humana, Г© de sotil sentido, que le oliГі que habГ­a mamado leche agena de otra mujer: Г© non se queriendo confiar tanto en su sentido, fizo juramentar todas las dueГ±as Г© doncellas que ГЎ la sazГіn eran en la cГЎmara donde su fijo estaba, Г© dijГ©ronle como una dueГ±a le habГ­a dado ГЎ mamar. TomГі entonces su fijo, Г© fГ­zolo meter en un manto, Г© traerlo ГЎ una parte Г© ГЎ otra, Г© tanto fizo, fasta que le fizo lanzar la leche; de lo cual dicen que fue non tan sano de allГ­ adelante; Г© que siempre ovo la color de muda por aquella razГіn, aunque era fuerte caballero.В» Digamos, como complemento, que el verbo mamar procede del latГ­n mammare, amamantar y de ahГ­ la palabra mama, ubre o madre. En el siglo XVIII por influencia francesa, se empezГі a pronunciar mamГЎ que ha prevalecido en general aunque, como dice Corominas, la acentuaciГіn mama В«sigue viva en la mayor parte de EspaГ±a y de AmГ©rica con carГЎcter rГєstico o familiarВ». JULIANO EL APГ“STATA Durante siglos su nombre ha sido execrable y execrado, luego, gracias a la corriente libertina del siglo XVII y especialmente a los Esprits forts del XVIII alcanzГі una reputaciГіn solamente superada por la que le proporcionaron los librepensadores del siglo XIX y su paralela escuela novelГ­stica. AhГ­ es nada, un hombre, un emperador que se rebela contra el triste cristianismo esclavizador de conciencias, oscurantista y tenebroso y que quiere rehabilitar el claro y riente paganismo, sustituir los sГ­mbolos de tormento y muerte por las claras aguas y verdes bosques en las que se mueven sГ­lfides, drГ­adas y sirenas mГЎs o menos vestidas, mГЎs bien menos que mГЎs; que quiere volver a dar al hombre el goce de vivir y desea que las trГЎgicas peleas religiosas sean sustituidas por las serenas, plГЎcidas y acadГ©micas discusiones filosГіficas de los amables filГіsofos griegos y romanos que podrГ­an estar en desacuerdo entre sГ­, pero cuyas peleas eran meramente verbales e intelectuales sin que jamГЎs llegaran a las manos como vulgares jayanes de plazuela. Desde Voltaire y Holbach a Merejkovski y Gore Vidal, Juliano el ApГіstata ha dado mucho que escribir a historiadores, filГіsofos, teГіlogos y novelistas. ВїEra la bestia apocalГ­ptica como nos dicen los Padres de la Iglesia primitiva? ВїEra el amable paterfamilias de un Imperio al que veГ­a descomponerse a causa de una bГЎrbara intromisiГіn eclesiГЎstica? ВїEra un demonio, un ГЎngel pagano, un filГіsofo, un polГ­tico, un poeta? Sinceramente creemos que era un equivocado. Un hombre fuera de su tiempo, un retrasado que, aparte toda cuestiГіn teolГіgica, no se dio cuenta de que soГ±aba con un mundo idealizado y desaparecido, si es que, tal como Г©l imaginaba, habГ­a existido nunca. Flavio Claudio Juliano habГ­a nacido en Constantinopla en 331 y era hijo de Julio Constantino, uno de los hermanos de Constantino el Grande. Cuando Г©ste muriГі, Juliano, que tenГ­a seis aГ±os, estuvo a punto de ser asesinado con todos los miembros de su familia. Se salvГі junto con su hermano Galo que fue asesinado tambiГ©n aГ±os mГЎs tarde. Juliano estuvo exiliado en Capadocia de 337 a 343 sin amigos en quien confiar ni compaГ±eros que compartiesen sus juegos infantiles. Fue, pues, condenado a la soledad, su evasiГіn no podГ­a ser mГЎs que el embrutecimiento o la reflexiГіn. EscogiГі este Гєltimo camino. De Capadocia pasГі a Nicomedia, donde, por fin, pudo iniciar estudios importantes. En Capadocia se puso en contacto con las escuelas paganas que, por aquel entonces, triunfaban en la ciudad. Ello despertГі en Г©l las dormidas primeras enseГ±anzas que recibiera del eunuco Mardonio, su primer preceptor, que le habГ­a introducido en las bellezas de los poemas de Homero y de HesГ­odo. En cambio, su educaciГіn religiosa fue confiada al arriano Eusebio, obispo primero de Nicomedia y luego de Constantinopla. Tal vez el carГЎcter o la habilidad de los dos preceptores influyeran en su ГЎnimo, quizГЎ fue el recuerdo de su familia asesinada, el caso es que se inclinГі siempre hacia la filosofГ­a pagana. AsГ­, cuando habla de su madre, Juliano dice: В«DespuГ©s de haberme dado a luz, a mГ­, su primero y Гєnico hijo, muriГі pocos meses despuГ©s, joven y lozana aГєn, gracias a la Virgen sin Madre que le ahorrГі asГ­ numerosos males.В» La Virgen sin Madre es Palas Atenea y los males a que alude el asesinato de toda su familia. EnseГ±aba en Nicomedia Libanio, filГіsofo importante del que Juliano quiso convertirse en discГ­pulo: pero su tГ­o, el emperador Constancio, no lo consintiГі prohibiГ©ndole asistir a los cursos del cГ©lebre retГіrico. ObedeciГі Juliano pero en forma muy especial ya que, si no a ninguna de las clases de Libanio, estudiaba en cambio los apuntes que de ellas sacaban sus oyentes. En tal forma se adaptГі al estilo y las ideas de su profesor que era difГ­cil distinguir las obras de uno y otro. Le encantaba la elocuencia profana y mГЎs todavГ­a la teologГ­a mГ­stica de los neoplatГіnicos que correspondГ­a mejor a su espГ­ritu ansioso de misterio. TenГ­a veintitrГ©s aГ±os cuando su hermano Galo fue asesinado y durante seis meses su propia vida estuvo en peligro. ConsiguiГі que le dejasen ir a Atenas a proseguir sus estudios pero en 355 fue enviado sГєbitamente a MilГЎn recibiendo el tГ­tulo de CГ©sar y el gobierno de las Galias. Comienza entonces una Г©poca importante en su vida. Se instalГі en ParГ­s, entonces Lutetia Parisorwn concentrada en la actual CitГ© (Civitas) y unida a las dos orillas del rГ­o por unos rudimentarios puentes de madera. En la margen izquierda habГ­a, poco mГЎs o menos donde ahora estГЎ el Museo de Cluny, un palacio que fue elegido como residencia por Juliano, perfecto antepasado de una historia intelectualmente revolucionaria de la Rive Gauche y del Quartier LatГ­n. Su vida, en ParГ­s, que fue recordada siempre con amor por Juliano, que siempre la denomina su В«querida LutetiaВ», le destinГі, en el tiempo que le dejaban libre las incursiones de los bГЎrbaros que atravesaban el Rin, a recordar a su amada Atenas, con sus avenidas de mirtos y la humilde casa de SГіcrates. В«PasГ© tres veces el Rin y exigГ­ de los bГЎrbaros veinte mil rehenesВ», dice. Aunque Constancio le habГ­a dado un generalГ­simo para que se ocupase de las cuestiones militares, la juventud se sobrepuso incluso a la prudencia con que tenГ­a que actuar en sus relaciones con el emperador. Ello hizo que en el ejГ©rcito gozara de gran popularidad. En este momento decidiГі Constancio dirigirse contra los persas y ordenГі a Juliano que le enviase alguna de las legiones. Г‰stas, al saberlo, se sublevaron no queriendo ir a Persia si no era con Juliano como general y le proclamaron Augusto. Juliano no quiso rebelarse contra el emperador pero la situaciГіn se hacГ­a insostenible y le enviГі entonces, con mil protestas de adhesiГіn, una solicitud para que aprobara el nombramiento de los legionarios. Constancio estaba por negarse y reclamar la pronta venida a Constantinopla de su sobrino. Sin duda, el resultado de tal orden hubiera sido una nueva guerra civil, pero la muerte sorprendiГі al emperador el 3 de noviembre de 361 despuГ©s de una larga agonГ­a. Como su padre, Constantino el Grande, Constancio se hizo bautizar en su lecho de muerte. Quien le administrГі el sacramento fue el obispo Euzoios, de AntioquГ­a y arriano. El cadГЎver fue enterrado en la propia iglesia de los Santos ApГіstoles en que habГ­a sido sepultado su padre Constantino. Juliano asistiГі a los solemnes funerales, se colocГі la pГєrpura imperial pero no la diadema. El Senado le dedicГі los honores correspondientes colocando a Constancio en el nГєmero de los dioses. Juliano sonriГі enigmГЎticamente. Luego en sus sГЎtiras se mofarГ­a abiertamente de los que В«fabrican dioses como otros fabrican muГ±ecosВ». Al ser proclamado emperador, Juliano pudo satisfacer su mayor deseo: restaurar el paganismo. Ya en las primeras semanas de su reinado dictГі disposiciones al respecto. En una carta a su amigo HermГіgenes, antiguo prefecto de Egipto escribe: «¡Por fin y contra toda esperanza heme aquГ­ sano y salvo! Tanto tГє como yo hemos escapado de la Hidra de tres cabezas. Zeus es testigo que no hablo de mi hermano Constancio sino de las fieras que le rodeaban, que vigilaban a todo el mundo y le hacГ­an mГЎs desconfiado; aunque el personalmente no era precisamente bondadoso. Ya que estГЎ con los dioses, que la tierra le sea leve, como se acostumbra a decir. En cuanto a los otros hombres juro por Zeus que no deseo para ellos la menor injusticia, pero he creado un tribunal ya que se han presentado numerosas acusaciones contra ellos.В» De modo que por una parte nombraba un tribunal para la eliminaciГіn de los colaboradores civiles y militares del difunto emperador, mientras que, con otro edicto, mandaba abrir los templos paganos y sacrificar a los dioses. Como en Constantinopla ya no habГ­a ningГєn templo pagano importante y no se podГ­a construir rГЎpidamente uno, Juliano hizo un sacrificio solemne en la basГ­lica o palacio principal en el que habГ­a una estatua de la Fortuna. El historiador cristiano Sozomeno cuenta en su Historia eclesiГЎstica que un anciano ciego, conducido por un niГ±o, se acercГі al emperador y le tratГі de impГ­o, de apГіstata, de hombre sin fe. Juliano le respondiГі: В«Eres ciego y no serГЎ tu dios de Galilea el que te devuelva la vista.В» В«Gracias doy a Dios —dijo el viejo— de haberme privado de ella. Eso me ha permitido no ver tu impiedad.В» Juliano no contestГі a esta insolencia y continuГі sacrificando. Ahora bien, el paganismo que querГ­a instaurar Juliano tenia poco que ver con la antigua religiГіn mitolГіgica de la vieja Roma que aГєn se conservaba en algunos territorios rurales. Juliano, formado intelectualmente en la filosofГ­a neoplatГіnica no podГ­a dejar de ver con disgusto el amasijo de vulgaridades que se hallaba mezclado con los mitos originales. Iniciado segГєn parece, aunque no es muy seguro, en los misterios de Eleusis, Juliano quiso, no sГіlo restaurar, sino al propio tiempo renovar las antiguas creencias. Ahora bien, la organizaciГіn eclesiГЎstica de la Iglesia cristiana se mostraba muy superior a la pagana desordenada y aterrorizada. Era preciso reorganizar el paganismo de forma que pudiese luchar con armas iguales contra el cristianismo. OrganizГі, pues, el clero pagano como lo estaba el cristiano. La predicaciГіn se harГ­a tambiГ©n en forma similar aunque como es lГіgico, sustituyendo la lectura del Evangelio por la de textos helenos de PlatГіn, SГіcrates y sus comentaristas. Los sacerdotes debГ­an dedicarse Гєnicamente al culto y vivir de Г©l al propio tiempo que se les exigГ­a una vida irreprochable y sencilla. Se erigiГі en deber la filantropГ­a, forma asГ©ptica de la Chantas cristiana, y la falta a los deberes religiosos era sumamente castigada. En suma, Juliano se basГі en el cristianismo para luchar contra Г©l. Pero esta cosa hГ­brida no podГ­a tener Г©xito. Juliano quiso luchar con todas las armas. Dio amplia libertad de cultos y quiso que ante Г©l se reunieran los representantes del clero cristiano, arrГ­anos o no, en el ejercicio de sus funciones o aquellos que, expulsados por los emperadores anteriores, habГ­an sido autorizados a volver a sus ciudades de origen. El resultado fue el que Juliano descontaba: la pelea irreductible. Ni ante el peligro del paganismo que retornaba se pudieron poner de acuerdo las facciones cristianas. Juliano les ridiculizГі: ВїquГ© religiГіn era Г©sta, que ni siquiera sus teГіlogos podГ­an hablar de ella en paz? La divisiГіn entre los cristianos era un gran triunfo para el emperador que pronto pudo aГ±adir otro al anterior. Un edicto proclamГі que В«todos los que se consagren a la enseГ±anza deben ser de buena conducta y no tener en su corazГіn opiniones contrarias a las del EstadoВ». Los mismos mГ©todos, como se ve, de los estados totalitarios de hoy. Ahora bien, el Estado ya no era cristiano sino pagano luego era difГ­cil, por no decir imposible, que los cristianos pudiesen enseГ±ar pues В«en su corazГіnВ» no estaban con el Estado. Por otro lado el emperador sostenГ­a que todo maestro tenГ­a que creer en los autores que enseГ±aba por ello В«han de empezar por convencer a sus discГ­pulos de que ni Homero ni HesГ­odo ni ninguno de los escritores que comentan pueden ser acusados de impiedad, locura o error hacia los dioses. Ya que viven de los escritos de estos autores y ganan su sueldo con ellos, si hicieran lo contrario demostrarГ­an ser sГіrdidos avaros y dispuestos a aguantarlo todo por un puГ±ado de dracmas. Hasta ahora habГ­a muchos motivos para no visitar los templos de los dioses y el miedo podГ­a justificar la falsa idea que sobre ellos se tenia, pero ahora que los dioses nos han devuelto la libertad es absurdo, a mi parecer, enseГ±ar aquello en lo que no se cree. Si los maestros tienen por sabios a los autores que comentan es necesario que, como ellos, sean piadosos ante los dioses: si creen, por contra, que los dioses son falsos, que expliquen a Marcos o a Lucas en las iglesias de los galileosВ». Г‰sta era una arma terrible: o los cristianos enviaban sus hijos a las escuelas de los retores paganos o quedaban en inferioridad de cultura. Los cristianos no podГ­an enseГ±ar, pero tampoco podГ­an aprender. La reacciГіn cristiana fue mГєltiple: una parte se regocijГі de las disposiciones, ya que asГ­ se prohibГ­a a los creyentes el acceso a los autores В«nefandosВ», formaban, claro estГЎ, la minorГ­a retrГіgrada e integrista, falta de cordura e inteligencia que se encuentra en cualquier momento de la historia y en cualquier paГ­s. Otra parte, ingenua tambiГ©n, aunque no tanto, se dedicГі a poner la Biblia en verso. Sin broma de ninguna clase: Apolinar el Viejo y Apolinar el Joven, padre e hijo, pusieron los salmos a la manera de las odas pindГЎricas, el Pentateuco en hexГЎmetros, el Evangelio lo transformaron en una especie de diГЎlogo platГіnico con JesГєs como protagonista..., obras de buen fe, pero de valor literario nulo y que duraron lo que durГі el reinado de Juliano. El mayor bando cristiano fue el que se negГі a que sus hijos fuesen a las escuelas paganas. Algunos, menos, cedieron. De cГіmo recibiГі el pueblo las reformas julianas se ve segГєn cuenta el propio emperador su llegada a AntioquГ­a, en donde debГ­a celebrar un holocausto, con estas palabras: В«En el dГ©cimo mes que llamГЎis Loos, hay una fiesta de origen remoto en honor del dios Helios y el deber me dictaba ir a visitar a Dafne. AsГ­ pues, me encaminГ© a toda prisa a dicho lugar desde el templo de Zeus Kasios pensando que en Dafne podrГ­a alegrarme con vuestra prosperidad y vuestro espГ­ritu pГєblico. Imaginaba ya, en mi interior, la procesiГіn que se celebrarГ­a; tal como lo ve un hombre que estГЎ soГ±ando, veГ­a los animales para el sacrificio, las libaciones, los cГЎnticos en honor del dios, el incienso y alrededor del altar, a los jГіvenes de la ciudad con sus almas ornadas por la devociГіn y ataviados con blancos y preciosos vestidos. Pero al entrar en el santuario no hallГ© incienso, ni un pan ni ningГєn animal dispuesto para ser sacrificado. De momento creГ­, en mi sorpresa, que estarГ­ais esperГЎndome en el exterior del templo en el que habГ­a entrado solo por ser el sumo pontГ­fice. Pero cuando quise enterarme de cuГЎl era el sacrificio dispuesto por la ciudad para la fiesta anual en honor del dios, el Гєnico sacerdote que allГ­ habГ­a me dijo: В«La ciudad no ha hecho preparativo de ninguna clase hasta el punto de que el Гєnico animal dispuesto para el sacrificio es este ganso que he traГ­do yo de mi propia casa.В» Nada tiene ello de extraГ±o. En su entusiasmo proselitista Juliano olvidaba que esta religiГіn filosГіfica y frГ­a, sin sobrenaturalidad alguna no podГ­a tener atractivo para nadie. Lo propio sucediГі con el culto a la diosa RazГіn o al Ser Supremo durante la RevoluciГіn francesa. Estas doctrinas podrГЎn poseer lo que se quiera pero no la religatio del hombre con Dios. No podГ­an ser religiones. Juliano organizaba hecatombes, hecatombe era el sacrificio de cien bueyes, suntuosas, sacrificios de cientos y miles de animales cuyas entraГ±as eran examinadas cuidadosamente por los arГєspices y augures, entre los cuales se mezclaba el propio emperador. En el caso de Dafne, Juliano hizo saquear y profanar, en represalia, la principal iglesia de AntioquГ­a, los cristianos respondieron derribando Г­dolos. Hubo detenciones y algunas muertes. Juliano que no querГ­a sangre se veГ­a obligado a hacer mГЎrtires en todas partes, pocos es verdad, en contra de sus propias doctrinas y deseos. En una carta a Arcadio, gobernador de la regiГіn del Г‰ufrates dice: В«Por lo que a mГ­ concierne, por los dioses, no quiero que los galileos sean condenados a muerte, ni castigados injustamente, ni que deban sufrir ningГєn mal; pero, ciertamente, se ha de preferir a los adoradores de los dioses, y ello, declaro, es un deber absoluto. La imbecilidad de los galileos ha hecho que, por poco, todo se arruinase pero, gracias a la benignidad de los dioses, nos hemos podido salvar; por ello es necesario honrar a los dioses asГ­ como a los hombres y ciudades que les honran.В» En cambio, los cristianos no merecГ­an ni debГ­an ser honrados. En palacio los servidores en altos y bajos cargos, fueron obligados a sacrificar a los dioses so pГ©rdida de sus destinos. Muchos cristianos apostataron, otros muchos como Cesario, mГ©dico, hermano de Gregorio Nacianzeno, tomaron el camino del destierro. SГіlo se salvaron de la depuraciГіn dos filГіsofos: uno, Mario Victorino que procedente del neoplatonismo de Plotino y JГЎmblico se habГ­a convertido al cristianismo en forma espectacular, influyendo luego enormemente en San AgustГ­n como Г©ste mismo confiesa; otro, el armenio latinizado Proeresio hombre tan cГ©lebre en su tiempo que su estatua fue erigida en Roma como homenaje al В«rey de la elocuenciaВ». Juliano veneraba al primero y habla conocido personalmente al segundo y por ello les exceptuГі de la obligaciГіn de renegar de su fe. Ambos, no obstante, prefirieron renunciar a sus cargos, solidarizГЎndose con los cristianos perseguidos. Entre los cuales como figura de primer orden destaca la de Atanasio de AlejandrГ­a, cuyo segundo exilio lo habГ­a pasado en la Tebaida junto a los anacoretas, unos de los cuales, san Antonio, era amigo suyo. Cuando Juliano, al principio de su reinado autorizГі a los exiliados a volver a sus patrias respectivas, Atanasio volviГі a su sede de AlejandrГ­a el 21 de febrero de 362. Fue recibido con entusiasmo y grandes muestras de alegrГ­a; pero el 24 de octubre tuvo que volver al destierro ya que el emperador aclarГі que la amnistГ­a no le afectaba. В«Es una nube que pasarГЎ prontoВ», dijo Atanasio al salir de la ciudad. El 13 de agosto de 363 volvГ­a a entrar en AlejandrГ­a. La nube habГ­ase ya desvanecido. En la primavera de 363 Juliano decidiГі emprender una campaГ±a contra los persas. El 26 de junio hizo reunir a los augures los cuales declararon unГЎnimemente que el dГ­a siguiente era nefasto para emprender una acciГіn de guerra. A pesar de ello en la maГ±ana del dГ­a 27 Juliano atacГі a un grupo enemigo. Ya la escaramuza estaba terminГЎndose cuando una jabalina le entrГі por un costado derribГЎndole mortalmente. ВїFue un persa en su huida? ВїFue, como se dijo, un arma lanzada por un soldado romano, tal vez cristiano? La leyenda dice que al caer del caballo que montaba, dГЎndose cuenta de la gravedad de la herida Juliano levantГі sus manos ensangrentadas al cielo exclamando:«¡ Venciste galileo!В» Otra versiГіn afirma que las palabras fueron: «¡Helios, tГє me has perdido!В» Sea cual fuere la frase verdadera, si es que hubo alguna, significa que Juliano se dio cuenta del fracaso total de su obra y del final de su reforma pagana. Su cadГЎver, segГєn la antigua costumbre romana, fue enterrado en una suntuosa tumba erigida a orillas del camino que de Tarso conduce a los montes Tauros, frente al sepulcro de Maximino Daia, el otro gran perseguidor de los cristianos. El camino de Tarso habГ­a sido recorrido muchas veces por un judГ­o llamado Saulo, natural precisamente de Tarso, y que luego fue mГЎs conocido por su nombre de san Pablo. Cabe ahora preguntarse cuГЎl era, en realidad, la ideologГ­a de Juliano. No era, ello es evidente, el grosero politeГ­smo antiguo, aunque en algunas manifestaciones asГ­ lo diera a suponer. Las obras de Juliano han llegado hasta nosotros en casi su totalidad. Vasilevski afirma que el centro de su sistema religioso es el culto del sol y sus conceptos se hallan bajo el influjo directo del culto pГ©rsico de la luz, Mithra y las ideas platГіnicas deformadas en aquella Г©poca. Juliano habГ­a amado la naturaleza y, sobre todo, el cielo. En su disertaciГіn sobre el Sol Rey, la fuente principal que poseemos sobre su filosofГ­a religiosa, escribe que desde su primera juventud sintiГі В«un amor violento por los rayos del astro divinoВ». No sГіlo querГ­a fijar sus miradas en Г©l durante el dГ­a sino que, en las noches claras, abandonaba todas sus ocupaciones para poder admirar las bellezas del cielo. Absorto en esta contemplaciГіn no oГ­a a los que le hablaban y llegaba hasta perder la conciencia dГ© sГ­ mismo. Su teorГ­a religiosa, expuesta con bastante oscuridad, se atiene a la existencia de tres mundos bajo la forma de tres soles. El primer sol es el sol supremo, la idea del Todo, una unidad moral inteligible. Es el mundo de la verdad absoluta, el reino de los principios primitivos y de las causas primeras. El mundo tal como se nos aparece y el sol aparente, no son sino un reflejo del primer mundo, un reflejo indirecto. Entre estos dos mundos existe otro mundo inteligente con su sol. AsГ­ se obtiene una trinidad de soles: 1inteligible o espiritual; 2.В° inteligente y 3.В° sensible o material. El mundo pensante es el reflejo del mundo concebible o espiritual y sirve a su vez de modelo al mundo sensible que, de este modo, resulta reflejo de un reflejo. El sol supremo es, con mucho, inaccesible al hombre. Por tanto, Juliano concentra toda su atenciГіn sobre el sol inteligente, intermediario entre los otros dos y llamГЎndole Rey Sol le adora. En el campo prГЎctico estas lucubraciones de un platonismo pasado por los alejandrinos mГЎs decadentes no podГ­an tener ningГєn porvenir. Ricciotti compara a Juliano con don Quijote en el sentido de que ambos se lanzan a la liza para combatir ideas ya periclitadas e imaginan realidades que no han existido jamГЎs. Juliano no podГ­a detener el camino que en la historia habГ­a empezado a recorrer el Cristianismo. LA ESTUPENDA HISTORIA DEL CARAJO De antemano pido perdГіn a mis lectores —como, un dГ­a, se lo pedГ­ a mis oyentes— por la repeticiГіn de la palabreja que da tГ­tulo a este capГ­tulo. No se escandalice nadie, no hay para tanto, ya lo verГЎn ustedes. El Diccionario de expresiones malsonantes del espaГ±ol de Jaime MartГ­n —Ediciones Istmo, Madrid, 1974— dedica nada menos que pГЎgina y media al uso de esta palabra en la lengua castellana. Ni que decir tiene que un capГ­tulo entero reserva el acadГ©mico Camilo JosГ© Cela al carajo en el tomo II de su Diccionario Secreto -Series Pis y afines. Editorial Alfaguara, Madrid, 1971. Manuel Criado de Val, en su Diccionario de espaГ±ol equГ­voco -Edi 6, S.A., Madrid, 1981— dice: В«Voz usada como interjecciГіn, que designa unГ­vocamente el Гіrgano masculino sin que habitualmente se tenga idea de su significado en Argentina, Chile, RepГєblica Dominicana, PanamГЎ, MГ©xico, Paraguay, Venezuela, Uruguay. En EspaГ±a se conoce la idea inicial de su significado (en Brasil, "caralho").В» Puedo aГ±adir que tambiГ©n se llama В«caralloВ» en gallego. Pero ВїcuГЎl es el origen de la palabra?, ВїcuГЎl es su etimologГ­a? El monumental y exhaustivo Diccionario crГ­tico etimolГіgico castellano e hispГЎnico, de J. Coraminas y J. A. Pascual — Vol. I, Gredos, Madrid, 1980—, nos dice que este В«vocablo comГєn a los tres romances hispГЎnicos [es] de origen inciertoВ». La primera documentaciГіn se remonta hacia el 1400 en el Glosario de El Escorial, aunque ya en un documento de SahagГєn de 1247 aparece el apodo de Pedro Carayuelo y en 1160 el sobrenombre de Sancho CarayIho. Copio una cita de Corominas: В«En un documento del Alto AmpurdГЎn (CataluГ±a) de 982 se cita ya un mons Caralio, que otro documento de 974 llama mons qui habet inhonestum et incompositum nomen... Hoy son muchas en las montaГ±as catalanas las rocas de figura fГЎlica llamadas Carall Bernat (que por lo general se disimula en Cavall Bernat). A propГіsito de esto no sГ© si ya se ha expuesto la hipГіtesis de que la etimologГ­a real del carajo sexual podГ­a ser del catalГЎn quer "peГ±asco"..., de donde un aumentativo querall, cavall. SerГ­a expresiГіn germanesca primeramente "miembro erecto y... duro como un peГ±asco" [!]... En cuanto a Bernat... se tratarГЎ de "baranat" rodeado de agua o de aire con el valor originario del Г©timo prerromano varando ''linde que rodea algo''.В» Sea cual fuere su origen el caso es que la palabra carajo no es precisamente vocablo que deba pronunciarse en cierto ambientes educados, correctos y algo pacatos. De todos modos, ya se ha dicho que en ciertas ГЎreas de la lengua castellana no tiene el contexto que se le da en EspaГ±a. Sirve como ejemplo lo que dice el padre EfraГ­n GaitГЎn Orjuela c.m.f. en su libro BiografГ­a de las palabras —Ed. Cocuisa, Madrid, 1965. В«CARAJO. ExtraГ±a que esta interjecciГіn, que se oye desde el rГ­o Bravo hasta el estrecho de Magallanes, segГєn creo, no haya conquistado un puesto en el diccionario. Y no sГіlo es interjecciГіn sobre modo expresiva, sino voz que se usa como sustantivo de agudo significado, pues al bolonio o majagranzas le llamamos carajo, diciendo de Г©l, por ejemplo: "ВЎEs un carajo!" Si ese carajo molesta o enfada se le suele despedir con la frase: "ВЎVГЎyase al carajo!" Que es un lugar tenido por un sitio poco agradable. Verdad es que la palabra es malsonante, pero a maravillas sirve de vГЎlvula de escape en los momentos de enfadosa tensiГіn, rabia y desesperaciГіn. Fue, segГєn refiere con encantadores detalles Lacroix, en su Diario de Bucaramanga, la exclamaciГіn favorita de BolГ­var. Impaciente el Libertador en esos dГ­as de la infausta ConvenciГіn de OcaГ±a, al referirse a ciertas gentes culpables de la disoluciГіn de la Gran Colombia, exclamaba: »—¡Esos carajos! В»Persuadido de que habГ­a "arado en el mar", y presintiendo la tempestad sobre su cabeza de superhombre, se paseaba solo, cabizbajo, con las manos atrГЎs; entonces frecuentemente se le oГ­a decir: »—¡Carajo, carajo!В» Como Гєltima defensa de la socorrida palabreja, hemos de traer la frase diamantina, caГ­da nada menos que de labios de monseГ±or Ragonessi, nuncio del Papa ante el gobierno del general Rafael Reyes, y quien mГЎs tarde vistiГі la pГєrpura cardenalicia: В«-Bendito carajo, que ha librado de la blasfemia a la gente colombiana.В» Hubo un tiempo en que se creyГі que el carajo era oriundo de Vizcaya pero tal afirmaciГіn se puso en tela de juicio toda vez que ni Cervantes ni Quevedo, archivos abundosos e inagotables de genialidades y groserГ­as, ni siquiera lo citan una vez en sus numerosos escritos. Гљltimamente se ha tenido como cosa averiguada que su origen se encuentra en el nombre de una tribu india de Brasil. El publicista yanqui Cerleton Beals en el libro AmГ©rica ante AmГ©rica, demuestra que el В«ajoВ» es criollo y no espaГ±ol: В«En Brasil, la primera misa se dijo en una isla desierta, el 26 de abril de 1500, y la conquista del gran Imperio, despuГ©s de la expediciГіn de Martin Alonso de Sousa, en 1530, solamente empezГі cuando el padre Anchieta y Montoya, jesuita, empezГі a impartir a las masas indias —los tipies, los caribes, los borosos, los carajos y otras tribus— los elementos de la doctrina cristiana.В» Ustedes escojan la versiГіn que quieran. EL EPIGRAMA He aquГ­ uno que me viene como anillo al dedo: No dudo, Gil, que eres sabio y que en tu cabeza hueca se hospeda una biblioteca y un calepino en tu labio. De confesarlo no huyo, pero aquestos lucimientos son de otros entendimientos: sepamos cuГЎl es el tuyo. Es de Juan Pablo Forner, un poeta del siglo XVIII. En realidad me viene pintiparado. Recojo lucimientos de otros entendimientos que figuran en mi biblioteca. ВїQuГ© entendimiento es el mГ­o?, me tengo que contestar diciendo que, si en algo acierto, serГЎ en saber escoger. Nada mГЎs y es muy poco. Aprecien la buena voluntad. ВїQuГ© es un epigrama? SegГєn el Diccionario es una В«composiciГіn breve e ingeniosa de carГЎcter festivo o satГ­rico", y en sentido figurado В«pensamiento breve o agudo que suele ser burla o sГЎtira"В». Juan de Iriarte —no confundirlo con TomГЎs de Iriarte, el conocido fabulista, tambiГ©n del siglo XVIII —dijo: A la abeja semejante para que cause placer el epigrama ha de ser dulce, pequeГ±o y punzante. El epigrama puede ser, a veces, no punzante. He aquГ­ uno de Diego Hurtado de Mendoza, del siglo XVI: A Venus Venus se vistiГі una vez en hГЎbito de soldado Paris, parte y ya juez dijo, de verla, espantado; — Esta hermosa confinada con ningГєn traje se muda. Вї Veisla como vence armada? Mejor vencerГЎ desnuda. Ya mГЎs afinado y punzante es el que Baltasar el AlcГЎzar dirigiГі a una dama que se teГ±Г­a el cabello. Ya se sabe que a cierta edad las mujeres se vuelven rubias. Tus cabellos, estimados por oro contra razГіn, ya se sabe, InГ©s, que son de plata sobredorados. Pues querrГЎ que se celebre por verdad lo que no es; dar plata por oro, InГ©s, es vender gato por liebre. He aquГ­ un epigrama de Francisco de la Torre que algunas feministas talvez consideren ofensivo: TГє, Marica, hombre has de ser, segГєn tu dominio informa, que quien tiene tal poder de ningГєn gГ©nero o forma es gГ©nero de mujer. A tu gobierno entendido nada al marido replica, el sexo va confundido tГє eres, Marica, el marido y tu marido el marica. Este Francisco de la Torre decГ­a ser un misГіgino segГєn se desprende de lo transcrito y de esta otra composiciГіn: Siendo buena la mujer que del costado ha salido, en ella tiene el marido muy buen hueso que roer. Conocido es el epigrama de Lope de Vega. DoГ±a Madama Roanza tan alta y flaca vivГ­a que mandГі su seГ±orГ­a enterrarse en una lanza y aГєn hubo dificultad porque de lo alto faltГі y de lo ancho sobrГі la mitad de la mitad. ВїNo recuerdan estos versos aquellos chistes del В«tan tanВ» que estuvieron de moda hace unos aГ±os? Vaya otro del mismo autor: Viendo poner la veleta a una torre de un lugar un sabio que estaba atento, la causa les preguntГі y el maestro respondiГі: В«Para conocer el viento.В» Y Г©l dijo:В«Ya que en la torre veleta habГ©is menester con poner una mujer sabrГ©is el tiempo que corre.В» ВЎPobres mujeres siempre satirizadas! Marco Valerio Marcial, el cГ©lebre poeta latino —bilbilitano por mГЎs seГ±as, es decir nacido en Calatayud—, fue traducido e imitado por la mayorГ­a de los poetas de nuestro Siglo de Oro. He aquГ­ unas muestras pertenecientes al huerto gravedesco: A J. Vernegal No hubo en toda la ciudad quien de balde a tu mujer la quisiese pretender mientras tuvo libertad. Pero tu curiosidad de poner a su reposo guardas y hacerte celoso, Vernegal, ha despertado mГЎs de mil que la han gozado. Eres un hombre ingenioso. Otro: A Luis VГ©lez de Guevara ВїDeseas, VГ©lez, saber por quГ© un triple racionero entra en esta casa? Quiero dГЎrtelo ahora a entender: Mira, Juana enviudГі ayer; sabe este capГіn cantar y viГ©nela a consolar. Y, aunque tГє pudieras ir, no quiere Juana parir que sГіlo se quiere holgar. Y otros mГЎs: A un marido que cortГі las narices aun galГЎn de su mujer Вї QuiГ©n te persuadiГі a quitar al adГєltero infeliz la nariz, pues la nariz no te puede deshonrar? Tonto, ВїquГ© has hecho en cortar lo que sГіlo sabГ­a oler? Nada perdiГі tu mujer en esto, si lo has notado, pues al otro le ha quedado con quГ© volverte a ofender. A uno que alaba mucho sus cosas, por singulares, cuya mujer no es honesta. SГіlo tienes posesiones, SГіlo, dineros y bienes de oro: sГіlo, sГіlo tienes olorosas confesiones. SГіlo vinos, ГЎmbar, dones, sГіlo, tienes valentГ­a; sГіlo, creencia y cortesГ­a y con quererlo tener todo, sГіlo a tu mujer la tienes en compaГ±Г­a. Pero de Quevedo podГ­a estar transcribiendo versos y mГЎs versos satГ­ricos, feroces, sarcГЎsticos. Algunos de sus sonetos son verdaderos epigramas en catorce versos, un poco mГЎs largos de lo que preconiza Iriarte antes citado. Pasemos a otro autor. Don Juan de Tasis y Peralta, conde de Villamediana, fue hombre ingenioso, gran galГЎn con damas y caballeros pues segГєn parece tuvo sus mГЎs y sus menos en cuestiones homosexuales. Maldiciente como pocos, Г©l mismo se definiГі en los versos que dedicГі al padre Pedrosa, predicador del rey, cuando fue desterrado. Un ladrГіn y otro perverso desterraron a Pedrosa porque les ponГ­a en prosa lo que yo les digo en verso. Tuvo enemigos, muchos, ВїcГіmo no iba a tenerlos cuando a un cortesano, el marquГ©s de Malpica, tenГ­a que aguantar el siguiente epigrama? Cuando el marquГ©s de Malpica caballero de la ВЎlave con su silencio replica. ... dice todo cuanto sabe. ВїLe iba a perdonar Vergel, alguacil de corte, a quien su esposa le ponГ­a unos cuernos cГ©lebres en todo Madrid? ВЎQuГ© galГЎn que entrГі Vergel con cintillo de diamantes! Diamantes que fueron antes de amantes de su mujer. Esta serie de В«antesВ», uno tras otro, es maravillosa; pero dudo que gustase al muy coronado seГ±or alguacil. Otro amigo mГЎs. Recordemos que Villamediana muriГі asesinado y no se pudo saber por quiГ©n. Y basta por hoy. Otro dГ­a hablaremos de epigramas mГЎs modernos. HOSPITALES Y OTRAS COSAS El cardenal de Bari tenia un hospital del que sacaba poco provecho porque tenГ­a muchos enfermos. Un dГ­a enviГі al intendente a cobrar las rentas... Este individuo, viendo un nГєmero prodigioso de enfermos que consumГ­an las rentas de su amo, imaginГі un truco. Se disfrazГі de mГ©dico e hizo reunir a todos los enfermos, mirГі sus llagas y les declarГі que no se les podГ­a curar mГЎs que con un ungГјento de grasa humana. —Es necesario, pues —les dijo—, que se sortee entre vosotros aquel que deberГЎ ser cocido en agua hirviendo para servir de remedio a los demГЎs. A estas palabras los enfermos espantados se apresuraron a huir del hospital. Es singular la organizaciГіn de estos hospitales que debГ­an producir rentas en vez de gastarlas. De todos modos, creo que habla de ser divertido contemplar esta desbandada de enfermos. La primera instituciГіn, que sabemos, que pueda propiamente llamarse un hospital fue fundada en la isla de Tiber, en la que los romanos, en el aГ±o 293 antes de la era cristiana, habГ­an erigido el templo de Esculapio; isla que, mientras tanto, habГ­a sido el lugar en donde se dejaba cruelmente abandonados a los esclavos viejos o enfermos. El autor romano Suetonio dice, hablando de esta costumbre: В«En esta isla de Esculapio, ciertos individuos exponГ­an a sus esclavos enfermos y medio muertos, debido a las molestias que significaba tener que cuidarlos.В» La palabra В«exponГ­anВ» tiene, de la manera como la usa Suetonio, un significado muy desagradable: cuando un niГ±o nacГ­a deforme o sucedГ­a que simplemente alguien querГ­a deshacerse de Г©l, se le exponГ­a en los peldaГ±os de algГєn templo; В«exponГ­aВ» querГ­a decir que se le dejaba allГ­ hasta que morГ­a de hambre. Suetonio dijo mГЎs, acerca de la isla y de la costumbre de В«exponerВ» en ella a los esclavos enfermos: В«El emperador Claudio, sin embargo, decretГі que tales esclavos eran libres y que si se curaban no volverГ­an a estar bajo la autoridad de sus amos.В» Con el tiempo la isla pasГі a ser un lugar de refugio para todos los pobres que estaban enfermos. AllГ­ se les cuidaba y el viejo templo se convirtiГі en una especie de hospital rudimentario. SГіlo en la Г©poca de la instauraciГіn del Cristianismo hallamos la verdadera y primera fundaciГіn creada para socorro y alivio de enfermos y desgraciados. A pesar de las persecuciones que tuvieron que sufrir los primeros cristianos, vemos ya en Roma por los aГ±os 258 a san Lorenzo, el primero de los diГЎconos o arcediano, juntar a un gran nГєmero de enfermos y pobres, los cuales eran mantenidos y cuidados con las limosnas de aquella iglesia. Sin embargo, esto no era todavГ­a en rigor lo que nosotros llamamos ahora hospital, es decir, un asilo comГєn para enfermos. Hacia los aГ±os 580 se vio en Occidente el primer hospital propiamente dicho. San JerГіnimo nos dice que Fabiola, dama romana muy distinguida por su piedad, construyo el primer hospital o nosocomium con propiedad; es decir, segГєn lo explica Г©l mismo, una casa de campo destinada para reunir los enfermos y achacosos que antes estaban tendidos miserablemente por las plazas pГєblicas, en la que se les facilitaban los alimentos y socorros necesarios. Cuando Constantino trasladГі la sede imperial de Roma a Bizancio o Constantinopla, mandГі establecer un hospicio para los extranjeros y peregrinos que principiaban a visitar por devociГіn la Tierra Santa. Este edificio fue construido sobre el modelo del hospicio que Hircano habГ­a erigido el primero en JerusalГ©n por los aГ±os 150 antes de la era cristiana. De entonces datГі la serie ininterrumpida de hospitales que se extendieron por todo el mundo. Era costumbre que los grandes seГ±ores tuviesen su hospital titular, el que se comprometГ­an a sostener. BasГЎndose en ello cuando madame de Hautefort presentГі a la reina el abate Scarron, Г©ste le pidiГі le nombrase su enfermo titular. La reina sonriГі y Scarron tomГі la sonrisa como concesiГіn. En consecuencia, se le concediГі una pensiГіn de 300 escudos, y este poeta burlesco no firmГі en adelante de otra forma que: В«Scarron, enfermo titular de S. M. la Reina.В» Dice un refrГЎn espaГ±ol que В«De planes que no cuajan y cuentas que no salen, se llenan los asilos y los hospitalesВ», y otro que: В«En el hospital cada uno llora su mal.В» Y Г©sta es quizГЎ la razГіn por la que la gente sГіlo en casos extremos acude al hospital y prefiere quedarse en casa cuando estГЎ enferma, a no ser que su mal precise una operaciГіn. En su casa recibe visitas que le prodigan consuelos... y consejos. В«A los enfermos, los sanos, buenos consejos les damosВ», dice tambiГ©n el refranero. Y eso cuando les creen. La duquesa de Baviera, delfina de Francia, en tiempos de Luis XIV, tenГ­a muy mala salud, y por lo mismo, estaba siempre triste y melancГіlica. AcusГЎbanla de quejumbrosa y de enferma por imaginaciГіn, calificando todos sus pretendidos males de vapores o caprichos de seГ±orita nerviosa, y ella exclamaba: —EstГЎ visto. TendrГ© que morirme para justificarme y lograr que me crean. Esta enferma era completamente opuesta al protagonista del relato siguiente. El doctor pregunta: —¿Le duele la cabeza? —No, seГ±or. —¿Tiene usted apetito? —Bastante, sobre todo antes de comer. —¿Duerme usted por las noches? —Si, de un tirГіn. —Bueno, bueno —finaliza el doctor—, ya verГЎ usted cГіmo van desapareciendo todos estos sГ­ntomas. Pocas veces los enfermos son tan francos como Г©ste. A veces es una verdadera lucha la que se entabla entre doctor y paciente. Me contaba un mГ©dico rural que muchas veces se habГ­a encontrado con que al preguntar al enfermo quГ© le dolГ­a, le contestaba: —Eso lo tiene que adivinar usted, que es mГ©dico; si no, no tendrГ­a gracia que usted me curase si yo lo digo todo. Existe tambiГ©n un enfermo dubitativo. —¿Le duele la cabeza? —pregunta el doctor. —Me duele y no me duelo. —¿Y la garganta? —Unas veces, sГ­ y otras, no. —¿Y el estГіmago? —¡Pse! Lo mismo. Hay momentos que sГ­ y momentos que no. —¡Vaya, vaya! —exclama el mГ©dico—. Mire: mande, si quiere, a la farmacia. AllГ­ le harГЎn la medicina. Usted la toma o no la toma. Le sentarГЎ bien o le sentarГЎ mal, y yo volverГ© maГ±ana o no volverГ©. Un facultativo muy cГ©lebre y respetado fue requerido con urgencia por una dama que vivГ­a en la misma casa. El mГ©dico acude apresuradamente al piso de su vecina; le introducen en un saloncito y la seГ±ora le seГ±ala, con los ojos anegados, un mono que daba la sensaciГіn de sufrir mucho. El ilustre hombre de ciencia sintiose molesto en su fuero interno; pero, esclavo de las convenciones, disimulГі su indignaciГіn y tomГі silenciosamente el puso del mono; le examinГі y pronto se dio cuenta de la enfermedad que sufrГ­a el animalito. Luego vio en un rincГіn de la sala al hijo de la casa que lloriqueaba sobre la alfombra. El mГ©dico se levanta entonces de su silla, se aproxima al chicuelo, le observa tambiГ©n detenidamente: pulso, lengua temperatura, etc., y despuГ©s, volviГ©ndose hacia la madre le dice: —SeГ±ora, sus dos hijos tienen una indigestiГіn: que tomen una purga y que guarden dieta; eso les curarГЎ. Por cierto, y ya que he hablado de monos, bueno serГЎ hacer constar que tal animal retrasГі en algunos siglos el progreso de la Medicina. El caso es que Galeno no pudo conseguir en AlejandrГ­a un cuerpo que disecar y, aunque debiГі de haber visto allГ­ esqueletos que le permitieran aprender algo de la estructura humana, tuvo que conformarse con la disecciГіn de cerdos y monos para aprender cГіmo era la forma y colocaciГіn de los Гіrganos internos. Por lo que vio en estos animales, dedujo que los Гіrganos humanos eran iguales, deducciГіn que tuvo una desgraciada influencia sobre la Medicina por muchos siglos, durante los cuales se creyГі que la anatomГ­a humana era como la de los cerdos y los monos. Pero dejemos a los irracionales y volvamos a nuestros enfermos. Hay enfermedades que han desaparecido de la faz de la tierra y no me refiero a aquellas que, como la viruela, se puede decir ya que no existen gracias a los procedimientos de vacunaciГіn actualmente empleados, sino que aludo a ciertas dolencias extravagantes que ningГєn mГ©dico aceptarГ­a hoy como tales, v. g., el tarantismo. JosГ© Recuero era un personaje muy popular y obsequiado en el Гєltimo tercio del siglo XVIII. Su prodigiosa habilidad era reconocida y a menudo solicitada en todos los lugares y villas de La Mancha, y singularmente en los campos de Calatrava y Mondel. ГЃgil de manos y dotado de buen oГ­do taГ±endo la vihuela, era una bendiciГіn de Dios y asГ­ podГ­an asegurar sus paisanos que resucitaba los muertos con sus jotas, fandangos, seguidillas y otras sonatas. Muchos mГ©dicos, boticarios, cirujanos, escrГ­banos, alcaldes, sacerdotes y sinnГєmero de vecinos fueron testigos presenciales de sus portentos. El ciego de Almagro, JosГ© Recuero, habГ­a vuelto a la salud a no pocos moribundos y desahuciados, aplicando la mГєsica a la curaciГіn de las dolencias. Pero donde con mГЎs asombro del pГєblico se veГ­a la eficacia del mГЎgico Recuero, era en el tratamiento de las picaduras de las araГ±as negras: barrigudas como granos de uva, conocidas por tarГЎntulas o tarantelas, productoras de aquel mal tan horrible y discutido llamado tarantismo. El doctor don Francisco Xavier Cid, miembro de la Real Academia matritense, mГ©dico titular del cabildo de Toledo y de su arzobispo, escribiГі un libro para demostrar con curiosos datos y elocuentes estadГ­sticas, que el tarantismo existГ­a en EspaГ±a y que se curaba con la mГєsica, al modo como se hacГ­a desde tiempos antiguos, en la Puglia de Italia. En tal obra (Madrid, 1787) se dice que en La Mancha В«han ocurrido frecuentes casos de haberse muerto muchos envenenados (por la tarГЎntula) en poblaciones grandes por no haber habido quien tocase la tarantela o llegado tarde el que la habГ­a de tocar, aunque ya se han dedicado a aprenderla los aficionados a la mГєsica de la dicha provincia; que el ciego de Almagro estГЎ instruido en todas las tarantelas que se tocan en el paГ­s, pero la particular que Г©l usa es, sin comparaciГіn mucho mГЎs eficaz que las demГЎs, porque en llegando a tiempo, esto es, que el veneno no se haya difundido por todo el cuerpo, o que no se haya altamente arraigado en alguna entraГ±a, es curado el enfermo pronta y seguramenteВ». Como comprobaciГіn de sus asertos, el doctor Cid reГєne en su libro varios casos de tarantismo, de los cuales he aquГ­ uno comunicado por el doctor don Mariano Candela y Ayala, mГ©dico de la villa de Daimiel, en carta fechada en 24 de febrero de 1783: В«Manuel de CГіrdoba, de esta vecindad, en el verano pasado del 1782, durmiendo en la era le mordiГі, al parecer, la tarГЎntula. DespertГі con un agudo dolor en el cuello, como acontece a los que tienen mal puesta la cabeza. VolvГ­ase al otro lado, y no pudo por la tirantez de las cuerdas del cuello. EmpezГі a sentir fatigas y congojas, diciendo que se morГ­a. TrГЎjose a este pueblo, y habiendo sido llamado, le encontrГ© con bastante inquietud, pulso retraГ­do, vientre algo inflamado, dolor en la regiГіn renal, ardor y dificultad de orinar. Todo este cГєmulo de sГ­ntomas por de pronto me hizo suspender el juicio, no pudiendo persuadirme de mordedura venenosa juzgando por otra parte, ser aparatos de una grande enfermedad. В»Me contentГ© sГіlo con mandarle aplicar al vientre unos paГ±os de vino y manteca, y unas lavativas laxantes hasta volver, y si necesitarГ­a o no alguna evacuaciГіn de sangre. Pasadas menos de dos horas, como las diez de la maГ±ana, me avisan vaya corriendo, que se muere el enfermo. MandГ© la UnciГіn mientras llegaba, pues estaba confesado. En este intermedio llamaron las mujeres a un pintor que vive aquГ­ llamado Fulgencio, que fuese a tocarle la guitarra. Fue, y cuando yo llegaba a ver al enfermo, me dice que ya estГЎ bueno, y de fidedignas personas que le vieron bailar es como se sigue su relato. В»PrincipiГі con fandango, seguidillas y otros sones, permaneciendo quieto hasta que tocГі el de la tarantela, que es mixto de fandango y folias, y sin reparar en cosa, tirГі de la ropa y principiГі a bailar con tanta ligereza y sin perder el compГЎs, que no lo ejecutarГЎ el mГЎs diestro bailarГ­n, riГ©ndose la gente de ver bailar a un hombre que jamГЎs le habГ­an visto bailar y llevar el compГЎs con tanta perfecciГіn. El tocador le daba golpes de otro son; y al primero paraba hasta que volvГ­a la sonata. Se repitiГі en la tarde habiendo sosegado al mediodГ­a, hasta cuya hora durГі la sonata, tomando caldo y alimentГЎndose; y en la maГ±ana siguiente, aunque tocГі el pintor, no tenГ­a ganas de bailar, y hoy estГЎ bueno. Como de noche fue la mordedura, no se puede saber que tarГЎntula fuese. En el cuello no hubo inflamaciГіn, sГ­ sГіlo una lentejuela encarnada.В» AsГ­ lo narra Comenge. Esto pasaba en el siglo XVIII; durante todo el siglo XIX los mГ©dicos se han burlado de ello y ahora, en la segunda mitad del siglo XX, se descubre de nuevo la terapГ©utica musical y se afirma que la mГєsica de Mozart estГЎ recomendada para las enfermedades renales. Con lo que el enfermo no podrГЎ jamГЎs decir que no estГЎ para mГєsicas. LA NOBLEZA Dice Luis Vives: В«La verdadera y sГіlida nobleza nace de la virtud. Necedad es gloriarte de un padre noble, si tГє eres vil y mancillas con tu torpeza la hermosura de aquel linaje. В»A la verdad, todos estamos formados de los mismos elementos y el Dios Гєnico es el padre de todos. В»Menospreciar por humilde un linaje es renegar de Dios, autor de aquella vida.В» Un dГ­a, NapoleГіn, con cierta ironГ­a e incredulidad le preguntГі al prГ­ncipe MГ ssimo, italiano cГ©lebre por su extensa genealogГ­a: —¿Es verdad, prГ­ncipe, que creГ©is descender de Fabio MГЎximo Cunctator? —No lo sГ©, sire. Lo Гєnico que puedo deciros es que es un rumor que desde hace 2 000 aГ±os corre por nuestra familia. A los que no poseemos ГЎrbol genealГіgico, sino, a mucho estirar, ГЎrbol ginecolГіgico, nos sorprende la cantidad enorme de bastardos que en ellos se encuentran. Como dice Edmond About en su obra Le Marquise de Lourore: В«Un hijo de casa noble abofetearГЎ al insolente que ponga en duda la virtud de su madre; sin embargo, Г©l mismo no oculta que su abuela tuvo ciertos devaneos; y, en cuanto a su tatarabuela, si por ventura obtuvo favores de Luis XV su vanagloria es grande. De este modo la vergГјenza de los nuestros, a medida que se aleja de nosotros, se convierte en gloria.В» Un grande de EspaГ±a se dirigiГі un dГ­a al general Weyler, que acababa de ser elevado a la grandeza, y le tuteГі. —¿QuiГ©n le ha dado permiso para tutearme? —le dijo el general. —Es costumbre entre nosotros los grandes —dijo el otro. —Pues sepa usted, mozuelo, que mi grandeza empieza en mГ­. O como decГ­a el mariscal Junot: В«Yo soy mi propio antepasado.В» Del libro de Vicente Vega Diccionario ilustrado de anГ©cdotas, que es excelente, ameno y que recomiendo a mis lectores, entresaco dos que creo representativas no de una nobleza y sangre sino de comportamiento que es lo que vale. A la muerte de Lutero en 1546 los protestantes manifestaron frecuentemente su rebeldГ­a contra la Iglesia. Carlos I de EspaГ±a, de acuerdo con el Papa y con su hermano Fernando, a quien habГ­a cedido los dominios hereditarios de Alemania, resolviГі hacerles la guerra. El 24 de abril de 1547 obtuvo el emperador espaГ±ol la victoria de MГјhlberg —que inmortalizГі Tiziano en su cГ©lebre cuadro hoy en el Museo del Prado de Madrid—. En ella hizo prisionero al prГ­ncipe elector de Sajonia, cuya vida ofreciГі a su esposa a cambio de la ciudad de Wittemberg, en cuya catedral o iglesia del castillo habГ­a clavado, aГ±os antes, Lutero sus cГ©lebres noventa y cinco tesis. En la propia iglesia estaba enterrado Martin Lutero y el duque de Alba propuso a Carlos I que desenterrase el cadГЎver, lo quemase y aventase las cenizas, a lo que el emperador respondiГі: —DejГ©mosle reposar: ya ha encontrado a su juez. Yo hago la guerra a los vivos y no a los muertos. La otra anГ©cdota que copio es la siguiente: El 3 de junio de 1898, cumpliendo la orden recibida del Gobierno de Madrid, la escuadra espaГ±ola —un solo acorazado y varios barcos de madera— saliГі de la bahГ­a de Santiago de Cuba para enfrentarse con los potentes barcos norteamericanos que bloqueaban dicho puerto. La abrumadora superioridad de la escuadra americana, acorazada toda ella y con artillerГ­a mГЎs potente que la nuestra, tardГі cuatro horas en reducir la heroica resistencia de los barcos espaГ±oles, que, desarbolados, con incendio a bordo y sembradas las cubiertas de muertos y herí— dos, prefirieron embarcar antes que rendirse, despuГ©s de sostener una lucha enteramente desigual. Los americanos enviaron sus botes y condujeron a bordo de sus acorazados y hospitales prisioneros y heridos, incluso los que cayeron en poder de los rebeldes cubanos que fueron reclamados. Entre los prisioneros figuraba un oficial, Augusto Miranda, que llegarГ­a a ser almirante y ministro de Marina. Frente a La Habana, solicitГі desembarcar bajo palabra de honor, con objeto de atender a su familia que allГ­ residГ­a, y cuya situaciГіn no podГ­a por menos de ser muy crГ­tica en aquellos momentos. Se le concedieron dos horas. Cuando habГ­a transcurrido poco mГЎs de la mitad del permiso, anunciaron a Miranda que un oficial del barco americano preguntaba si estaba en la casa. Miranda refrenГі su cГіlera a duras penas: mediando la palabra de un marino espaГ±ol, no podГ­a aceptar quГ© se pretendiese vigilar su cumplimiento. Pronto tuvo que rectificar. El marino americano le dijo, sencillamente: —Vengo a traerle su espada. El comandante no quiere que cruce usted la ciudad sin espada, en una hora tan concurrida. Un dГ­a CГЎnovas del Castillo tuvo un incidente con un seГ±or que pretendГ­a tener preferencia de paso en una fiesta palaciega. —Soy grande de EspaГ±a —exclamГі el segundo. —Y yo soy quien los hace —respondiГі CГЎnovas. Y pasГі el primero. Cuando el barcelonГ©s Pedro Maristany fue nombrado conde de Lavern, un amigo le dijo: —No sГ©, te encuentro un poco pachucho, ВїquГ© te pasa? —Debe ser el cambio de sangre —respondiГі Maristany. Del mismo se cuenta que encargГі a su criada que, a todos los que iban a felicitarle por el tГ­tulo, contestase: —El seГ±or no estГЎ en casa. Ha salido a probarse la armadura. DecГ­a Jonathan Swift que muchos nobles son como las patatas, que todo lo bueno lo tienen bajo tierra. Y no estarГЎ de mГЎs recordar una anГ©cdota cГ©lebre: El gran polemista catГіlico Louis Veuillot discutГ­a un dГ­a con un majadero que no hacГ­a mГЎs que vanagloriarse de sus antepasados. Veuillot puso fin a la disputa diciendo: —Yo asciendo de una familia de humildes campesinos, Вїde quiГ©n desciende usted? ANECDOTARIO Una vez a un cГіmico que debutaba como meritorio en una obra que, me parece dirigГ­a Antonio Vico, le correspondГ­a un papel no ya pequeГ±o sino insignificante. El diГЎlogo era como sigue: —¿EstГЎ en casa el seГ±or marquГ©s? —SГ­ —debГ­a responder al aspirante a actor. —Y la seГ±ora marquesa, ВїestГЎ? —SГ­. —¿Y su hija? —SГ­. Tres sГ­es solamente, pero que al novel Г©mulo de Ricardo Calvo le parecieron algo importante. Llegaron los ensayos y el hombre respondГ­a maravillosamente y le decГ­a a Vico: —¿Ve usted, seГ±or, cГіmo no me equivoco? —En los ensayos no, pero veremos en la funciГіn. LlegГі el dГ­a del estreno y llegГі tambiГ©n el momento en que el novel debutaba. Y el diГЎlogo fue el siguiente: —¿EstГЎ en casa el seГ±or marquГ©s? —SГ­ —respondiГі el meritorio, indicГЎndole a Vico que no se equivocaba. —Y la seГ±ora marquesa, ВїestГЎ? —SГ­ —y el pobre novel hizo con los dedos la seГ±a de dos con aire victorioso. —¿Y su hija? Y el pobre infeliz, con voz vibrante, dijo: —¡Tres! La anГ©cdota que voy a contar me interesa extraordinariamente por mi profesiГіn de conferenciante. Cierto dГ­a a TeГіfilo Gautier le pidieron que diese una conferencia. Conferencia gratis, por supuesto. Y aquГ­ permГ­tanme un parГ©ntesis: muchas veces me invitan a dar conferencias y cuando llega el momento, difГ­cil momento, de hablar de emolumentos es frecuente oГ­rse decir. —Pero Вїusted cobra? —Pues claro que cobro, vivo de hablar en pГєblico. —Pero a usted no le cuesta nada, con la facilidad que tiene. Y respondo siempre igual: —Mi zapatero tiene una habilidad extraordinaria en hacer zapatos, pero, a pesar de ello, me los cobra. Y aГєn hay quien dice: —Si no es nada, diga usted cuatro tonterГ­as. —Las tonterГ­as las va a decir su seГ±or padre —te vienen ganas de responder. Y uno no lo hace porque es bien educado. Pues bien, volviendo a Gautier. Le pidieron un tema. —El que usted quiera. —Pues hablarГ© del incesto —respondiГі el escritor. Pasmo del interlocutor. —¿Del incesto? ВїNo cree que serГЎ algo atrevido? —Del incesto o nada. Se avino el pedigГјeГ±o y el dГ­a de la conferencia se llenГі el local. TeГіfilo Gautier empezГі diciendo: —SeГ±oras, seГ±oritas, seГ±ores..., con cierta vacilaciГіn empiezo a hablar de este tema que me ha sido sugerido por el organizador de este acto. В»Voy a hablarles del incesto desde el punto de vista artГ­stico y literario. В»Claro estГЎ que no les voy a hablar del incesto entre padre e hija porque es tema trivial que ya aparece en la Biblia. В»Por las mismas razones, no hablarГ© del incesto entre madre e hijo o entre hermano y hermana. HablarГ© del incesto del padre con el hijo, del hermano con su hermano, de la madre con su hija y de la hermana con su hermana... No pudo continuar, porque las seГ±oras y seГ±oritas que ocupaban la sala salieron corriendo. No se olviden que esto sucedГ­a en el siglo XIX. Hoy es muy probable que se hubiesen quedado. Pero es que, amigos mГ­os, la vida ha dado muchas vueltas. En mi adolescencia, a los doce o trece aГ±os, hablГЎbamos, en voz baja, de cГіmo se hacen los niГ±os. Hoy, a la misma edad, los adolescentes hablan, en voz alta, de cГіmo no se hacen. Lo que he dicho sobre los conferenciantes me recuerda una anГ©cdota del gran pintor Whistler. Hizo Г©ste el retrato de un magnate de la industria inglesa y le pidiГі cien guineas por la obra. El retratado no quiso pagar y el asunto pasГі a los tribunales. Ante el juez el retratado adujo: —No creo que sea justo pagar cien guineas por un retrato en el que el seГ±or Whistler empleГі sГіlo tres horas. —¿Es eso cierto? —preguntГі el juez a Whistler. —No, seГ±orГ­a —respondiГі el pintor—; empleГ© cincuenta y cuatro aГ±os y tres horas. El juez dio la razГіn a Whistler. Es el mismo caso, conocido por todos, de aquel seГ±or al cual su coche le hacia un ruidito sospechoso. Lo llevГі a varios talleres pero en vano, el ruido subsistГ­a. Al fin en un taller el mecГЎnico dijo: —Ahora lo arreglo —Y dio un golpecito con un martillo en un sitio determinado del motor. El ruido cesГі y el propietario del coche le dijo: —¿CuГЎnto le debo? —Quinientas pesetas. —¿Quinientas pesetas? Eso es un robo. Me harГЎ usted una factura en forma. —De acuerdo —dijo el mecГЎnico. La factura decГ­a asГ­: В«Por dar un golpecito de martillo: 1 peseta; por saber dГіnde se habГ­a de dar: 499pesetas.В» He aquГ­ una carta curiosa de la marquesa de Pompadour. В«Querida condesa Baschi. В»Lo que le voy a contar no es precisamente poГ©tico. El marquГ©s de R., que como usted sabe, no es precisamente muy delicado en sus gustos, pasГі ayer la noche con una comedianta y al final de la cena, estando los dos... encantadores, el marquГ©s no encontrГі nada mejor que desvestir a su Venus y, preparando una salsa para espГЎrragos la colocГі en un lugar que no voy a nombrar pero que usted comprenderГЎ y se dedicГі a comer los espГЎrragos mojГЎndolos en su salsa. Parece que le gustГі, ВїquГ© piensa usted de ello? Espero su respuesta pero, por el momento, no puedo dejar de reГ­rme de un placer tan original. — La marquesa de Pompadour.В» Robert de Montesquieu-Fezenzac, amigo Г­ntimo de Marcel Proust, es quien dio a la publicidad esta carta aГ±adiendo que se vendiГі por 350 francos —de comienzos de siglo— en una subasta del Hotel Drouot. Copio de la obra CГіmicos al desnudo, de Enrique Povedano Argumendi, obra publicada antes de la guerra y no sГ© el aГ±o porque mi ejemplar estГЎ falto de las primeras pГЎginas, la anГ©cdota siguiente: Actuaba el gran actor Antonio Vico en una importante poblaciГіn de AndalucГ­a. Por el teatro no aparecГ­a un alma y la temporada era un verdadero desastre. Cierta noche un abonado, ya conocido por don Antonio, entrГі en el cuarto de Г©ste en compaГ±Г­a de otro seГ±or. El abonado saludГі afectuosamente a Vico e hizo despuГ©s la presentaciГіn de su amigo: —Tengo el honor de presentarle al seГ±or Inspector de InstrucciГіn PГєblica de esta provincia. El genial artista hizo un elocuente gesto de asombro y exclamГі: —¡Ah!, pero... ВїaquГ­ hay InstrucciГіn PГєblica? El gran escultor francГ©s Rodin era de un orgullo insuperable. Un dГ­a una admiradora suya le enviГі la fotografГ­a de una roca de la BretaГ±a que se parecГ­a a su В«BalzacВ» que puede admirarse en la Rive Gauche de ParГ­s. Rodin, al ver la foto, exclamГі: —Ya lo sabГ­a. Soy de la escuela de Dios. En el Ateneo barcelonГ©s un socio de peГ±a de bolsistas exclama: —Esto cada vez va a peor. Me parece que si esto sigue asГ­ mi declaraciГіn de la renta serГЎ exacta. AutГ©ntico. MГЃS SOBRE LA JUSTICIA Y LA LEY ВЎAy de aquel que se encapricha en querer justa a la justicia! decГ­a una canciГіn italiana que se hizo cГ©lebre tambiГ©n en nuestra Patria. O como dice el cantar: Para razГіn alcanzar dos cosas son menester: primera, razГіn tener, y que te la quieran dar. El rey Sabio describe asГ­ a la Justicia: В«Raygada virtud es la justicia, segГєn dixeron los sabios antiguos, que dura siempre en las voluntades de los ornes justos, e da e comparte a cada uno su derecho egualmente. E como quier que los ornes mueran, pero ella, quanto en si nunca desfallece ante finca siempre en los corazones de los ornes vivos que son derechureros e buenos. E maguer diga la scriptura, que el orne justo cae en yerro, siete vezes en el dГ­a, porque el non puede obrar todavГ­a lo que debe por la flaqueza de la natura que es en Г©l, con todo esso en la su voluntad siempre debe ser aparejado en fazer bien, e en cumplir los mandamientos de la justicia. E porque ella es tan buena en si, comprehende todas las otras virtudes principales, assГ­ como dixeron los sabios: por ende la asemejaron a la fuente perenal, que ha en sГ­ tres cosas. La primera, que assГ­ como el agua que della sale, nasce contra Oriente, assi la lusticia cata siempre do nasce el sol verdadero, que es Dios, e por esso llamaron los Santos en las escripturas a nuestro seГ±or Iesu Christo, sol de la lusticia. La segunda es, que assГ­ como el agua de la fuente corre siempre, e han los ornes mayor sabor de beber della, porque sabe mejor, e es mГЎs sana que otra; otrosГ­, la lusticia siempre es en sГ­, que nunca se desgasta, nin mengua, e resciben en ella mayor sabor los que la demandan e la han menester, mГЎs que en otra cosa. La tercera es, que assГ­ como el agua della es caliente en invierno, e frГ­a en verano, e la bondad della es contraria a la maldad de los tiempos, assГ­ el derecho que sale de la lusticia tuelle [4] e contrasta las cosas malas e desaguisadas que los ornes facen.В» [5] Todo esto estГЎ muy bien y es muy bonito; pero como la tal fuente es sГіlo un sГ­mbolo y como tal no existe sobre la tierra, se deduce en consecuencia que la justicia en este mundo es una pura entelequia. PidiГ©ronle a Diderot quГ© pensaba de la justicia y de los tribunales. Diderot contestГі con esta anГ©cdota: —Un amigo mГ­o habГ­a sido citado ante juez por su esposa que querГ­a divorciar y sostenГ­a que Г©l era impotente y al mismo tiempo tambiГ©n se vio citado por su amante para que reconociese un hijo, que segГєn decГ­a, habГ­a tenido de Г©l. El desgraciado pensaba que, por lo menos, una de las dos causas, serГ­a decidida a su favor porque, decГ­a, В«si soy impotente no puedo haber hecho un hijo a mi amante: y si, por el contrario, debo reconocer el hijo de mi amante ello quiere decir que no soy impotenteВ». Pues bien, amigos, ВїsabГ©is cГіmo terminГі el asunto? AcabГі con que las dos causas fueron juzgadas en sesiones distintas ante distintos tribunales, y mi amigo perdiГі las dos. Por ello AlcibГ­ades, que mientras estaba en la expediciГіn contra Sicilia fue citado a comparecer ante los jueces de Atenas acusado de impiedad, en vez de presentarse se fugГі. —¿CГіmo? —le dijo un amigo—. ВїNo te presentas al proceso? —Cuando se trata de justicia —replicГі AlcibГ­ades—, no me fГ­o ni de mi madre; siempre tendrГ­a miedo de que cogiesen la bola negra en vez de la blanca. El gran escritor italiano Manzoni no creГ­a tampoco en la posibilidad de encontrar la justicia en la tierra en que moramos. En su novela Los novios, en el capГ­tulo III, cuando Renzo ofendido y exasperado por don Rodrigo exclama que В«en este mundo brilla la justicia un dГ­a u otroВ», Manzoni comenta:«¡ Un hombre aplastado por el dolor no sabe lo que sedice!В» De esta opiniГіn debГ­a ser el Gato legista, de JosГ© JoaquГ­n de Mora, que: Primer aГ±o de leyes estudiaba Micifuf y aspiraba con todos sus conatos a ser Oidor del Crimen de los gatos. Estudiando una noche en las Partidas hallГі aquellas palabras tan sabidas: В«Jugador non semeye a las garduГ±as, ca manso e non de furtos es su oficio, et faza el sacrificio, de cortarse las uГ±as.В» Las uГ±as, dijo el gato, bueno es esto mГЎs me sirven las uГ±as que el Digesto. VГЎyanse con lecciones al que naciГі con malas in tenciones. [6] LAS CONSULTAS No sГ© quiГ©n dijo que cuando un mГ©dico no sabe quГ© hacer, pide consulta con otros mГ©dicos y hace aumentar el gasto de la enfermedad, porque en Medicina la ignorancia se paga mГЎs cara. Corvisart deploraba en un cГ­rculo la prematura muerte del doctor Backer. —La muerte no ha sido por falta de cuidados —decГ­a—, pues en los Гєltimos dГ­as de su enfermedad no le abandonamos HallГ©, Portal y yo... —¡Ah! —interrumpiГі Sieyes—. ВїQue querГ­a que hiciese Г©l contra tres? Baltasar GraciГЎn dice que В«la consulta es una manera que tienen los mГ©dicos de buscar otro que les lleve el ataГєdВ». Y AgustГ­n Moreto, en su obra AntГ­oco y Seleuco, hace la siguiente descripciГіn de una junta de mГ©dicos: Pero no es nada la orina: con verlos hechos orates en junta, mГЎs disparates no dijo Juan de la Encina. JГєntanse todos, y luego sobre si el pulso indicГі si hay fiebre en la arteria o no, se hacen pedazos en griego. Lo que uno habla, otro trabuca, otro empata la cuestiГіn y cuando arde la opiniГіn con que todo lo bazuca, y cuando anda el morbo insano crecen los gritos atroces, otro medio cirujano se arrima al que da mГЎs voces. Otro calla y da atenciГіn, otro no es contra ninguno, todo lo aprueba; y si alguno sale con una opiniГіn, Г©l dice. Pese o no pese, yo soy de ese parecer. Dice otro: No puede ser; y Г©l dice: TambiГ©n soy de Г©se; y cuando por varios modos los cascos se estГЎn quebrando, el que no habla estГЎ callando mГЎs desatinos que todos. Y despuГ©s que a troche y moche se han hartado de gritar, lo que resulta, es, mandar que no cene aquella noche. El duque de Fronsac estuvo muy enfermo y le asistieron los mГ©dicos Bouvart y Barthes. SaliГі el duque de cuidado, y los dos facultativos empezaron a dirigirse cumplimientos muy corteses: cada cual atribuГ­a a su compaГ±ero el mГ©rito de la curaciГіn. OyГіles el duque y dijo: — Asinus asinum fricat. (Es decir, en romance: El asno se frota o rasca con otro asno.) Los mГ©dicos a un tiempo saludaron, se fueron y no volvieron mГЎs. Ahora la escena pasa en una pequeГ±a ciudad de Estados Unidos. El pobre Jones estГЎ enfermo. La seГ±ora Jones envГ­a a buscar al mГ©dico de la familia. Pero como no se le encuentra, es preciso buscar a otro. Pero al llegar el mГ©dico a su casa le dan el recado y va tambiГ©n corriendo a casa de Jones. Los dos doctores entran al mismo tiempo en la habitaciГіn del enfermo por dos puertas distintas. Se acercan a la cama y, cada uno por su lado, deslizan su mano bajo las sГЎbanas y buscan el pecho del pobre Jones. —Es tifus —dice uno. —Nada de eso —afirma el otro—; estГЎ borracho, simplemente. El enfermo, al oГ­r esto, retira bruscamente las sГЎbanas: los dos mГ©dicos estaban con las manos cogidas. Es tГіpico afirmar que durante la consulta los mГ©dicos reunidos hablan de fГєtbol, toros, bailarinas, de todo menos del enfermo. Conocido en Barcelona es el caso de un mГ©dico que durante la consulta quiso probarse una armadura que habГ­a en la sala donde se efectuaba y luego no sabГ­a cГіmo sacГЎrsela. Un escritor ilustre padecГ­a una enfermedad que requiriГі la consulta de los mГ©dicos de los mГЎs renombrados. Los galenos barajaban y barajaban nombres cientГ­ficos cuando, de pronto, les interrumpiГі el paciente: —No olviden que de lo que se trata es de curarme: los nombres griegos o latinos que puedan aplicarse a mi enfermedad, eso, me tiene sin cuidado. Dos mГ©dicos discuten no muy lejos de la cama del enfermo. Discrepan ambos facultativos en el diagnГіstico: —Estoy seguro de que se equivoca usted —dice el primero. —¿SГ­? —contesta el segundo—. Pues haga usted lo que quiera. En la autopsia veremos quiГ©n tiene razГіn. Esta idea de la discusiГіn continua la debГ­a tener aquel camarero que en un banquete de mГ©dicos, dijo a uno de sus compaГ±eros: —Creo que todos han bebido demasiado. —¿PorquГ©? —Porque empiezan a estar de acuerdo. Pero esta idea excesivamente generalizada es, como la mayorГ­a de las ideas excesivamente generalizadas, falsa. Testigo el seГ±or aquel cuya esposa cayГі gravemente enferma y hubo consulta de mГ©dicos. Por desgracia, todos ellos acordaron que la paciente se morГ­a, y asГ­ se lo dijeron al marido. MuriГі, en efecto, la pobre seГ±ora, y alguien preguntГі al viudo: —¿De quГ© ha muerto su esposa? —La pobre ha muerto de unanimidad. LOS APELLIDOS Y LOS ESCUDOS Una de las consultas mГЎs frecuentes que se hacen es la correspondiente a escudos nobiliarios: В«Me llamo Fulano de Tal y de Tal. ВїMe podrГ­a decir cuГЎl es el escudo que corresponde a mi apellido?В» La respuesta obligada y seria es decir: В«NingГєn apellido tiene escudo, los que lo tienen son las familias, Вїa quГ© familia pertenece usted?В» Vamos a explicarlo con un ejemplo. Imaginemos un pueblo, villa o lugar al que llamaremos, Valdecaballos. El seГ±or de este lugar, noble por supuesto, se llama, allГЎ por la Edad Media, Pedro de Valdecaballos, alusiГіn del nombre: Pedro seГ±or de Valdecaballos. Este noble, que tiene su escudo sobre el portalГіn de su castillo, es el padre de un hijo al que impone tambiГ©n el nombre de Pedro. Se llama, Pedro PГ©rez, hijo de Pedro de Valdecaballos. Hasta aquГ­ todo va bien. Pero hete aquГ­, que en el mismo pueblo vive un labriego tambiГ©n llamado Pedro que tiene a su vez un hijo a quien bautiza con el nombre de Pedro, es decir, que se llama Pedro PГ©rez. Este muchacho, por cosas de la vida, se traslada a Medina del Campo, supongamos, y allГЎ es conocido por Pedro PГ©rez el de Valdecaballos o abreviando Pedro PГ©rez de Valdecaballos. Pasa el tiempo, aГ±os, siglos y un buen dГ­a un seГ±or de Madrid, Barcelona, Valencia, Bilbao, o de donde sea, y que se llama PГ©rez de Valdecaballos, quiere adornar la chimenea de su casa con un escudo, consulta el periГіdico y ve que hay unos seГ±ores que, por relativamente pocas pesetas, le prometen un pergamino con escudo garantizado. El buen hombre se dirige a la direcciГіn indicada y le aseguran que por 5 000 pesetas lo tendrГЎ al cabo de quince dГ­as. ВїQuГ© hace el В«investigadorВ»? Pues consulta el GarcГ­a Caraffa o cualquiera de los nobiliarios que se encuentran en las bibliotecas pГєblicas, y tal vez en la suya privada, y se encuentra con un escudo la mar de majo que corresponde a la familia PГ©rez de Valdecaballos. Lo copia, lo reproduce en un pergamino, lo ilumina convenientemente y lo entrega al comprador, que se va a casa muy contento. Pero Вїes Г©ste, en verdad, el escudo de su familia? Depende. Si el comprador desciende de los nobles seГ±ores de Valdecaballos, sГ­. Pero si desciende del labriego imaginado pГЎrrafos atrГЎs, no. Y ВїcГіmo se sabe esto? Pues a base de estudiar genealogГ­a, comprobar legajos, a veces durante meses, a veces durante aГ±os. No es cosa fГЎcil ni baladГ­. Es de mucho trabajo. Puede costar una fortuna y tal vez el resultado sea negativo. Pero eso no lo sabe mucha gente y a muchos no les importa. Basta con que un avispado comerciante se aproveche de su ingenua vanidad para que quede contento. Ya tiene su escudo. Ya estГЎ satisfecho. Lo demГЎs ВїquГ© le importa? Y que conste que no sГ© si los heraldistas estarГЎn conformes, en conceder el escudo a todos los descendientes de la noble familia. LA В«DESPOLITIZACIГ“NВ» DE UN VALLE He leГ­do en la prensa, con asombro, la noticia de que unas mentes preclaras se proponen В«despolitizarВ» el Valle de los CaГ­dos trasladando a otros lugares los cadГЎveres de Franco y de JosГ© Antonio que allГ­ reposan. No quiero hacer polГ­tica, no es cosa que me competa y ademГЎs estoy tan desengaГ±ado de ella que comprendo que estГ© tan desacreditada que hasta a las suegras se las llame madres polГ­ticas. Hablo Гєnicamente desde un punto de vista histГіrico. ВїSe han dado cuenta los inteligentes seГ±ores que han parido tan estupenda idea que lo Гєnico que van a lograr si consiguen su propГіsito, serГЎ В«politizarВ» otros lugares sin llegar a В«despolitizarВ» el Valle? Supongamos, por ejemplo, que se traslada el cadГЎver de Franco —el В«CaudilloВ» o В«el anterior jefe de EstadoВ», como ustedes gusten— al cementerio de la Almudena y el de JosГ© Antonio a la Sacramental de San Isidro, ВїquГ© sucederГ­a? Que los partidarios de uno y otro tendrГЎn otro lugar de reuniГіn o de peregrinaciГіn y el Valle de los CaГ­dos continuarГЎ siendo la obra de Franco o realizada bajo Franco. Los visitantes llegarГЎn a la basГ­lica y dirГЎn: В«AquГ­ estuvo enterrado Franco.В» В«AquГ­ estuvo enterrado JosГ© Antonio.В» ВїQuГ© despolitizaciГіn serГЎ Г©sta? La Гєnica despolitizaciГіn posible se efectuarГЎ naturalmente el dГ­a en que haya muerto el Гєltimo de los supervivientes de la В«era de FrancoВ», y que conste que eso de la В«era de FrancoВ» no me lo he inventado yo, sino RamГіn Tamames, comunista y no dudoso. VГ©ase el tomo VII dГ©la Historia de EspaГ±a, de Alfaguara. Franco, se quiera o no, ha configurado cuarenta aГ±os de nuestra historia, historia que no se puede cambiar. Odiado o adorado, ensalzado, adulado, calumniado, con В«inquebrantables adhesionesВ» —frase que han pronunciado muchos de los polГ­ticos camaleones que ahora militan en filas opuestas a su juramento de fidelidad—, con ataques a un rГ©gimen por parte de sus oponentes, a los que se debe respetar por su tenacidad en mantener una coherente postura ideolГіgica, Francisco Franco, el В«CaudilloВ» o el В«anterior jefe de EstadoВ», es una figura histГіrica y como tal sujeta, desde luego, a juicios de toda clase. En historia es difГ­cil ser objetivo. Siempre se es apasionado y tal vez convenga serlo. Pero sabiendo lo que se es. Con simpatГ­as y antipatГ­as, Franco serГЎ analizado y estudiado como una figura histГіrica benefactora o nefasta para el paГ­s. Pero a la historia pertenece y nadie le puede mover de ella. «¡DespolitizarВ» el Valle de los CaГ­dos! Ya me dirГЎn cГіmo puede hacerse. El 14 de abril de 1931 se proclamГі en EspaГ±a la II RepГєblica EspaГ±ola y a nadie se le ocurriГі В«despolitizarВ» El Escorial, donde estaban enterrados los reyes de EspaГ±a, los representantes de aquella В«MonarquГ­a gloriosamente fenecidaВ», segГєn palabras de otro polГ­tico no dudoso tampoco. Claro es que los artГ­fices de la II RepГєblica se llamaron JosГ© Ortega y Gasset, Gregorio MaraГ±Гіn, RamГіn PГ©rez de Ayala, Manuel AzaГ±a, Fernando de los RГ­os, etc. Total, unos mequetrefes al lado de los comadrones de la idea de la В«despolitizaciГіnВ» del Valle, cuyos nombres no dice el despacho de agencia, tal vez para no deslumbrar a los lectores. Los progenitores de la idea deben ser los dignos biznietos de los componentes del claustro de la Universidad de Cervera que en abril de 1827 dirigieron un manifiesto al rey Fernando VII con las siguientes palabras: В«Lejos de nosotros la peligrosa novedad de discurrir...В» ВЎPor Dios, seГ±ores, que la Historia no se puede manejar asГ­ como asГ­! ANECDOTARIO JardГ­n del Ateneo barcelonГ©s. PeГ±a de JoaquГ­n Borralleras; en ella un contertulio muy conocido por su acre ingenio. Se habla de su reciente matrimonio con una mujer muy fea, pero muy rica. —Pero cГіmo puedes estar en la cama con esa mujer tan fea? —le dice un amigo. —Como las ГЎguilas imperiales, los cuerpos unidos y las caras separadas. Otra anГ©cdota del mismo protagonista y sobre el mismo tema. Se le reprocha haberse casado por interГ©s. —¡Que me he casado por dinero! ВЎCasado por dinero! Quien se ha casado por dinero es mi mujer..., que si no lo llega a tener no se casa. Un dГ­a una gran seГ±ora preguntГі al cardenal Ferrante, gran diplomГЎtico y gran seГ±or: —Pero, de verdad, eminencia, Вїcree que hacer el amor fuera del matrimonio es pecado grave? —Sin duda, seГ±ora, pero empiezo a dudarlo. —¿Desde cuГЎndo, eminencia? —Desde que la conozco a usted, seГ±ora. Ahora ya no se usa el papel secante. La estilogrГЎfica y luego el bolГ­grafo han desterrado este adminГ­culo al museo de antigГјedades. Pero poca gente sabe que su descubrimiento se debiГі a un error. Un empleado de una fГЎbrica de Berkshire olvidГі un dГ­a echar en la pasta de pape} la cola necesaria. El empleado fue despedido y el papel resultante amontonado como desperdicio. Pero poco despuГ©s el fabricante cogiГі una de las hojas e, inadvertidamente, se dio cuenta de que В«chupabaВ» el exceso de tinta que dejaba la plumilla. Vio en seguida el negocio y vendiГі la partida desechada a mayor precio de lo normal. El papel secante estaba lanzado. Lo que no dice la historia es si el obrero fue empleado otra vez. Dicen que la frase es de un socio del Ateneo barcelonГ©s. No lo creo, pero aquГ­ va: —Estoy en un apuro tremendo. Mi prometida me ha dicho que no se casarГЎ conmigo hasta que haya pagado mis deudas, y yo no puedo pagar mis deudas hasta que no me haya casado. En el siglo pasado un joven andaluz se presentГі al polГ­tico Romero Robledo para pedirle un empleo. —Soy sobrino de don Fulano —aquГ­ el nombre de un cacique gran muГ±idor de elecciones, a quien el polГ­tico debГ­a favores— y vengo de parte de mi tГ­o para que usted me proporcione un.destino. AsГ­ lo hizo Romero Robledo y a los pocos meses se presentГі en su despacho ministerial el joven en cuestiГіn. —Dice mi tГ­o que debГ­a usted ascenderme. Romero Robledo para complacer al tГ­o del pedigГјeГ±o le concediГі el ascenso. La excusa se repitiГі varias veces y el chico hizo una carrera brillantГ­sima. PasГі un aГ±o o dos y el tГ­o en cuestiГіn fue a Madrid y, naturalmente, visitГі a Romero Robledo. —HabrГЎ usted visto —le dijo el polГ­tico— que su sobrino ha alcanzado todo lo que usted me pedГ­a. —¿Mi sobrino? —contestГі el otro—. ВЎPero si yo no tengo sobrinos! Romero Robledo se dio cuenta de que habГ­a sido objeto de un engaГ±o y mandГі llamar al caradura. —Usted es un sinvergГјenza —espetó—. Este seГ±or ni es su tГ­o ni le conoce de nada. —Este seГ±or no es mi tГ­o, efectivamente —replicГі el otro—, pero usted, don Francisco, usted es mi padre. Romero Robledo riГі la respuesta y, desarmado ante la desfachatez de su empleado, le conservГі a su servicio. SegГєn Alfredo R. AntigГјedad, В«su nombre fue bien conocido y llegГі a ocupar los mГЎs altos puestos de la administraciГіn espaГ±olaВ». Confieso que no he podido averiguar quiГ©n era. AnГ©cdota atribuida a varios niГ±os terribles. Que cada lector escoja el suyo: —¿Por quГ© te pones colorete en la cara, tГ­a? —Para ponerme hermosa. —Y Вїpor quГ© no te pones? Generalmente, la generosidad va acompaГ±ada de la exhibiciГіn. Raro es el casГі del gran pintor francГ©s Corot, uno de los maestros del impresionismo. Sabedor de que Daumier, el gran dibujante, ciego el pobre, iba a ser desahuciado de su piso, le escribiГі esta carta que merece pasar a la posteridad. В«Querido camarada: В»TenГ­a en Valmondois, cerca de Isle Adam, una casita de la que no sabГ­a quГ© hacer. Se me ha ocurrido que te la podГ­a ofrecer y como he considerado que la idea no estaba mal la he registrado ante notario. No lo hago por ti, sino para fastidiar al propietario. Cordialmente Corot.В» El gran actor francГ©s Lekain era extraordinariamente feo, casi repulsivo, pero dominaba de tal forma el arte del maquillaje y sabia tan bien interpretar sus personajes que daba el В«pegoВ» y mucha gente, especialmente femenina, le consideraba guapo e interesante. Una de ellas, un dГ­a, le enviГі, con su retrato, una invitaciГіn, sin ninguna duda galante. Lekain sin afeites se presentГі ante la dama, que no pudo reprimir un gesto de repulsiГіn, y el actor, inteligente y presuntuoso, se dio cuenta de la situaciГіn e, inclinГЎndose ante la seГ±ora, le dijo: —SeГ±ora, mi hermano, el actor, me ha encargado que le diga que estГЎ indispuesto y no puede tener el honor de visitarla. Se inclinГі, otra vez, galantemente y se salvГі del ridГ­culo gracias a su seГ±orial discreciГіn. MГЃS SOBRE EL DERECHO Uno de los principios generales del Derecho dice que la justicia es una disposiciГіn de la voluntad: la jurisprudencia, del entendimiento. Y claro estГЎ que si la primera no existe o el segundo falla, el pobre litigante estГЎ lejos de verse contentado. Y nadie se escandalice, que la prevaricaciГіn en la administraciГіn de la justicia no es ni cosa nueva ni rara. He aquГ­ una historieta del siglo XVIII: Litigaban dos labradores delante de un juez, de los cuales el uno comenzГі a presentarle un panal de miel; el otro, sabiГ©ndolo, le trajo una cesta de huevos; visto esto por el primero, volviГі por un saco de castaГ±as; el otro, que era mГЎs rico, no queriendo ser sobrepujado, le enviГі un grueso puerco. Estando ya para terminarse la causa, pareciГ©ndole al juez haber sacado bastante, sentenciГі a favor del primero; y doliГ©ndose el otro labrador de haberle engaГ±ado, pues le habГ­a prometido dar la sentencia en su favor cuando le trajo las castaГ±as, llevГЎndole el juez al lugar donde estaba el puerco, respondiГі: В«Es verdad que asГ­ habГ­a determinado hacerlo; pero Г©ste se ha comido tus castaГ±as.В» [7] Y he aquГ­ un caso en que el entendimiento fallГі y no por falta de Г©l, sino por su sobra. Don Francisco Silvela y don JosГ© Canalejas habГ­an de informar como abogados en un recurso de casaciГіn en el Tribunal Supremo. Ninguno de los dos habГ­a estudiado el asunto, ni tampoco sabГ­a si era el recurrente o el recurrido. AsГ­ las cosas, llegГі el dГ­a de la vista. Canalejas, para tener una idea del recurso hizo que sus pasantes se lo contaran rГЎpidamente, pero no se detuvo en detalles, ni en hacer estudio alguno, confiando en que Silvela tenГ­a que informar el primero y en que sus argumentos le servirГ­an para sacar el hilo de la cuestiГіn e improvisar el informe. Lo mismo exactamente, le ocurriГі a Silvela y, con tal motivo, ambos abogados acudieron a la vista desconociendo el pleito cuyas defensas les estaban encomendadas. Le tocГі informar primero a Silvela y quedГі de una pieza cuando el presidente, que lo era el seГ±or Aldecoa, le concediГі la palabra. En tan difГ­cil trance no se anonadГі Silvela. InventГі un pleito completamente distinto al que se litigaba, y, en armonГ­a con Г©l, pronunciГі un informe. HablГі despuГ©s Canalejas, y aunque le pareciГі que el asunto expuesto por don Francisco diferГ­a totalmente del que sus pasantes le habГ­an contado, dio mГЎs crГ©dito a Silvela y acomodГі su informe al pleito que acababa de inventar el polГ­tico conservador. La sorpresa que el tribunal experimentГі ante aquellos fantГЎsticos discursos fue verdaderamente enorme. Todo, al fin, se puso en claro y el lance fue reГ­do grandemente. SГ­, todos reГ­an menos los clientes de los eximios abogados. Que les hablaran luego de las grandes figuras del foro. Que les hablasen de la administraciГіn de la justicia. La absoluta veracidad del relato que sigue estГЎ garantizada por el autor de un conocido anecdotario. El corredor de comercio de San SebastiГЎn don Antonio DГ­az tuvo un asunto judicial para solventar el cual era necesario un pleito. AcudiГі a un abogado amigo suyo, a quien fue a explicar el asunto. Pero no bien habГ­a comenzado la exposiciГіn, fue atajado por el letrado, quien le participГі que la parte contraria acababa de encargГЎrselo. Al ver la contrariedad del litigante, le ofreciГі recomendarle otro abogado amigo suyo. El seГ±or DГ­az aceptГі encantado, y el letrado le dio una carta para su compaГ±ero. La carta iba cerrada. Pero el litigante, un poco escamado cuando meditГі lo ocurrido, decidiГі no entregar la carta, abriГ©ndola para ver en quГ© tГ©rminos le recomendaba. La carta decГ­a sencillamente: В«AhГ­ te mando ese pollo para que lo desplumes.В» Para que sirva de contraposiciГіn a la anГ©cdota narrada hace un momento, ahГ­ va otra, ejemplo de integridad. Ejerciendo el cargo de presidente de la Audiencia de Madrid el que fue luego magistrado del Supremo, seГ±or Aldecoa, se ventilaba ante el Tribunal al frente del cual se hallaba, un pleito de bastante importancia en el cual intervenГ­an dos labradores castellanos. Uno de ellos, que tenГ­a el pleito poco menos que perdido, visitГі a don Juan DГ­az Caneja, abogado suyo, quien le comunicГі las impresiones mГЎs pesimistas. —¿Y si le hiciera un regalo al presidente de la Audiencia? —preguntГі el cliente. —No diga usted disparates. El seГ±or Aldecoa le meterГ­a a usted en la cГЎrcel si lo intenta. Pasaron varios dГ­as, y el pleito fue fallado en favor del representado del seГ±or DГ­az Caneja. —¿Lo ve usted? —le decГ­a a Г©ste—. Gracias al regalo que le hice al seГ±or Aldecoa. —Eso no es posible. No lo creo. —Pero Вїno se ha enterado? —¿QuГ©? —Que le enviГ© un buen regalo..., pero con la tarjeta de mi contrario. Creo que le van a procesar, despuГ©s de devolverle el regalo... LA LOCURA DE FELIPE V El aГ±o 1721 el duque de Saint-Simon visitГі EspaГ±a y registraba en sus memorias la transformaciГіn sufrida por el rey Felipe V de EspaГ±a desde que era duque de Anjou. Dice asГ­: В«La primera ojeada, cuando hice una reverencia al rey de EspaГ±a al llegar, me sorprendiГі tanto que tuve necesidad de apelar a toda mi sangre frГ­a para reponerme. No vislumbrГ© rastro alguno del duque de Anjou, a quien tuve que buscar en su rostro adelgazado e irreconocible. Estaba encorvado, empequeГ±ecido, la barbilla saliente, sus pies completamente rectos se cortaban al andar y las rodillas estaban a mГЎs de quince pulgadas una de otra; las palabras eran tan arrastradas, su aire tan necio, que quedГ© confundido. Una chaqueta sin dorado alguno, de un paГ±o burdo moreno, no mejoraba su casa ni su presencia.В» Los mГ©dicos reales dictaminaban que el rey sufrГ­a В«frenesГ­, melancolГ­a morbo, manГ­a y melancolГ­a hipocondrГ­acaВ». Estas mismas palabras se leen en la pГЎgina 98 de un estupendo libro de la Г©poca intitulado ManifestaciГіn de cien secretos del doctor Juan Curvo Semmedo experimentados e ilustrados por el doctor Rivera, su autor el doctor don Francisco SuГЎrez de Rivera, Madrid, 1736. En este libro descГєbrense admirables remedios para la curaciГіn de la manГ­a, uno de los cuales transcribo a continuaciГіn: В«Mandad cocer una cabeza de carnero con su lana en cuatro azumbres de agua, hasta que quede en tres cuartillos, y en este cocimiento colado mojarГ©is dos taleguillos de lienzo ralo, se rellenarГЎn de hojas de malvas, violetas, cabezas de adormideras, cabezas de manzanilla, flores de gordolobo y rosas rubias; pГіnganse alternativamente dichos taleguillos empapados en este cocimiento caliente, y experimentarГ©is grande provecho.В» Por si hubiese algГєn lector escГ©ptico al que la lectura de dicha receta no hubiese convencido, aГ±ade el doctor SuГЎrez de Rivera la В«ilustraciГіnВ» siguiente: В«Es buen remedio el del secreto de los talegos, y no diciendo autor tan docto en donde se hayan de aplicar, debo prevenir, que sea poniendo una punta sobre la comisura coronal, y rematando la otra en la occipital. Y porque cualquiera de los dichos dos Secretos (refiere al copiado y a otro anterior) puede haber ocasiГіn en donde no aprovechan, debo no ocultar el modo cГіmo curГ© a cierto manГ­aco, siendo mГ©dico titular de la Villa de Garganta la Olla, no habiendo aprovechado diferentes experimentos, ni los baГ±os de agua dulce: Lo primero que dispuse fue aplicar doce sanguijuelas en el escroto, seis sobre cada testГ­culo con las que se logrГі muy buena evacuaciГіn: luego ordenГ© que por maГ±anas y tardes tomase media dracma de los polvos compuestos del modo siguiente, la que disolvГ­a en una jicara del cocimiento de torongil y del anagallis de flor purpГєreo. В»R/. De cortezas de raГ­ces de gordolobo cogidas en el menguante de la luna del mes de agosto. В»De las membranas del celebro de un borriquillo, que aГєn mame, las que se infundirГЎn por doce horas en agua rosada, fragantГ­sima, y despuГ©s se hayan secado en un horno. В»De perlas preparadas. В»Todo, segГєn Arte se reducirГЎ a subtilГ­simo polvo. В»Pasados seis dГ­as se repitiГі la evacuaciГіn de sanguijuelas, y despuГ©s se continuГі el uso de los referidos polvos por espacio de un mes administrГЎndoles en una cucharada de jarabe del zumo de cerezas negras, bebiendo encima medio cuartillo de leche de burra con lo que el paciente restaurГі perfectamente su salud.В» No la restaurГі tan fГЎcilmente el rey de EspaГ±a, puesto que un documento de 13 de julio de 1722, citado por Arthur Chuquet en sus Feuilles d'Histoire, nos revela que no habГ­a mudado de ropa desde hacГ­a un aГ±o. AsГ­, su traje caГ­a hecho pedazos, y principalmente su pantalГіn descosido desde la cintura hasta abajo. Le servГ­a de muy poco: cuando le sucedГ­a algГєn desarreglo sea porque se sentase, sea porque su pantalГіn cayese, se le veГ­an los muslos al desnudo. Al principio un ayuda de cГЎmara de confianza remendaba este pantalГіn; se cansГі de hacerlo. El rey hacГ­a Г©l mismo sus remiendos con seda que pedГ­a a las camareras. A veces, cuando salГ­a para ir a misa, la reina sostenГ­a con alfileres los jirones del pantalГіn, y Г©l la dejaba hacer. La sangre frГ­a de que daba muestras entonces parece inconcebible. El 17 de enero de 1724, Felipe V abdicГі en su hijo Luis I, casado con Luisa Isabel de Francia, la mademoiselle de Montpensier, hija del regente de Francia Felipe de Orleans. Saint-Simon dice de Г©l que В«tenГ­a la inteligencia de un niГ±o, la curiosidad de un adolescente y las pasiones de un hombreВ». He aquГ­ cГіmo narra el propio duque de Saint-Simon la despedida de Luisa Isabel, cuando era solamente la esposa del prГ­ncipe de Asturias: В«Estaba Luisa Isabel bajo un dosel, en pie, las damas a un lado, los grandes del otro. Hice mis tres reverencias, y despuГ©s mi cumplido. Me callГ© luego, pero en vano, porque no respondiГі ni una palabra. Tras algunos momentos de silencio quise darle tema para contestarme, y le preguntГ© si algo deseaba para el rey, para la infanta y para madame, el duque y la duquesa de Orleans. Me mirГі y soltГі un eructo estentГіreo. Mi sorpresa fue tan grande, que quedГ© confundido. Un segundo eructo estallГі, tan ruidoso como el primero. PerdГ­ la serenidad y no pude contener la risa; y mirando a derecha e izquierda vi que todos tenГ­an su mano sobre la boca y que sacudГ­an los hombros. Finalmente un tercer eructo, mГЎs fuerte aГєn que los dos primeros, descompuso a todos los presentes y a mГ­ me puso en fuga cuantos me acompaГ±aban, con carcajadas tanto mayores cuanto que forzaron las barreras que cada una habГ­a intentado oponerles. Toda la gravedad espaГ±ola quedГі desconcertada, todo se desordenГі; nada de reverencias: cada uno, torciГ©ndose de risa, saliГі corriendo como pudo, sin que la princesa perdiese ni un ГЎtomo de serenidad...В» ВЎQuГ© lejos estГЎ todo esto del cuadro de Van Loo! LOS CIRUJANOS Un cГ©lebre doctor aconsejГі a uno de sus enfermos una operaciГіn. —¿Es muy dolorosa? —preguntГі el paciente. —Para el enfermo, no —repuso el doctor—; se le anestesia. Pero es muy dolorosa para el operador. —¿Por quГ©? —Por la ansiedad. Piense que sale bien sГіlo una vez de cada ciento. Una operaciГіn por el estilo debГ­a ser la que proponГ­a un mГ©dico a su paciente. —No me decido —decГ­a Г©ste—; una operaciГіn me costarГЎ muy cara. —¿QuГ© le importa a usted, si habrГЎn de pagarla sus herederos? —repuso el doctor. Una operaciГіn es una cosa muy seria, aunque para los mГ©dicos, por la mucha frecuencia con que deben efectuarla, no sea cosa del otro jueves. El doctor J. acababa de operar a uno de sus clientes, al que le habГ­a cortado una pierna. Un pariente de la vГ­ctima le preguntГі: —¿Usted cree, doctor, que se salvarГЎ? —De ninguna manera, nunca lo he creГ­do. —Pues, entonces, Вїpara quГ© hacerle sufrir? —Hombre, no es posible decirle de pronto a un enfermo que no hay remedio; es necesario distraerle un poco. Un mГ©dico visita a un cliente suyo, ya muy В«apuradoВ», y le propone: —Una operaciГіn le salvarГ­a a usted seguramente la vida. —¿Y cuГЎnto me costarГ­a? —Diez mil pesetas. —No tengo tanto dinero. —Entonces le recetarГ© unas pГ­ldoras, a ver quГ© pasa. Ahora, cuando se habla de operaciГіn, se tiene en la mente la imagen de un quirГіfano en el que se efectГєa una intervenciГіn mГЎs o menos aparatosa, pero importante. Antes llamГЎbase operaciГіn a cualquier sangrГ­a, pongo por caso. El mariscal De Grammont, yendo de viaje, se encontrГі mal y tuvo que pararse en un pueblo para hacerse sangrar. Se llamГі al cirujano del lugar. Su aspecto no inspiraba mucha confianza. Pero como no habГ­a otro, el mariscal tuvo que contentarse. En el momento de punzarle, De Grammont retirГі un poco el brazo. —Me parece, monseГ±or —dijo el mГ©dico—, que temГ©is la sangrГ­a. —No temo la sangrГ­a, temo al sangrador —fue la respuesta. El gran Conde se hizo sangrar. D'AllencГ©, su cirujano, se equivocГі y punzГі la arteria. —MonseГ±or —le dijo—, ВїquГ© harГ­ais si vuestro cirujano tuviese la desgracia de equivocarse? —Si tuviese confianza en Г©l, le dirГ­a que reparase el mal hecho y nada mГЎs. D'AllencГ© Jo hizo asГ­ y la equivocaciГіn fue rГЎpidamente subsanada. El prГ­ncipe recordaba sin duda esta escena cuando, aГ±os despuГ©s obligado en un viaje a dejarse sangrar por un cirujano de pueblo, le dijo: —¿No tiemblas al sangrarme? —No, quien tiene que temblar es vuestra alteza —le respondiГі el otro. Y ya que estamos en historia de sangrГ­as, vamos a narrar otra. Cuentan que un cirujano tuvo que sangrar al gran SultГЎn. Fuese por timidez o por torpeza, lo cierto es que la punta de la lanceta se quedГі rota en la vena y no dejaba salir la sangre. Era menester que la punta saliese y rГЎpidamente. Entonces, el ingenioso cirujano sacude un bofetГіn al SultГЎn, que con el movimiento de sorpresa y de ira que hizo facilitГі la salida de la sangre y la lanceta. Los guardias querГ­an apoderarse en el acto del cirujano; mas Г©ste pidiГі que primero le dejasen terminar la sangrГ­a y aplicar el vendaje, despuГ©s de la cual se arrodillГі a los pies del Gran SeГ±or y le refiriГі el porquГ© de su aparente delito. DE LOS CELOS En 1869, la emperatriz Eugenia de Francia, esposa de NapoleГіn III, fue a Egipto a inaugurar el canal de Suez. El sultГЎn Abdul Aziz la recibiГі como correspondГ­a, y entre otros agasajos la invitГі a visitar el harГ©n. Curiosa, la emperatriz accediГі. ВЎAhГ­ no es nada conocer un lugar tan ligado a la fantasГ­a popular y literaria! La visita se realizГі con un solo contratiempo. La entonces favorita del sultГЎn, celosa al ver cГіmo su dueГ±o trataba a la emperatriz, sin encomendarse a Dios ni al diablo, se acercГі a ella y le dio una soberana bofetada. La real ofendida no dio mayor importancia al hecho y no lo transformГі en un conflicto diplomГЎtico. SabГ­a la emperatriz lo que eran los celos y la dificultad de reprimirlos. TambiГ©n lo sabГ­a Ricardo de la Vega que a su cГ©lebre zarzuela puesta en mГєsica por el maestro BretГіn, la titulГі La verbena de la Paloma o el boticario y las chulapos o celos mal reprimidos. В«Si los celos son seГ±ales de amor, es como la calentura en el hombre enfermo que, el tenerla, es seГ±al de tener vida, pero vida enferma y mal dispuestaВ», dice Cervantes en La Galatea. Y lo triste es que el celoso, al fin y al cabo, es un mГЎrtir que martiriza a otro. Es un mГЎrtir porque sufre un tormento indecible y el objeto de sus celos es atormentado, a su vez, en forma, muchas veces, contraproducente porque al final ya cansado puede decirse, В«Si estГЎ celoso o celosa de mГ­ y me martiriza como si fuera infiel ya tanto da que lo sea o noВ» y acaba siГ©ndolo. Se cuenta de uno que acostado con su mujer soГ±Гі que Г©sta le era infiel. Despertado por el dolor que ello le produjo se dio cuenta de que dormГ­a a su lado y en vez de razonar la matГі en un ataque de celos. El abate Bordelou, en sus DiversitГ©s curieuses, cuenta las historias de un alemГЎn que estaba celoso del agua con la que su amante se lavaba las manos y se la bebГ­a. Otro no querГ­a que en la habitaciГіn de la mujer que amaba hubiera figura ni pintura que representase un hombre. Plauto narra que un hombre convence a su amante para que en sus rezos no se dirija a ningГєn dios sino sГіlo a diosas. Por celos una secta cristiana de Siria instituyГі que las mujeres se confesasen unas a otras sin intervenciГіn de ningГєn hombre. El mismo abate aГ±ade, en cambio, que habГ­a un hombre, espaГ±ol por mГЎs seГ±as, que conocedor de las infidelidades de su esposa cuando le escribГ­a se despedГ­a diciendo: В«El mГЎs humilde de vuestros maridos.В» Cervantes dice: В«Y no habiendo para la enfermedad de los celos otra medicina que las disculpas, y no queriendo el enfermo celoso admitirlas, sГ­guese que esta enfermedad es sin remedio.В» Y Lope de Vega: ВїNo ves que son los celos como sarna que ninguno se escapa de tenerla? Palabras que no sГ© si enseГ±an mГЎs sobre los celos o sobre las costumbres higiГ©nicas del siglo XVII. CalderГіn titula una de sus obras El mayor monstruo, los celos, y el refranero opina que: В«Quien con mujer celosa se casГі en vida el purgatorio pasГіВ», y tambiГ©n: В«Quien tiene celos tiene duelos.В» В«El mal de los celos los aГ±os lo curan que no lo remedios.В» В«Donde hay celos hay amor, donde hay viejos hay dolor.В» В«No hay amor sin celos ni cordura sin recelos.В» В«Marido celoso no tiene reposo.В» Y acabemos con otro refrГЎn: В«Celosillo es mi marido y yo me rГ­o porque cuando el va yo ya he venido.В» AГ±adamos dos citas mГЎs porque vienen a cuento. La primera es de MoliГЁre: В«El celoso tal vez ama mГЎs, pero el otro ama mejor.В» Y la otra es de La Rochefoucauld: В«Hay en los celos mГЎs amor propio que amor.В» En realidad creo que los celos son el resultado de una inferioridad o de un complejo de inferioridad. El celoso cree que otro ser superior puede cautivar a la persona amada o cree, como sucediГі en el Siglo de Oro, que su reputaciГіn puede verse mancillada por la maledicencia. El que tiene confianza en sГ­ mismo no puede ser celoso y menos si estando enamorado tiene confianza, como debe tenerla todo verdadero enamorado, en el objeto de su amor. Otra cosa es la envidia. Envidio el aire que acaricia los labios de la mujer que amo porque quisiera que lo hicieran mis labios. Envidio el paГ±uelo que lleva al cuello porque desearГ­a que fuesen mis brazos quienes lo ciГ±eran. Pero no estoy celoso ni del aire ni del paГ±uelo. Me considero superior a ellos. HABLEMOS DE LA JUSTICIA Que la justicia pertenece al mito lo reconoce todo el mundo, incluso quienes viven de su administraciГіn. He aquГ­ cГіmo se expresa un insigne abogado, Ossorio y Gallardo: В«Hemos de afrontar constantemente el peso de la injusticia. Injusticia hoy en el resultado de un concierto donde pudo mГЎs la fuerza que la equidad; injusticia maГ±ana en un fallo torpe; injusticia otro dГ­a en el cliente desagradecido o insensato; injusticia a toda hora en la crГ­tica apasionada o ciega; injusticia posible siempre en lo que, con graciosa causticidad llamaba don Francisco Silvela' 'el majestuoso y respetable azar de la justicia humana''...В» В«La justicia y la verdad —dice Pascal— son dos puntos tan sutiles que nuestros instrumentos son demasiado romos para tocar en ellas exactamente. Si llegan a acercarse, rompen la punta y se apoyan en todo el rededor, mГЎs bien sobre lo falso que sobre lo verdadero.В» Y si a estas palabras aГ±adimos la opiniГіn del barГіn de Holbach de que В«la justicia es el apoyo del mundo y la injusticia el origen y manantial de todas las calamidades que le afligenВ», nos encontramos ante un triste panorama. Pero, ВЎalto!, que aquГ­ estГЎ Calamandrei, quien dice que para obtener justicia es menester serle fiel, ya que, como los dioses, sГіlo se manifiesta a quien cree. Mas tambiГ©n es verdad que el amor a la justicia y el consiguiente odio a la injusticia ha llevado la desgracia a quien los ha profesado. Testigo el papa Gregorio VII, muerto en Salerno en 1085, cuyas Гєltimas palabras fueron: В«AmГ© la justicia y odiГ© la iniquidad; por eso muero en el destierro.В» [8] Lord Brockburn, cuando era un simple abogado, defendiГі a un vulgar y feroz delincuente, quien no obstante su defensa, fue condenado a ser ahorcado el dГ­a 17 del mes siguiente. DespuГ©s de la sentencia el condenado se lamentaba, con su abogado, de no haber obtenido justicia. —Ya la obtendrГ©is el 17 —le respondiГі Brockburn. Un comerciante tenГ­a un hijo que acababa de entrar en la magistratura. Al felicitarlo por su nombramiento su padre le dijo: —ConfГ­o, hijo, en que harГЎs pagar caras tus sentencias. —Pero, quГ© dices, papГЎ; no soy un comerciante, soy un administrador de la justicia. —Lo sГ©; por esto te lo digo. ВЎTan raro como es obtener justicia, y tГє quieres distribuirla gratuitamente! Y, a pesar de todo, hay gente que tiene una opiniГіn muy particular al respecto: De NapoleГіn se cuenta que, pasando por Chalons y hablando con el presidente del tribunal, le preguntГі: —¿Se han decidido muchas causas este aГ±o? —Sire —respondiГі el presidente—, nosotros procuramos mГЎs emitir sentencias justas, que muchas sentencias. —HacГ©is mal —replicГі con severidad el emperador—, poco importa a la sociedad que un campo pertenezca a Pedro o a Pablo; lo que interesa es que se sepa rГЎpidamente a quiГ©n pertenece. Si las cosas van mal tal como se hacen, figГєrense cГіmo irГ­an con el sistema napolГ©onico. Tanto valdrГ­a que los pleitos se resolviesen por medio de los dados u otro cualquier juego de azar. Y nadie se extraГ±e de que diga que las cosas van mal porque, como decГ­a el abogado Marchand, hombre recto y de buen sentido: В«Viendo cГіmo se administra justicia y cГіmo se preparan los guisados, se echa a perder el estГіmago. В»Y ВЎcГіmo que no hay justicia! Pues Вїno has sabido lo de Astrea, que es la justicia, cuando huyendo de la tierra, se subiГі al cielo? Pues por si no lo sabes, te lo quiero contar: В»Vinieron la verdad y la justicia a la tierra. La una no hallГі comodidad por desnuda ni la otra por rigurosa. Anduvieron mucho tiempo asГ­, hasta que la verdad, de puro necesitada, asentГі con un mudo. В»La justicia, desacomodada, anduvo por la tierra rogando a todos, y, viendo que no hacГ­an caso de ella y que le usurpaban su nombre para honrar tiranГ­as, determinГі volverse huyendo al cielo. SaliГіse de las grandes ciudades y cortes y fuese a las aldeas de villanos, donde por algunos dГ­as, escondida en su pobreza, fue hospedada de la simplicidad hasta que enviГі contra ella requisitorias la malicia. HuyГі entonces de todo punto, y fue de casa en casa pidiendo que la recogiesen. Preguntaban todos quiГ©n era. Y ella, que no sabe mentir, decГ­a que la Justicia. RespondГ­anle todos: »—Justicia, y no por mi casa; vaya a otra. В»Y asГ­, no entraba en ninguna. Subiose al cielo y apenas dejГі acГЎ pisadas. Los hombres, que esto vieron, bautizaron con su nombre algunas varas, que arden muy bien allГЎ, y acГЎ sГіlo tienen nombre de justicia ellas y los que las traen. Porque hay muchos de Г©stos en quien la vara hurta mГЎs que el ladrГіn con ganzГєa y llave falsa y escala. Y habГ©is de advertir que la codicia de los hombres ha hecho instrumento para hurtar todas sus partes, sentidos y potencias, que Dios les dio las unas para vivir y las otras para vivir bien. ВїNo hurta la honra de la doncella con la voluntad del enamorado? ВїNo hurta con el entendimiento el letrado, que le da malo y torcido a la ley? ВїNo hurta con la memoria el representante, que nos lleva el tiempo? ВїNo hurta el amor con los ojos, el discreto con la boca, el poderoso con los brazos, pues no medra quien no tiene los suyos; el valiente con las manos, el mГєsico con los dedos, el gitano y cicatero con las uГ±as, el mГ©dico con la muerte, el boticario con la salud, el astrГіlogo con el cielo? Y, al fin, cada uno hurta con todo el cuerpo, pues acecha con los ojos, sigue con los pies, ase con las manos y atestigua con la boca y, al fin, son tales los alguaciles, que dellos y de nosotros defienden a los hombres pocas cosas...В» [9] En fin, que, como dijo Diego de Torres y Villarroel, habiГ©ndole robado en un mesГіn, dando querella a la Justicia, mГЎs importГі lo que dejГі en poder de ministros que lo robado. Lejos de mГ­ procesos y abogados, pГЎrrafos, textos, plazos, peticiones; que el rayo, la camisa y los calzones dejo en poder de moros o letrados. Ya no mГЎs judiciales alegados; yo alegarГ© por textos coscorrones, pues se zumban malsines y ladrones de Cujacios, DГіneles y Salgados. Ya que a las leyes la maldad resiste, favorГ©zcame el palo de una escoba siempre que me despoje el insolente; que para condenar a aquel que insiste en retener la prenda que me roba, un alcalde de palo es suficiente. EPIGRAMAS Recuerdo que de niГ±o me hacГ­a mucha gracia un epigrama al que llamaba В«gramaticalВ». — He reГ±ido a un hostelero. — ВїPorquГ©?, ВїdГіnde?, ВїcuГЎndo?, ВїcГіmo? — Porque donde cuando como como mal, me desespero. Es de TomГЎs de Iriarte, el conocido fabulista, quien tambiГ©n dijo: Mohamed, yo te aseguro que en medio de estas querellas, si nos piden cien doncellas nos ponen en un apuro. ВїQuГ© dirГ­a hoy? Antes se hacГ­a el amor privadamente en las casas pГєblicas y hoy se hace pГєblicamente en las casas privadas. ВїDoncellas? ВїQuГ© es eso? Costumbres de otras Г©pocas. Tiempo de viudez, lutos que duraban aГ±os... y excepciones que hacГ­an exclamar a Juan Pablo Forner: MuriГі FermГ­n y su esposa tan presto a SimГіn se uniГі que se duda si enviudГі, tanto adorГі al que reposa. Tan repentina uniГіn bien da a entender, a fe mГ­a, que cuando FermГ­n vivГ­a ya era marido SimГіn. Otro del mismo Forner con cierta mala baba: De que te ha nacido un hijo me pides la enhorabuena; Cornelio con tus amigos ya desempeГ±Г© esa deuda. Y ahora un epigrama de Leandro FernГЎndez de Moratin, hijo del Moratin citado en otra pГЎgina, que parece dirigido a ciertos autores que conozco: En un cartelГіn leГ­ que tu obra baladГ­ la vende Navamorcuende... No has de decir que la vende, sino que la tiene allГ­. ComparГ©moslo con otro epigrama de Pablo de JГ©rica: Nos dices que tu librejo se vende en casa de Bosc; que allГ­ se encuentra es seguro; pero que se vende, no. Creo que ambos poetas anduvieron en un punto equivocados. De los autores conocidos mГ­os a los que he aludido hace unas lГ­neas afirmo que sus obras se venden en muchas librerГ­as..., pero no se compran en ninguna. Pido a Dios que no suceda lo mismo con este libro. Por lo menos, tГє, amigo lector, ya lo has comprado. Gracias. Otro epigrama de Alberto Lista, sacerdote y acadГ©mico: ВїAl primer asalto mГ­a? Por Dios, que esto va, seГ±ora, mГЎs pronto que yo querГ­a si ha de durar mГЎs de un dГ­a resistid siquiera una hora. Bendito Lista, que creГ­a en la hora de duraciГіn. Hoy no se resiste porque sГіlo se piensa en los minutos de consumiciГіn. Cierto dГ­a, Pablo de JГ©rica fue invitado a una representaciГіn que se daba en CГЎdiz de un drama compuesto por el duque de HГ­jar. De cГіmo debiГі ser la obra son los versos que compuso. Grande el nГєmero de actores; grande el autor, su excelencia; grandes los actos, seГ±ores; y mГЎs grande la paciencia de tantos espectadores. Del fingido Cementerio de Momo, de Francisco MartГ­nez de la Rosa —llamado В«Rosita la pasteleraВ» por sus enemigos polГ­ticos— extraigo estos epitafios: AquГ­ un hablador se halla y por primera vez calla. AquГ­ enterraron de balde por no hallarle una peseta... No sigas: era poeta. Yace aquГ­ un mal matrimonio, dos cuГ±adas, suegra y yerno... No falta sino el demonio para estar junto el infierno. ВЎCanГіnigo... de repente... y morir en Nochebuena! Se le indigestГі la cena. В«.AquГ­ yace una doncella...В» y han borrado В«de laborВ». Siempre es bueno hacer favor. В«AquГ­ yace una doncella hija del tГ­o Lagarto; fue muy candorosa y bellaВ» la pobre muriГі de parto. No siempre los epigramas son satГ­ricos. AsГ­ Hartzenbusch: Si al prГіjimo ha de ofender tilde poniendo a su fama sГіlo es bueno el epigrama que se queda por hacer. Y Manuel BretГіn de los Herreros aludiendo a su defecto fГ­sico —era tuerto— escribiГі unos bellos versos y mejor resignaciГіn: DejГіme el Sumo Poder por gracia particular lo que habГ­a menester: Dos ojos para llorar... y uno solo para ver. Dos epigramas de RamГіn de Mesonero Romanos que demuestran ingenuidad —muy de la Г©poca— y buen humor: un buen humor que entonces se llamaba festivo: ВїPreguntas quГ© libros leo? y yo te respondo, Blas, que son dos nada mГЎs, los que llenan mi deseo. Tengo la Biblia divina para salud eternal y, en cuanto a lo temporal, leo el arte de cocina. RetratГЎbase Narciso y asГ­ le hablaba al pintor: В«Ponedme hermoso color, blanca tez... boca de risa, los ojos negros... ВїA ver? ВїDe veras asГ­ soy yo?В» Y el pintor le dijo: В«No, asГ­ es como querГ©is ser.В» Hay que ver los В«retratos de la dueГ±a de la casaВ» que cuelgan de muchas paredes de las casas de la alta burguesГ­a y de la aristocracia, hay que ver los retratos del В«Presidente del Consejo de AdministraciГіnВ» que В«adornanВ» las Salas de Juntas de muchas sociedades, para darse cuenta de que este Гєltimo epigrama no ha perdido vigencia. Un escritor casi desconocido y que merece que se hable de Г©l fue JosГ© Bernat y BaldovГ­, valenciano Г©l, hombre de chispa y desgarro a veces un tanto procaz. Copio aquГ­ algunos de sus epigramas alguno de los cuales no me he atrevido a dar por radio: В«Un doctor ronda tu puerta y un escribano te adoraВ» le dijo a una labradora otro tambiГ©n de la huerta. В«No es extraГ±o, majaderoВ» contestГі con galanura В«que toda gente de pluma venga en busca de tinteroВ». He aquГ­ los restos mortales de una mujer de talento en cosas municipales es decir... de В«ayuntamientoВ». No sГ© por quГ© a punto fijo una pendencia ruidosa tuvo AntГіn con su esposa y el juez llamГі y les dijo: В«Entre esposos esto es mengua cГіrtese al punto el negocio.В» В«Eso no —repuso Ambrosio— antes me cortan la lengua.В» Rita, por cierta pendencia fue citada ante el alcalde, y Г©ste le sirviГі de balde, dando en su pro la sentencia. Con refinada malicia dijo entonces la alcaldesa: В«Nunca he visto, AntГіn, tan tiesa la vara de la justicia.В» PreguntГі a un joven Tomasa ayer tarde en el paseo: В«QuГ© mal te hice, Timoteo, que no has vuelto por mi casa.В» Y Г©l, reprimiendo su enojo, despuГ©s de una breve pausa: «¿ Ves —le dijo— que ando cojo y me preguntas la causa?В» De sesenta un solterГіn a una joven vivaracha preguntГі en cierta ocasiГіn: «¿CГіmo te llamas, muchacha?В» Y ella dijo: В«EncarnaciГіn.В» В«Tal misterio te explicaraВ», repuso el sexagenario. Y ella: В«Mucho lo apreciara, pero ya lo ha hecho el vicario que tiene la voz mГЎs clara.В» Y volvamos la pГЎgina. TODO EL MUNDO ES MГ‰DICO El coronel Morrisel era un militar francГ©s, muy conocido durante el primer Imperio por su valor militar y durante la RestauraciГіn por sus frecuentes duelos. MuriГі de cruel enfermedad. A pesar de la sonda, a pesar de Civale, a pesar de Pasquier, a pesar de Dupuytren, habГ­a llegado a no poder evacuar ni una sola gota de lo que habГ­a bebido. Se le prolongГі la vida a fuerza de transpiraciones. Por fin, un dГ­a, como no comprendiese bien lo que le decГ­an los mГ©dicos acerca de su enfermedad, preguntГі si antes de que muriese no podrГ­an procurarse en un hospital un individuo muerto de la enfermedad que a Г©l le mataba. Los mГ©dicos le dijeron que sГ­, que era posible y empezaron a buscarlo. A los tres o cuatro dГ­as fueron a decirle que ya lo habГ­an hallado. Morrisel lo comprГі por el precio ordinario —creo que por seis francos—, hizo que le llevasen el cadГЎver junto a la cama, lo puso sobre una mesa y suplicГі a uno de los mГ©dicos que le hiciera la autopsia. Hecha la autopsia, Morrisel tuvo la satisfacciГіn de darse perfecta cuenta de la enfermedad que padecГ­a y, contento ya, se dispuso a morir tranquilo; acto que realizГі, en verdad, con sin igual valor. Hay muchos aficionados a las cosas mГ©dicas, algunos que como el coronel Morrisel, sin ser mГ©dicos, necesitan saber de quГ© cosa padecen, cГіmo es y en quГ© consiste su mal, y otros son simplemente vocaciones fracasadas. QuizГЎs estos Гєltimos hubieran sido grandes mГ©dicos o investigadores. La condesa de Genlis muriГі muy joven. Se pretende que su pasiГіn por la anatomГ­a acelerГі su fin haciГ©ndole respirar un mal aire. Se asegura que no viajaba sin llevar un cadГЎver en la baca de su carroza. HabГ­a construido piezas artificiales que representaban tan bien la cabeza, el cerebro, el corazГіn, etc., que era difГ­cil distinguirlas de los originales. El prГ­ncipe de Ligne, contemplГЎndolas una vez, le dijo: —Condesa, es perfecto; no falta mГЎs que la peste. El cГ©lebre anatomista Duverney iba con frecuencia a Sceaux a ver a la duquesa del Maine. El buen doctor querГ­a servir a madame de StaГ«l, que entonces no era mГЎs que mademoiselle de Launay. La pasiГіn del mГ©dico por la anatomГ­a era tal que no encontraba mГ©rito alguno en nada sino en conocerla, y de su aficiГіn contagiГі a la futura madame StaГ«l. Un dГ­a dijo de su protegida ante numerosa compaГ±Г­a: —Mademoiselle de Launay es la seГ±orita de Francia que mejor y mГЎs Г­ntimamente conoce el cuerpo del hombre. Parecida a esta anГ©cdota es la de aquel catedrГЎtico de biologГ­a que, en una conferencia en un colegio para seГ±oritas, se dirigГ­a asГ­ a su auditorio: —Les puedo asegurar a ustedes que es un verdadero placer encontrarme aquГ­. He conocido a su profesora durante muchos aГ±os, y durante el tiempo que intimamos... —Hubo un momento de vacilaciГіn y luego prosiguió—: Es decir, en el sentido biolГіgico, naturalmente. Y como se dice vulgarmente, con azГєcar estaba peor. Mientras la aficiГіn no pase de ser platГіnica, bien estГЎ; pero cuando se transforma en aficiГіn prГЎctica, mal va. Regnard era un gran comilГіn. SintiГ©ndose un dГ­a un poco indigesto, le vino en gana purgarse segГєn un mГ©todo particular, pues no tenГ­a confianza en los mГ©dicos. PidiГі a unos labradores que le dijesen quГ© daban a sus caballos para purgarlos, y recogiendo los diversos medicamentos que le indicaron, confeccionГі con ellos una pГіcima que tomГі con gran confianza. Al dГ­a siguiente estaba muerto. Y es que no miente el refrГЎn que afirma que В«De mГ©dico, de poeta y de loco, todos tenemos un pocoВ». Porfiaban una vez un prГ­ncipe y su bufГіn sobre quГ© oficio era el mГЎs abundante sobre la tierra. No sГ© cuГЎl era el que decГ­a el monarca, pero sГ­ que el bufГіn afirmaba ser el oficio de mГ©dico, y decidiГі probГЎrselo. A este fin saliГі de su cuarto, al dГ­a siguiente, muy abrigado y afectando sufrir un resfriado de los de pocos en libra. Todos aquellos a quienes encontraba le recomendaban algo para curarlo: quiГ©n un cocimiento de flores cordiales, quiГ©n una purga, quiГ©n una sangrГ­a. El bufГіn iba anotando pacientemente todos los remedios propuestos hasta que se presentГі el rey. Al verle abrigado de aquella guisa, pregГєntole quГ© tenia. —Un resfriado, seГ±or —contestГі el bufГіn. —Pues lo mejor que puedes hacer es tomar una buena taza de agua de... No le dejГі terminar el otro y atajГіle diciendo: —SeГ±or, sesenta personas he encontrado antes de venir a veros y sesenta remedios me han recomendado. Eran, pues, sesenta mГ©dicos. Ahora vos tambiГ©n querГ©is medicinarme. Ved, pues, seГ±or, cГіmo el nГєmero de los mГ©dicos sobrepasa a los de cualquier otro oficio o profesiГіn. Claro estГЎ que poca confianza merecen estos mГ©dicos de aficiГіn. Poca confianza para gente con algo de sal en la mollera, porque para los demГЎs bien a la vista estГЎ el Г©xito de curanderos y ensalmadores que ganan a veces mГЎs que sesudos doctores en Medicina. En un entremГ©s de Quevedo, El mГ©dico (publicado en los Entremeses nuevos, de AlcalГЎ, en 1643), dice Blas MojГіn, mГ©dico fingido que pelea con el barbero: «¿ TГє sabes quГ© es Medicina? Sangrar ayer, purgar hoy, maГ±ana ventosas secas y esotro Kirieleyson. Dar dineros al concejo, presentes el que sanГі por milagro o por ventura, barbar bien, comer mejor, contradecir opiniones. Culpar siempre al que muriГі de que era desordenado y ordenar su talegГіn que con esto y buena mula, matar cada aГ±o un ВЎechГіn y veinte amigos enfermos; no hay SГіcrates como yo. (En toda la obra Blas MojГіn confunde a SГіcrates con HipГіcrates.) En otro momento hablaremos de los mГ©dicos fingidos y de los curanderos. Quede ahora para dar constancia de la aficiГіn a las cosas mГ©dicas, que no sГіlo se encuentran voluntarios para el papel de galeno o el de enfermo, sino para el de vГ­ctima. El estudiante Ellis Byer quiso gastar una broma e hizo anunciar en un periГіdico de California el siguiente anuncio: В«Hace falta un cadГЎver para un estudiante de medicina. Trabajo poco pesado. No hace falta tener experiencia.В» Y lo gracioso del caso es que recibiГі varios ofrecimientos. SIXTO V Un dГ­a la escritora francesa Delfina Gay se hallaba en una reuniГіn, en la que todos los asistentes hacГ­an gala de su genealogГ­a, y se envanecГ­an de sus antepasados. En un momento de silencio se oyГі su voz que decГ­a: —Pues entre mis antepasados habГ­a uno que fue porquero. Y, ante el asombro de todos, aclarГі: —Me refiero a FГ©lix Peretti, mГЎs conocido con el nombre de papa Sixto V. Efectivamente, FГ©lix Peretti pertenecГ­a a una humilde familia de labradores de Montalto en la regiГіn de las Marcas. Poco tiempo tuvo de ser porquero, pues a los nueve aГ±os entrГі como novicio en un convento de franciscanos. Su gran inteligencia le hizo brillar como predicador y en 1570 fue nombrado cardenal por PГ­o V. Gregorio XIII, cuando aГєn era sГіlo el cardenal Hugo Buoncompagni, le llevГі consigo a Madrid, cuando fue como legado papal a la capital de EspaГ±a. No sГ© llevaron bien el legado y su acompaГ±ante, y cuando el primero fue elevado al solio pontificio en 1572 le apartГі del gobierno de la Iglesia. Poco podГ­a pensar que serГ­a Peretti quien le sucederГ­a. Se cuenta que al morir Gregorio XIII, hombre enГ©rgico y de gran carГЎcter, los cardenales buscaron un sucesor que fuera mГЎs acomodaticio y fijaron su atenciГіn en el cardenal Peretti que, a sus 64 aГ±os, aparecГ­a como un anciano enfermizo que se apoyaba en sus muletas para andar y al que una tos pertinaz impedГ­a pronunciar dos frases seguidas. Fue elegido por unanimidad. Pero apenas elegido el cardenal, ya papa, cambiГі sГєbitamente, se irguiГі, lanzГі las muletas al suelo y entonГі con fuerte voz un tedeum. Los cardenales quedaron asombrados. —Desde que Vuestra Santidad es papa —le dijo un cardenal— ha cambiado totalmente de aspecto. —Cuando Г©ramos cardenal —respondiГі el nuevo papa— caminГЎbamos con la cabeza baja, buscando en la tierra las llaves del cielo; pero desde que las hemos encontrado nada tenemos que buscar ya en el suelo. Y fue uno de los papas mГЎs enГ©rgicos y fuertes de la historia del papado. Basta un ejemplo: Un dГ­a se presentГі al pontГ­fice una vieja quejГЎndose de que un pleito que tenГ­a desde hacГ­a veinte aГ±os no se habГ­a solucionado ni llevaba trazas de solucionarse en el poco tiempo que le quedaba de vida. El papa se informГі de quГ© abogado o procurador se ocupaba de Г©l y le mandГі llamar. —Estoy interesado —le dijo— en que se resuelva el pleito de esta vieja. Sea a favor o en contra; pero que se solucione en justicia. Al dГ­a siguiente, el letrado se presentГі al papa diciГ©ndole que, segГєn sus deseos, el pleito se habГ­a sentenciado. Y Sixto V lo hizo ahorcar por haber hecho durar durante aГ±os un pleito que, segГєn el resultado, se habГ­a podido decidir en unas pocas horas. Desde aquel momento en adelante los curiales y leguleyos apresuraron sus pleitos. Un dГ­a se informГі al papa de que en Sicilia habГ­a nacido el Anticristo. El papa preguntГі: —Y ВїquГ© edad tiene ahora? —Tres aГ±os, santidad. —Bien, pues Г©ste es un problema para mi sucesor. Ni que decir tiene que el Anticristo aquel no hizo jamГЎs su apariciГіn en la historia. El obelisco egipcio que se alza en la plaza de San Pedro, frente a la basГ­lica vaticana, yacГ­a, junto con otros que los emperadores romanos habГ­a hecho trasladar a la urbe, entre el barro y las hierbas que cubrГ­an los vestigios de la Roma imperial. Sixto V encargГі al arquitecto Domenico Fontana la erecciГіn del mismo en el lugar donde ahora se admira. El 10 de septiembre de 1S86, una vez trasladado un equipo de 140 caballos y 800 hombres, se encargГі de levantarlo del suelo y ponerlo en pie. Una gran muchedumbre se congregГі en la plaza para gozar del espectГЎculo. Se conminГі, bajo pena de muerte, a guardar silencio para que asГ­ se pudieran oГ­r las voces y gritos de los tГ©cnicos. Pero en un momento dado, las cuerdas que izaban el obelisco se distendГ­an por el peso enorme de la mole y se cuenta que un marinero de San Remo, llamado Bresca, y capitГЎn de una nave genovesa gritГі: «¡Agua a las cuerdas!В» o, en su dialecto: В«Aiga, da i de lВґaiga al cor de.В» AsГ­ se hizo y la operaciГіn pudo llevarse a buen tГ©rmino. Pero, cumpliendo las Гіrdenes del papa, los soldados detuvieron a Bresca, que debГ­a ser ahorcado de acuerdo con lo establecido, pero el papa no sГіlo le perdonГі, sino que le concediГі el privilegio de izar la bandera pontificia sobre su nave y el de proporcionar a la Santa Sede las palmas que los pontГ­fices usaban y usan en el domingo de Ramos. SegГєn me han dicho, este privilegio se ha conservado hasta hace relativamente poco. Sixto V muriГі en 1590. EL FIN DE UNA DINASTГЌA Impresiona examinar la descendencia legal o legГ­tima del rey Felipe IV. De su primera esposa Isabel de BorbГіn tuvo los hijos siguientes: Carlos Baltasar, muerto en plena juventud. Margarita MarГ­a, muerta en la infancia. Margarita MarГ­a Catalina, muerta en la infancia. MarГ­a, muerta en la infancia. MarГ­a Antonieta, muerta en la infancia; y MarГ­a Teresa, que se casГі con Luis XIV, rey de Francia. De su segunda esposa y prima carnal MarГ­a Ana de Austria tuvo: Margarita Teresa, que se casГі con Leopoldo I de Austria, primo carnal y del que tuvo cuatro hijos muertos en la infancia. MarГ­a Ambrosia, muerta en la infancia. Felipe PrГіspero, muerto en la infancia. Fernando TomГЎs, muerto en la infancia; y Carlos II, rey de EspaГ±a. Este Гєltimo habГ­a sido engendrado por el rey, segГєn confesiГіn propia, en В«la Гєltima cГіpula lograda con la reinaВ», lo cual indica que otras veces lo habГ­a intentado sin lograrlo. TenГ­a entonces Felipe IV, cincuenta y cinco aГ±os, pero representaba treinta mГЎs debido en parte a su vida asaz disipada y, en proporciГіn mucho mayor, a la degeneraciГіn de la raza debido a la multitud de matrimonios consanguГ­neos que sufrГ­a la dinastГ­a. Carlos II, a los cuatro aГ±os, todavГ­a estaba en la denticiГіn, para la cual habГ­anse necesitado nada menos que catorce amas de crГ­a. A los cinco aГ±os no se tenГ­a en pie y no sabГ­a ni andar В«cuando lo presentaban en pГєblico lo sostenГ­an sus ayas mediante una suerte de tirantes atados en las axilas y la cintura que se disimulaban con la ropaВ». ГЃ los nueve aГ±os no sabГ­a leer ni escribir. No lograba estar de pie mГЎs que con dificultad y jugaba sentado sobre almohadones con enanos y bufones que le distraГ­an con sus nГєmeros y gestos de anormal que eran los Гєnicos que comprendГ­a el prГ­ncipe. Una copla de la Г©poca decГ­a: El prГ­ncipe, al parecer, por lo endeble y patiblando, es hijo de contrabando, pues no se puede tener. Apenas saliГі de la infancia, se pensГі en su matrimonio. Se dejГі de lado su capacidad para ello, que era, por lo menos, dudosa, y a los catorce aГ±os de edad —mentalmente no la superГі jamГЎs— se le buscГі esposa. Se pensГі primero en la princesa MarГ­a Antonieta, hija del emperador de Austria, que contaba, ella, con seis aГ±os de edad. El rey, al saberlo, tuvo un ataque de nervios y, aunque nadie hizo caso de Г©l, por sufrirlos con frecuencia, por diversas razones se decidiГі pedir al rey Luis XIV de Francia la mano de su sobrina MarГ­a Luisa de Orleans, hija de MarГ­a Enriqueta, hermana del rey. Luis XIV accediГі a esta peticiГіn, y asГ­ la pobre MarГ­a Luisa se encontrГі destinada a ser reina de EspaГ±a cuando lo que ella querГ­a era casarse con su primo el gran delfГ­n y ser reina de Francia. Desesperada se arrojГі a los pies del monarca galo, quien le dijo: —¿QuГ© podrГ­a hacer mГЎs por mi hija? —PodrГ©is hacer mГЎs por vuestra sobrina —replicГі ella. Antes de su partida hacia nuestro paГ­s, al entrar el rey en la capilla donde debГ­a oГ­r misa, ella se arrodillГі ante Luis XIV y le suplicГі de nuevo que no la casase con Carlos II. Luis XIV la apartГі rudamente diciendo: —SerГ­a gracioso que la reina catГіlica de EspaГ±a impidiese que el rey cristianГ­simo de Francia fuese a misa. Pero aГєn hay mГЎs. Al despedirse le dijo: —SeГ±ora, deseo daros un adiГіs para siempre; la mayor desgracia que os pudiera acontecer es que volvieseis a Francia. UNA COMPLICADA HISTORIA DE AMOR Constantino VIII, emperador de Bizancio, tenГ­a dos hijas. Ambas, ZoГ© y Teodora, se habГ­an retirado a un convento. Constantino, al sentir prГіxima su muerte, mandГі llamar al prefecto de Constantinopla, Romano Argiros y le ordenГі que se casase con ZoГ©. Romano no podГ­a hacerlo, pues estaba casado; pero el emperador le obligГі a divorciarse. ZoГ© tenГ­a cincuenta aГ±os, pero aГєn era muy hermosa. Se casaron, pues, Romano y ZoГ©, pero si Г©sta contaba con medio siglo, su esposo habГ­a pasado ya de los sesenta. A pesar de ello decidieron tener hijos. Romano se atiborrГі de drogas que le recetaban los mГ©dicos de la corte imperial. ZoГ© se dedicГі a llevar amuletos y a someterse a conjuros y exorcismos que no dieron ningГєn resultado. Romano se resignГі, pero no asГ­ ZoГ©, que se dedicГі, con entusiasmo digno de mejor causa, a buscar un sustituto a su marido. Le encontrГі en un tal Miguel, hermano del eunuco mayor del palacio imperial. La relaciГіn fue escandalosa, y el Гєnico que no estaba enterado de ella era el pobre marido cornudo. Como tantas veces pasa. Ahora bien, lo mГЎs difГ­cil de esconder es un incendio y la pasiГіn de la emperatriz era un fuego voraz y ardiente. Un dГ­a el emperador se enterГі por su hermana PulquerГ­a de lo que sucedГ­a, pero no lo quiso creer del todo. Por la noche, cuando estaba acostado con su esposa, mandГі llamar a Miguel, para que, como solГ­a hacer frecuentemente, le hiciese cosquillas en las plantas de los pies. Y lo que narro es rigurosamente histГіrico. En lo mejor de su faena, Miguel fue interrumpido por Romano, quien la preguntГі bruscamente si era el amante de su mujer. El pobre hombre lo negГі y jurГі que no lo era. El emperador lo creyГі o hizo ver que le creГ­a y las cosas siguieron como estaban. Pero Romano muriГі, se dice que envenenado, y ZoГ© quiso casarse con Miguel. Г‰ste, lleno de remordimientos, confesГі su perjurio y se retirГі a un convento para hacerse monje. AllГ­ muriГі, mientras ZoГ© suplicaba a las puertas del edificio que le permitiesen verle por Гєltima vez. Г‰l rehusГі verla y su Гєltimo deseo fue que le dejase en paz. Muerto Miguel, ZoГ©, que contaba ya sesenta y cuatro aГ±os, se dedicГі a conquistar a Constantino Monomacos, В«hermoso como AquilesВ». Pero Constantino tenГ­a una amante llamada Esklarena, a la que no querГ­a abandonar. ZoГ© le propuso entonces que se casase con ella y que conservara a su amante, las habitaciones de Constantino fueron instaladas teniendo a su derecha a las de la emperatriz y a su izquierda las de Esklarena. Y un mal dГ­a Г©sta muriГі y el emperador se consolГі con una circasiana de В«estrechas caderas, inmensos ojos y piel de ninfaВ». ZoГ© muriГі a los ochenta y cuatro aГ±os. Cinco aГ±os despuГ©s morГ­a Constantino, que, hay que decirlo todo, sintiГі mucho la muerte de la emperatriz. Se ignora quГ© fue de la circasiana. ANIMALES PROCESADOS Cualquiera dirГ­a que, siendo la justicia cosa tan extraordinaria, grave e importante, deberГ­an ser sГіlo los hombres sus sujetos. AsГ­ es, en la actualidad, con sГіlo unas escasas excepciones. En febrero de 1935 fue ajusticiado en Atenas un papagayo, perteneciente al propietario de uno de los restaurantes mГЎs importantes de la ciudad, que tenГ­a la costumbre de gritar «¡Viva Venizelos!В» y que no habГ­a querido o sabido callar o cambiar el nombre una vez triunfante la revoluciГіn que derribГі al polГ­tico heleno. En Rusia, la GPU fusilГі a unos loros que cantaban canciones capitalistas y zaristas. Sus maestros de mГєsica sufrieron la misma suerte. Es conocida la historia actual de aquel alemГЎn que, despuГ©s de la derrota de los ejГ©rcitos hitlerianos y en los comienzos de la ocupaciГіn, hizo poner el siguiente anuncio en uno de los principales periГіdicos de la zona occidental: В«El doctor Otto Kraus hace saber que no responde de las ideas polГ­ticas de su papagayo.В» Y no hace mucho un juez inglГ©s sentenciГі a muerte a un perro por haber mordido y herido gravemente a dos niГ±os. Como el propietario del can se resistiese a matarlo, fue detenido y juzgado por desacato al tribunal, multado, y el animal entregado a los miembros de la policГ­a del condado para que fuese ejecutado. Antiguamente los curiales no se contentaban solamente con hacer comparecer ante ellos a los delincuentes de dos pies, sino que encerraban en el proceso judicial a las bestias de cuatro patas. El animal, autor de un delito, ya fuese buey, asno o caballo, era detenido, encarcelado y juzgado con todas las formalidades, y si a ello habГ­a lugar, era pГєblicamente ejecutado, en castigo de sus fechorГ­as. Lo mismo sucedГ­a si el animal era asna, vaca o cerda, puesto que el bello sexo no estaba exceptuado. El procedimiento era distinto para cada especie de animal sometido a las diligencias. Si se trataba de un cuadrГєpedo, se le emplazaba personalmente —si se me permite la palabra— y se le trasladaba ante el tribunal de lo criminal ordinario. Si eran insectos, hormigas, langostas u orugas, se procedГ­a diferentemente, pues su nГєmero y su exigГјidad los hacГ­a incaptables. En efecto, ВїquГ© podГ­an los medios ordinarios contra las invasiones de mirГ­adas de animalillos? Era forzoso recurrir a un poder superior y conjurar a la divinidad. El tribunal eclesiГЎstico —es decir la curia eclesiГЎstica— era el llamado a fallar y hacer lo necesario para exterminar tales plagas. Para ello se excomulgaba a la plaga, pero se daba a los animales la oportunidad de defenderse. Las poblaciones que tenГ­an que quejarse de los daГ±os causados por los insectos nombraban un agente para que los representase ante los tribunales. Seguidamente dirigГ­an a los jueces eclesiГЎsticos un escrito que contenГ­a la designaciГіn de los lugares invadidos, especificando la naturaleza de los daГ±os causados, describiendo con precisiГіn la forma y color de los animales culpables. Esta descripciГіn tenГ­a que ser escrita, para que nadie pudiera sufrir error. El juez ordenaba entonces la comparecencia de los animales devastadores y enviaba a los sitios ocupados por los insectos a un alguacil que les ordenaba comparecer en el dГ­a y hora seГ±alados ante el magistrado con el fin de oГ­r la condena de desalojar, en breve plazo, los parajes usurpados, bajo las penas que en derecho incurrГ­an. Los depredadores de cosechas seguГ­an sordos, como ya se comprende, a estas Гіrdenes y llegado el dГ­a del juicio se esperaba en vano su entrada en la sala de audiencia. Pero como todo sucedГ­a dentro de las normas establecidas, se renovaba hasta tres veces el seГ±alamiento, conformГЎndose en esto a la prГЎctica de los tribunales que no declaran la rebeldГ­a sino despuГ©s de tres citaciones regulares. Los demandados seguГ­an sin presentarse. Desde aquel momento se nombraba un curador para los bichos, un defensor de oficio, quien juraba cumplir sus funciones В«con celo y propiedadВ» adjuntГЎndole ordinariamente un abogado. En estas clases de asuntos se ponГ­an en juego todos los resortes de la controversia y de la discusiГіn: sobreseimientos, excepciones dilatorias, prГіrrogas, vicios de nulidad, todo se invocaba, conforme a las leyes de un procedimiento excesivamente formulista. El dГ­a 10 de enero de 1457 se administraba justicia en los dГ­as [10] celebrados en Savigny В«bajo la presidencia del escudero NicolГЎs QuareillanВ», juez del lugar; la querellante era la В«noble seГ±orita Catalina de Bernault, seГ±ora de Savigny. El procurador de la seГ±orita era Huguenin Martin, demandante, el cual declarГі: que "el martes antes de Navidad, Гєltimamente pasado, una cerda [11] y sus seis lechones, al presente presos, fueron cogidos en flagrante delito de asesinato y homicidio en la persona de Juan MartГ­n"... Con lo cual se dictГі la siguiente resoluciГіn... Nos, juez, hemos dado nuestra sentencia definitiva de este modo: Decimos y pronunciamos que la cerda de Juan Bailly, por razГіn de asesinato y homicidio por ella cometido y perpetrado en la persona de Juan Martin sea confiscada para ser castigada y condenada al Гєltimo suplicio, y ser colgada por las patas traseras de un ГЎrbol en la justicia de las seГ±oras de Savigny... Respecto de los lechones de la dicha cerda, por cuanto no estГЎ probado que comieran del dicho Juan Martin, nos contentamos con devolverlos a Juan Bailly, mediante cauciГіn de devolverlos si resulta que comieron del dicho Juan Martin...В» В«Y la dicha cerda, conducida en una carreta, ha sido ahorcada por las patas traseras en cumplimiento de dicha sentencia, por Esteban Poinceon, ejecutor de la justicia, que vive en Chalons-sur— Saone.В» Otros procesos contra cerdos: En4dejuniode 1034, Juan Levoinier, licenciado en leyes, mayor de edad, В«condena a un cerdo que habГ­a devorado al niГ±o de Lenfaut, vaquero del censo de Clermont, a ser estrangulado en una horca de maderaВ». En 2 de marzo de 1552 el cabildo de Chartres, despuГ©s de practicada una informaciГіn, condenГі В«a un cerdo por haber matado a una muchacha, a ser ahorcadoВ» en una horca colocada en el sitio mismo del delito. ВїPor quГ© se condenaba a animales estГєpidos? ВїSe les creГ­a acaso responsables de sus actos?... Es probable que el sentimiento que sugerГ­a esos increГ­bles procedimientos era el mismo que exigГ­a que la casa de los criminales fuera arrasada o quemada para borrar el recuerdo escandaloso que en todos despertaba. QuizГЎ tambiГ©n el animal acusado В«de asesinato o de sangreВ» era considerado impuro o acaso endemoniado... De todos modos, la sentencia tenГ­a por objeto retirar del comercio la bestia В«culpableВ» o, al menos, causa de desgracia. En fin, conociendo las discusiones que apasionaban a jurisconsultos y a teГіlogos a propГіsito В«del alma de los animales y de su supuesta resurrecciГіn, a fin de que se administrara justicia Г­ntegraВ», se inclina uno a admitir que los magistrados de aquellas ingenuas audiencias debieron decirse: В«El crimen es grave y estГЎ probado; ВїquiГ©n sabe, despuГ©s de todo, si el animal culpable estГЎ absolutamente exento de malicia propia? Por consiguiente, condenГ©moslo.В» В«Anno Domini 1519, en el dГ­a de santa Гљrsula, compareciГі ante el juez de la aldea Flurus, SimГіn Fliss, vecino de Stilfs, declarando que deseaba intentar acciГіn judicial, en nombre de los habitantes de la aldea de su vecindad, contra los ratones del campo, tal como lo prescribe la ley. Y puesto que, segГєn lo prescrito en tales casos, "los ratones necesitan un abogado defensor", solicitГі que el juzgado les nombrase uno de oficio, para que no pudieran tener motivo de queja. Atendiendo a dicha solicitud, el juez nombrГі abogado defensor de los ratones del campo a Hans Grienebner, ciudadano de Flurus, confirmГЎndole en este cargo "segГєn prescribe la ley". DespuГ©s de la cual, SimГіn Fliss nombrГі a un acusador, por parte de los habitantes de la aldea de Stilfs, contra dichos ratones, en la persona de Minig von Tartsch.В» Parece que el pleito se prolongГі, o bien que no se celebraban juicios mГЎs que dos dГ­as cada aГ±o, pues la vista final no se verificГі hasta 1520, el miГ©rcoles siguiente al dГ­a de los santos Felipe y Jacobo. В«Juez, Conrad Spergser. (Este magistrado habГ­a servido como capitГЎn a sueldo en el ejГ©rcito del condestable de BorbГіn.) Asesores votantes... [siguen los nombres de diez ciudadanos]. В»Minig von Tartsch, acusador encargado por toda la poblaciГіn de la aldea de Stilfs, dijo haber llamado a juicio para dicho dГ­a a Hans Grienebner defensor de los animales irracionales llamados ratones campestres, sobre lo cual el antedicho Hans Grienebner se presentГі, en nombre de los ratones. В»Minig Waltsch, vecino de Sulden, al ser oГ­do en calidad de testigo, explicГі que desde hace dieciocho aГ±os suele pasar regularmente por las tierras y campos de Stilfs, habiendo observado que los ratones son causantes de daГ±os considerables en los mismos, de forma que a la poblaciГіn apenas le quedaba heno. В»Niklas Stocker, vecino de Stilfs, declarГі que ayudaba a trabajar en los campos de su aldea, y que podГ­a observar siempre cГіmo tal clase de animales, cuyo nombre ignora, causaban grandes daГ±os a los agricultores; lo habГ­a observado sobre todo en otoГ±o, al segar el heno. В»Vilas von Raining, que habita en la actualidad en las cercanГ­as de Stilfs, habiendo sido con anterioridad vecino de dicha poblaciГіn durante diez aГ±os, declara que puede confirmar en todo las declaraciones de Niklas Stocker y que incluso puede decir mucho mГЎs, pues a su vez habГ­a visto muy a menudo a los ratones. В»DespuГ©s de lo cual, los testigos corroboraron sus deposiciones mediante juramento.В» (Como se ve, el juzgado omitiГі escuchar a los campesinos interesados de la misma aldea de Stilfs, por ser acusadores, haciendo gala de su imparcialidad por el hecho de oГ­r Гєnica y exclusivamente a testigos objetivos y desinteresados: dos ciudadanos de las cercanГ­as y un jornalero de la localidad.) В«AcusaciГіn: В»Minig von Tartsch acusa a los ratones campestres de los daГ±os producidos por los mismos, y expone que esto no puede seguir, y que en el caso de no alejar de allГ­ a dichos animales daГ±inos sus poderdantes se verГЎn imposibilitados de pagar sus impuestos, teniendo que cambiar de residencia.В» В«Defensa: В»Replicando a la acusaciГіn, Grienebner declara: Que ha comprendido la acusaciГіn, mas es del dominio pГєblico que sus defendidos son la causa, asimismo, de determinadas ventajas, puesto que destruyen las crisГЎlidas de insectos, de modo que confГ­a en que el tribunal no les retirarГЎ su protecciГіn. Si a pesar de ello asГ­ sucediera, solicita que el tribunal obligue a la acusaciГіn a que designe para sus defendidos otro territorio, en donde puedan vivir en paz; otrosГ­: que les delegue suficiente fuerza armada que los proteja contra sus enemigos, los perros y los gatos, durante su Г©xodo; otrosГ­: que en el caso de que alguna de sus defendidas se hallase preГ±ada, se le conceda un tiempo de protecciГіn justo, para que pueda dar a luz a sus vГЎstagos, llevГЎndolos consigo.В» В«Sentencia: В»DespuГ©s de oГ­r la acusaciГіn y la defensa, asГ­ como a los testigos, se ha dictado sentencia. Los animales daГ±inos llamados ratones campestres estГЎn obligados a desalojar los campos y los prados de la aldea de Stilfs dentro de un plazo improrrogable de catorce dГ­as, quedГЎndoles vedado el regreso a perpetuidad; en el caso de que algunas de las hembras de entre dichos animales se hallasen preГ±adas, o fuesen incapaces de emprender el viaje a causa de su corta edad, para dichos animales se asegurarГЎ protecciГіn durante otros catorce dГ­as; no obstante, todos los animales capaces de viajar deben marcharse dentro de catorce dГ­as.В» Como puede verse, las formas jurГ­dicas fueron guardadas escrupulosamente, y el tribunal se mostrГі tan imparcial al dictar sentencia como lo habГ­a sido al escuchar a los testigos. Era preciso condenar a los ratones, pues unos testimonios fidedignos atestiguaban que su conducta era daГ±ina. Sin embargo, frente a determinados В«condenadosВ» mostrГЎbase especial indulgencia, en consonancia con la prГЎctica judicial de aquella Г©poca, la cual conferГ­a a las mujeres embarazadas determinados privilegios. En cambio, se rechazaba terminantemente la propuesta del abogado defensor, encaminada a que se asignase a los ratones un nuevo lugar de residencia, limitГЎndose a expulsarlos sin mГЎs ni mГЎs de las cercanГ­as de la localidad, para que se fuesen a donde mejor les pareciera. ВїSe quedaron? ВїObedecieron la orden de expulsiГіn? Lo ignoramos. [12] Dice el historiador J. Miret y Sans que en sus investigaciones por los archivos civiles y eclesiГЎsticos de CataluГ±a no ha podido encontrar ningГєn proceso de anatematizaciГіn de animales. Seguramente —dice— hubo y hay exorcismos contra orugas y otras plagas de la agricultura, a instancia siempre de los agricultores, pero el sacerdote lo ejecutaba con sencillez sin las pomposas formalidades que hemos visto en otras naciones y sin la necesidad de un proceso con procurador y abogado de los animales y con citaciones a Г©stos. El doctor Gaspar Navarro afirma que В«excomulgar la langosta, ratones, pulgГіn y otras sabandijas es supersticiГіnВ» y aГ±ade В«esta disputa he movido, porque aurГЎ mГЎs de veynte aГ±os [13] que vi en cierta DiГіcesi hazer processo, poniendo el Oficial EclesiГЎstico Procuradores contra la langosta, y hacer sus demandas, y respuestas, llevar lite formado... El fundamento que tienen los que excomulgan estos animales, es lo que trae BartholomГ© Casaneo in Consilio donde refiere quatro sentencias de excomuniГіn de Vicarios Generales y Provisores en Francia por las quales se libraron de la molestia, y daГ±o de semejantes animales, y lo prueba el dicho Autor en el lugar citado, gastando mГЎs de quinze hojas para su provanГ§a; edto se confirma ser assГ­. De lo que se refiere Navarro en el consejo 5 num. 22 de aquel Obispo, que mandГі a los ratones con pena de excomuniГіn, que se saliessen, y se salieron todos, nadando por el marВ». Como se ve, el doctor Navarro cree supersticiosa y В«blasfemaВ» la prГЎctica de la excomuniГіn de animales. Se extiende a lo largo de ocho pГЎginas en demostrar que no puede ser excomulgado quien no pertenece a la Iglesia, como sucede con los animales, que no han sido ni pueden ser bautizados y acaba diciendo que В«porque ay remedios naturales contra estas sabandijas sin peligro de supersticiГіn, pondrГ© aquГ­ algunosВ», cosa que efectivamente hace. Yo creo que el origen de estos sumarios contra animales tiene su base en un texto bГ­blico. Se lee en Г‰xodo: В«Si un buey cornea a un hombre o a una mujer y se sigue la muerte, el buey serГЎ lapidado, no se comerГЎ su carne y el dueГ±o serГЎ quito. Pero si ya de mucho antes el buey acorneaba y requerido el dueГ±o no lo tuvo encerrado, el buey serГЎ lapidado, si mata a un hombre o a una mujer, pero el dueГ±o serГЎ tambiГ©n reo de muerte. Si en vez de la muerte le pidieran al dueГ±o un precio como rescate de la vida, pagarГЎ lo que se le imponga. Si el buey hiere a un niГ±o o a una niГ±a, se aplicarГЎ esta misma ley; pero si el herido fuese un siervo o una sierva, pagarГЎ el dueГ±o treinta siclos de plata al dueГ±o del esclavo o de la esclava, y el buey serГЎ lapidado.В» (Г‰x. 21,28-32.) Y para terminar con un caso moderno copio el citado por el doctor Oliver Brachfeld en una nota a su traducciГіn del libro de Rath-Vegh. En el nГєmero de junio de 1948 de la revista londinense Lilliput se narra la historia de dos perros setters irlandeses, a los que un abogado de Los ГЃngeles les legГі en su testamento una cantidad equivalente a 1500 libras esterlinas. DespuГ©s de tres semanas de debates, el juez citГі a los afortunados canes, mas, por no poder contestar razonablemente a sus preguntas, les denegГі la herencia. (Rath-Vegh, 145.) ENSALADA Copio del Diccionario de uso del espaГ±ol, de MarГ­a Moliner: В«Ensalada. Fig. Mescolanza, pisto, revoltijo. Cualquier mezcla de cosas heterogГ©neas.В» En algunos atlas se ve a un hombre sosteniendo sobre sus hombros al mundo. ВїEn quГ© se basa esa imagen? Es un error. Atlas era un personaje de la mitologГ­a griega que se sublevГі contra los dioses poniГ©ndose al lado de los gigantes que querГ­an arrebatarles el poder. Zeus —en la mitologГ­a latina, JГєpiter— le condenГі a sostener eternamente, no la Tierra, sino la bГіveda celeste. El semidiГіs Atlas apoyaba sus pies en la Tierra y sobre sus hombros sostenГ­a los cielos. En algo debГ­a poner sus pies, y los griegos creyeron que sГіlo en nuestro planeta podrГ­a hacerlo. RecuГ©rdese que en aquel entonces se creГ­a, generalmente, que la Tierra era el centro del universo. La primera obra que llevГі el tГ­tulo de Atlas fue la de G. Mercator— Krener, Atlas sive cosmographiacae meditationes de fabrica mundi en 1594. Cuando se dice que un hombre sufre los avatares de la vida, ВїquГ© se entiende por ello? Generalmente se identifica la palabra avatar por aventura, tropiezo o vicisitud por la que pasa un hombre a lo largo de su vida. Ello es errГіneo. Avatar significa exactamente cada una de las encarnaciones de VishnГє a lo largo de los tiempos. Avatar estГЎ, pues, relacionado con las metamorfosis o reencarnaciones de un ser en la eternidad. En una sola vida no puede haber mГЎs que un solo avatar. El himno republicano espaГ±ol es el Himno de Riego, ВїcuГЎl es su origen? El Himno de Riego fue el himno oficial de EspaГ±a durante la Segunda RepГєblica. La letra fue compuesta por el duque de San Miguel, primero de su tГ­tulo, que entonces —1820— era capitГЎn de artillerГ­a; la mГєsica se debe, segГєn parece, a Francisco SГЎnchez, mГєsico de plaza del regimiento de Valencia en la misma Г©poca. Y digo В«segГєn pareceВ», porque hay quien asegura que la mГєsica era una contradanza compuesta en Barcelona, algunos aГ±os antes por JosГ© Ricart, aficionado conocido en la ciudad condal. ВїLa Biblia es el libro mГЎs traducido del mundo? No, el autor mГЎs traducido del mundo es Lenin, con 2.330 traducciones en 1976. SeguГ­a la Biblia, con 1937 traducciones, segГєn el Indez Traslationorum. Pero como obra completa tal vez, o seguramente, la Biblia supera a las traducciones de varias obras de Lenin. Shakespeare, Tolstoi, Julio Verne y Cervantes van por las 2 000 traducciones. En la antigГјedad Вїse conocГ­a el petrГіleo? Indiscutiblemente. Como producto natural que es, era conocido por los pueblos orientales que ahora viven de Г©l; pero no le dieron gran importancia. Por otro lado, al no haberse inventado la maquinaria moderna, no tenГ­a una gran aplicaciГіn. Ni siquiera para alumbrarse. Lo usaban en cambio con fines terapГ©uticos. Lo llamaban nafta y sabГ­an que В«se encendГ­a al contacto con una llama o sГіlo a la vista del esplendor de la mismaВ». Plutarco, en Vida de Alejandro, explica que un tal AtenГіfanes Ateniense usaba nafta para masajes al rey y le servГ­a en el baГ±o, e incluso trataba de distraerle con amenos entretenimientos. Era, pues, un bufГіn mГЎs o menos disimulado. Un dГ­a, mientras Alejandro se baГ±aba, vio junto a Г©l a un pajecillo, un poco tonto, pero que sabГ­a cantar muy bien, y no se le ocurriГі nada mejor que decir al rey: —¿Quieres que probemos el efecto de la nafta en esta paje? Si lo rociamos de nafta, le prendemos fuego y no se apaga se podrГ­a decir que tu valor es verdadero y grande. A esta estГєpida proposiciГіn asintiГі el pajecillo y se ofreciГі para la prueba. Le untaron de nafta, le pegaron fuego y Г©ste se propagГі de tal manera que Alejandro tuvo miedo. A base de baldes de agua pudieron apagar el incendio, pero la pobre victima del mismo sufriГі graves quemaduras y durante mucho tiempo no pudo valerse por sГ­ mismo. Los antiguos caldeos usaban el petrГіleo, el betГєn y el asfalto con fines terapГ©uticos, como ya se ha dicho, especialmente para enfermedades de la piel. El betГєn es, segГєn el Diccionario de la Academia, el В«nombre genГ©rico de varias sustancias combustibles, que se componen principalmente de carbono o hidrГіgeno y se encuentra en la naturaleza en estado lГ­quido, oleoso o sГіlidoВ». SegГєn Plinio, В«es desinfectante y hemostГЎtico; el olor de su humo hace huir a las serpientes venenosas; el betГєn de Caldea y Babilonia se recomienda para las cataratas, la lepra y el prurito y como linimento; en friegas continuas, cura la gota; si se mezcla con sosa, cuida la dentadura y es Гіptimo contra la piorrea; si se mezcla con vino, cura las bronquitis por crГіnicas que seanВ»..., y asГ­ sucesivamente. Una cosa curiosa indica VarrГіn: dice que el petrГіleo es un gran desinfectante contra las enfermedades producidas por В«animalillos invisiblesВ». No se olvide que la palabra В«microbioВ» —es decir, В«pequeГ±a vida»— fue inventada solamente en 1878 por Ch. E. Sedillot a consecuencia de los descubrimientos de Pasteur. ВїCuГЎndo se inventaron las В«montaГ±as rusasВ»? En Rusia parece que, ya desde tiempo antiguo, se usaban sistemas mГЎs o menos mecГЎnicos para sustituir al placer de deslizarse por las montaГ±as nevadas en trineos o artilugios semejantes. Fueron introducidos en Occidente en 1816, cuando un tal M. Populos las instalГі en ParГ­s. La base de las monarquГ­as constitucionales se encuentra en la frase В«El rey reina, pero no gobiernaВ». ВїQuiГ©n lo dijo? Copio del libro El trivio y el cuadrivio, de BastГєs. В«Esta expresiГіn la soltГі el primero M. Thiers en la tribuna nacional de Francia, y los periГіdicos la comentaron por mucho tiempo; los unos rebatiГ©ndola como una herejГ­a polГ­tica, y los otros haciГ©ndola prevalecer como uno de los principios fundamentales del gobierno representativo. В»En general fue considerada esta proposiciГіn como un resumen de la doctrina gubernamental del Parlamento inglГ©s, y tambiГ©n como una reminiscencia del abate SieyГ©s, cuando propuso el titulo de jefe supremo del Estado, a manera de una rica e inamovible prebenda, al general Bonaparte, y que Г©ste rechazГі bruscamente con la tan sabida frase, que no querГ­a representar el papel de В«un cochon al engraisВ»: un cerdo al engordadero. В»Pero lo particular es que, entre tantos hombres cГ©lebres como de dicha proposiciГіn hablaron, y tomaron parte en las acaloradas polГ©micas que acerca de ella se promovieron, a ninguno, como observa un ilustrado escritor, se le ocurriГі hacer presente que aquel principio no era mГЎs que la reproducciГіn textual de una de las mГЎximas de los sabios del DaghestГЎn.В» Bien que, como aГ±ade el indicado escritor, el mismo hombre de Estado que anunciГі desde la tribuna aquel principio, ignoraba sin duda este origen. Debo confesar que hasta haber leГ­do esta pГЎgina no conocГ­a la existencia del DaghestГЎn o DaglestГЎn, que escriben otros. He sabido despuГ©s, consultando una enciclopedia, que DaglestГЎn es una repГєblica autГіnoma de la URSS, de 38.200 km 2 y 100.0000 de habitantes. EstГЎ a orillas del mar Caspio. Pero lo cierto es que el seГ±or Thiers —don Adolfo para sus Г­ntimos— no pronunciГі jamГЎs esta frase en ninguna tribuna nacional. Se encuentra la idea en dos artГ­culos, no firmados pero sin duda suyos, en el periГіdico Le National, correspondientes a los dГ­as 30 de enero y 4 de febrero de 1830, antes de la revoluciГіn que destronГі a Carlos X. Por otra parte, en 1605, Jan Zamoyski la pronunciГі en la Dieta o Parlamento de Polonia dirigiГ©ndose al rey Segismundo III. Sea como fuere, venga de Francia, de Polonia o del DaghestГЎn, la frase ha quedado como fГіrmula de los reinos constitucionales, en contraposiciГіn a la de В«El Estado soy yoВ», caracterГ­stica de las monarquГ­as absolutas. ВїQUIГ‰N INVENTГ“ LA PГ“LVORA? Desde luego yo, no. Digo esto porque de un individuo algo tonto se dice «éste sГ­ que no inventГі la pГіlvoraВ», y yo no debo ser muy listo cuando tengo que ganarme la vida trabajando. Quien es listo se la gana haciendo trabajar a los demГЎs. Pero queda en pie la pregunta: ВїQuiГ©n inventГі la pГіlvora? Algunos opinan —y asГ­ me lo enseГ±aron en el colegio— que fue el fraile Bertold Schwartz o el Negro quien la descubriГі allГЎ por el aГ±o mil trescientos y pico. Pero parece que Г©ste lo que ideГі fue introducirla en unos tubos y aprovechar la fuerza de su expansiГіn para proyectar piedras a larga distancia. ВїEs esto verdad? Intentaremos verlo. En 1292, el monje franciscano Roger Bacon —otro fraile— dice en su Opus maius que В«se puede hacer un experimento en aquel juego juvenil que se hace en muchas partes del mundo, formando con pergamino un instrumento de aproximadamente una pulgada, el cual, aunque sea pequeГ±a cosa, por la violencia de la sal de piedra o salitre, provoca un ruido tan terrible que sobrepasa al de un trueno y una luz superior a la de un rayoВ». En su otro libro Sobre la vanidad de la magia da la fГіrmula de esta sal de piedra en una forma un tanto confusa. Dice asГ­ —luego lo traduzco— В«Sed tamen salГ­s petra ВЎuro mope can ubre et supharis et sic faciens tonitrum et coruscationem si scias artificium.В» He subrayado las palabras turo mope can ubre, porque no significan nada. ВїPor quГ© entonces se encuentran en esta frase? Era uso de los alquimistas publicar sus descubrimientos ocultГЎndolos en anagramas para evitar asГ­ que fueran conocidos por los no iniciados. Ahora bien, combinando las letras subrayadas se encuentra uno con las palabras carbonum pulvere y la frase latina puede traducirse por В«con salitre, polvo de carbГіn y azufre, si tГє conoces el artificio puedes producir el trueno y el rayoВ». Que conste que este sistema de los anagramas fue usado tambiГ©n por gente de tanta categorГ­a cientГ­fica como Galileo o Newton. ParecerГ­a, pues, que la pregunta del epГ­grafe estГЎ ya contestada. Pues no: I 200 aГ±os antes que Bacon, se dice que los chinos ya conocГ­an la fГіrmula, pero como eran gente civilizada la usaron para fuegos artificiales. No se olvide que los chinos inventaron tambiГ©n la imprenta y no publicaron periГіdicos. Lo que sГ­ es cierto es que los ГЎrabes emplearon la pГіlvora con fines bГ©licos y que ellos habГ­an recibido la receta de los persas o los indios, con los que estaban en contacto, y fueron los que la usaron en EspaГ±a por primera vez. En la crГіnica de Alfonso XI de Castilla, refiriГ©ndose al sitio que puso este rey a Algeciras ocupada por los sarracenos en la era de 1382, esto es, en el aГ±o 1332, se dice en el capГ­tulo 273: В«Los moros de la ciudad lanzauan pellas de fierro grandes, tamaГ±as como manzanas muy grandes, y lanzauanlas tan lejos de la ciudad que pasauan ГЎ allende de la hueste algunas de ellas, Г© algunas de ellas ferian en la hueste.В» En el capГ­tulo 337 se lee que en 24 de febrero de 1334 В«entraron en la ciudad cinco embarcaciones cargadas de harina, miel, manteca y de pГіlvora con que lanzauan del truenoВ». Zurita, en los Anales de AragГіn, habla de una invasiГіn que los moros de Granada hicieron en Alicante en 1331, en la que llevaban ciertas pelotas de hierro que se tiraban con fuego. Sobre este hecho cita AndrГ©s un pasaje sacado de la misma carta original, que escribiГі el ayuntamiento de Alicante al rey de AragГіn, don Alfonso y a la reina doГ±a Leonor. En ella se dice que В«va a Alicante el rey de Granada en persona con toda su infanterГ­a y caballerГ­a, y con muchas balas de hierro para tirarlas lejos con el fuego: et moltes pilotes de fer per gitarles llunys ab fochВ». AГєn parece mas antiguo el uso de las armas de fuego en la crГіnica de Alfonso VI, conquistador de Toledo, escrita por Pedro, obispo de LeГіn, y citada por Pedro Mexia. En ella se dice que en una batalla naval entre el rey de TГєnez y el de Sevilla los navГ­os del rey de TГєnez В«traГ­an ciertos tiros de hierro o bombardas, con que tiraban muchos truenos de fuegoВ». De estos hechos autГ©nticos y de otros que dejamos de citar, podemos deducir que los ГЎrabes fueron los primeros que introdujeron la artillerГ­a en Europa, pues AbГј Abdallah, en su crГіnica de EspaГ±a, cuya noticia se debe a la diligencia del erudito Cassiri, refiere que en 1312 el rey de Granada AbГјlualid llevГі consigo al sitio de Baza В«una gruesa mГЎquina que cargaba con mistura de azufre y, dГЎndola fuego, despedГ­a con estrГ©pito globos contra el alcГЎzar de la ciudadВ». A mГЎs de lo expuesto, resulta que los moros, en 1280, y los espaГ±oles, en 1308, conocГ­an ya los efectos de aquella composiciГіn, pues que ambos pueblos en dichas Г©pocas se sirvieron de la artillerГ­a, cuyas piezas llevaron en un principio el nombre de truenos. ALGUNOS В«PERSONAJESВ» CГ‰LEBRES DrГЎcula. A comienzos del siglo XV viviГі en la regiГіn de la Valaquia un dГ©spota llamado Vlad Dracul, que, en 1436, se autotitulaba В«Vlad, hijo del difunto prГ­ncipe Mircea, voivoda de las regiones transalpinasВ». Voivoda o vaivoda, del eslavo vaivod, prГ­ncipe, es el tГ­tulo que ostentaban los prГ­ncipes soberanos de Moldavia, Valaquia o Transilvania. En 1437 se hizo proclamar В«Cristo Dios, muy fiel amante autГіcrata de Cristo JesГєs, gran voivoda y soberano dominador de Hungro— Valaquia y de las regiones ultramontanasВ». Casi nada. Pronto se hizo cГ©lebre por su crueldad. A sus enemigos, y se los creaba continuamente, los hacia empalar introduciГ©ndoles un hierro en el ano que, con el peso de su vГ­ctima penetraba en las entraГ±as y hacГ­a que el pobre torturado muriera entre atroces sufrimientos. Como en la agonГ­a los empalados giraban sobre sГ­ mismos y ello hacГ­a mГЎs rГЎpida la introducciГіn y la subsiguiente muerte, les clavaba las manos y los pies en un madero para solazarse con el martirio que resultaba mГЎs duradero. Un dГ­a hizo hervir vivo a un gitano acusado de robo e hizo que la familia comiese su cuerpo. En Schylta, en 1462, hizo matar 25000 personas y en otra ciudad 30000. HacГ­a decapitar a los prisioneros turcos y servГ­a luego las cabezas a otros cautivos antes de decapitarlos a su vez. Una concubina suya pretendiГі estar embarazada y le hizo abrir el vientre para comprobarlo. No lo estaba, pero la pobre mujer no se pudo enterar de ello. Como ven, un angelito. Drac en rumano significa diablo, diablillo, y draci poseГ­do por el diablo, y la palabra Drakul, entre los moldavos, se aplica a los vampiros que, segГєn la leyenda, se alimentan de la sangre humana. El novelista irlandГ©s Bram Stoker, fascinado por el personaje, le hizo protagonista de la novela DrГЎcula, que obtuvo un gran Г©xito, refrendado luego por las innumerables versiones cinematogrГЎficas. En ellas, el Vlad Drakul se transforma en un vampiro. No consta en la historia que bebiese la sangre de sus vГ­ctimas; pero, si no lo hizo, era muy capaz de hacerlo. Frankenstein. En 1811, un trГ­o de amigos ingleses decidiГі que cada uno de ellos escribirГ­a una novela fantГЎstica. Los tres amigos eran Percy Bysshe Shelley, George Gordon, mГЎs conocido por su aristocrГЎtico tГ­tulo de lord Byron, y la esposa del primero, Mary Shelley, de soltera Mary Wollstonecraft. SГіlo esta Гєltima cumpliГі lo pactado y escribiГі una obra que titulГі Frankenstein o el moderno Prometeo. Fue publicada en 1818. TenГ­a entonces la escritora 21 aГ±os. En la novela, Frankenstein es un estudiante de 19 aГ±os, inscrito en la Universidad de Ingolstadt, en Baviera, ciudad no inventada, a orillas del Danubio y que, efectivamente, tiene gran importancia universitaria. El citado estudiante construye un hombre artificial a base de fragmentos de cadГЎveres. El monstruo potente y consciente sufre por el miedo que causa a los que le ven y, por otra parte, desea amar, cosa que le es imposible. Por su origen se ve condenado a la soledad y se venga de los hombres destruyГ©ndolos, empezando por su creador. Al final huye hacia el ГЃrtico, donde desaparece. Esta fantasГ­a romГЎntica no se ve plasmada en las versiones cinematogrГЎficas de la obra —recordemos la impresionante versiГіn de J. Whole, en 1931, interpretada por Boris Karloff—, que, ademГЎs, con sus repetidas continuaciones —El retorno de Frankenstein, etc.—, han hecho que la gente confunda el nombre del creador del monstruo con el monstruo mismo. Frankenstein es el estudiante, no doctor; su creaciГіn es innominada en la novela. La papisa Juana. Hay leyendas que, como la serpiente de mar o el monstruo del lago Ness, aparecen de vez en cuando sin saber cГіmo ni por quГ©. Una de ellas es la referente a la papisa Juana, una mujer que, segГєn la fГЎbula, ocupГі el trono pontificio en el siglo ГЌX. Lo siento por las feministas, porque ВЎahГ­ es nada! ВЎUn papa mujer! QuГ© bello argumento, lГЎstima que sea falso. Veamos primero la leyenda quГ© dice. A la muerte del papa LeГіn IV, el aГ±o 855, fue elegido papa Juan VIII, que en el aГ±o 857, en el curso de una procesiГіn, se encontrГі enfermo. Apoyado contra una pared dio a luz un hijo, con lo que se vino a descubrir que el tal papa era una mujer y pecadora, pues habГ­a quedado embarazada. La papisa muriГі durante el parto y su cuerpo, atado a la cola de un caballo, luego de haber sido arrastrado el cadГЎver por las calles de Roma, fue enterrado en el mismo lugar en que se descubriГі el fraude. El padre de la criatura, Lamberto de Sajorna, embajador en Roma, tuvo tiempo de escapar. Г‰sta es la leyenda. ВїQuГ© dice la historia? Pues bien. Efectivamente, en 855 muriГі el papa LeГіn IV, pero el mismo mes de su fallecimiento fue elegido su sucesor Benedicto III, que reinГі hasta el 858, en que le sucediГі NicolГЎs I el Grande, hasta el 867, en que muriГі. De todo ello hay constancia fidedigna. AsГ­ las cosas, ВїcГіmo se pudo inventar patraГ±a de tal magnitud? Aparece por primera vez en el siglo XIII y tiene como origen la llamada sedia stercoraria, una silla con un agujero en su centro que, como su nombre indica, servГ­a de retrete ambulante. La leyenda se apoderГі de la tal silla y dijo que el agujero se utilizaba para que los cardenales pudieran palpar los Гіrganos genitales del papa elegido y asegurarse asГ­ de que no era mujer. Boccaccio habla de la В«historiaВ» en una de sus obras, y un capellГЎn de Urbano V le dio cabida en una historia del papado; Torquemada creГ­a en la leyenda y en el proceso que se siguiГі contra Juan Hus, que habГ­a afirmado su" creencia en la papisa Juana; se le acusГі de mГєltiples herejГ­as, pero no saliГі a colaciГіn su ingenuidad histГіrica. No obstante, Leibniz, en una obra publicada en 1698, ya negГі la existencia de la papisa, y el filГіsofo alemГЎn no era ningГєn clerical, e incluso una obra tan anticristiana como la EncyclopГ©die francesa del siglo XVIII afirmaba В«la inanidad de la leyenda de la papisa Juana no deja lugar a dudas, y hoy ya no se puede discutir su origenВ». Pero aГєn hay ingenuos ignorantes que... En 1886, el escritor griego Emmanuel Royidis publicГі una obra titulada La papisa Juana, que fue condenada por la Iglesia ortodoxa como blasfema y calumniadora. El libro tuvo Г©xito y, en 1939, un amigo se la recomendГі a Lawrence Durrell, el cГ©lebre autor del Cuarteto de AlejandrГ­a, quien la tradujo al inglГ©s con el tГ­tulo de Pope Joan. Parece que con algunas supresiones del original, que no conozco, debidas al exagerado anticlericalismo decimonГіnico. El amigo de Durrell calificГі al libro, lo dice el propio Durrell en el prГіlogo de su traducciГіn, como В«travieso, un libro griego, lleno de diversiГіn, mal gusto, hilaridad e irreverenciaВ». Repito que no conozco el texto griego, pero la versiГіn de Durrell confirma la opiniГіn de su amigo. La reina de Saba ВїEs Г©ste un personaje de ficciГіn? La Biblia, en el libro I de los Reyes, cap. 10, versГ­culos 1-10, lo da como histГіrico, pero luego la leyenda ha tejido una serie de detalles tales que puede la reina de Saba figurar en esta galerГ­a de В«personajesВ». He aquГ­ el texto bГ­blico: В«LlegГі a la reina de Saba la fama que para gloria de YahvГ© tenГ­a SalomГіn, y vino para probarle con enigmas. LlegГі a JerusalГ©n con muy numeroso sГ©quito y con camellos cargados de aromas, de oro en gran cantidad y de piedras preciosas. Vino a SalomГіn y le propuso cuanto quiso proponerle; y a todas sus preguntas respondiГі SalomГіn, sin que hubiera nada que el rey no pudiera explicarle. La reina de Saba, al ver la sabidurГ­a de SalomГіn, la casa que habГ­a edificado, los manjares de su mesa y las habitaciones de sus servidores, sus cometidos y los vestidos que vestГ­an, los de los coperos, y los holocaustos que se ofrecГ­an en la casa de YahvГ©, fuera de sГ­, dijo al rey: "Verdad es cuanto en mi tierra me dijeron de tus cosas y de tu sabidurГ­a. Yo no lo creГ­a antes de venir y haberlo visto con mis propios ojos. Pero cuanto me dijeron no es ni la mitad. Tienes mГЎs sabidurГ­a y prosperidad que la fama que a mГ­ me habГ­a llegado. Dichosas tus gentes, dichosos tus servidores, que estГЎn siempre ante ti y oyen tu sabidurГ­a. Bendito YahvГ©, tu Dios, que te ha hecho la gracia de ponerte sobre el trono de Israel. Por el amor que YavhГ© tiene siempre a Israel, te ha hecho su rey para que hagas derecho y justicia." Dio al rey ciento veinte talentos de oro, una gran cantidad de aromas y de piedras preciosas. No se vieron nunca despuГ©s tantos aromas como los que la reina de Saba dio al rey SalomГіn.В» ВїQuГ© dicen a esto los comentaristas bГ­blicos? He aquГ­ la opiniГіn de los profesores de Salamanca en su Biblia comentada (BAC, vol. II, pГЎgina 418): В«La reina de Saba (Sheba) encaminГіse a JerusalГ©n acaso movida por una doble finalidad: preparar un tratado comercial y admirar la sabidurГ­a del soberano. Las naves hebreas y de Tiro que surcaban los mares ponГ­an en peligro el comercio que se efectuaba hasta ahora entre pueblos y continentes por medio de las famosas rutas caravaneras. La reina de Saba, viendo mermados sus intereses, dirigiose a JerusalГ©n para pactar con SalomГіn y llegar a un acuerdo comercial. Se coloca el paГ­s de Saba en relaciГіn con Kus y EtiopГ­a y con DedГЎn. Ambos pueblos no estГЎn lejos de Tarsis. В»La reina presentose con numeroso sГ©quito y con camellos cargados de aromas, oro y piedras preciosas. Gustaban mucho los orientales de proponer y solucionar enigmas. Emplea la reina una fГіrmula de bendiciГіn corriente en la que se emplea el nombre de YahvГ©, lo cual no quiere significar que reconociera a YahvГ© por Гєnico Dios, sino expresar que Israel estaba bajo la protecciГіn de un Dios muy activo y solГ­cito de su naciГіn, en comparaciГіn con otros de otras naciones. Cristo alude a la visita de la reina de Saba a SalomГіn para condenar la incredulidad de los judГ­os de su tiempo. Antes de marcharse hizo la reina cuantiosos regalos a SalomГіn. В»Ciento veinte talentos de oro equivalen a tonelada y media. В»En EtiopГ­a a la reina se la llama Makeda y se asegura que cohabitГі con SalomГіn y de dicha uniГіn naciГі un hijo llamado Menelik, fundador de la dinastГ­a abisinia. Recordemos que este nombre lo llevaron dos soberanos de aquel paГ­s, uno de ellos en tiempos modernos. Menelik II muriГі en 1913 en Addis Abeba y derrotГі en 18% a las tropas italianas del general Baratiei en Adua. SeГ±alemos tambiГ©n que en dicho paГ­s reinГі en 1270 una dinastГ­a llamada de los salomГіnidas, porque pretendГ­an descender del rey SalomГіn. В»En las leyendas ГЎrabes, a la reina de Saba se la llama Balkis y cuentan que le habГ­an dicho a SalomГіn que tenГ­a pies de cabra. SalomГіn hizo que el suelo de su salГіn real fuera cubierto con espejos y por ellos pudo ver que la afirmaciГіn era falsa. En cuanto a lo referente a las relaciones Г­ntimas entre los dos reyes es muy posible que existieran. Ricciotti, en su Historia de Israel (vol. I, pГЎg. 320) —cito estos datos para que no digan que exagero— dice: В«Un Г­ndice del poder de un monarca en Oriente era el harГ©n y la tradiciГіn contГі en el harГ©n de SalomГіn: 1000 mujeres, de las cuales 700 eran esposas de primera categorГ­a y 300 de segunda; una voz de Г­ndole diversa, que el contexto sugiere referir al SalomГіn de la tradiciГіn, hablaba tan sГіlo de 60 mujeres de primera categorГ­a, 80 de segunda y de una tercera categorГ­a de adolescentes sin nГєmero, es decir, de aspirantes que aguardaban.В» ВЎVaya, vaya, con el rey SalomГіn! ВЎCon razГіn le llamaban el sabio! Robinson Crusoe. En 1719, Daniel Defoe publicГі un libro titulado La vida y las extraГ±as y sorprendentes aventuras del marinero Robinson Crusoe. La obra tuvo un gran Г©xito, pues, como dice su autor, В«su invencible paciencia en la peor miseria, su trabajo infatigable y la indГіmita resoluciГіn en las circunstancias mГЎs descorazonadoras que se puedan imaginarВ» hacen de su hГ©roe el sГ­mbolo de la salvaciГіn por el trabajo; lo es tambiГ©n de la lucha del individuo contra la soledad. El hecho de que en la obra no aparezca ninguna mujer y que se mencione a Dios de vez en cuando hizo que esta obra fuese recomendada en los colegios religiosos que la daban a leer a sus alumnos a pesar de que el encuentro de Robinson con el salvaje Viernes no sea precisamente una apologГ­a de la igualdad entre los hombres y de que la obra en general sea, como la llamГі Rousseau, В«el mГЎs bello tratado de educaciГіn naturalВ». Pero el libro se basa en un hecho real. En 1704, el navГ­o Five Ports, al mando del capitГЎn Strading, llevaba como contramaestre a un tal Alejandro Selkirk. A consecuencia de discusiones entre ellos, el capitГЎn decidiГі abandonar a Selkirk en la isla de Juan FernГЎridez, en el ocГ©ano PacГ­fico, hoy perteneciente a Chile. Se llamaba isla de Juan FernГЎndez en honor del explorador espaГ±ol que la descubriГі; mГЎs tarde se llamГі В«MГЎs a TierraВ» y actualmente se denomina Robinson Crusoe, homenaje de Chile al novelesco personaje. Tiene unos 700 habitantes y se encuentra unida al continente por una pequeГ±a lГ­nea marГ­tima y un minГєsculo aeropuerto. Pero sigamos con nuestra historia. Selkirk no fue encontrado hasta cinco aГ±os mГЎs tarde por un barco mandado por el capitГЎn Woodes Rogers, alertado Г©ste por los marineros que habГ­an visto una hoguera en la isla que creГ­an desierta. Rogers, en su diario de a bordo, escribe sobre Selkirk: В«En los primeros momentos que pasГі entre nosotros su alegrГ­a era inmensa, pero en la soledad habГ­a casi olvidado su lengua y nos costГі mucho comprenderle; pronunciaba las palabras lentamente y con gran espacio de tiempo entre una y otra y sin conexiГіn entre ellas. Al cabo de tres dГ­as empezГі a recordar su vocabulario... DeclarГі que le costГі mucho trabajo, durante los primeros ocho meses, combatir la melancolГ­a que le acosaba y que durante mucho tiempo no podГ­a soportar el horror de su soledad.В» El capitГЎn Rogers le enrolГі en su buque y Selkirk volviГі a Inglaterra en 1711. SegГєn parece, Defoe oyГі de sus propios labios el relato de su alucinante aventura y ello le proporcionГі la base de su excepcional novela. El preste Juan de las Indias. Hacia el siglo XI apareciГі en Europa la noticia de que en Asia, no se sabГ­a exactamente dГіnde, habГ­a un reino cristiano, regido por un sacerdote, obispo o cosa parecida. Se localizaba este reino al sur del lago Baikal, en la China. Otros В«viajerosВ» —viajeros sobre el papel— aseguraban que se encontraba en lo que hoy llamamos Irak, IrГЎn y regiones limГ­trofes y, en fin, habГ­a quien lo situaba en la actual Abisinia. Sea como fuere, la leyenda de este rey, a quien se le llamГі В«Preste JuanВ», se hizo popular, y reyes y papas quisieron comunicarse con Г©l. El papa Eugenio III, en 1145, se dirigiГі a los armenios, pues le habГ­an dicho que el Preste Juan, al que, con el desconocimiento de la geografГ­a propia de la Г©poca, se le habГ­a aГ±adido В«de las IndiasВ», era un descendiente de los obispos nestorianos que, allГЎ por el siglo v, hubieron de abandonar Bizancio al ser condenada su doctrina. SegГєn las noticias que habГ­an llegado al sumo pontГ­fice, el Preste Juan gobernaba desde un trono de esmeraldas 100 tribus y tenГ­a a sus Гіrdenes 12 arzobispos y 20 obispos. Se decГ­a tambiГ©n que era descendiente de uno de los reyes magos sin especificar cuГЎl. La carta del papa Eugenio III no tuvo respuesta, como tampoco la que, tiempo despuГ©s, dirigiГі al Preste Juan el papa Alejandro III, en la que invocaba la unidad del cristianismo. Marco Polo hablГі de un tal Uang— Jan, que tal vez se hubiera transformado en Juan al pronunciarse. Recordemos de paso que la palabra Khan —Aga Khan, Ali Khan, Gengis Khan —debe pronunciarse con el sonido de la j espaГ±ola. La grafГ­a Khan nos viene del inglГ©s, que al no poseer el sonido j, y si el de la h aspirada, refuerzan la aspiraciГіn anteponiendo a la h una k. De todos modos, este argumento sГіlo puede aplicarse a la lengua castellana, ya que en latГ­n se la llama Ioannes, en francГ©s Jean, etc. En el siglo XV, el rey de Portugal enviГі a EtiopГ­a a unos mensajeros suyos y allГ­ fueron en 1541 Pedro Covillan y Alonso de Paiva, que trajeron la noticia de que existГ­a una comunidad cristiana importante. La religiГіn oficial era, y es aГєn ahora, o por lo menos en tiempo del Negus, la cristiana copta. Pero del Preste Juan de las Indias nada mГЎs se supo. ANECDOTARIO El gran histГіlogo don Santiago RamГіn y Cajal, premio Nobel de Medicina, no se distinguГ­a precisamente por una oratoria fГЎcil, le costaba expresarse, y sus lecciones, seguidas con atenciГіn por sГіlo algunos alumnos, eran unas condenadas latas que la mayorГ­a procuraba eludir. Un dГ­a don Santiago vio que su clase estaba repleta de estudiantes. Faltaba mucho para los exГЎmenes y no podГ­a atribuir esta afluencia inesperada de estudiantes a ninguna causa visible. Y ello sucediГі dГ­a tras dГ­a, hasta que, curioso, preguntГі a un sobrino suyo que asistГ­a a las clases, si podГ­a explicarle el misterio. —VerГЎ usted, tГ­o. Es que usted tiene la costumbre de repetir la muletilla В«completamenteВ» sin venir a ton ni son y los amigos juegan a pares o impares. Don Santiago callГі y, al dГ­a siguiente, con la clase llena, dio la lecciГіn muy lentamente para que no se le escapara la muletilla. Al dar la hora entrГі el bedel con la consabida frase: —Es la hora, seГ±or catedrГЎtico. Y entonces RamГіn y Cajal terminГі diciendo: —Completamente, completamente, completamente; hoy ganan impares. En un cafГ© de Madrid, cuyo nombre no puedo precisar, se veГ­a cada dГ­a a un seГ±or ya mayor, con barba entrecana, que se pasaba un par de horas leyendo tebeos y revistas infantiles que debГ­an hacerle gracia por la cara que ponГ­a. Unos jГіvenes se burlaban de Г©l al ver que, a su edad, se entretenГ­a en estas cosas. —No se rГ­an —les dijo el camarero—: este seГ±or es don Santiago RamГіn y Cajal, catedrГЎtico y premio Nobel de Medicina. El marquГ©s de Villaurrutia, don Wenceslao RamГ­rez de Villaurrutia —gran diplomГЎtico y gran historiador, ameno como pocos—, fue nombrado jefe de la legaciГіn de EspaГ±a en Constantinopla. Creo que entonces reinaba en TurquГ­a el sultГЎn Abdul Hamid. Villaurrutia tuvo que entrevistarse con el primer emir, hombre ignorante, que no conocГ­a mГЎs lengua que el turco y, al parecer, desconocГ­a hasta la existencia de EspaГ±a; hizo decenas de preguntas. —¿CuГЎl es la capital de EspaГ±a? —Madrid, naturalmente —dijo el marquГ©s. El intГ©rprete tradujo inmediatamente una nueva pregunta. —¿Y cuГЎl es el puerto de Madrid en que han embarcado para venir a Constantinopla? —El puerto de Madrid es el Guadarrama —respondiГі Villaurrutia—, pero he embarcado en Marbella. El emir quedГі satisfecho. Alfredo R. AntigГјedad, en su Anecdotario, tantas veces citado en estas pГЎginas, refiere que el padre Valencina —que ignoro quiГ©n fue, aunque Г©l le llama ameno escritor religioso— fue encargado por una dama de la buena sociedad para que preparase su hija para la primera confesiГіn. La seГ±ora en cuestiГіn, mirando por la inocencia de su hija, encargГі al buen sacerdote que tuviese exquisita prudencia para no escandalizar a la niГ±a. DespuГ©s de la confesiГіn, la madre se dirigiГі al padre: —¿Verdad que es un ГЎngel? ВїNo la habrГЎ escandalizado? A lo que el reverendo respondiГі: —SeГ±ora, el escandalizado he sido yo. No creo en la veracidad de la anГ©cdota pues el secreto de la confesiГіn impide una farsa semejante; pero revela una mentalidad muy de la Г©poca. Hoy las madres no se hacen muchas ilusiones sobre la inocencia de sus hijas. Hoy una madre se dirige a su hija y le dice: —Mira, niГ±a: hoy vamos a hablar de mujer a mujer sobre cosas sexuales. Y la niГ±a responde: —¡Bueno, mamГЎ! ВїQuГ© quieres saber? Porque sin duda sabe mГЎs ella que su madre. Otra niГ±a, despuГ©s que su madre le endilgara una larga conferencia sobre la vida sexual se oyГі responder: —MamГЎ, si todo lo que sabes es esto, comprendo que papГЎ te haya hecho el salto toda la vida. Y es que, antes, habГ­a madres tan ingenuas que hacГ­an vacunar a sus hijas en sitios que creГ­an que no se verГ­an. Y he aquГ­ una anГ©cdota muy reveladora a mi parecer. EugГЁne Scribe, el gran comediГіgrafo francГ©s, cuyas obras eran plagiadas en todo el mundo, se encontrГі un dГ­a con Alfred de Musset, que, aparte de haber sido amante de George Sand, era tambiГ©n un autor que aГєn hoy tiene vigencia, segГєn se puede ver en los programas anuales de la ComГ©die FranГ§aise. —SeГ±or de Musset, sus comedias son encantadoras. ВїCuГЎl es su secreto? —¿Y el suyo, seГ±or Scribe? —Mi secreto consiste en querer divertir al pГєblico. —Pues el miГі es el de querer divertirme yo. Uno y otro sistema son plausibles. Lo que se necesita es genio para aplicarlos. El regente de Francia, Felipe de Orleans, le preguntГі un dГ­a a Fontenelle: —SeГ±or Fontenelle, Вїhay algГєn sistema para saber si unos versos son buenos o malos? —SeГ±or —dijo Fontenelle —decid siempre que son malos, de cien veces noventa y nueve acertarГ©is. Este Fontenelle decГ­a: —Hay tres cosas en este mundo que siempre me han gustado y no he comprendido jamГЎs: la mГєsica, las mujeres y la pintura. Fontenelle, ya que de Г©l hablo, tuvo una vez una respuesta genial. Contaba ya noventa y nueve aГ±os y una dama de la misma edad le dijo: —SeГ±or de Fontenelle, parece que la muerte nos ha olvidado. —¡Chist! No llegГі a cien. QuizГЎ la muerte le recordГі en aquel instante. Una frase de un amigo mГ­o, solterГіn de nacimiento, y a quien una amiga comГєn le recomendaba el matrimonio: «¿El matrimonio? Querida amiga, ya tengo bastante con el adulterio.В» LAS SANGRГЌAS Las sangrГ­as eran, juntamente con las purgas, el curalotodo de tiempos pasados; jГєzguese la afirmaciГіn por estos pГЎrrafos que siguen, escritos por Diego de Torres Villarroel en el siglo XVIII: В«Bajo de la aprehensiГіn de ser hipocondriaco, el efecto que yo padecГ­a, dispusieron barrer primeramente los pecados gordos de mis humores con el escobГіn de algunos purgantes fuertes, para que como prГіlogos fuesen abriendo el camino a las medicinas antihipocondriacas y contraescorbГєticas, que andan envueltas las unas con las otras. La primera purga fue la regular del ruibarbo, manГЎ, cristal tГЎrtaro y el agua de achicorias, cuya composiciГіn se apellida entre los de la farГЎndula el agua angГ©lica. DetrГЎs de Г©sta, siguieron de reata cuatrocientas pГ­ldoras catГіlicas; y pareciГ©ndoles que no habГ­a purgado bien sus delitos mi estГіmago, a pocos dГ­as despuГ©s me pusieron en la angustia de cagar y sudar a unos mismos instantes, que estos oficios producen las aguas de eserdero, cuya virtud o malicia llaman los autores ambidextrae. Finalmente yo traguГ© en veinte dГ­as, por su mandato, treinta y siete purgantes, unos en jigote, otros en albondiguillas, otros en carnero verde y en otros diferentes guisados, y el dolor cada vez se radicaba con mayor vehemencia. В»DejГЎronme estas primeras preparaciones lГЎnguido, pajizo y tan arruinado, que sГіlo me diferenciaba de los difuntos en que respiraba a empujones y hacia otros ademanes de vivo, pero tan perezosos, que era necesario atisbar con atenciГіn para conocer mis movimientos: si intentaba mover algГєn brazo o pierna, no bien les habГ­a hecho perder la cama, cuando al instante se volvГ­a a derribar, como si fuera de goznes. В»ViГ©ndome tan tendido y tan quebrantado, mudaron los mГ©dicos la idea de la curaciГіn, y a pocos dГ­as pegaron detrГЎs de mГ­, y los materiales delincuentes que habГ­an buscado en el estГіmago e hipocondrios, los inquirieron en la sangre a cuyo fin me horadaron dos veces los tobillos; y estas dos puestas en el nГєmero de las antecedentes, hacen las ciento y una sangrГ­as que dejo declaradas. Parecioles corta la evacuaciГіn, y me coronaron de sanguijuelas la cabeza y me pusieron otras seis por arracadas en las orejas y por remate, un buen rodancho de cantГЎridas en la nuca. В»Yo quisiera que me hubiesen visto mis enemigos; pues no dudo que se hubieran lastimado sus duros corazones al mirar la figura de mi espectГЎculo sangriento. El rostro estaba empapado en la sangre que habГ­an escupido del celebro las sanguijuelas que mordГ­an de su redondez; la gorja, los hombros, los pechos y muchos retazos de la camisa, disciplinados a chorreones con la que desguazaba de las orejas. CuГЎl quedarГ­a yo de dГ©bil, desfigurado y abatido, considГ©relo el lector, mientras yo le aseguro que ya no podГ­a empujar los sollozos y que lleguГ© a respirar quasi las Гєltimas agonГ­as; yo me vi mГЎs hacia el bando de la eternidad que en el mundo. Yo perdГ­ el juicio que tuve que perder; que, aunque era poco, yo me bandeaba con Г©l entre las gentes. La memoria se arruinГі en tal grado de perdiciГіn, que en mГЎs de dos meses de esta gran cura, no pude referir el padrenuestro, ni otra de las oraciones de la iglesia, en latГ­n ni en romance. En fin, todo lo perdГ­, menos el dolor de cabeza; antes iba tan en aumento, que pareciГі que las diligencias de la curaciГіn se dirigГ­an mГЎs a mantenerlo que a quitarlo. В»Estudiaban los mГ©dicos, en los capГ­tulos de sus libros, disculpas para mis disparates. Palpaban con sus ojos mi estado deplorable y sus errores. ConocГ­an las burlas que, de sus recetas, sus aforismos y sus discursos, les hacГ­a mi naturaleza y mi dolor, y con todos estos desengaГ±os, jamГЎs les oГ­ confesar su ignorancia.В» Un viejo cirujano del siglo XVII contaba sus primeros ensayos: —En la primera amputaciГіn que tuve que hacer, estuve tan nervioso que cometГ­ un error. —¿Fue grave? —¡Oh, no! Me equivoquГ© de pierna. A esta historia corresponde un chiste de hoy: —¡CГіmo, doctor! —exclama el paciente—. ВїOtra operaciГіn? —No, no es nada. Es que me olvidГ© de poner en su sitio una cosita... Bien es verdad que con los modernos mГ©todos las cosas son muy diferentes. Un padre joven contaba a un grupo de amigos lo mal que lo habГ­a pasado cuando naciГі su hijo. Tanto se lamentaba que, al fin, una joven comadrona se decidiГі a preguntarle: —Pero ВїquiГ©n ha tenido el niГ±o: su mujer o usted? El marido dirigiГі una mirada rГЎpida a su esposa. —Ella —prosiguiГі muy serio—, pero la anestesiaron. AdemГЎs muchas veces los problemas son muy distintos. QuiГ©n hubiera pensado hace aГ±os en los que producirГ­a la cirugГ­a estГ©tica. Y esto me recuerda que una popular vedette tuvo que ser operada de apendicitis. RealizГі la intervenciГіn un famoso cirujano, y aГєn estaba convaleciente la enferma, cuando preguntГі, con ansiedad, al galeno: —Y dГ­game, doctor: Вїse me verГЎ la cicatriz cuando estГ© completamente curada? —¡Oh, seГ±orita! —contestó—. Eso depende exclusivamente de usted. Con la anestesia es imposible que pase lo que le sucediГі a un cirujano de principios del siglo pasado, mГ©dico de talento, pero muy rudo y brutal, que cierto dГ­a hizo a un enfermo una operaciГіn larga y dolorosa. —Usted debe tomarme por un carnicero —dijo luego al paciente. —¡Oh, no! —contestГі Г©ste—. Los carniceros matan antes de despellejar. Y, en cambio, puede suceder lo que sigue: El enfermo, receloso, pregunta intranquilo: —Usted me asegura que la operaciГіn irГЎ bien, pero... Вїy si se equivoca? —¡Oh! No se preocupe. Si me equivoco..., usted no se enterarГЎ de nada. LOS ABOGADOS La gente tiene una idea muy particular de los abogados; para ella es gente que sГіlo sirve para hablar y enredar. Ya Rousse se indignaba justamente contra la leyenda de los abogados parlanchines: В«En este desbordamiento de discursos vanos o de mortales sofismas, en esta furia de figurar y hablar a que este paГ­s se ve arrastrado sin remedio y en el que estГЎ acabando hoy de perderse, es cГіmodo hacer de los abogados los testaferros de todas sus faltas y de todas sus locuras. ВЎEl imperio de los abogados, el gobierno de los abogados! ВЎComo si los abogados fuesen los Гєnicos que hablaran en este paГ­s en que nadie sabe callar!В» (Rousse es francГ©s, pero sus palabras pueden aplicarse sin ninguna variaciГіn a EspaГ±a. ВЎCГіmo nos gusta hablar a los espaГ±oles!) Y Rousse concluГ­a con esta afirmaciГіn, a primera vista paradГіjica, de que por el contrario: В«El abogado es quien hoy habla menos.В» Al escribir esto, pienso en la multitud de chicos que reciГ©n terminado el bachillerato entran como alumnos en la Facultad de Derecho sГіlo porque parece que tienen facilidad de palabra y un cierto desparpajo. El coro familiar los acompaГ±a: «¡Con lo que te gusta hablar, harГЎs un abogado de primera! ВЎCon tu palabrerГ­a los vas a dejar turulatos!В» Y al pobre estudiante se le atraviesan el Digesto y las Pandectas, tropieza con el Derecho Civil y el Administrativo, no siente el menor interГ©s por los CГіdigos ni la Ley Hipotecaria, y en el mejor de los casos aprueba a trompicones los varios cursos de la carrera y sale de la universidad convertido en licenciado en derecho y dedicado a aumentar el nГєmero de los fracasados. ВЎUn agricultor, un comerciante perdido que quizГЎ hubiese llegado! CuГЎnta razГіn tenГ­a Quevedo: В«-Dime, Вїhay letrados? »—Hay plaga de letrados —dije yo—. No hay otra cosa sino letrados. В»Porque unos lo son por oficio, otros lo son por presunciГіn, otros por estudio, y dГ©stos pocos, y otros (Г©stos son los mГЎs) son letrados porque tratan con otros mГЎs ignorantes que ellos (en esta materia hablГ© como apasionado), y todos se gradГєan de doctores y bachilleres, licenciados y maestros, mГЎs por los mentecatos con quien tratan que por las universidades, y valiera mГЎs a EspaГ±a langosta perpetua que licenciados al quitar. »—Por ninguna cosa saldrГ© de aquГ­ —dijo el nigromГЎntico—. ВїEso pasa? Ya yo los temГ­a, y por las estrellas alcancГ© era desventura, y por no ver los tiempos que han pasado embutidos de letrados me acecinГ© en esta redoma, y por no los ver me quedarГ© hecho pastel en bote. В»RepliquГ©: »—En los tiempos pasados, que la justicia estaba mГЎs sana, tenГ­a menos doctores, y hala sucedido lo que a los enfermos, que cuantas mГЎs juntas de dotores se hacen sobre Г©l, mГЎs peligro muestra y peor le va, sana menos y gasta mГЎs. La justicia, por lo que tiene de verdad, andaba desnuda; ahora anda empapelada como especias. Un Fuero Juzgo con su maguer y su cuerno, y comusco y faciamus era todas las librerГ­as. Y aunque son voces antiguas, suenan con mayor propiedad, pues llaman sayГіn al alguacil y otras cosas semejantes. Ahora ha entrado una cГЎfila de Menoquios, Surdos y Fahos, Farinacios y Cujacidos, consejos y decisiones y respomiones y lecciones y meditaciones. Y cada dГ­a salen autores y cada uno con tres volГєmenes. Doctores Putei, I. 6, vol, I, 2, 3, 4, 5, 6 hasta 15; Licenciati Abbatis De Usuris; Petri Cusqui in Codicem; Rupis, Brutiparcin, Castani; Montocanense De Adulterio et Parricidio; Cornazaro, Rocabruno, etcГ©tera. Los letrados tienen cimenterio por librerГ­a, y por ostentaciГіn andan diciendo: "Tengo tantos cuerpos." Y es cosa brava que las librerГ­as, de los letrados, todas son cuerpo sin alma, quizГЎ por imitar a sus amos. No hay cosa en que no nos dejen tener razГіn; sГіlo lo que no dejan tener a las partes es el dinero, que le quieren ellos para sГ­. Y los pleitos no son sobre si lo que deben a uno se lo han de pagar a Г©l, que eso no tiene necesidad de preguntas y respuestas; los pleitos son sobre que el dinero sea de letrados y del procurador sin justicia, y la justicia sin dinero de las partes. ВїQuerГ©is ver quГ© tan malos son los letrados? Que si no hubiera letrados, no hubiera porfГ­as; y si no hubiera porfГ­as no hubiera pleitos; y si no hubiera pleitos, no hubiera procuradores; y si no hubiera procuradores, no hubiera enredos; y si no hubiera enredos, no hubiera delitos, no hubiera alguaciles; y si no hubiera alguaciles, no hubiera cГЎrcel; y si no hubiera cГЎrcel no hubiera jueces, y si no hubiera jueces, no hubiera pasiГіn; y si no hubiera pasiГіn, no hubiera cohecho. Mirad la retahГ­la de infernales sabandijas que se produce de un licenciadito, lo que disimula una barbaza y lo que autoriza una zorra. LlegarГ©is a pedir un parecer, y os dirГЎn: »—Negocio es de estudio. Diga vuesamerced que ya estoy al cabo. Habla la ley en propios tГ©rminos. В»Toman un quintal de libros, danle dos bofetadas hacia arriba y hacia abajo, y leen de priesa, arremendando un abejГіn; luego dan un gran golpe con el libro patas arriba sobre una mesa, muy esparrancado de capГ­tulos, y dicen: »—En el propio caso habla el jurisconsulto. Vuesamerced me deje los papeles, que me quiero poner bien en el hecho del negocio, y tГ©ngalo por mГЎs que bueno, y vuГ©lvase por acГЎ maГ±ana en la noche. Porque estoy escribiendo sobre la terruta de Trasbarras; mГЎs por servir a vuesamerced lo dejarГ© todo. В»Y cuando al despediros le querГ©is pagar, que es para ellos la verdadera luz y entendimiento del negocio que han de resolver, dice, haciendo grandes cortesГ­as y acompaГ±amientos: »—¡JesГєs, seГ±or! В»Y entre JesГєs y seГ±or alarga la mano, y para gastos de pareceres se emboca un doblГіn. »—No he de salir de aquГ­ —dijo el nigromГЎntico— hasta que los pleitos se determinen a garrotazos. Que en el tiempo que por falta de letrados se determinaban las causas a cuchilladas, decГ­an que el palo era alcalde, y de ahГ­ vino: JГєzguelo el alcalde de palo. Y si he de salir, ha de ser sГіlo a dar arbitrio a los reyes del mundo; que quien quisiere estar en paz y rico, que pague los letrados a su enemigo para que lo embelequen y roben y consuman.В» (Quevedo. Visita de los Chistes.) BATIBURRILLO Dice el Diccionario de la Academia: Batiburrillo; Baturrillo, y en esta voz la define asГ­: В«(de batir, mezclar, revolver) m. Mezcla de cosas que desdicen entre sГ­. Гљsase mГЎs tratando de guisados, fig y fam. En la conversaciГіn y los escritos, mezcla de expresiones inconexas y que no vienen a propГіsitoВ». Doy, pues, cabida en este capitulillo a una serie de respuestas a oyentes o anГ©cdotas sueltas que creo que pueden ser amenas y que no tienen otro nexo entre sГ­ que el de haber sido radiadas en algunas ocasiones. ВїEl aГ±o bisiesto ocurre cada cuatro aГ±os? Aproximadamente, sГ­. En principio es aГ±o bisiesto todo aquel cuya cifra es divisible por cuatro. En los aГ±os que rematan un siglo son solamente bisiestos aquellos en que las dos primeras cifras son divisibles por cuatro, por ejemplo, 1200, 1600, 2000, 2400, etc. Ahora bien, los otros, como 1900, no son bisiestos. El aГ±o 2000 lo serГЎ. Que vivamos para verlo. ВїCuГЎndo empieza el siglo XXI? Г‰sta es una pregunta que se me ha hecho repetidas veces. Vamos a empezar por otra pregunta: ВїcuГЎndo tiene usted cien pesetas? Respuesta: cuando ha llegado a la cifra 100, luego el segundo centenar de pesetas empezarГЎ con la peseta 101. Lo mismo ocurre con los siglos que son centenares de aГ±os en vez de serlo de pesetas. El aГ±o 2000 serГЎ el Гєltimo aГ±o del siglo XX y el 2001 el primero del siglo XXI. Pero ya serГЎn ustedes, espero que lo veamos, cГіmo al llegar al cambio de cifra habrГЎ gente que dirГЎ «¡Entramos en el siglo XXI!В» FascinaciГіn del dos mil. Lo celebraremos sin duda —por lo menos asГ­ lo espero—; pero celebraremos el cambio de nГєmero ВЎ2000!, no el cambio de siglo, que serГЎ al aГ±o siguiente. ВїDe dГіnde viene la palabra В«bigoteВ»? Antes de que me hicieran esta pregunta, el origen de la palabra lo tenГ­a muy claro. Cuando Carlos I llegГі a EspaГ±a iba acompaГ±ado por una serie de caballeros flamencos y alemanes que venГ­an a nuestra patria con grandes Г­nfulas y como paГ­s conquistado. El bigote era una de sus caracterГ­sticas, pues empezaba a estar de moda en la sociedad alemana por influjo de los lansquenetes o soldados mercenarios, muchos de ellos de origen bajo alemГЎn o suizo. Su aire de superioridad y su fГЎcil blasfemia herГ­an la sensibilidad de los espaГ±oles, que oГ­an continuamente la expresiГіn bey Gott!, equivalente al nuestro «¡Vive Dios!В», al propio tiempo que afilaban sus apГ©ndices pilosos del labio superior. De aquГ­ la palabra bigot, pero como se usaba con anterioridad todo hace suponer que tal palabreja debiГі llegar a EspaГ±a con los caballeros que entraron en ella con Felipe el Hermoso. De todos modos, el origen germГЎnico parece indudable. ВїY mostacho? Esto es mГЎs fГЎcil. Deriva del francГ©s moustache, que, segГєn Dauzat en su Dictionnaire Г©tymologique, tiene su origen a finales del siglo XV del italiano mostaccio llegado a Venecia con la moda del bigote del bajo griego mustaki en griego clГЎsico mustak, labio superior, en dialГ©ctico dГіrico y no olvidemos los versos de Moratin: AdmirГіse un portuguГ©s de ver que en su tierna infancia, todos los niГ±os, en Francia, sabГ­an hablar francГ©s. — Arte diabГіlica es — dijo, torciendo el mostacho—, que para hablar en gabacho un hidalgo en Portugal llegue a viejo y lo hable mal y aquГ­ lo parla un muchacho. Por cierto que en Portugal todos los chistes que nosotros atribuimos a los portugueses —«O Terror dos maresВ»..., etc.—, los atribuyen a los espaГ±oles. Curioso, Вїno? ВїCГіmo se puede definir el amor? Yo no creo en Г©l, pero me gustarГ­a saber quГ© es. ВЎAy, amigo mГ­o! Lo siento por usted, pero el amor es la cosa mГЎs maravillosa del mundo. Llega no se sabe cГіmo y se va no se sabe por quГ©. Un escritor italiano, Guglielminetti, dijo que В«el amor es la necesidad humana que mГЎs se parece al hambreВ». Otro escritor italiano afirmГі que В«el amor es un sueГ±o y no debe creerse en los sueГ±osВ». Pero a este respecto le voy a contar un apГіlogo chino. Su autor dice: В«Una vez yo, Chang Tou, soГ±Г© que era una mariposa que vagaba de un lado a otro. Me daba cuenta de que seguГ­a mi fantasГ­a y mis deseos de mariposa e ignoraba y desconocГ­a mi calidad de hombre. De improviso despertГ© y volvГ­ a ser yo. Y ahora no sГ© si era un hombre que soГ±aba ser mariposa o soy una mariposa que estГЎ soГ±ando ser hombre.В» En griego, psichГ© tenГ­a el doble significado de alma y mariposa. ВїQuiГ©n sabe? ВїQuiГ©n dijo la frase В«despuГ©s de mГ­ el diluvioВ»? Se atribuye la desdichada frase a Luis XV de Francia, pero es seguro que jamГЎs la pronunciГі. Se dice que en un momento de desaliento, cuando se encontraba frente al Parlamento, dijo: «¡Bah!... Las cosas durarГЎn por lo menos tanto como nosotros.В» En la Encyclopedie des citations, de P. DurГ©, se afirma que quien pronunciГі dichas palabras fue Jeanne— Antoinette Poisson, mГЎs conocida por su tГ­tulo de marquesa de Pompadour, en noviembre de 1757, despuГ©s de la derrota de Rossbach, ante el pintor La Tour, que pintaba el retrato de la favorita. Como viese al rey entristecido le dijo: В«No os aflijГЎis demasiado. AcabarГ©is enfermo. ВЎDespuГ©s de nosotros el diluvio!В» ВїQuГ© origen tienen el yugo y las flechas que usaba la Falange? Parece mentira que, a estas alturas, se me haga una pregunta semejante. Durante cerca de cuarenta aГ±os se nos ha enseГ±ado y repetido que eran el emblema de los Reyes CatГіlicos. La Falange no inventГі nada, sino que lo adoptГі como significaciГіn de su intento de volver a EspaГ±a al momento culminante de su gloria. Para que nadie dude del origen del yugo y las flechas, copio del libro El Trivio y el Cuadivirio, de JoaquГ­n Bastus, editado en Barcelona en 1862, es decir, mucho antes de que se inventara la Falange, las lГ­neas que siguen. Se refiere a una costumbre de los esposos en el siglo XV. В«SolГ­a tomar cada uno de los esposos una empresa o blasГіn cuya inicial correspondГ­a al nombre del otro; por ejemplo: elegГ­a una Mariposa o una Manopla el caballero cuya esposa se llamaba MarГ­a y Г©sta adoptaba la de un Capacete o un CorazГіn, cuyas respectivas iniciales M y C correspondГ­an a MarГ­a y Carlos, Mariposa y Capacete o Manopla y CorazГіn. В»Ovando, en sus quincuagenas, hablando de los Reyes CatГіlicos dice: "Entre otras pequeГ±as pruebas del mutuo afecto que se profesaban Fernando e Ysabel (sic) puede mencionarse que no sГіlo en la moneda pГєblica, sino aun en sus efectos particulares, en los libros y otros artГ­culos de su propiedad personal, se veГ­an estampadas juntas las iniciales F. Y., o bien el blasГіn de sus empresas que eran la del Rey un Yugo y la de la Reina un haz de Flechas."В» Quien visite San Juan de los Reyes, en Toledo, o cualquier otro lugar mandado construir por los Reyes CatГіlicos verГЎ dicho emblema repetido hasta la saciedad. A veces, el yugo y las flechas van unidos, otras separados. Unas veces las flechas son tres, cinco o seis, pero el emblema se mantiene. Por cierto que, en ParГ­s, me sorprendiГі ver el yugo y las flechas en la verja de un palacete de la Avenue Marigny, a la izquierda segГєn se sube, partiendo de la Avenue des Champs ElysГ©es. Parece ser que perteneciГі a un miembro de la familia Rothschild casado con una sefardita. ANECDOTARIO Abauzit fue un cГ©lebre escritor y teГіlogo protestante francГ©s, nacido en 1679 en UzГ©s y fallecido en Ginebra en 1767. Se habГ­a refugiado en esta ciudad huyendo de la persecuciГіn catГіlica contra los hugonotes. Un dГ­a contratГі una sirvienta nueva que tomГі tan a pechos su cometido que quiso poner en orden todas las cosas de la casa, empezando por el despacho del escritor. Tal lo hizo que Abauzit le preguntГі: —¿QuГ© has hecho con los papeles que estaban encima de esta mesa? —Pues, seГ±or, los encontrГ© tan sucios y polvorientos que los echГ© al fuego y en su lugar puse estos que estГЎn limpios. Abauzit la mirГі unos momentos y, sobreponiГ©ndose, le dijo: —Has destruido el resultado de veinte aГ±os de trabajo. En adelante no toques ningГєn papel. Y eso fue todo. Un gran ejemplo de paciencia cristiana. Alejandro Magno increpaba a un pirata que habГ­a capturado echГЎndole en cara su profesiГіn. —Soy pirata —se oyГі responder— porque no tengo mГЎs que un barco. Si tuviera una flota, serГ­a un conquistador. Alejandro le dejГі en libertad. Se reprochaba a CicerГіn que a sus sesenta aГ±os se casara con una joven chiquilla. —Pero si es una niГ±a —le dijeron. —MaГ±ana serГЎ mujer —respondiГі. Esta anГ©cdota me recuerda otra de Paracelso —su verdadero nombre era Felipe Aurelio Teofrasto Bonbast de Hohenheim, lo que ya es bastante para un hombre solo—, mГ©dico, alquimista, quГ­mico, filГіsofo y mago suizo-alemГЎn, que viviГі a comienzos del siglo XVI. Se cuenta que un dГ­a estaba meditando sentado en el pretil de un puente cuando acertГі pasar por allГ­ una muchacha. —Buenas tardes, niГ±a —le dijo Paracelso. Dos horas mГЎs tarde la muchacha estaba de vuelta. Paracelso la mirГі. —Buenas tardes, mujer —la saludГі. Con una sola mirada habГ­a adivinado lo sucedido en aquel par de horas. Menos mal que este don de adivinaciГіn no se da en todos los padres. ВЎ La de disgustos que se llevarГ­an! Luis XV de Francia preguntГі un dГ­a a Caraccioli, embajador de NГЎpoles en ParГ­s: —Y aquГ­, en ParГ­s, ВїhacГ©is el amor? —No, seГ±or; lo compro hecho. HallГЎndose en MГ©xico el gran poeta JosГ© Zorrilla entrГі por curiosidad en un teatro donde estaban representando el Tenorio. Los actores lo hacГ­an tan mal que no pudo aguantar mГЎs y se levantГі diciendo: —¡Bandidos! ВЎEsto no es el Tenorio ni nada que se le parezca! —Usted, cГЎllese. —No me da la gana. Eso es una porquerГ­a. —CГЎllese de una vez. Usted no tiene idea de lo que es el Tenorio. Zorrilla quedГі un momento cortado. —¿Que no? Si lo he parido yo. Soy Zorrilla, el autor de la obra que ustedes estГЎn asesinando. La historia no dice cuГЎl fue la reacciГіn de los comediantes. Del general Valeriano Weyler y de su tacaГ±erГ­a se han contado multitud de anГ©cdotas. Transcribo dos que, aunque las he visto atribuidas a otros personajes, me fueron contadas por su nieto del mismo nombre y apellido, cuando, en 1939, hacГ­amos el servicio militar en Cartagena. Un dГ­a, uno de sus hijos le pidiГі dinero para comprarse unos pijamas. —¿Pijamas? ВїY quГ© es eso? —Es para dormir. —Para dormir, le que se necesita es sueГ±o. Y no soltГі una peseta. Otro dГ­a otro hijo, o el mismo, le enviГі una carta en la que le pedГ­a 500 pesetas. La contestaciГіn fue: В«Te envГ­o las 50 pesetas que me pides y te advierto que cincuenta se escribe con un solo cero.В» Un escritor inglГ©s —¿Wells? — entrГі en un restaurante y pidiГі un cuarto de pollo. Al pedir la nota vio que le cargaban un pollo entero. LlamГі al maitre. —Oiga usted. He comido un cuarto de pollo y me cobran un pollo entero. —Es la costumbre de la casa. El escritor se lo tomГі con filosofГ­a. —Menos mal que no he pedido un plato de ternera. Creo haber encontrado en un libro del siglo XVIII el origen de un chiste cГ©lebre. El duque de Guisa, que no ignoraba el hecho de que su esposa mantenГ­a relaciones amorosas con otro cortesano, se enterГі de que tenГ­a un segundo amante. Al encontrar al primero en el Louvre le dijo: —Querido amigo, creo que mi mujer nos engaГ±a. Otra anГ©cdota del galante siglo XVIII francГ©s. El marquГ©s de Roquemont, que tenГ­a una esposa muy frГ­vola, se acostaba cada mes con ella una vez. Al terminar le decГ­a: —Ya he cumplido. Ahora quien llegue que plante. Don JosГ© SГЎnchez Guerra, el conocido polГ­tico de los tiempos de Alfonso XIII, era hombre muy sincero y, al propio tiempo, de una refinada galanterГ­a. Un dГ­a, en una cena advirtiГі al otro lado de la mesa a un personaje con el que habГ­a mantenido unas acres discusiones polГ­ticas. DejГЎndose llevar por su franqueza, le dijo a la seГ±ora que estaba a su lado: —Aquel individuo que estГЎ allГ­ es uno de los que mГЎs odio. —Caballero —dijo la seГ±ora—, aquel seГ±or es mi marido. Y arreglando la plancha, respondiГі SГЎnchez Guerra: —Lo sГ©, seГ±ora. Precisamente por ello le odio. Y la seГ±ora no tuvo otro remedio que sonreГ­r. He aquГ­ la arenga que el entonces aГєn no duque de Wellington dirigiГі, por escrito, a sus tropas antes del combate de Torres Vecras, en Portugal: В«Soldados. EstГЎis bien mantenidos. AsГ­, el que falte a su deber serГЎ fusilado. Vuestro general, Wellesley.В» Ernest Psichari, el cГ©lebre escritor catГіlico francГ©s, autor de El viaje del centuriГіn, en el que narra el proceso de su conversiГіn al catolicismo, era nieto de Ernest RenГЎn y de Anatole France. Г‰ste le presentaba a sus amigos diciendo: —Les presento a Ernest Psichiari. Es nieto mГ­o y de RenГЎn. Naturalmente es un joven reaccionario. El papa LeГіn X recibiГі un dГ­a la visita de un alquimista llamado Aurelio Augurelli, que le dedicГі un poema, pues tambiГ©n se las daba de poeta, titulado Chrysopoeia, que es el nombre griego que los antiguos alquimistas daban al arte de fabricar oro. El papa hojeГі el libro y, cuando su autor se las prometГ­a muy felices pensando en la recompensa que recibirГ­a, oyГі que el pontГ­fice le decГ­a: —¿Conque sabes fabricar oro? Pues mando que te den un gran saco vacГ­o para que puedas llenarlo con Г©l. En un teatro madrileГ±o se estaba ensayando una obra de Sinesio Delgado, que, por desgracia, no era ningГєn portento. Actuaba como protagonista el actor Juan BonafГ©, hombre chistoso y encantador, pero que en aquellos ensayos no daba pie con bola. Sinesio Delgado se lo reprochГі: —¡Hombre, BonafГ©! ВїCГіmo es que tГє que en la vida corriente eres tan chispeante y gracioso y aquГ­ estГЎs tan desangelado? —VerГЎ usted, Sinesio, es que en la vida el texto es mГ­o. Un cГ©lebre ganadero sevillano fallecido hace tiempo y que respondГ­a a las iniciales F. U. era tan obeso que su gordura era proverbial en la ciudad. Un dГ­a se encontraba en el CГ­rculo de Labradores de Sevilla, viendo pasar a la gente, cuando una gitana se parГі frente a la cristalera del CГ­rculo mirГЎndole atentamente. F. U. se amoscaba poco a poco viendo a la gitana embobada contemplГЎndole. Iba ya a decirle algo cuando la gitana, dando un golpe al vidrio, le dijo: —Oiga usted. Este cristal Вїes de aumento? LOS MГ‰DICOS CALUMNIADOS Refiere un cuento del siglo XVIII que un joven iba a casarse. Al confesarse, viendo el sacerdote que no tenГ­a mucha prГЎctica en hacerlo, quiso ayudarle. —Veamos, hijo mГ­o: Вїhas mentido? —Padre, no soy abogado. —¿Has robado? —Padre, no soy comerciante. —¿Has matado? —¡Ay, padre! Eso sГ­, soy mГ©dico. La acusaciГіn (dirГ­a calumnia, si no hubiГ©semos quedado ya en que Г©sta era obra de buen humor) es muy antigua. Se dice en un cuento medieval que discutГ­an un abogado y un mГ©dico sobre la preeminencia en el paso y decidieron someterse a la decisiГіn de un filГіsofo, que la otorgГі al abogado diciendo: —Primero que pase el ladrГіn y luego le siga el verdugo. Y mГЎs anteriormente, nuestro compatriota Marcial se habГ­a ensaГ±ado con la profesiГіn mГ©dica. AsГ­, dice contra Diaulo: Chirurgus fuerat nunc est vespillo Diaulus. Coepit que poterat, clinicus esse modo. La gracia de esta composiciГіn es intraducible al castellano, pues estГЎ en el equГ­voco que resulta de la palabra clinicus, que deriva de la griega Kline, que significa cama y tambiГ©n ataГєd, por lo cual podrГ­a, con alguna libertad, decirse: В«Diaulo era cirujano y se ha hecho enterrador; adoptГі el modo que pudo de seguir sirviendo a la clГ­nica, como clГ­nico.В» Otra vez dice (lo dejo en latГ­n por ser de fГЎcil traducciГіn): NupareratmedicusnuncestvespilloDiaulus quod vespillo facit, fecerat et medicus. Y contra HermГіcrates: В«Se baГ±Гі con nosotros; cenГі alegre en nuestra compaГ±Г­a y esta maГ±ana le han encontrado muerto en el lecho. Me preguntas, Faustino, ВїcuГЎl pueda ser la causa de esta muerte repentina? HabrГЎ soГ±ado con su mГ©dico HermГіcrates.В» El rey Federico de Prusia permitГ­a muchas familiaridades a sus cortesanos. El general Quintus Icilius era quien se aprovechaba mГЎs de este permiso. Antes de la batalla de Rossbach, dijo el rey que si la perdГ­a se retirarГ­a a Venecia para allГ­ ejercer la medicina. Quintus sГіlo dijo: —Siempre asesino. AsГ­ lo explica Chamfort. Lo que coincide con el pensamiento de aquel hombre a quien le habГ­an quitado el empleo y dijo en una reuniГіn: —Pues parece nada, y eso va a costar la vida a centenares de personas. SГєpolo la policГ­a, le mandГі llamar y le preguntГі quГ© habГ­a querido decir con aquella amenaza. —Yo no amenazo a nadie —dijo el cesante—, pero como he quedado sin empleo, volverГ© a ejercer la medicina, que es mi carrera. HerГЎclito dice: В«Es una impiedad, el mentir diciendo que se tiene una ciencia que no se posee, matar hombres so pretexto de ejercer un arte, difamar de este modo el arte o la naturaleza. Alabarse de ignorancia es una verdadera vergГјenza. Pero alabarse de poseer una ciencia que no se tiene es todavГ­a mayor vergГјenza. ВїY por quГ© complacerse en mentir? ВїPor adquirir malamente el dinero? Mejor serГ­a que lo mendigaran francamente. QuizГЎ asГ­ se tendrГ­a lГЎstima de ellos. Ahora se les maldice como impostores y seres peligrosos.В» Hay quien, participando de estas mismas ideas, cree que al fin y al cabo los mГ©dicos son un bien para la humanidad. Durante una recepciГіn dada por el papa Alejandro VI, se comentaba si era necesario que hubiese mГ©dicos o no. Muchos de los asistentes a la fiesta opinaban que no, argumentando que Roma estuvo 600 aГ±os sin mГ©dicos. Entonces intervino el papa: —Yo difiero de este criterio, seГ±ores —dijo—. Creo que es necesaria la existencia de facultativos, porque sin ellos crecerГ­a tanto la poblaciГіn que no se cabrГ­a en el mundo. Como mГ©todo maltusiano no estГЎ mal. Y como eliminaciГіn de elementos desagradables, tampoco. AsГ­ lo demuestra la siguiente anГ©cdota que nos cuenta Stendhal. A los ojos de los romanos ninguna calamidad podГ­a igualar a la de ver suceder al amable papa LeГіn X a Adriano VI, que no conocГ­a su lengua y no sentГ­a ningГєn interГ©s por la poesГ­a o el arte. La noticia de la muerte de Adriano fue seГ±al de la alegrГ­a mГЎs intensa y al dГ­a siguiente se encontrГі en la puerta de la casa de su mГ©dico, Giovanni Antracini, un cartel con la inscripciГіn: В«El pueblo romano al liberador de la patria.В» Si esta vez fue burla del populacho, en ocasiГіn de la muerte del papa Marcelo II, la acusaciГіn de un crimen se cebГі sobre su archiatro. El papa Marcelo famoso por su horror al nepotismo y por haber dado su nombre a la misa de Palestrina sucumbiГі de apoplejГ­a, como Inocencio VII, Paulo II y LeГіn X. DГ­jose que la desgracia habГ­a sobrevenido porque su cirujano de cГЎmara habГ­ale envenenado una llaga antigua que venГ­a sufriendo a consecuencia de una caГ­da del caballo. Para comprender la magnitud de la calumnia y desvanecerla, bastarГЎ decir que el acusado profesor era el celebГ©rrimo cirujano Giacomo Rastelli, facultativo capaz y honrado del cГіnclave de Adriano VI, de Clemente VII, Paulo III y Julio III, todos anteriores a Marcelo II, y despuГ©s de Г©ste continuГі en su destino con Paulo IV y PГ­o IV. Acusaciones como las que anteceden tuvieron su origen en problemas polГ­ticos y de Estado. Otras veces ha sido la enemistad o rivalidad profesional las que han dado lugar a ellas. Y, en fin, en la mayorГ­a de los casos no han pasado de ser meras bromas literarias. BretГіn de los Herreros y el doctor Pedro Mata vivГ­an en la misma casa. Como la gente se equivocaba, Mata, enfadado, colocГі un letrero en la puerta que decГ­a: En esta mi habitaciГіn no vive ningГєn BretГіn. A lo que contestГі BretГіn de los Herreros: Vive en esta vecindad cierto mГ©dico poeta que al pie de cada receta pone Mata, y es verdad. El doctor Cortezo al comentar esta anГ©cdota recuerda que el famoso doctor Mata lo era por sus estudios de aplicaciГіn a la prГЎctica forense, pero no ejercГ­a la medicina prГЎctica, ni recetaba, con lo cual estaba dicho que mal podГ­an matar sus recetas; pero el apellido se prestaba a la sГЎtira, y el satГ­rico de profesiГіn, como el chistoso por hГЎbito, antes dejan sin vida a la justicia, que sin brillo y sin luz a un donaire. A Г©l replicГі el aludido con otra redondilla en la que recordando el desgraciado defecto fГ­sico de BretГіn, nada menos que de vГ­bora y de mГЎs venenoso que ella se le calificaba. Los mГ©dicos griegos introducidos en Roma por la moda y por el charlatanismo excitaban a Plinio, quien con frecuencia citaba la famosa carta de CatГіn el Viejo a su hijo, de la cual tantas veces se hace referencia, y este odio a los curanderos bГЎrbaros se condensa en el retrato que en el libro XXIX hace de ellos: В«El mГ©dico es el Гєnico artista a quien creemos por su palabra; es creГ­do, desde el momento en que se llama mГ©dico y, sin embargo, no hay arte en que la impostura tenga peores consecuencias; no pensamos en ello por ser tan grande el encanto que para nosotros tiene la esperanza de recobrar la salud. Por lo demГЎs, ninguna ley nos ampara para castigar su ignorancia que ocasiona la muerte, ningГєn ejemplo de vindicta pГєblica contra su temeridad. El mГ©dico aprende a nuestra costa y experimenta dando la muerte; sГіlo Г©l puede matar impunemente en el mundo. ВїQuГ© digo? Г‰l es quien acusa en vez de ser acusado, echa la culpa de todo a la intemperancia del enfermo, Гєnico culpable de su muerte... ВїHablarГ© de sus avaras exigencias, de las condiciones onerosas que imponen a la agonГ­a y de los remedios secretos que tan caros venden?В» En China y en ciertas regiones, habГ­a obligaciГіn por parte de los mГ©dicos de ostentar en la puerta de su casa tantas linternas como enfermos suyos habГ­an muerto. Un chino busca mГ©dico para curar a su esposa y estГЎ horrorizado de la cantidad de linternas que exhibe cada mГ©dico. Por fin encuentra un mГ©dico que sГіlo muestra cinco linternas. — Mientras caminan hacia la casa de la enferma, el chino felicita al mГ©dico por su escasez de linternas. —No tiene nada de particular, lleguГ© ayer por la tarde —contestГі el doctor. QuizГЎs en esta historia debГ­a pensar aquel buen chino a quien le preguntaban si en su paГ­s habГ­a buenos mГ©dicos. —Muy malos —respondió—; pero hay uno muy bueno: el doctor Ping, que me salvГі la vida. —¿De veras? ВїCГіmo fue eso? —Yo estaba un poco enfermo. Hice llamar al doctor Hong-Fu. Me recetГі una droga. La bebГ­. Me puse peor... Hice llamar al doctor Fon-Yeu. Me recetГі otra droga. La tomГ©. CreГ­ que me morГ­a... Hice llamar al doctor Ping. ContestГі que no podГ­a venir. Me he curado. Esta idea que hoy tomamos como pretexto para burlas fГЎciles y sГЎtiras amables, fue en otro tiempo fuente de graves disgustos para los mГ©dicos. El mГ©dico Manus (ВїserГЎ este Manus el hereje Manes?) fue desollado vivo por haber dejado morir al hijo del rey de Persia; Glauco fue sacrificado por orden, se dice, de Alejandro Magno, quien atribuyГі a ignorancia del mГ©dico la pГ©rdida de EfestiГіn, su amigo; condenados a muerte fueron los mГ©dicos Calistenes y Baktiehna; el anatГіmico Zerbi, no habiendo conseguido la curaciГіn de un alto funcionario en Bulgaria, fue destrozado entre dos planchas de hierro por orden de los hijos del difunto; por parecida causa fue recluido en prisiГіn Avicena; Luis XI de Francia maltrataba a sus mГ©dicos, y uno de Г©stos, para librarse de su crueldad, persuadiГі al rey de que morirГ­a, segГєn datos astrolГіgicos, ocho dГ­as despuГ©s que el doctor; el mГ©dico LГ©o, archiatro de Lorenzo de MГ©dicis, fue arrojado a un pozo por mandato del duque sucesor, en castigo de su ignorancia, a la que imputaron el fallecimiento, y en 1337, Juan de Bohemia mandГі que se arrojara a un cirujano al rГ­o Oder porque no fue capaz de curarlo de su ceguera. El doctor MartГ­nez Sobral, que asistiГі a Fernando VII en un ataque de viruelas, sufriГі tanto durante su ministerio a causa de las calumnias palaciegas, que exclamГі un dГ­a В«El rey se salva, pero yo mueroВ», y asГ­ sucediГі al poco tiempo. Los sacerdotes eran los Гєnicos que estaban libres de todo riesgo en el ejercicio de la medicina, que practicaban por caridad; pero, en el aГ±o 1163, la Iglesia publicГі un edicto que puso un lГ­mite a sus esfuerzos y que, sin intentarlo, marcГі a la cirugГ­a con el sello de la ignominia. Los monjes, en algunas ocasiones, llevaban a cabo operaciones quirГєrgicas rudimentarias; lo cual, segГєn decidieron las autoridades de la Iglesia, podГ­a ser causa de que accidentalmente, en sus intentos de practicar la cirugГ­a, pudiera un monje causar la muerte del paciente, y asГ­ cayera sobre Г©l esta responsabilidad tan ingrata para un sacerdote cristiano. En consecuencia, con la mera intenciГіn de que tal cosa no llegara a suceder, se publicГі un edicto que empezaba con las palabras siguientes: Ecclesia abhorret a saguine (La Iglesia aborrece el derramamiento de sangre). El edicto fracasГі en su objetivo y se interpretГі como si dijera que no aprobaba la prГЎctica de la cirugГ­a. En el aГ±o 1300 se publicГі otro edicto que, tambiГ©n mal interpretado, provocГі una gran oposiciГіn contra la disecciГіn anatГіmica. El papa Bonifacio VIII decretГі que, cualquiera que se atreviese a despedazar un cuerpo humano, o a hervirlo, seria excomulgado; disposiciГіn que tenГ­a por objeto prohibir una prГЎctica que en ciertas ocasiones los cruzados habГ­an llevado a cabo. Cuando uno de los suyos morГ­a en un lugar muy lejano, sus compaГ±eros despedazaban el cadГЎver y hervГ­anlo despuГ©s para obtener los huesos, que podГ­an llevarse fГЎcilmente consigo y, de regreso, dГЎbanlos a los familiares del muerto, para que los enterraran; el precepto de la Iglesia, que tendГ­a a corregir tal costumbre, fue interpretado como una prohibiciГіn general de la disecciГіn, sin que se excluyera la que tenГ­a por fin el estudio de la AnatomГ­a. [14] Esta divagaciГіn nos ha apartado de la idea primitiva. Vuelvo a ella con la anГ©cdota siguiente: El duelo se despide en el cementerio. En la explanada central, donde estГЎn los panteones de lujo, se detiene un grupo. —El pobre doctor hubiera querido que le enterrasen aquГ­, en medio de sus mejores clientes. —¿Y quГ©? —Que no ha habido sitio. ВЎPobres mГ©dicos! A veces la broma no se detiene ni despuГ©s de su muerte, incluso inconscientemente. Un famoso mГ©dico britГЎnico fallecido dormГ­a su Гєltimo sueГ±o bajo una preciosa tumba, situada en un hospital londinense. Por motivos urbanГ­sticos hubo de ser trasladado al cementerio y allГЎ fue el monumento con losa sepulcral y todo. Tampoco se modificГі el epitafio. Г‰ste decГ­a asГ­: В«Si quieres ver lo que he hecho en la vida, mira a tu alrededor.В» EL CABALLO DEL GENERAL PAVГЌA La historia es muy conocida y popularizada a raГ­z de los acontecimientos del 23-F. ВїDe quГ© se trata? Muy sencillo. El dГ­a 2 de enero —otros dicen el tres— de 1874, el general PavГ­a entra a caballo —algunos aГ±aden que el caballo es blanco— en el hemiciclo del Congreso de los Diputados y disuelve las Cortes. El general PavГ­a ha salido en todos los reportajes y artГ­culos. ВїQuГ© hay de verdad en ello? Vamos a precisar algunos detalles: 1. El caballo no era blanco. 2. No hubo tal caballo. 3. El general PavГ­a no entrГі en el Congreso. Entonces ВїquГ© sucediГі en realidad? Para saberlo recurramos al Diario de Sesiones reproducido casi completamente en la excelente obra de Enrique de Tapia: Luz y taquГ­grafos, Ed. Aguilar, Madrid, 1961, que recomiendo a los lectores. В«SesiГіn del 2 de enero de 1874. FГ­jense en la fecha: el DOS. A las tres y cuarto de la tarde, don NicolГЎs SalmerГіn agita la campanilla llamando a los legisladores. Un diputado da un "ВЎViva la RepГєblica federal!". Como hace tres meses que el Parlamento no celebra sesiones, los secretarios leen numerosas comunicaciones de jueces, pidiendo el proceso de innumerables diputados. В»El seГ±or Castelar: Pido la palabra. В»ExpectaciГіn profunda. В»Castelar va a leer un mensaje dando cuenta a la Asamblea de la conducta del gobierno durante el interregno parlamentario. Parece un editorial sensacionalista enumerando catГЎstrofes y calamidades. No hay rincГіn de EspaГ±a que no estГ© bajo el terror y los piratas cartageneros han apresado la nave extranjera Virginius, lo que ha estado a punto de hacernos entrar en guerra. В»Vienen despuГ©s dos proposiciones: una, de apoyo al gobierno; otra, de censura. Ambas dan lugar a diversas polГ©micas. В»A las siete de la tarde se suspende la sesiГіn para reanudarse a las once de la noche. Los ataques al gobierno siguen. В»Castelar se defiende: "No nos falta nada de cuanto hemos predicado; vosotros, los que querГ­ais dividir el mundo y repartirlo en cantones, vosotros sГ­ que tenГ©is mucho que desear.'' В»Un diputado: ВїY la federal? »—¿La federal? Г‰sa es organizaciГіn municipal y provincial: ya hablaremos mГЎs tarde. No vale la pena; el mГЎs federal tiene que aplazarla por diez aГ±os. В»Un diputado: ВїY el pacto? »—El pacto lo quemasteis en Cartagena. (Grandes aplausos.) В»A las cinco de la maГ±ana del dГ­a 3 —ya estamos en el dГ­a TRES— se verifica una votaciГіn adversa a Emilio Castelar por 120 sufragios contra 100. Castelar presenta acto seguido la dimisiГіn y pide que no se levante la sesiГіn hasta que el gobierno quede constituido. В»El vicepresidente suspende la sesiГіn por veinte minutos, para que los diputados se pongan de acuerdo. В»Se llega a las siete menos cuarto cuando se reanuda la sesiГіn. В»Los diputados van a empezar a votar la designaciГіn de presidente del poder ejecutivo. Apenas iniciada la votaciГіn, don NicolГЎs SalmerГіn, desde su sitial, dice con voz temblorosa: »—SeГ±ores diputados: Hace pocos minutos que he recibido un recado u orden del capitГЎn general (creo que debe ser ex capitГЎn general) de Madrid, por medio de dos ayudantes, para anunciar que se desalojarГЎ el local en un tГ©rmino perentorio.В»Varias voces: ВЎNunca! ВЎNunca! В»El seГ±or presidente: ВЎOrden, seГ±ores diputados! La calma y la serenidad es lo que corresponde a ГЎnimos fuertes en circunstancias como Г©sta. Pide que se desaloje el local en un plazo perentorio o que, de lo contrario, lo ocuparГЎn a viva fuerza. В»Interrupciones al presidente. Voces heroicas que protestan.В»-SeГ±ores diputados, sГ­rvanse oГ­r la voz... —continГєa SalmerГіn.В»Sigue el tumulto, mientras el presidente reitera exhortaciones al orden. В»El seГ±or Chao: ВЎГ‰sta es una cobardГ­a miserable!В»En la Asamblea vibran acentos heroicos que parecen anunciar Numancia o Sagunto. Los legisladores gritan "ВЎViva la soberanГ­a nacional! ВЎViva la RepГєblica! ВЎViva la Asamblea!" В»El seГ±or presidente: No esperaba yo menos, seГ±ores diputados. Ahora somos todos uno. В»Varios seГ±ores diputados: ВЎTodos, todos, todos!В»El seГ±or Castelar: Puesto que todavГ­a tenemos aquГ­ libertad de acciГіn, continuemos el escrutinio, sin que por eso el presidente del poder ejecutivo tenga que rehuir ninguna responsabilidad. Yo he reorganizado el ejГ©rcito, pero lo he reorganizado no para que se volviera contra la legalidad, sino para que la mantuviera. (Aplausos.) Yo, seГ±ores, no puedo hacer otra cosa mГЎs que morir aquГ­ el primero con vosotros... (ВЎViva, viva!) В»El diputado Benot pide armas: ВїHay armas? Vengan. Nos defenderemos. В»El seГ±or ministro de la Guerra: SeГ±ores diputados, en este mismo momento, cumpliendo la voluntad de las Cortes soberanas, voy a extender el decreto destituyendo al general PavГ­a de sus honores y condecoraciones. (Aplausos. "ВЎMuy bien!") В»El seГ±or Chao: Venga el decreto exonerГЎndole y yo lo llevo.В»Otros seГ±ores diputados: Y yo tambiГ©n.В»El seГ±or Calvo: La Guardia Civil entra en el edificio preguntando a los porteros la direcciГіn y diciendo que se desaloje el edificio de orden del capitГЎn general de Madrid. В»El seГ±or BenГ­tez de Lugo: Que entren, y todo el mundo a su asiento. В»El seГ±or presidente: Ruego a los seГ±ores diputados que se sirvan ocupar su asiento y que sГіlo estГ© en pie aquel que haya de hacer uso de la palabra. No tenemos mГЎs remedio que ceder ante la fuerza, pero ocupando cada cual su sitio. ВїAcuerdan los seГ±ores diputados que debemos resistir? В»Varios seГ±ores diputados: SГ­, sГ­. Todos. В»El seГ±or Castelar: SeГ±or presidente, yo estoy en mi puesto, y nadie me arrancarГЎ de Г©l; yo declaro que me quedo aquГ­, y aquГ­ morirГ©. В»Un seГ±or diputado: Ya entra la fuerza armada en este salГіn. (Penetran en el salГіn algunos soldados.) В»Varios seГ±ores diputados: ВЎQuГ© escГЎndalo!В»El seГ±or Castelar: ВЎQuГ© vergГјenza! В»Varios seГ±ores diputados: ВЎViva la RepГєblica federal! ВЎViva la Asamblea soberana! В»Otros seГ±ores diputados apostrofan a los soldados, que se repliegan hasta la galerГ­a, y allГ­ se oyen algunos disparos, quedando en el acto desierto el salГіn de sesiones. (Eran las siete y media de la maГ±ana.)В» Esto es lo que dicen las cuartillas taquigrГЎficas. La salida total fue facilitada por la disposiciГіn de las ventanas de la planta principal del Congreso, a nivel de la calle; por allГ­ salieron, como exhalaciones, los seГ±ores diputados. Parece la retirada de los guardias civiles el 23-F. Y Г©sta es la verdad. Ni caballo, ni blanco, ni general PavГ­a. Г‰ste no se moviГі de su despacho del Ministerio del EjГ©rcito, desde el que dirigiГі toda la operaciГіn. Nada mГЎs ni nada menos. EPIGRAMAS Empecemos con uno de Alonso J. de Salas Barbadillo: Hace, don Luis, tu vecina mucha fuerza en que es doncella y yo no acierto a creella ni a tal mi estrella me inclina. Alumbra mГЎs que a la esfera de diamantes adornada; calle tan bien empedrada por fuerza que es pasajera. y otro, mГЎs corto todavГ­a, de Alvaro Cubillo de AragГіn: El marquГ©s y su mujer contentos quedan los dos. Ella se fue a ver a Dios, y a Г©l le vino Dios a ver. ВЎCГіmo serГ­a el tal matrimonio! Como tantos, claro. El conde de Rebolledo —Bernardino de nombre— supo que una vecina suya iba cada dГ­a a la iglesia a pedir a no sГ© quГ© santo el poder quedar preГ±ada. El conde le escribiГі: Tus ruegos se lograrГЎn, Cloris, sin cuidado tanto, si lo que pides al santo pidieras al sacristГЎn. El siguiente epigrama de Salvador Jacinto Polo de Medina recuerda al hidalgo hambriento de El Lazarillo de Tornes: A un hombre que se limpiaba los dientes sin haber comido. TГє piensas que nos desmientes con el palillo pulido con que, sin haber comido, TristГЎn, te limpias los dientes; pero la hambre cruel da en comerte y en picarte de suerte que no es limpiarte, sino rascarte con Г©l. Entresaquemos de una comedia de AgustГ­n Moreto y CabaГ±a lo que sigue: ВїQuГ© es amor? En el mundo es un licor que hace lo mismo que el vino: pues cuantos aman entiendo que estГЎn borrachos; a igual; y con su dama es un mal que se les quita durmiendo. ВїPrecisamente durmiendo? He aquГ­ unos finГ­simos versos de Juan de Iriarte: El imposible mayor que halla Ovidio, es que del fuego nazca el agua, yo lo niego que he visto llorar de amor. Del mismo es tambiГ©n el cГ©lebre epigrama tantas veces repetido: El seГ±or don Juan de Robres, con caridad sin igual hizo este santo hospital, y tambiГ©n hizo los pobres. ВїExistiГі en realidad don Juan de Robres o es un nombre obligado por el consonante? No he podido averiguarlo. Otro del mismo autor: Es amor un sustantivo en cuya declinaciГіn sГіlo hay dos casos, que son: el genitivo y dativo. AhГ­ van tres epigramas muy conocidos, todos ellos de NicolГЎs FernГЎndez de MoratГ­n. Uno: Ayer convidГ© a Torcuato; comiГі sopas y puchero, media pierna de carnero dos gazapillos y un pato. Doyle vino y respondiГі: В«Tomadlo por vuestra vida, que hasta mitad de comida no acostumbro beber yo.В» Dos: De imposibles santa Rita es abogada; y Filena, con devociГіn muy contrita reza a la santa bendita a fin de que la haga buena. Tres: La calavera de un burro miraba el doctor Pandolfo y enternecido decГ­a: «¡ VГЎlgame Dios lo que somos!В» Vaya uno de JosГ© Cadalso, el que muriГі en el sitio de Gibraltar: El que estГЎ aquГ­ sepultado, porque no logrГі casarse, muriГі de pena acabado; otros mueren de acordarse de que ya los han casado. En el siglo XVIII se puso de moda el ir con las faldas cortas; es decir, enseГ±ando el tobillo. VГ©anse algunos retratos de la Г©poca de Goya, por ejemplo. Iglesias de la Casa satirizГі la moda escribiendo: «¿ Por quГ© tienes —le dije a InГ©s— tanta pata descubierta, si estГЎn una y otra tuertas? TГЎpalas por tu interГ©s.В» RespondiГіme: В«No te azores; porque, como moda fuera, piernas al aire anduviera, aunque ellas fueran peores.В» y, efectivamente, asГ­ ha sido. ВїRecuerdan los peinados de aquel siglo? Las grandes damas, especialmente las francesas, llevaban unos tocados que, a veces, medГ­an un metro de alto. MarГ­a Antonieta por ejemplo. Dijo Iglesias: Yo vi en ParГ­s un peinado de tanta sublimidad, que llegГі a hacer vecindad con el ala de un tejado. Dos gatos que allГ­ reГ±Г­an, luego que el peinado vieron, a reГ±ir sobre Г©l se fueron. Y abajo no los sentГ­an. Y ahora otro del mismo autor. Es un epigrama que me recito con gusto cuando alguien habla de mi memoria. Hablando de cierta historia a un necio se preguntГі: «¿ Te acuerdas, tГє?В», y respondiГі: В«Esperen que haga memoria.В» AsГ­ InГ©s, viendo su idiotismo, dijo risueГ±a al momento: В«Haz tambiГ©n entendimiento, que te costarГЎ lo mismo.В» Y aГєn, menos mal, que Г©ste lo podГ­a hacer, que otros no lo lograrГЎn nunca por mГЎs que se empeГ±en. ВїQUГ‰ ES UN ABOGADO? Maura era estudiante en la universidad madrileГ±a cuando le aconteciГі una aventura que fue decisiva para su porvenir. OcurriГі en la clase de derecho romano. HallГЎbase don Antonio sentado en uno de los bancos primeros cerca del profesor. De improviso Г©ste, fijГЎndose en el estudiante que era en aquella Г©poca tГ­mido y encogido, exclamГі: —Vamos a ver, seГ±or Maura. DГ­game: ВїquГ© condiciones ha de recibir el feto para ser considerado persona? Maura se levantГі aturdido y con la cara roja como la grana. Su azoramiento hizo reГ­r a algunos de sus condiscГ­pulos. DespuГ©s, su acento marcadamente balear hizo reГ­r a otros. Y ya azorado, Maura se embarullГі perdiendo el hilo de su discurso, y dijo en medio de la hilaridad mГЎs estrepitosa: —Si aborta el hijo... Como fue una carcajada tremenda y unГЎnime, en la que hasta el profesor tomГі parte, Maura solo, abandonado, llorГі, procurando no ser visto, hasta que terminГі la clase. Al salir, sus compaГ±eros desfilaron ante Г©l, sin hacerle caso. SГіlo dos de sus condiscГ­pulos se acercaron a Maura, cariГ±osos, fraternos. —No llore usted. —Entonces los estudiantes no se tuteaban. —No haga caso. —Venga con nosotros que deseamos ser amigos suyos. Maura se les uniГі y en aquella amistad encontrГі alientos. DespuГ©s fueron inseparables. MГЎs tarde habГ­an de ser parientes, porque aquellos dos mozos se llamaban Honorio y Trifino Gamazo, hermanos de don GermГЎn. Г‰ste, que oГ­a hablar frecuentemente y con gran elogio de Maura a sus hermanos, les dijo que se lo llevasen a casa para conocerle. AsГ­ lo hicieron un domingo. Al terminar la entrevista, don GermГЎn quedaba prendado del estudiante balear. Desde entonces, las visitas a casa de Gamazo menudearon. La amistad se hizo mГЎs estrecha, mГЎs Г­ntima. TerminГі Maura la carrera y fue pasante del bufete de don GermГЎn. MГЎs tarde enamorГЎbase de la hermana de Г©ste y se casaba con ella. Y vГ©ase cГіmo un pequeГ±o aturdimiento de escolar tГ­mido en clase influyГі de una manera decisiva en el porvenir del insigne polГ­tico. Nadie puede negar que Antonio Maura fue uno de los mГЎs grandes abogados que ha tenido EspaГ±a y que sus oraciones forenses son un modelo de elegancia, de exposiciГіn y de concreciГіn. Y por la anГ©cdota que antecede vemos que los comienzos de los estudios jurГ­dicos del que despuГ©s fue gran polГ­tico, no fueron maravillosos precisamente. Ni fueron fГЎciles los de su carrera. HacГ­a poco que don Antonio Maura habГ­ase recibido de abogado. HabГ­a sido ya el primer pariente de Gamazo. HabГ­a trabajado tambiГ©n para don Saturnino ГЃlvarez Bugallal y para don JosГ© Gallostra. Г‰ste solГ­a decir frecuentemente: —¡Oh! ВЎMaura es lo mejor que se puede ser en la vida! Es un muchacho de gran porvenir. En cambio Bugallal solГ­a ponerle muchos defectos. Uno de ellos, que sacaba a relucir constantemente, era su mala letra. Tanto llegГі a insistir que Maura, dando una nueva prueba de su fuerza de voluntad, se propuso reformarla y lo consiguiГі prontamente. Bien, pues en la Г©poca a que nos referimos, la primera de abogado del gran estadista, allГЎ por el aГ±o 1875, le acaeciГі lo siguiente: Don Manuel Silvela le llamГі un dГ­a a su despacho y le dijo: —Es usted un hombre trabajador y voy a proporcionarle una labor bonita y provechosa. Luego, llevГЎndole a una espaciosa habitaciГіn, toda llena de libros, aГ±adiГі: —Es preciso mirar, anotar todos estos libros para hacer bien y a conciencia un trabajo que vendrГЎ a continuaciГіn. Su labor la remunerarГ© con mil pesetas y, ВЎquГ© diablo!, aunque la empresa es pesada, mil pesetas no son despreciables. ВїAcepta usted? Don Antonio aceptГі en el acto lleno de alegrГ­a. Mil pesetas eran entonces para Г©l una soberbia cantidad. Eran, por aГ±adidura, la consecuciГіn de un ideal; el ideal de tener un despachito propio. Tres meses durГі la requisa. Fue una lucha horrible con aquellos mamotretos. Pero a los tres meses la labor estaba terminada. Y entonces fue cuando don Antonio Maura encargГі a un mueblista su primer despacho. Pero Silvela, pГ©rfido, aГєn tardГі algГєn tiempo en pagarle aquellas mil pesetas. Si Maura triunfГі en su carrera se debiГі, naturalmente, a que sentГ­a su carrera de abogado. Todos sabemos que para triunfar es necesario encontrar placer en los sinsabores del oficio escogido. Lo mГЎs difГ­cil de explicar es en quГ© consiste el oficio abogacial. Habla asГ­ Ossorio y Gallardo: В«Urge reivindicar el concepto de abogado. Tal cual hoy se entiende, los que en verdad lo somos, participamos de honores que no nos corresponden y de vergГјenzas que no nos afectan. В»En EspaГ±a "todo el mundo es abogado, mientras no se pruebe lo contrario". AsГ­ queda expresado el teorema que PГ­o Baroja, por boca de uno de sus personajes, condena en estos otros tГ©rminos: "Ya que no vives para nada Гєtil, estudia para abogado." В»Hay que acabar con el equivoco al cual la calidad de abogado ha venido a ser algo tan difuso, tan ambiguo, tan incoercible, como la de "nuestro compaГ±ero en la prensa" o "el distinguido deportista". В»La abogacГ­a no es una consagraciГіn acadГ©mica, sino una concreciГіn profesional. Nuestro tГ­tulo universitario no es de "abogado", sino de "licenciado en derecho para poder ejercer la profesiГіn de abogado". Basta, pues, leerle para saber que quien no dedique su vida a dar consejos jurГ­dicos y pedir justicia en los tribunales, serГЎ todo lo licenciado que quiera, pero abogado, no.В» Para ser abogado se necesita un temperamento especial. Giorgio Arcoleo decГ­a de sГ­ mismo: —DejГ© de ejercer de abogado porque en mГ­ se desarrollaba un desdoblamiento: mientras hablaba para conmover, el otro yo surgГ­a para reГ­r. Claro estГЎ que con un temperamento asГ­ mГЎs vale dejarlo correr y dedicarse a otra cosa. He aquГ­ cГіmo ArГ­stides Briand cuenta por quГ© renunciГі al ejercicio de la toga: —DebГ­a defender a un indecente individuo acusado de haber asesinado a una pobre vieja para robarla. ExistГ­an todos los agravantes; nocturnidad, alevosГ­a, desprecio de sexo, etc. Las apariencias eran acusadoras, pero el hombre me habГ­a convencido de su inocencia y me preparГ© para defenderle a toda costa. Era joven... Desfilan los testigos. Uno de ellos afirma que, pasando a medianoche cerca de la casita en que vivГ­a la vieja, habГ­a oГ­do un grito. Y he aquГ­ que el acusado me dice en voz baja y con amarga indignaciГіn: «¡QuГ© mentiroso!... La vieja no dijo ni ВЎuf!В» В»SentГ­ un escalofrГ­o —decГ­a Briand—. No quiero recordar ni si fue absuelto mi cliente, lo Гєnico que sГ© es que tuve bastante con aquello y dejГ© la carrera. Don Alfonso MarГ­a de Ligorio, cuando ejercГ­a la abogacГ­a, una vez defendiГі brillantemente una causa. Pero el abogado adversario le hizo notar que una partГ­cula negativa, un simple В«noВ» contenido en un documento, anulaba todas sus tesis. Entonces, temiendo que se pudiese pensar que habГ­a querido engaГ±ar a los jueces, exclamГі ante toda la gente que habГ­a acudido a oГ­r su peroraciГіn: —Perdonad, me habГ­a engaГ±ado. Y abandonando aula y profesiГіn, se dedicГі a la vida religiosa, en la que llegГі a cumbres que con toda probabilidad no hubiese escalado de seguir su primera vocaciГіn. El nГєmero de conocimientos necesarios para ejercer la profesiГіn de abogado se hace cada dГ­a mГЎs considerable. Basta recordar los que pedГ­an nuestros antepasados, muy exigentes en la materia. El abogado Camus (Armand-Gaston), nacido en 1740, hijo de un procurador en el Parlamento y que tuvo durante su vida una reputaciГіn extraordinaria de integridad, de honor y de conciencia, nos ha dejado, en sus cartas sobre la profesiГіn de abogado, la relaciГіn de los estudios considerados por Г©l como imprescindibles para formar un abogado digno de este nombre. Es preciso adquirir, nos dice, omnium rerum magnarum atque artium scientiam, la ciencia de todas las grandes cosas y de todas las artes. Para precisar este programa algo extenso, y que solamente un Pico della Mirandola hubiese podido vanagloriarse de poseer, Camus enumera los conocimientos mГЎs necesarios a su entender; Г©stos son: В«las humanidades, la literatura, la historia, el derecho y la polГ­ticaВ». En derecho es necesario conocer a fondo el derecho natural, el derecho pГєblico, el romano, el canГіnico, el mercantil, el penal, el eclesiГЎstico, el civil y, por Гєltimo, las ordenanzas reales, las costumbres y la jurisprudencia. Es preciso, naturalmente, haber leГ­do y estudiado hasta familiarizarse con ellos a los autores siguientes: PlatГіn, CicerГіn, Grocio, Puffendorf, Cumberland, etc. (Siguen varios nombres mГЎs que omito en gracia a la brevedad.) Un abogado no debe ignorar tampoco los secretos de la economГ­a social, ni de la polГ­tica. En fin: cuando se ha iniciado de una manera completa en las bellezas misteriosas del procedimiento prГЎctico, puede pensar en pedir su admisiГіn como pasante, y tomar parte en las conferencias de la biblioteca del colegio. Eso lo dice un autor del siglo pasado. DEL AJEDREZ Empecemos por el nombre. ВїCuГЎl ha sido la razГіn por la que este juego llamado en catalГЎn escacs, en francГ©s Г©chГ©s, en italiano scacchi, se llame en castellano ajedrez? Consultemos al inevitable e insustituible Corominas. De origen sГЎnscrito, en el Poema de Alexandie se le llama axadrezes, en el Calila y Dimna, axedrez, mientras que en el Poema de FernГЎn GonzГЎlez se le denomina escaques. La primera documentaciГіn es de 1250 aproximadamente. El nombre originario seria shaturauga, el de cuatro cuerpos, que В«hace alusiГіn a las cuatro armas del ejГ©rcito indico: infanterГ­a, caballerГ­a, elefantes y carros de combate simbolizados respectivamente por los peones, caballos, alfiles y torres del ajedrezВ». Continuemos con divagaciones filolГіgicas. ВїUstedes saben que la frase ni rey ni roque viene del juego del ajedrez? JosГ© MarГ­a Iribarren, en su libro El porquГ© de los dichos, afirma que ClemencГ­n en sus notas al Quijote dice que В«se usa para excluir todo gГ©nero de personas aun las de mayor consideraciГіn como son las piezas del rey y del roque en el ajedrezВ». В«Roque era la pieza que hoy llamamos torre, y asГ­ —dice RodrГ­guez MarГ­n comentando el Quijote— hacen mal los que escriben roque, con mayГєscula, como si se tratase del nombre del santo llagado, que tiene el perro a los pies y es abogado contra la peste.В» Covarrubias, en el Tesoro de la lengua castellana o espaГ±ola —nunca sГ© si debo escribir Covarrubias como se transcribe comГєnmente, o Cobarruvias como lo declara la portada del libro, 1611—, dice en la voz Roque: В«una pieza de las del juego de ajedrez que sinifica (sic) la fortaleza que se levanta y edifica en la frontera de los enemigos y assi estГЎn puestos los roques en las dos casas extremas que hazen esquinasВ». De aquГ­ proviene el verbo enrocar, que significa, segГєn el Diccionario, В«mover el rey hacia una de las torres y pasar Г©stas al otro lado del reyВ». Por cierto que el citado Covarrubias, cuando describe el ajedrez, dice cosas estupendas como las que siguen: В«Axedrez. Es un juego muy usado en todas las naciones, y refiere Polidoro Virgilio, De inventione rerum (lib. 2, cap. 13), que "el juego del axedrez se inventГі cerca de los aГ±os de mil y seyscientos y treynta y cinco de la creaciГіn del mundo, por un sapientГ­ssimo varГіn dicho Xerses, el qual queriendo por este camino enfrenar con algГєn temor la crueldad de cierto prГ­ncipe tirano, y advertirle con esta nueva invenciГіn, le enseГ±Гі por ella que la magestad sin fuerzas y sin ayuda y favor de los hombres, vale poco y es mal seguro. Porque en este juego se hazla demostraciГіn que el rey podia ser fГЎcilmente oprimido, si no anduviesse cuydadoso de si y fuesse de los suyos defendido, como se vee en el entablamiento de las piezas, y en el movimiento y uso dellas. Porque a las esquinas se ponen los roques, que son los castillos roqueros, junto a ellos estavan los arfiles, corrompidos del alfiles, que vale tanto fil como elefante, porque peleavan con ellos, como es notorio; y nota que marfil vale tanto, en arГЎbigo, como diente o cuerno de elefante. Tras ellos los cavallos, figurando en Г©stos la cavalleria, la reyna, el consejo de guerra, la prudencia, y Г©stos llevan en medio al rey. Delante en la vanguardia van los peones, que es la infanterГ­a. Los escaques, ab scandendo, porque se va por ellos subiendo a encontrar con el enemigo; y todos ellos en comГєn, trevejos, de trevejar, que es cutir y herirse unos con otros, de donde se dixo dГ­a de trabajo y dia de cutio. Y aunque arriba hemos dicho que axedrez tomГі nombre de Xerses, Diego de Urrea dize ser nombre persiano, dicho en su lengua sadreng, comeГ§on de sarna, porque los jugadores de axedrez siempre traen inquieto el juyzio mientra juegan y dentro y fuera se estГЎn rascando y concomiendo. Los ГЎrabes corrompieron el vocablo, y dixeron xatrang, y nosotros le corrompimos mГЎs llamГЎndole axedrez".В» Sigamos con las etimologГ­as. No sГ© si se habrГЎn dado cuenta mis lectores que el estudio etimolГіgico de una palabra tiene algo de problema detectivesco. ВїQuiГ©n matГі al mayordomo? ВїQuiГ©n inventГі esta palabra? ВїPor quГ©? ВїCГіmo se llega a descubrir el caso? Vamos a jugar a Agatha Christie de los vocablos. Ustedes saben que la jugada final es el jaque mate —a mГ­ me lo han explicado porque debo confesar, y eso que quede entre nosotros, que no sГ© jugar al ajedrez—. La palabra jaque viene del ГЎrabe o persa shah, rey. Como el juego del ajedrez llegГі a Europa desde la India a travГ©s de los ГЎrabes y de los persas, es lГіgico que palabras de estos idiomas se encuentren en el vocabulario escaquГ­stico. De la misma palabra shah derivan las de escac o escaque. ВїCuГЎndo entrГі este juego en EspaГ±a? Iribarren, en la obra ya citada, afirma que fue В«entrada la segunda mitad del siglo XIII, durante el reinado de Alfonso X el SabioВ», lo cual deja mucho de ser cierto. SГ­ lo es que Alfonso X escribiera en 1270 un В«libro de ajedrez, dados y tablasВ», pero, en 1188, el Concilio de ParГ­s habГ­a prohibido el juego por cruzarse en Г©l cuantiosas apuestas. En CataluГ±a hay constancia del ajedrez el aГ±o 1010, ya que en el testamento de Ermengol de Urgell de esta fecha se consigna un juego de В«scachsВ». En 1390 se prohibiГі en CataluГ±a y AragГіn por las mismas razones que en ParГ­syen 1551 lo prohibГ­a en Rusia el zar lvГЎn IV. En EspaГ±a se hizo cГ©lebre el nombre de Ruy LГіpez de Segura, que en 1561 tratГі del ajedrez con gran maestrГ­a. Varias asociaciones ajedrecistas llevan su nombre en nuestro paГ­s, como en Francia el de Philidor —gran jugador y excelente mГєsico—, que en 1749 tratГі del tema. Su verdadero nombre era FranГ§ois A. Danican. El origen del juego estГЎ envuelto en la leyenda. Dice Г©sta que, en tiempos muy lejanos, habГ­a en la India un poderoso rey que, emborrachado por su autoridad, se habГ­a convertido en un tirano. Para combatir su aburrimiento, un brahmГЎn llamado Sissa inventГі el ajedrez, un juego en el que la pieza principal es un rey, pero que puede ser salvado incluso por un humilde peГіn, sacrificГЎndose si es necesario. Al rey le gustГі el juego, que pronto aprendiГі y, lleno de entusiasmo, dijo a Sissa: —PГ­deme lo que quieras que te lo concederГ©. —Pues te pido que me des los granos de trigo que sumen los contenidos en las casas del tablero. Pon un grano en la primera, dos en la segunda, cuatro en la tercera y en las demГЎs ocho, diecisГ©is, treinta y cuatro, sesenta y ocho y asГ­ sucesivamente. —Poco es lo que pides —dijo el rey—. Mando que te lo den ahora mismo. Pero cuГЎl no fue la sorpresa de los tesoreros de palacio cuando vieron que la cantidad pedida superaba en mucho la cosecha de aГ±os y aГ±os. En efecto, la suma total de granos serГ­a de 18446073709551615. —Ahora aprenderГЎs, ВЎoh rey!, a no hacer promesas sin saber a punto fijo si las puedes cumplir. Por cierto que, cuando dije la cifra anterior por radio, me sucediГі un caso curioso. Fueron muchos los oyentes que telefonearon diciendo que me habГ­a equivocado, ya que el resultado debГ­a ser una cifra par... 2... 4... 8... 16... 32..., etc. Al primer momento les di la razГіn porque, teniendo en cuenta que en matemГЎticas soy un cero absoluto, creГ­ haberme equivocado al copiar el nГєmero del libro del que lo habГ­a sacado. Pero no: la copia estaba bien hecha, el autor del libro me merecГ­a toda la confianza. ВїQuГ© habГ­a pasado? De pronto comprendГ­. Efectivamente, la cifra de los granos de las diversas casas era par y par la de la Гєltima por supuesto. Pero lo que pedГ­a Sissa era la suma de todos los granos de todas las casas, todas en cantidad par, menos la primera que contenГ­a un solo grano que, unido a la suma par de todas las casillas la convertГ­a en impar. ВїEstГЎ claro? HISTORIAS DE В«GAYSВ» Los В«gaysВ» —en tiempo del franquismo llamados В«maricones»— son tan antiguos como la humanidad. Quien se escandaliza hoy por su presencia ha de pensar que, siglos atrГЎs, se mostraban tan fГЎcilmente como hoy, aunque las conveniencias sociales les privaban de libertad de acciГіn y, naturalmente, de afanes reivindicativos como minorГ­a —no ya tan minorГ­a— marginada. Tengo amigos homosexuales y me honro con su amistad. No por ser lo que son en el campo sexual —mis tendencias son totalmente opuestas a las suyas—, sino porque, como en toda colectividad, hay gente digna y gente que no lo es. A mГ­, que un individuo sea homosexual me trae sin cuidado. Me revientan en cambio los В«maricasВ», las В«locasВ», los que hacen exhibiciГіn de sus tendencias, como me asquea el exhibicionista heterosexual que en los alrededores de un colegio de niГ±as desabrocha su gabardina para enseГ±ar sus genitales. En la Biblia (GГ©n. cap. 19, vv. 2-11), se cuenta que dos ГЎngeles se presentaron en Sodoma en casa de Lot, que les ofreciГі albergue. В«Antes de que fueran a acostarse, los hombres de la ciudad, los habitantes de Sodoma, rodearon la casa, mozos y viejos sin excepciГіn. Llamaron a Lot y le dijeron: "ВїDГіnde estГЎn los hombres que han venido a tu casa esta noche? SГЎcanoslos para que los conozcamos."В» Todo aquel que haya leГ­do la Biblia sabrГЎ que В«conocerВ» significa muchas veces В«poseer carnalmenteВ». В«SaliГі Lot a la puerta, y, cerrГЎndola tras de sГ­ les dijo: "Por favor, hermanos, no hagГЎis semejante maldad. He aquГ­ que tengo dos hijas que no han conocido varГіn—, os las sacarГ© para que hagГЎis con ellas como bien os parezca; pero a estos hombres no les hagГЎis nada, pues para eso se han acogido a la sombra de mi techo." Ellos le respondieron: "ВЎQuГ­tate allГЎ! Quien ha venido como extranjero Вїva a querer gobernarnos ahora? Te trataremos a ti peor que a ellos". Forcejeaban con Lot violentamente y estaban ya para romper la puerta cuando, sacando los hombres su mano, metieron a Lot dentro de la casa y cerraron la puerta. A los que estaban fuera les hirieron de ceguera, desde el menor hasta al mayor, y no pudieron ya dar con la puerta.В» La conducta de Lot de ofrecer a sus hijas a cambio del respeto a sus huГ©spedes responde a las normas de la hospitalidad oriental. El vicio sodomГ­tico —precisamente llamado asГ­ por los pГЎrrafos transcritos mГЎs arriba— estaba muy extendido en el mundo antiguo. En el cГіdigo de Hammurabi se habla de В«hierГіdulosВ» o prostitutos masculinos al servicio de los templos. En el Deuteronomio capГ­tulo 23 versГ­culo 18 se habla del В«salario de un perroВ» aludiendo a los ingresos del puto masculino dedicado a la prostituciГіn generalmente sagrada. SegГєn el Diccionario ideolГіgico de la lengua espaГ±ola, de Julio Casares, al sodomita se le puede llamar tambiГ©n pederasta, bardaje, bardajo, maricГіn, mariГіn, mariol, marica, bujarrГіn, puto, garzГіn, invertido, nefandario, sГєcubo y sodomГ­tico. Yo les he oГ­do denominar В«un marcha atrГЎsВ» o В«un JetВ», porque van por retropropulsiГіn. El llamado despuГ©s В«pecado nefandoВ» era corriente en Grecia y Roma, pero el cristianismo lo fustigГі con energГ­a y condenaba a muerte en la hoguera a los culpables del mismo. Es curioso que no se hable casi nunca de la homosexualidad femenina y sГ­ Гєnicamente de la masculina. A los cГЎtaros se los acusГі de sodomГ­a y, como venГ­an de Bulgaria se los llamГі В«bГєlgarosВ», В«bougresВ» en francГ©s y por derivaciones varias В«bujarronesВ» en castellano. Un caso cГ©lebre en la Edad Media es el del rey Eduardo II de Inglaterra (1284-1327), conocido por un trГЎgico fin y por la tragedia de Cristopher Marlowe, que," como Shakespeare, pertenecГ­a a la misma cofradГ­a. Eduardo II, enamorado de Piers Gavestone, su hermano de leche y compaГ±ero de lecho, fue casado por el papa Bonifacio VIII con Isabel la В«Loba de FranciaВ». Aunque hizo vida matrimonial con ella, no abandonГі a su amado Gavestone. La reina se buscГі un amante, el audaz Mortimer, quien incitado por ella hizo prisionero al rey, le encerrГі en el castillo de Berkeley y, al final, le asesinГі introduciГ©ndole un hierro candente В«por do mГЎs pecado habГ­aВ». En la Edad Media, la sodomГ­a estaba castigada con la hoguera en todos los paГ­ses del occidente cristiano y asГ­ continuГі en la edad moderna. Quevedo dice en La EspaГ±a defendida...: В«Y lo que es mГЎs de sentir es lo que los hombres las imitan (a las mujeres) en las galas y lo afeminado, pues es de suerte que no es un hombre ahora mГЎs apetecible a una mujer, que una mujer a otra. Y esto de suerte que las galas en algunos parecen arrepentimientos de haber nacido hombres y otros pretenden enseГ±ar a la naturaleza cГіmo sepa hacer de un hombre una mujer. Al fin hacen dudoso el sexo, lo cual ha dado ocasiГіn a nuevas pragmГЎticas, por haber introducido vicios desconocidos de naturaleza...В» Como se ve, eso de los travestГ­s no es nada nuevo. A los invertidos se los llamaba, en tiempos de Felipe IV, В«marionesВ». QuiГ±ones de Benavente tiene dos entremeses llamados Los mariones y el MariГіn, lo cual indica que no eran excepciones extraordinarias. ВїFue homosexual el conde de Villamediana? PodrГ­a ser. Lo mismo puede decirse del comediante Juan Rana, protegido del rey. En las Noticias de Madrid (1621-1627) se dice en diciembre de 1622: В«A 5 (hoy dirГ­amos "el dГ­a 5") quemaron por el pecado nefando a cinco mozos. El primero fue Mendocilla, un bufГіn. El segundo un mozo de cГЎmara del conde de Villamediana. El tercero un esclavillo mulato. El cuarto otro criado de Villamediana. El Гєltimo fue don Gaspar de Terrazas, paje del duque de Alba. Fue una justicia que hizo mucho ruido en la corte.В» En marzo de 1626 —cito segГєn Deleito PiГ±uela en su libro La mala vida en la EspaГ±a de Felipe IV- se dice: В«A 18 dieron tormento en la cГЎrcel de Corte a don Diego GaytГЎn de Vargas, procurador de Cortes por Salamanca, por indiciado en el pecado nefando...В» A 21 В«quemaron a dos mozuelos por el pecado nefando; y el uno era de los que culpaban a don Diego GaytГЎn..., el cual se deshizo a voces por las calles cuando le llevaban a quemar. Hizo mucha lГЎstima en toda la CorteВ». En 1636 se descubriГі en Madrid un inmenso enjambre de sodomitas, uno de ellos, un tal AgustГ­n, dijo que se dedicaba a ello desde sus siete aГ±os. Pero no siempre la cosa terminaba en la hoguera. Si el acusado tenГ­a buenos padrinos, podГ­a escapar de ella. AsГ­ sucediГі con Juan Rana, histriГіn muy bien conceptuado por el rey, que, por pelos, se salvГі de la quema. JerГіnimo de Barrionuevo, en sus Avisos, explica una serie de procesos altamente instructivos. В«20 de noviembre de 1655 —cito por la ediciГіn de la BAE (t. CCXXI y CCXXII): El miГ©rcoles en la noche cogieron cuatro putos acostados de dos en dos en un jardГ­n, al Barquillo, de un joyero de la calle Mayor de mГЎs de 60 000 ducados, que es faraute de ellos, hombre muy galГЎn. Г‰ste estaba con un ginovГ©s y un golillero con un escribano. Vilos ayer encerrados para darles tormento para averiguar mГЎs cГіmplices. В»24 de noviembre. La madre de AgustГ­n de la Paz, joyero, que es el que estГЎ preso por el pecado nefando, de pesadumbre amaneciГі ayer muerta. No me espanto que el amor del hijo y la afrenta acabasen con ella. В»4 de diciembre. El escribano preso por el pecado nefando, que se dice que ha confesado, le dijo al alcalde que no podГ­a ser quemado, respecto que el hermano mayor se habГ­a aprovechado de una hermana suya en quien tenia un hijo, que no habГ­a de ser sobrino de un quemado. Y se dice se ha mandado no se acelere la causa ni se haga nada sin darle primero cuenta; con que se procede a paso lento, esperando, sin duda, el indulto del parto, si es que le tiene delito tan grande.В» De la homosexualidad hemos pasado al incesto. В«18 de diciembre. Lunes queman a los del pecado nefando, que aunque llueve tanto, no dejarГЎ el fuego de hacer su oficio. Dios les dГ© buena muerte. В»13 de diciembre de 1656. Ayer cogieron un clГ©rigo que venГ­a de Roma, y acababa de llegar de allГЎ, acostado con un muchacho. В»En Rioseco prendieron a don Francisco de los RГ­os, administrador de los naipes, con otro muchacho acostado en la cama. Era el hombre mГЎs galГЎn que se conocГ­a. LlevГЎronle a Valladolid y la semana pasada le hicieron chicharrones.В» Por esta misma Г©poca, una mujer denunciГі a su marido de haberla sodomizado. Г‰l fue quemado y ella encerrada en un convento de por vida. Tal vez la pobre mujer se arrepintiГі de la denuncia en cuestiГіn. En fin, que no es verdad aquello de que В«cualquier tiempo pasado fue mejorВ». MГЃS CONSULTAS El cГ©lebre mГ©dico barcelonГ©s, doctor BartolomГ© Roben, hallГі a un importuno que, en medio de la calle, le expuso la serie de sus males, que eran muchos, y por Гєltimo dijo: —No sГ© quГ© hacer ni dГіnde ir, doctor. —Muy sencillo —replicГі con aplomo el facultativo—. ВїPor quГ© no va a la consulta del doctor Robert? Г‰sta es una buena respuesta que encierra un buen remedio. Son muchos los que aprovechan la amistad con el mГ©dico para escabullirse de ir por el consultorio y evitar asГ­ el pago de la consulta. Al doctor Letamendi le acosaban con preguntas en medio de la calle, contando con que asГ­ no pondrГ­a en cuenta estas consultas. Para acabar con dicha costumbre ideГі un sistema: cada vez que alguien le preguntaba algo, respondГ­a: —Bien, bien. Vamos: cierre usted los ojos y enséñeme la lengua. Dicho esto se largaba, dejando al importuno en medio de la calle con los ojos cerrados y un palmo de lengua fuera. El profesor Mannion del LariboissiГ©re, de ParГ­s, tampoco podГ­a sufrir que le hiciesen consultas en medio de la calle. Cuando asГ­ lo hacГ­an, les respondГ­a con mucha gravedad: —Bien: ahora lo veremos. ВїQuiere hacer el favor de desnudarse? La gente cree que las profesiones liberales e intelectuales no deben ser remuneradas. Cualquier individuo es capaz de ir al mГ©dico a que le firme un cerficado y asombrarse de que el doctor pida una remuneraciГіn por ello. —Pero Вїpor sГіlo una firma?... SГ­, seГ±or; si sГіlo fuese por una firma, Вїpor quГ© no le firma el certificado su portera? Si la tal firma tiene alguna utilidad por algo serГЎ, y este algo debe remunerarse. La carrera del mГ©dico es un capital desembolsado que debe amortizarse, y aunque sГіlo fuese por este argumento crematГ­stico, debieran dejar de protestar los que lo hacen y que generalmente no entienden de otras razones. Es curioso que quien pretende que el mГ©dico le visite o el abogado le aconseje gratuitamente es incapaz de pedir lo mismo a su zapatero o a su carpintero, por muy amigos que sean. Cierto importuno encuentra a un mГ©dico por la calle y le dice: —Una pregunta, doctor. Cuando usted estГЎ tan resfriado como yo, Вїque hace? —Toser... El pretexto que aducen con mГЎs frecuencia los pedigГјeГ±os de consultas callejeras es, aparte de la amistad, el econГіmico. В«Son muy caras las consultasВ», dicen. Por eso el protagonista de la anГ©cdota que sigue —muy conocida, pero que cito por representativa— ideГі otro truco. Un cГ©lebre mГ©dico cobraba 200 pesetas por la primera consulta y 50 por cada una de las siguientes. Un enfermo que no deseaba pagar las 200 pesetas y que creГ­a preferible empezar por la segunda visita, entrГі un dГ­a en la consulta del doctor diciendo: —Doctor, aquГ­ me tiene otra vez. —Muy bien, desnГєdese. DespuГ©s de un concienzudo examen, el doctor concluyГі: —Esto va bien: continГєe el tratamiento que le di la otra vez. De todos modos, se ha de confesar que debe de ser pesado aguantar tres, cuatro o cinco horas de visita. Pacientes y mГЎs pacientes, la mayorГ­a sin serlo mГЎs que de nombre, pues nada causa mГЎs impaciencia que la enfermedad. Cada uno con su carГЎcter y con sus defectos especiales. Limpios o sucios... —¿QuГ© edad tiene su hijo? —pregunta el mГ©dico. —Diez aГ±os. —Debe de estar usted equivocada. —¿CГіmo? —contesta la madre, extraГ±ada—. Yo lo he traГ­do al mundo; por tanto, tengo que saber su edad, Вїno? ВїPor quГ© cree usted que tiene mГЎs edad? ВїEs que estГЎ muy desarrollado? —No —responde el doctor—, pero es que parece imposible que en diez aГ±os se haya podido poner tan sucio. Pacientes habladores... El doctor Morales tiene una enferma cuya Гєnica dolencia consiste en que es mГЎs charlatana que una cotorra. Un dГ­a que acudiГі a visitarse, el mГ©dico le dijo: —Vamos, seГ±ora. Enséñeme la lengua... Muy bien... Ahora tГ©ngala asГ­, sacada un rato, que voy a hablar yo. Pacientes bromistas... Un chungГіn querГ­a burlarse de un mГ©dico. Va a su casa y le expone la extraГ±a enfermedad que pretende tener: no puede decir una palabra sin mentir. El doctor, que ha adivinado en seguida la broma, no vacila. Responde al bromista que su caso, aunque raro, no es excepcional. La curaciГіn es segura. Pide a su cliente que vuelva a su despacho al dГ­a siguiente a la misma hora. AsГ­ lo hace el bromista, curioso de saber cГіmo acabarГ­a el asunto. Entonces el doctor le presenta en una cajita unas pГ­ldoras y le dice: —Tome dos y mГЎsquelas lentamente. El otro obedece y de pronto hace una mueca, escupe con asco y dice: —Pero ВЎsi esto es mierda! —Efectivamente —dice el doctor—. Ha dicho la verdad. EstГЎ usted curado. ВїCГіmo debe visitar el mГ©dico? Han pasado ya los tiempos de Quevedo: В«Si quieres ser famoso mГ©dico, lo primero lindo nudo, sortijГіn de esmeralda en el pulgar, guantes doblados, ropilla larga y en verano sombrero de tafetГЎn; en teniendo esto, aunque no hayas visto un libro, curas y eres doctor, y si andas a pie aunque seas Galeno, eres platicante. ВЎOficio docto, que su ciencia consiste en la muГ­a! La ciencia es Г©sta: dos refranes para entrar en casa: el obligado: "ВїQuГ© tenemos?"; el ordinario: "Venga el pulso." Inclinar el oГ­do: "ВїHa tenido frГ­o?"... y si Г©l dice que sГ­ primero, decir luego: "Se echa de ver: ВїdurГі mucho?", y aguarda a que diga cuГЎnto y luego decir "Bien se conoce; cene poquito; escarolitas, una ayuda", y si dice que no la puede recibir, decir: "Pues haga por recibirla." Recetar lamedores, jarabes y purgas, para que tenga que vender el boticario y que padezca el enfermo. SГЎngrale y Г©chale ventosas; y hecho esto una vez, si durase la enfermedad, tornarlo a hacer, hasta que o acabes con el enfermo o con la enfermedad. Si vive y te pagan, di que llegГі la hora; y si muere, di que llegГі la suya. Pide orines, hay grandes meneos, mГ­rales a lo claro y tuerce la boca y, sobre todo, advierte que traigas grande barba, porque no se usan mГ©dicos lampiГ±os, y no ganarГЎs un cuarto si no parecieses limpiadera. Y a Dios y a ventura; aunque uno estГ© malo de sabaГ±ones, mГЎndale luego confesar y haz devociГіn la ignorancia. Y para acreditarte de que visitas casas de seГ±ores, apГ©ate a sus puertas, entra en los zaguanes, orina y tГіrnate a poner a caballo, que el que te viera entrar y salir no sabe si entraste a orinar o no. Por las calles ve siempre corriendo y a deshora, porque te juzguen por mГ©dico que te llaman para enfermedades de peligro.В» Ya he dicho que ya no estamos en tiempos de Quevedo, pero no hace mucho tiempo que aГєn circulaba este prototipo por la calle. Y recuerdo a un mГ©dico de mi abuela —uno de los Гєltimos que en Barcelona usГі chaqué— que respondГ­a a casi todos los consejos dados por Quevedo. Por su traje se distinguГ­a de todos los demГЎs, usaba mucho de las preguntas sobre el frГ­o y el dormir. En fin: que cada vez que entraba en casa estoy seguro que debГ­a representar una escena de entremГ©s antiguo. Entonces era yo muy niГ±o, pero me parece recordar que recetaba muchos potingues que mis padres se guardaban muy mucho de comprar. Gracias a ello llegГі mi abuela a los ochenta. HARTAZGOS, TRAGONГЌAS E INDIGESTIONES Un mГ©dico le dice a un paciente: —Y sobre todo le recomiendo que beba mГЎs agua que vino. —¿CГіmo? —exclama el enfermo, asombrado y asustado—. Es imposible, completamente imposible. —¿Por quГ©? —Pero, doctor, ВїcГіmo quiere que beba mГЎs agua que vino? ВЎBebo tres litros de vino diarios! ВїEs malo beber mucho? ВїEs malo comer mucho? No lo sГ©, frente al refrГЎn В«MГЎs matГі una cena que cenГі AvicenaВ» estГЎ el de В«Muerta Marta y muerta hartaВ», que tampoco estГЎ mal. AdemГЎs que de la misma manera que se citan casos ejemplares de dieta se pueden citar de tragonГ­a. Un tudelano de chispa, RamГіn el de la Corva, ganГі la apuesta laminera y extravagante de comerse doce jicaras de chocolate В«untГЎndolas con cascos de chocolate crudoВ». El estГіmago de este individuo debГ­a de ser de aupa y mГЎs aГєn el de otro navarro insigne, Mil duros, del que dice su historiador, J. M. Iribarren: В«Lo interesante es oГ­rle relatar sus banquetes. Descrita por su boca, una comida es un combate desigual y feroz contra el alimento. De ahГ­ que Г©l las presente en forma de reyerta, de batalla: —La emprendГ­ con las pochas... ВЎAh! ВЎQuГ© paso llevaron las dos fuentes! Les icГ© el diente a las perdices, ВЎpobrecitas!... Cuatro cayeron en un relГЎmpago. Sacaron unos pollos doradicos, tiernicos... ВЎLes casquГ© una paliza! Ahura; pa tocatГіn el que le di al ternasco. CogГ­ dos garras por mi cuenta y ris-ras, con cinco serruchazos me las dejГ© en los gГјesos... В»"Pa postre, bizcochada. ВЎQuГ© rica estaba la perretera! Me peguГ© un tripotazo que me llegaba la bizcochada al garganchГіn. Y eso que habГ­a almorzГЎu, hacГ­a poco, patorrillo con sangracella y menudencias. В»"ВЎAy, Santana, quГ© alitargГіn cogГ­! Te paicerГЎ mentira, pero ya consentГ­ que la entregaba... Nos fuimos al frontГіn, Вїy has visto tГє poder parar sentГЎu? Me entrГі un sudor, una sofoquina... ВїCГіmo desahugo yo esto? Y me fui al excusГЎu y me puse a dal brincos. Pa ver si hacГ­a giieco, Вїentiendes? No me pasara como al Feliciano, que de un empapuzГіn de alubias se fue a los arcipreses. ВїQuГ© sabe nadie lo que yo pasГ©? В»Pero el final de este relato es Г©pico: В«-Estuve echando fiemo cuatro dГ­as. Con lo que yo echГ© de mi cuerpo habГ­a para femar tres filas de alcachofas.В» Pariente de esta tal debГ­a ser aquel a quien el mГ©dico le decГ­a: —Si quiere adelgazar no coma diariamente nada mГЎs que una tortilla, un muslo de pollo asado, verdura, un poco de mermelada y vino. —Bueno, pero Вїesto antes o despuГ©s de las comidas? Lo curioso del caso es que la mayorГ­a de estos grandes tragones son gente que goza de excelente salud y llega a edad muy avanzada; ademГЎs, si se ha de hacer caso al consejo que en el anterior apartado hemos citado de que se ha de comer cuando se siente apetito, es justo que los que lo tienen voraz procuren saciarlo en forma extraordinaria. Aunque a veces los mГ©dicos... Un labrador estaba enfermo de los ojos y tuvo la idea de ir a ver al mГ©dico del pueblo. HallГіle sentado a la mesa, comiendo y bebiendo, y le preguntГі: —¿QuГ© me recomienda usted para los ojos? —Lo primero —respondiГі el galeno— es que deje usted de beber vino. Se asombrГі el labrador y le dijo: —Hombre, aunque sea descortesГ­a, usted no los tiene mГЎs sanos que yo y, sin embargo, se echa buenos tragos. —Es que yo no trato de curarme, sino de beber. Y, en todo caso, bueno es recordar la cГ©lebre respuesta de Fontenelle. Un mГ©dico le decГ­a que el cafГ© era un veneno lento. —Soy del mismo parecer —contestГі el escritor—, porque hace ochenta aГ±os que lo tomo. (SegГєn una variante de esta anГ©cdota, Fontenelle contestГі: «¡Bah!, no tengo prisa.В») Aunque en realidad tampoco debe olvidarse lo que narra Louis Racine: В«Mi padre contaba, cuando estaba de buen humor, que un mГ©dico le habГ­a prohibido el vino, las mujeres, la carne, leer, dedicarse a la mГЎs mГ­nima cosa, y le habГ­a despedido, diciendo: —Por otra parte, diviГ©rtase lo mГЎs posible.В» EL VIOLINISTA DIABГ“LICO El 27 de octubre de 1782 nacГ­a en GГ©nova un genio de la mГєsica. Se llamaba NiccolГІ Paganini. En algunas enciclopedias figura el aГ±o 1784 como el de su nacimiento. Pero ello poco importa. El caso es que el pequeГ±o Paganini era un niГ±o prodigio. A los cuatro aГ±os conocГ­a perfectamente los rudimentos de la mГєsica. Su padre le comprГі un violГ­n de segunda o cuarta mano, y con Г©l el pequeГ±o NiccolГІ descubrГ­a aspectos insospechados del arte musical. TenГ­a doce aГ±os cuando su padre le mandГі al maestro Alessandro Rolla para que siguiese sus lecciones. A los pocos dГ­as el maestro vio que Paganini seguГ­a a primera vista un concierto, harto difГ­cil, y no pudo menos de decirle: —Has venido para aprender; pero no tengo nada que enseГ±arte. Era, como he dicho, un niГ±o prodigio. Ustedes, amigos lectores, saben que, generalmente, estos niГ±os son enormemente repugnantes y repipis. NiccolГІ no era de ellos. Jugaba y se divertГ­a con sus amigos; pero su ansia y su aficiГіn era la mГєsica y especialmente el violГ­n. A pesar de ello, en 1801, contaba sГіlo diecinueve aГ±os de edad, se enamorГі de una rica seГ±ora, bastante mayor que Г©l, y quiso abandonar la mГєsica para dedicarse a la agricultura. Afortunadamente, la fiebre erГіtica le durГі poco y la mГєsica ganГі un genio. Su habilidad en tocar el violГ­n era extraordinaria. TenГ­a largos dedos y largos brazos lo que le permitiГі hacerse construir un arco mГЎs largo de lo normal y abarcar mГЎs espacio en las cuerdas. En aquella Г©poca, inicios del siglo XIX, los intГ©rpretes intercalaban en sus conciertos nГєmeros que hoy nos parecerГ­an inadmisibles. Testimonio de ello es la siguiente anГ©cdota. En Ferrara, una tal Pallerini, de oficio bailarina, habГ­a cantado en sustituciГіn de la soprano Marcolini, Г­dolo del pГєblico, que se encontraba indispuesta; los espectadores la silbaron y Paganini, a quien le tocaba actuar inmediatamente, decidiГі vengarla. Ante el pГєblico y con su violГ­n imitГі el trino de diversos pГЎjaros, el grito de diferentes animales y por fin el rebuznar del asno, y dijo: —Ésta es la voz de aquellos que han silbado a la Pallerini. La que se armГі fue de Гіrdago. Paganini tuvo que presentar excusas y no volviГі a tocar en Ferrara. Era tan extraordinaria la habilidad de Paganini al tocar el violГ­n, que se creyГі que no era posible haberlo alcanzado por medios naturales y se creГі una leyenda a su alrededor. Se dijo que Paganini habГ­a matado a un rival y condenado por ello a presidio y que en Г©l habГ­a pactado con el diablo entregГЎndole su alma a cambio de la libertad y la maravillosa tГ©cnica violinista que mostraba. El vulgo creyГі en la leyenda y no faltГі quien asegurase que, durante un concierto, habГ­a visto con sus propios ojos al diablo al lado del violinista ayudГЎndole en los momentos difГ­ciles. Tuvo fama de avaro, y no era verdad. No fue dispendioso, pero tampoco avariento, como lo prueba el caso de Berlioz, que era entonces un desconocido, y que a duras penas consiguiГі que en un concierto se ejecutara su misa. En la sala se encontraba Paganini, quien se dio cuenta en seguida del valor del joven compositor. Cuando terminГі el concierto fue a verle, se arrodillГі a sus pies —no se olvide que se estaba en la Г©poca romГЎntica y estas efusiones hoy risibles eran corrientes entonces— y le dijo que era el rey de los mГєsicos. No contento con esto, aquella misma noche hizo llegar a Berlioz un pagarГ© de veinte mil francos contra la Banca Rothschild para ayudarle econГіmicamente. A Paganini le molestaba mucho que le invitasen a comer para luego tener que ejecutar algunas piezas gratis ante sus anfitriones. Cuando le invitaban y le decГ­an: В«No olvide el violГ­nВ», respondГ­a invariablemente: —Mi violГ­n no come nunca fuera de casa. Se uniГі sentimentalmente —como ahora suele decirse— a una cantante llamada Antonia Bianchi, de la que tuvo un hijo al que llamГі Aquiles. Un dГ­a, cuando estaba en MilГЎn, pasГі por una calle y un tentador olor a pescado frito le llamГі la atenciГіn y se dispuso a entrar en el local cuando el dueГ±o del mismo, seГ±alando el estuche de su violГ­n del que casi nunca se separaba, le mostrГі al mismo tiempo un letrero fijado en la puerta: В«Prohibida la entrada a los mГєsicos ambulantes.В» Y aquel dГ­a Paganini no comiГі pescado frito. Durante su estancia en ParГ­s, en 1831, en la cual cosechГі triunfos muy sonados, tuvo una noche que alquilar un coche de punto para que le llevase a la sala donde debГ­a dar el concierto. Al llegar allГ­ le preguntГі al cochero: —¿CuГЎnto le debo? —Veinte francos. —¿Veinte francos? ВїTan caros son los coches en ParГ­s? —Mi querido seГ±or —respondiГі el cochero, que le habГ­a reconocido—. Cuando se ganan cuatro mil francos en una noche por tocar con una sola cuerda, se pueden pagar veinte francos por una carrera. Paganini se enterГі por el portero de la sala del precio justo y volviГі al coche. —He aquГ­ dos francos, que es lo que le debo; los otros dieciocho se los darГ© cuando sepa conducir el coche con una sola rueda. Era vanidoso, pero se reГ­a de su propia vanidad. Un dГ­a, conversando con un pianista, Г©ste le dijo que, en un concierto que habГ­a dado, el gentГ­o era tan numeroso que ocupaba los pasillos del local. —Esto no es nada —replicГі Paganini—: cuando yo doy un recital hay tanta gente que hasta yo debo estar de pie. Sobre su muerte corrieron muchas versiones. Una de ellas aseguraba que el sacerdote que le atendГ­a en sus Гєltimos momentos, influido por la leyenda demonГ­aca que aureolaba al gran mГєsico, le preguntГі quГ© contenГ­a, en realidad, el estuche de su violГ­n. Paganini se incorporГі en el lecho gritando: —¡El diablo! ВЎEsto es lo que contiene, el demonio! Y tomando el violГ­n en sus manos lo empezГі a tocar hasta que lo lanzГі contra la pared, expirando al tiempo que el instrumento se rompГ­a. La historia es falsa. El violГ­n de Paganini se conserva, segГєn creo, en el museo de GГ©nova. Lo cierto es que, aquejado de laringitis tuberculosa, el mГєsico se trasladГі a Niza y de allГ­ a GГ©nova. Vuelto a Niza, muriГі allГ­ el 27 de mayo de 1840. TenГ­a 56 aГ±os. Pero tambiГ©n es verdad que su fama de endemoniado le persiguiГі despuГ©s de su muerte. El obispo de Niza le negГі la sepultura eclesiГЎstica y tuvo que ser enterrado en el cementerio del lazareto de Villefranche. Su cadГЎver fue trasladado despuГ©s por su hijo Aquiles a varias poblaciones hasta encontrar definitivo reposo en el cementerio de Parma. ВїCUГЃNDO SE INVENTГ“ EL PURGATORIO? La pregunta que me hace una oyente de Valencia tiene su miga y creo que un poco de mala intenciГіn. Que me perdone si no es asГ­. Preguntar ВїcuГЎndo se inventГі el purgatorio?, significa que se cree que un buen dГ­a alguien se sacГі de la manga tal idea y la lanzГі sobre la mesa sin antecedentes de ninguna clase y tal cosa no es cierta. La pregunta deberГ­a contestarla un teГіlogo mГЎs que un historiador, pero yo, que no soy ni una cosa ni otra, voy a intentar la respuesta advirtiendo de antemano que soy catГіlico, creyente, militante y practicante y que sГіlo a travГ©s de este prisma debe interpretarse lo que digo. Por casualidad llegaron a mis manos unos nГєmeros de la revista brasileГ±a Familia Crista del aГ±o 1981 que contienen unos artГ­culos que me sirven para satisfacer a mi consultante. San Pablo, en su primera epГ­stola a los corintios (3.13-15) dice: В«La obra de cada cual se pondrГЎ de manifiesto; porque el dГ­a lo descubrirГЎ por cuanto un fuego se ha de revelar y la obra de cada uno, que tal sea el fuego mismo lo aquilatarГЎ. Si la obra de uno, que Г©l sobreedificГі, subsistiese, recibirГЎ recompensa; si la obra de uno quedaba abrasada, sufrirГЎ detrimento; Г©l sГ­ se salvarГЎ, aunque asГ­ como a travГ©s del fuego.В» De este pasaje toman los teГіlogos catГіlicos un argumento a favor del purgatorio. Pero mucho antes, en el libro segundo de los macabeos, ya se dice que Judas Macabeo В«mandГі hacer una colecta... para ofrecer un sacrificio expiatorio, obra bella y noble en el pensamiento de la resurrecciГіn porque si no hubiese creГ­do que los caГ­dos resucitarГ­an, superfluo y vano era orar por los muertos... Por esto hizo el sacrificio expiatorio por los muertos para que fuesen librados del peca— doВ»(43-46). Bien: ya tenemos una base judГ­a y otra cristiana sobre el concepto de expiaciГіn y la posibilidad y el deber de rogar por los difuntos. El texto de san Pablo es comentado en el sentido tradicional por OrГ­genes, san AgustГ­n, CesГЎreo, san Ambrosio, san Gregorio Magno, etcГ©tera. Pero fue en 1254 cuando el papa Inocencio IV, con motivo del I Concilio de Lyon, se inventГі la palabra В«purgatorioВ». La mentalidad de la Г©poca debe comprenderse hoy desde un punto de vista histГіrico. Se imaginГі el purgatorio como un lugar y un tiempo. Es decir, como un infierno temporal en el que las almas espirituales recibГ­an unos castigos materiales que se podrГ­an mitigar o abreviar por medio de sufragios, sacrificios o indulgencias. Veinte aГ±os despuГ©s, en 1274, en el II Concilio de Lyon se denominГі al purgatorio Catarterio, del griego Catarsis o purificaciГіn. Pero la nueva palabra no cuajГі. Digamos de paso que fue en este mismo concilio donde se concibiГі la idea del limbo, que la Iglesia no declarГі nunca verdad de fe y hoy los teГіlogos no aceptan. En 1476, el papa Sixto IV, sintetizando las ideas del Concilio EcumГ©nico de Florencia, que habГ­a tenido lugar en 1445, declarГі algo que luego tuvo una gran trascendencia en la historia de la Iglesia: В«Los que murieron en la luz de la caridad de Cristo pueden ser ayudados por las oraciones de los vivos. Y no sГіlo eso. Si se dieren limosnas para las necesidades de la Iglesia las almas ganarГЎn la indulgencia de Dios.В» Estas palabras que en sГ­ sГіlo significan un sacrificio material, o pecuniario, fueron aprovechadas para abusos sin cuento, como los del dominico Tetzel, que provocaron las cГ©lebres tesis de Lutero en Wittemberg y que desembocaron en el protestantismo. En los paГ­ses catГіlicos no faltaron quienes dudaban de la eficacia del mГ©todo. Se cuenta que en Madrid, el conde de Villamediana entrГі en una iglesia en la puerta de la cual se pedГ­an limosnas para las almas del purgatorio. —¿EstГЎn seguros de que mi limosna puede sacar un alma del tormento a que estГЎ sometida? —dijo el conde. —Completamente seguro, seГ±or. El conde echГі un ducado en la bandeja. —AcabГЎis de sacar un alma del purgatorio —le dijo el solicitante. El conde recogiГі el ducado en seguida diciendo: —Pues bien tonta serГЎ si allГ­ vuelve. La doctrina que los teГіlogos catГіlicos siguen en la actualidad es la de que el purgatorio no consiste en un lugar y un tiempo, sino en una situaciГіn y una intensidad. Dios, en el momento del trГЎnsito, cuando el alma ya no estГЎ presa de las limitaciones y condicionamientos que la vida le ha impuesto, se muestra a ella y le da la posibilidad de escoger. El alma en aquel breve instante percibirГЎ todo su egoГ­smo, su fe perdida o abandonada; pero tambiГ©n sus gestos de amor y sus buenas acciones y escogerГЎ libremente. Ni que decir tiene que yo creo profundamente en la infinita misericordia de Dios. ANECDOTARIO De un viejo libro —de 1866— copio esta anГ©cdota. ConfesГЎbase una seГ±ora y se acusГі de que se pintaba el rostro. —¿Y por quГ© se pinta? —le preguntГі el cura. —Porque se n e figura que me hace mГЎs hermosa. —Y Вїse ha pintado esta maГ±ana? —Esta maГ±ana no, porque no he querido acudir con afeites al tribunal de la renitencia. El cura saliГі del confesonario, la mirГі a la luz de una lГЎmpara y le dijo: —No vuelva usted a pintarse, seГ±ora; estГЎ usted tan hermosa asГ­ que, en cuanto usted acabe... me voy a confesar yo. Ya he dicho que el libro es antiguo. Hoy a ninguna mujer se le ocurrirГ­a confesarse por haberse maquillado. En la primera representaciГіn de La Gazza Ladra, el pГєblico de MilГЎn se entusiasmГі extraordinariamente, aplaudiГі y vitoreГі a su autor, Rossini, de modo que Г©ste se vio obligado a salir muchas veces a escena para saludar a los que le aplaudГ­an. —¡QuГ© noche tan gloriosa para vos, maestro! —le dijo un mГєsico de la orquesta. —¡Y quГ© dolor de riГ±ones! —le replicГі Rossini, que siempre hizo burla de su glorГ­a. Esta anГ©cdota la he recordado leyendo en el periГіdico que el tenor PlГЎcido Domingo, en la Г“pera de Viena, tuvo que salir a saludar durante los tres cuartos de hora que duraron los aplausos con que premiaron su actuaciГіn. Narra Balzac que cierto lord Catesby sospechaba las relaciones de su mujer con cierto caballerete. SaliГі un dГ­a con varios amigos con el pretexto de ir de viaje, pero al poco tiempo volviГі atrГЎs y sorprendiГі a su esposa en la galante compaГ±Г­a que pensaba. Como era hombre de fuerza descomunal, cogiГі al galГЎn y, por encima de la tapia del jardГ­n de su casa, lo echГі a la calle. Luego se dirigiГі a su atemorizada esposa: —Has hecho mal, querida MIA, en no advertirme que querГ­as ser amada por partida doble. De ahora en adelante, los dГ­as pares te amarГ© por mГ­ cuenta y los dГ­as impares por cuenta de ese seГ±or que te he quitado de encima. Y lo cumpliГі. He aquГ­ una anГ©cdota que se atribuye a varios eruditos: Duval, Magliabecchi, MenГ©ndez y Pelayo, etc. Un individuo se acerca a Г©l, en la biblioteca que dirigГ­a, y le preguntГі sobre cierto libro o materia: —No lo sГ© —contesto el sabio. —Pues se os paga para que lo sepГЎis. —PerdГіn: a mГ­ se me paga por lo que sГ©, que si se me hubiera de pagar por lo que no sГ©, no habrГ­a en el mundo dinero suficiente. En una cena donde se hallaba Alejandro Dumas, se brindГі mucho por la libertad, el progreso y por los principio polГ­ticos de 1793, fecha clave de la RevoluciГіn francesa. Un rico banquero, no queriendo parecer reaccionario, dijo: —Yo, aunque aristГіcrata y millonario, soy el mГЎs amante del 93... —¡...Por ciento! —le interrumpiГі Dumas. Estando en conflicto la RepГєblica de Venecia con el papado, el sumo pontГ­fice dijo al embajador veneciano que deseaba ver el acta o escritura por la que los venecianos eran dueГ±os del mar AdriГЎtico. El embajador respondiГі: —Santidad, se encuentra al dorso de la donaciГіn hecha por Constantino a la Iglesia romana. Como tal donaciГіn no existe, el papa se callГі. La falsedad de la donaciГіn de Constantino fue demostrada por Lorenzo Valla en 1450. En el siglo XVII habГ­a en Barcelona un loco que aseguraba ser la SantГ­sima Trinidad. Era muy conocido en toda la ciudad, que reГ­a de su locura. Una noche la ronda le detuvo y el alguacil le preguntГі quiГ©n era. —La SantГ­sima Trinidad —respondiГі el loco. —Pues no lo parece por lo roto y descosido que vas. —Claro —respondiГі el orate—, como no hay mГЎs que un vestido y somos tres a estropearlo [15]. Una anГ©cdota tambiГ©n atribuida a varios personajes. Fueron dos comisarios de una comunidad a pedir cierta merced a Felipe II. Uno de los enviados era muy charlatГЎn; hablГі el primero y ensartГі un larguГ­simo y pesado discurso que puso de mal humor al rey. Al terminar su arenga, preguntГі Felipe II si tenГ­an algo mГЎs que aГ±adir y el otro comisionado dijo: —SeГ±or, nuestros superiores me han encargado que si Vuestra Majestad no nos concede lo que le pedimos, mi compaГ±ero repita su discurso desde la primera letra hasta la Гєltima. La cosa hizo gracia al rey, que concediГі lo que le pedГ­an. A Filipo, rey de Macedonia y padre de Alejandro Magno, se le acercГі un individuo diciГ©ndole: —SeГ±or, andan diciendo mal de ti. —DГ©jalos. —Debes hacer que sean castigados. —No; si lo que dicen es mentira, lo hacen para probar mi paciencia, y yo tengo paciencia sobrada. Si lo que dicen es cierto, Вїpor quГ© he de castigarlos? Una cГ©lebre actriz francesa —dicen que Edwige FeuillГ©re— visitГі el estudio de cierto pintor muy В«modernoВ». Г‰ste le enseГ±Гі un cuadro en el que sГіlo se veГ­an lГ­neas inconexas y manchas de color incomprensibles. Es mi retrato —dijo. Luego le enseГ±Гі otro por el mismo estilo—. Es el retrato de mi mujer. —¡Menos mal que no han tenido hijos! —contestГі la actriz. Esto me recuerda una anГ©cdota, no sГ© si cierta, de Picasso. Estaba, Г©ste en la estaciГіn de Austerlitz, en ParГ­s, en compaГ±Г­a de Matisse, esperando a un amigo. De pronto, el gran pintor malagueГ±o dijo: —¡Mira que si ahora descendiese del tren una mujer como las que pintamos! SegГєn una leyenda china, hacia el aГ±o 2600 antes de Cristo, una princesa china, Si-Lin-Chi, vio, paseando por el jardГ­n, un gusano que se estaba encerrando a si mismo en un envoltorio de color de oro. Curiosa, mirГі a su alrededor y vio otros gusanos haciendo lo mismo. Cuando no habГ­a mГЎs que envoltorios pendientes del ГЎrbol, con gran cuidado cogiГі algunos de ellos y llegГі a descubrir el hilo con el que se cubrГ­an. IdeГі cultivar estos gusanos y obtener un hilo mГЎs resistente uniendo varios de ellos; luego consiguiГі tejerlos, y asГ­ naciГі, segГєn la leyenda, la fabricaciГіn de la seda. Los antiguos chinos elevaron a Si-Lin-Chi a categorГ­a de diosa. Don Antonio CГЎnovas del Castillo era jefe del Gobierno espaГ±ol. En ocasiГіn de una recepciГіn en que varias seГ±oras le habГ­an estado solicitando algunas mercedes, una de ellas le dijo: —Don Antonio, debe usted estar harto de nosotras, que no hacemos mГЎs que pedirle cosas. —SeГ±ora —respondiГі CГЎnovas—, a mГ­ las mujeres no me molestan por lo que me piden, sino por lo que me niegan. Frase maravillosa la de Calonne, ministro de Luis XVI de Francia, a la reina MarГ­a Antonieta: —SeГ±ora, si lo que me pedГ­s es posible, estГЎ hecho: si es imposible, se harГЎ. Por cierto que el nombre de MarГ­a Antonieta estГЎ equivocado. El femenino de Antonio —Antoine— en francГ©s es Antoniette. Luego, el nombre exacto de la reina en puro castellano serГ­a MarГ­a Antonia, sin diminutivo, que no existe en el idioma de nuestro vecino paГ­s. Pero contra la costumbre no hay quien pueda. MarГ­a Antonieta se ha dicho y MarГ­a Antonieta se dirГЎ. DEL MODO DE SERVIR EL VINO Y OTRAS COSAS Muchos son los que saben que al servir el vino es recomendable verter un poco en su propia copa antes de servirlo a los demГЎs. La explicaciГіn es lГіgica. Al abrir la botella, algunas partГ­culas de corcho pueden haber caГ­do en el interior de la misma y, por ello, el anfitriГіn debe evitar que pasen a la copa de sus invitados y preferir que queden en la suya. Hay otra razГіn. Lo conveniente es que al servirse primero el anfitriГіn, antes de ofrecer el vino, lo cate y saboree. AsГ­ estГЎ seguro de ofrecerlo en buenas condiciones y no picado, agrio o estropeado de cualquier otra manera. Y por fin hay una tercera razГіn, histГіrica Г©sta, que hace que tal costumbre tenga raГ­ces muy antiguas. En tiempos pasados, cuando no se usaba el corcho para tapar las botellas, se vertГ­a aceite en las ГЎnforas para preservar el vino de las perturbaciones del tiempo y del transporte. El aceite sobrenadaba en el cuello del ГЎnfora, y por ello quien servГ­a el vino debГ­a verter la primera copa en el suelo o en un recipiente para eliminar el aceite del vino que se iba a servir. El vino se enviaba desde muchos sitios a Roma, de la Galia, de Hispania. De Grecia llegaban navГ­os cargados de ГЎnforas a la urbe imperial. Claro estГЎ, durante el trayecto muchas de las ГЎnforas se rompГ­an y debГ­an ser desechadas a su llegada al puerto. Los trozos eran depositados en un lugar que aГєn hoy se llama el Testaccio, y que es una colina de unos 30 m de altura formada por millares de pedazos de ГЎnfora que harГ­an las delicias de muchos museos del mundo. El nombre Testaccio viene del latГ­n Testa o Testu, respectivamente ladrillo, teja, pedazo de teja o vasija y vasija de barro. Por la semejanza de la calavera con una vasija o con sus trozos, si se presenta con los huesos separados, se llamГі В«testaВ» a la cabeza. De ahГ­ la palabra В«testarudoВ» y otras parecidas. En italiano se llama tescchio a la calavera, y en francГ©s tГЄte, a la cabeza. Recuerdo que una vez en ParГ­s una buena mujer, espaГ±ola ella y con muchos aГ±os de residencia en la capital francesa, y que hablaba mal el francГ©s y peor el espaГ±ol, me decГ­a refiriГ©ndose a su hija: —Es que es una entetada. Es decir, entetГ©e, en francГ©s, testaruda; pero quien conocГ­a a la hija y la recordaba con abundantes ubres, y que era de aquellas que pueden ducharse sin mojarse los pies, la frase le hacГ­a una gracia especial. Una amiga mГ­a, francesa de nacimiento, viuda de un gran escultor espaГ±ol nacido en Maella y fallecido en Reus, me decГ­a un dГ­a: —Mi hija no ha podido venig. EstГЎ en camГЎ con un mal de tetГЎ que no se aguantГЎ; le tocГЎs la tetГЎ y la tiene calientГ©, calientГ©. La palabra В«tetaВ» es de origen desconocido; se encuentra en muchos idiomas y no sГіlo romГЎnicos, sino de otras familias lingГјГ­sticas. SegГєn los filГіlogos, debe ser de origen infantil, y ya es sabido que todos los niГ±os piensan igual y hablan con las mismas onomatopeyas. Y aprovecho esta ocasiГіn para advertir que no se debe hablar de los senos de una mujer, asГ­ en plural. В«SenoВ» equivale a hueco, hendidura y se refiere no sГіlo al interior del cuerpo —por ejemplo: В«lleva un niГ±o en su seГ±o»—, sino tambiГ©n a la hendidura que existe, o debe existir, entre las dos mamas de la mujer В«metiГі la carta en su senoВ» decimos y no В«entre sus senosВ». Es un plural muy singular. DE LA VANIDAD DEL ESCRITOR Se dice que un dГ­a le preguntaron a Manuel FernГЎndez y GonzГЎlez: —¿QuiГ©n es mejor escritor: tГє o Cervantes? —¡Hombre, te dirГ©! —dijo dudando el gran folletinista. Y que conste que esto de folletinista no es ningГєn adjetivo peyorativo. Folletinistas fueron Balzac, Dickens, Tolstoi, etc. Lo importante es ser genial, lo demГЎs importa poco. Ahora bien, hay escritores que creen ser el ombligo del mundo. Un dГ­a, estando en Montecarlo el famoso Lucien Guitry, una fulana se le acercГі en el casino y le preguntГі, seГ±alando a un jugador: —¿QuiГ©n es este hombre bajito, calvo y de mal color que conversaba con usted hace un momento? El otro dГ­a estuve una hora con Г©l y no hizo mГЎs que hablar de su persona como si fuese el centro del mundo. Al despedirse me dijo: В«No te revelo mi nombre porque, si lo supieras, serГ­an tan grande su sorpresa y el orgullo de haberme conocido que caerГ­as desmayada de emociГіn.В» AsГ­ que me tiene intrigada. ВїEs algГєn rey? ВїAlgГєn millonario? Lucien Guitry aclarГі el misterio: —Es el poeta italiano Grabriele d'Annunzio. —¿D'Annunzio?... Connaispas. Y la furcia acompaГ±Гі su frase con un mohГ­n que, de verlo, hubiera causado la desesperaciГіn del insigne vanidoso italiano. En cambio, muy distinto era aquel literato francГ©s (segГєn se dice porque la anГ©cdota se atribuye a muchos) que decГ­a: В«TardГ© diez aГ±os en darme cuenta de que no sГ© escribir.В» —Y entonces, ВїquГ©? ВїSe dedicГі a otra cosa? —¡Oh, no! Entonces ya era cГ©lebre. Una mezcla curiosa de orgullo y modestia, quizГЎ podrГ­a llamarse el orgullo de la humildad, era el caso de Tolstoi. Uno de sus admiradores quiso verle en su retiro de Jasnaia Poliana, y como le preguntara al cochero si encontrarГ­a al gran escritor en su gabinete de trabajo o empuГ±ando la mancera del arado, el auriga inquiriГі: —¿Sabe que usted viene a verle? —SГ­, le he prevenido por telГ©grafo. —Entonces, desde luego, le encontrarГЎ usted agarrado al arado. De Tolstoi, o mejor dicho, sobre una de las obras de Tolstoi, hay un dato curioso y muy poco conocido. En 1932, unos intelectuales rusos refugiados en Belgrado y reunidos en casa de otros rusos refugiados, celebraron un juicio de apelaciГіn con el procedimiento que estaba en vigor en el tiempo de los zares, y se condenГі al conde Wassili Wassilievich Posdnichev a doce aГ±os de trabajos forzados. Wassili W. Posdnichev es el protagonista de la Sonata a Kreutzer, de Tolstoi, que el 6 de noviembre de 1888 matГі por celos, en su propia habitaciГіn, a su esposa Isabel Nicolaievna, asestГЎndole varios golpes con un puГ±al. Por el tremendo relato del delito, que en el tren hace a sus compaГ±eros de viaje, a quienes apenas conoce, se sabe que fue absuelto por el tribunal por considerarle irresponsable, a causa de la pasiГіn que habГ­a completamente anulado su conciencia y su inteligencia. Los refugiados rusos repasaron aquella absoluciГіn y la encontraron injusta. Rehicieron simbГіlicamente el juicio y se reunieron jueces, jurado, testigos y abogados. El acusado estaba representado por persona que habla asumido su papel y lo habГ­a revisado, examinado y ponderado. Los jueces excluyeron la irresponsabilidad del detenido y fue condenado, como he dicho, a doce aГ±os de trabajos forzados, por haber encontrado sГіlo algunas circunstancias atenuantes. EMBARAZO Y PARTO Primer paso para la muerte es el nacimiento. Camino del nacimiento es el embarazo. Y camino del embarazo es..., ВЎtente puma!, que ya lo dice el refrГЎn: В«Besos y abrazos no hacen chiquillos, pero tocan a vГ­sperasВ», cuya consecuencia se desarrolla en otro proverbio: «¡Ay de mГ­, que cuanto menos lo catГ©, preГ±ada me vi!В» Aldous Huxley, en su obra Un mundo feliz, habla de un Centro de incubaciГіn y acondicionamiento de la Central de Londres. El director muestra la В«CГЎmara de fecundaciГіnВ» a los visitantes: В«-Г‰stas son las incubadoras. В»Y, abriendo una puerta aisladora, mostrГі una serie de ringleras superpuestas de tubos de ensayo. »—La provisiГіn semanal de Гіvulos —explicó— a la temperatura de la sangre. AquГ­ los gametos macho —y abriГі otra puerta—, que deben conservarse a treinta y cinco en vez de a treinta y siete. La temperatura normal de la sangre esteriliza. Los carneros envueltos en termГіgeno no engendran corderos. В»Apoyado en las incubadoras, comenzГі una breve descripciГіn del moderno proceso de fecundaciГіn. HablГі de su prГіlogo quirГєrgico: "OperaciГіn sufrida voluntariamente en beneficio de la sociedad, sin contar que proporciona una bonificaciГіn equivalente a seis meses de honorarios", continuГі relatando el procedimiento para conservar el ovario extirpado, vivo y en pleno desarrollo; siguiГі extendiГ©ndose en consideraciones sobre el Гіptimo de vida en cuanto a temperatura, grado de salinidad y viscosidad del medio, y prosiguiГі aludiendo al licor en el que se conservan separados los Гіvulos maduros; llevolos luego ante las mesas de trabajo y les mostrГі cГіmo se extrae aquГ©l de los tubos de ensayo y se echa, gota a gota, en lГЎminas de vidrio, previamente caldeadas para poner al microscopio; cГіmo se inspeccionan los Гіvulos contenidos en ellas con vistas a posibles anormalidades, se cuentan y se trasladan a un receptГЎculo poroso; cГіmo se introduce Г©ste en un caldo tibio que contiene los espermatozoides libres —a una concentraciГіn mГ­nima de cien mil por centГ­metro cГєbico—, y cГіmo, tras diez minutos, se saca el receptГЎculo del caldo y se examina su contenido nuevamente; cГіmo, si alguno de los Гіvulos queda sin fecundar, se le sumerge una segunda vez, y aun una tercera, si fuese necesario...В» Ya el jesuita padre Nieremberg en su Curiosa y oculta filosofГ­a, habГ­a escrito: В«TambiГ©n tengo por mГЎs sospechoso lo que el Tostado dice en su primera paradoja que Arnaldo de Vilanova cogiГі la semilla humana en cierto vaso preparado, a la cual fomentГі con proporcionados conformativos y transmutativos y que al cabo de algunos dГ­as hallГі que se habГ­a organizado y figurado con miembros humanos. Maravillado del caso, no quiso pasar adelante por no tentar a Dios y obligarle a que introdujese ГЎnima en aquella materia, y asГ­ quebrГі el vaso y lo arrojГі.В» Con todos los respetos para la ciencia, prefiero el mГ©todo tradicional. En las anteriores lГ­neas del padre Nieremberg se habla de un problema inquietante: la infusiГіn del alma en el feto. Antiguamente se dudaba del momento en que aquГ©lla tenГ­a efecto. En El porquГ© de todas las cosas, de Ferrer de Brocaldino, se pregunta: В«-ВїPor quГ© no tienen alma (las criaturas) luego al punto que se conciben? »—Porque no hay cuerpo a donde se deposite. »—¿Por quГ© a los varones se les infunde la alma a los cuarenta dГ­as y a las hembras a los ochenta? »—Porque el varГіn tiene repartido y perfeccionado en parte el embriГіn a los cuarenta dГ­as; la hembra, no hasta los ochenta. »—¿Por quГ© no lo estГЎ hasta los ochenta dГ­as el embriГіn de las hembras? »—Por ser muy dГ©bil y flaco, y por serlo se forma mujer, y no tiene actividad para perfeccionarse hasta los ochenta dГ­as. »—¿Por quГ© no se perfecciona antes de los cuarenta dГ­as el embriГіn del varГіn y el de las hembras antes de los ochenta? »—Porque a los seis primeros dГ­as de la concepciГіn se estГЎ en su ser la materia generante sin inmutarse. A los seis siguientes se incrusta, se hace espesa y vuelve colorada; a los doce siguientes ya es carne, que a los veinte y cuatro desde Г©ste, hasta los cuarenta dГ­as se forma. Lo primero el corazГіn, el hombro (sic) derecho, la cabeza, el pecho, los brazos, las espaldas, los muslos, piernas y pies. Las hembras necesitan de otros tantos dГ­as por su mucha flaqueza y humedad, poco calor y actividad de la materia generante.В» En cambio, un autor moderno, el doctor J. Surbled, afirma que el embriГіn (feto, despuГ©s del tercer mes) recibe su animaciГіn en el mismo instante de la concepciГіn. En otros tГ©rminos, el alma se crea en ese mismo momento y preside por sГ­ sola la evoluciГіn del Гіvulo fecundado, que mГЎs tarde serГЎ un ser humano completo. Г‰sta es la enseГ±anza de la ciencia mГЎs positiva, la cual estГЎ corroborada por la razГіn y a la cual nos atenemos sin reserva alguna. La concepciГіn es el momento en que se consuma el acto de la generaciГіn, cuando el Гіvulo es impregnado por el espermatozoide. En Г©l se comienza su evoluciГіn inmediatamente, evoluciГіn que es complicada y sigue sin cesar hasta la constituciГіn definitiva del ser humano: se va desarrollando en tamaГ±o y en perfecciГіn. Pero no crece mГЎs que porque vive, y vive porque estГЎ animado. Los maravillosos recursos del organismo y su funcionamiento, no menos prodigioso, suponen una causa directriz: el alma viviente, y sin Г©sta todo es inexplicable. De estos datos se deduce una importante conclusiГіn. Puesto que el feto estГЎ animado desde el principio de la concepciГіn (o fase embrionaria), puede administrarse el bautismo en cualquier Г©poca de su existencia uterina; mГЎs aГєn, se le deberГЎ administrar en caso de peligro de muerte, siempre que las circunstancias lo permitan. En el Fuero juzgo, libro VI, titulo 111, se dice lo siguiente: В«De los que tollen a las mujeres que non hayan parto I. De los que fazen abortar las mujeres por yervos В»Si algГєn omne diera yervas a la mujer, porque la faga abortar, o quel mate al fijo, el que faze deve prender muerte, e la mujer que toma yervas por abortar; si es sierva reciba C.C. azotes; si es libre, pierda su dignidad, e sea dada por sierva a quien mandar el rey. II. Si el omne libre faz abortar la muier por forza В»Quien fiere muier en alguna manera, o por alguna ocasiГіn le faze abortar, si la muier muriere, aquel prenda muerte por el omecillio que fizo. E si la muier abortare, e non obiere otro mal, si ambos eran libres el omne e la muier, e si el ninno era formado dentro peche C. a L. sueldos; e si el ninno non era formado peche C. sueldos. VII. De los que matan sus fijos en el vientre o despuГ©s que son nados В»Ninguna cosa non es peor de los padres que non an pietat, e matan sus fijos. E porque el pecado destos atales es apendudo tanto por nuestro regno que muchos varones e muchas muieres son culpados de tal fecho, por ende defendemos que non lo fagan, y establezcamos que si alguna muier libre o sierva matar su fijo, pues que es nado, o ante que sea nado prender yerbas por abortar, o en alguna manera lo afogare, el iuez de la tierra luego que lo sopiere condГ©mpnela por muerte. E, si la non quisiere matar, ciГ©guela; e si el marido ie lo mandar fazer, e la sofrier, otra tal pena deve aver.В» Esto decГ­a la ley contra el aborto provocado, y he aquГ­ lo que preconizaba la ciencia, muchos aГ±os despuГ©s, contra el aborto fortuito. El doctor Juan Alonso y de los Ruizes Fontecha, en sus celebrados Privilegios para mujeres preГ±adas, impresos en 1606, dice en el folio 67 vuelto: В«Sea, pues, la conclusiГіn porque no aborten las preГ±adas, que tienen privilegio de poder traer cosas consigo, de las que son licitas y no huelen a supersticiГіn cuanto se entendiere por MГ©thodo o experiencia que lo pueden impedir: aunque traigan su cuello tan cubierto de ellos que parezca tienda de buhonero, nasar de aldea o cintura de dixes de niГ±o, solo en casa: sus y empeyne, que parezcan tablas de navГ­o bien breadas, y su estomago curiosa y agradable botillerГ­a.В» Pasa el citado autor a seГ±alar los objetos que, pendientes del cuello, tienen virtud de impedir el aborto, y aconseja que las seГ±oras poderosas luzcan con profusiГіn В«ricos diamantes, esmeraldas y finas piedras de ГЎguila, haciendo en su caГ­da descendencias y ondulaciones entre los dos pechos bajando alguna sarta e finos corales hasta dГіnde se hace la obra. Estas piedras preciosas, como tienen propiedad afectiva sobre el feto, puestas por encima de la madre le sujetan e impiden su salida y colocadas por debajo, en el muslo izquierdo, facilitan el parto, porque empujan al niГ±o hacia la salida que al mundo conduce. В»Las mujeres pobres que no tienen a mano ricas joyas y valiosos collares, pueden usar el osezuelo postrero de la sarta del espinazo de la liebre, colgado al cuello, y la ceniza del erizo, polvos de ranas tostadas y los gusanillos de las hortalizas que son objetos de virtud probada y de fГЎcil adquisiciГіn.В» Por lo dicho podremos formarnos idea de lo abrumadas que irГ­an las opulentas damas del siglo XVII, singularmente aquellas que, como las reinas, tenГ­an interГ©s capital en asegurar la descendencia. Y si algГєn malicioso o descreГ­do lector preguntase: ВїquГ© tienen que ver las piedras, los huesos y demГЎs zarandajas con el nonato?, trasladaremos la interrogaciГіn al mencionado autor, quien contesta que В«las cosas que suceden por simpatГ­a o antipatГ­a son difГ­ciles de explicar, aunque no por esto menos ciertos sus efectos. Si el ГЎmbar atrae a las pajas y papeles, y el caballo advierte las asechanzas dirigidas contra el jinete, habiendo tanta distancia sustancial entre la pajuela y el ГЎmbar, entre el bruto y el caballero; si entre el armiГ±o y el barro existe tan grande y sabida antipatГ­a como la que tienen los melones para el aceite; si el imГЎn atrae al hierro y lo encuentra, lo delata y lo hace suyo donde quiera estГ©, ВїquГ© de extraordinario tiene, aunque no se explique, que las piedras preciosas ejerzan acciГіn atrayente sobre el feto?В». «¿Hay mГЎs distancia de naturaleza entre el feto y el diamante que entre el ГЎmbar y la paja? No; pues no ha de repugnar que las joyas atraigan al niГ±o como el ГЎmbar al papel.В» Г‰sta y otras obras por el estilo nos muestran la consideraciГіn en que tenГ­an a las embarazadas y que llamГі tanto la atenciГіn a la condesa D'Aulnoy: В«Me aseguran que si una mujer en tal estado pretende una cosa y no lo consigue porque le sea negada, es vГ­ctima de una dolencia que la hace malparir, y por esto, para evitarles disgustos, se les concede el derecho de molestar a todos como les plazca. В»Las primeras veces que a mГ­ se dirigieron no anduve con reparos, y hablГ© secamente a las que se proponГ­an abusar de mi paciencia; se retiraron algunas llorosas y sin atreverse a insistir; pero, en cambio, hubo muchas obstinadas que quisieron ver mis zapatos, mis ligas y lo que llevaba en los bolsillos. Cuando me rogaban que cediera, porque si las mujeres plebeyas notaran mi proceder, serГ­an capaces de apedrearme por el poquГ­simo caso que hago de lo que tan respetable les parece. Y mis doncellas vense mucho mГЎs importunadas que yo, porque aquГ­ no tiene lГ­mites la necia curiosidad de las embarazadas. В»Hanme referido que un joven caballero de la corte, enamorado de una seГ±ora muy hermosa, para tener ocasiГіn de hablar con ella burlando la vigilancia del marido, se disfrazГі de mujer embarazada y fue a casa de su amor con el antojo de hablar a solas con la seГ±ora. El marido, sin caer en sospecha, aun cuando era celoso y no se apartaba de su mujer un solo instante, accediГі a la sГєplica, con lo cual dio tiempo a una prolongada y sabrosa entrevista. В»Cuando las mujeres embarazadas desean ver al rey, se lo hacen saber por algГєn criado palaciego, y el rey sale al balcГіn, donde permanece mientras ellas le miran.В» Claro estГЎ que por ello deben existir el refrГЎn В«La vida de la preГ±ada es vida privilegiadaВ» y la locuciГіn popular В«Tienes mГЎs antojos que una preГ±adaВ». Pero no se crea que este cuidado a las embarazadas y estas creencias en los antojos fuesen cosa privativa de EspaГ±a. La condesa D'Aulnoy se molestaba por costumbre y creencia que tan extendidas estaban en su patria como en la nuestra. De bastantes aГ±os despuГ©s es la anГ©cdota que sigue. Buffon pretendГ­a que las mujeres podГ­an tener antojos, pero que Г©stos no dejan huella alguna. В«Mi tГ­o —dice la duquesa de Abrantes, que es la que narra la historia— pretendГ­a lo contrario.В» La discusiГіn se resolviГі gracias a madame Buffon. Estaba embarazada y desde hacГ­a dГ­as tenГ­a antojo de comer fresas, aГєn no siendo la temporada de ellas. Los invernaderos de Montbard contenГ­an algunos ejemplares aГєn verdes y madame Buffon esperaba el momento de poderlas comer. —Ahora veremos quiГ©n tiene razГіn —dijo Buffon. Al dГ­a siguiente se cerraba el invernadero, se dieron las mГЎs severas Гіrdenes al jardinero y la pobre seГ±ora fue condenada a contemplar cada dГ­a, a travГ©s de los cristales una magnГ­ficas fresas cada dГ­a mГЎs rojas. Madame Buffon dio a luz un niГ±o que sobre el pГЎrpado izquierdo ostentaba un antojo en forma de fresa, viva prueba para refutar un error escrito o impreso. Es curioso que todos los antojos tengan forma de frutos que son mГЎs o menos informes. Si la mancha es redonda el antojo puede ser de naranja, manzana u otra cualquier fruta por el estilo. Si ovalado de pera, fresa o fruta similar. Aun cuando la ciencia no hubiese demostrado la falsedad de la creencia en el antojo, yo no creerГ­a en Г©l hasta haber visto sobre la piel de un niГ±o un antojo en forma de bicicleta o locomotora, pongo por caso, de formas bien definidas. En Barcelona se dio un caso muy curioso. Se presentГі una seГ±ora ante el mГ©dico diciГ©ndole que estaba casada y temГ­a haber quedado embarazada de una aventura extraconyugal con un negro. La seГ±ora estaba apuradГ­sima. ВїQuГ© hacer? Si el niГ±o era de su marido, no habГ­a problema; pero Вїy si salГ­a negro? El mГ©dico tuvo una idea. —SeГ±ora. ВїConoce usted la calle del Carmen? —SГ­, doctor. —¿Sabe usted aquella tienda de ropas que tienen como muestra un negro? —Si... —Pues cuando salga con su marido procure pasar por allГ­ y fГ­jese en la muestra de forma que su esposo se dГ© cuenta de ello. AsГ­ lo hizo la seГ±ora. La tal muestra era un reloj que ostentaba un negro gigantesco que creo daba el nombre al establecimiento. La seГ±ora pasГі por allГЎ, se fijГі en el negro y desde entonces hasta el dГ­a del parto no hizo mГЎs que suspirar por el negro en cuestiГіn. LlegГі el dГ­a solemne y cuando hubo dado a luz, el doctor, muy compungido, se acercГі al padre y le dijo: —Es un niГ±o..., pero... negro. —Ya me lo temГ­a —dijo el marido—; la dichosa muestra. Pero dГ­game, doctor, no llevarГЎ un reloj en la barriga, Вїverdad? En nuestra patria y durante la primera mitad de la centuria decimosГ©ptima, aconsejГЎbase multitud de drogas y manipulaciones para avivar y facilitar los partos. El doctor Francisco NГєГ±ez recomendГі en 1621 la conducta siguiente para la asistencia de las mujeres: acostarlas en el lecho de trabajo boca arriba, refrescar la habitaciГіn en verano y templarla en invierno; poner sobre las narices y boca de la parturienta, un estornutatorio; asir a la preГ±ada por los lados y apretarla con ambas manos hacia abajo, В«entre tanto, dice, ande la parte diligente y no dexe pasar un punto sin trabajo ungiendo y ablandando la natura con aceite y huevo o sahume la matriz con unas pГ­ldoras compuestas de mirra, gГЎlbano, castГіreo y hiel de vaca, o con azufre y apopГіnaco arrojado sobre ascuas; tambiГ©n aprovechan los sahumerios de estiГ©rcol de paloma o de milano; es tambiГ©n cosa muy Гєtil tomar un copo de lana remojada en zumo de ruda y meterlo en la natura de la preГ±ada; el asafГ©tida y el opopГіnado con caldo o vino aguado, si se da a la preГ±ada hace salir la criatura, y asimismo la canela y el culantrillo en decoctoВ». Si a esto se aГ±aden los potajes, las grasas, caldos confortativos y cien mejunjes preconizados para arrojar las secundinas, veremos que, en aquel tiempo asistir a un parto, segГєn NГєГ±ez, exigГ­a no poca diligencia de parte de la comadrona y mayor resignaciГіn de la parturienta. DamiГЎn CarbГіn es el autor de una obra titulada Libro del arte de las comadres o madrinas y del Regimiento de las preГ±adas y paridas y de los niГ±os, obra inestimable ya que los mГ©dicos no asistГ­an a los partos y si sГіlo las comadres segГєn se desprende del texto de CarbГіn que dice: В«AsГ­ como los mГ©dicos delegaron en los cirujanos las operaciones, vista la necesidad de las mugeres en el tiempo de su preГ±ez y parir fue necesario por honestidad dexar estas cosas en poder de mugerВ». Solamente cuando se trataba de extraer el feto en pedazos, la comadrona llamaba en su auxilio al cirujano, no al mГ©dico. Del mГ©dico Wert, de Hamburgo, se cuenta que deseando estudiar el parto y no siendo permitido el que los hombres entrasen en la habitaciГіn de la parturienta, optГі por disfrazarse de mujer para lograrlo, lo cual le costГі que le quemasen vivo en 1522. DamiГЎn CarbГіn exige a las comadronas las condiciones siguientes: В«La primera es que sea muy experta. Si miramos cuantas variedades se siguen en las preГ±adas en todo tiempo de su preГ±ez y en el tiempo de su parir, claramente entenderemos no poder alcanzar sino por grandes experiencias (como tengo visto). Y por eso ha de ser la dicha comadre de todo esto muy experimentada. В»La segunda condiciГіn que ha de tener la comadre es que sea ingeniosa (es a saber) que con buen ingenio y discreciГіn sepa examinar los partos dificultosos y malos y proveer en las cosas que daГ±o para ello pueden traer. В»La tercera condiciГіn que ha de tener la comadre es que sea bien moderada (es a saber), que tenga buenas costumbres. Pues es menester que tenga buena casa y bien formados sus miembros, por lo que digamos de su buena complexiГіn. No sea fantГЎstica, no sea riГ±osa, sea alegre, gozosa porque con sus palabras alegre a la que pare. Sea honrada, sea casta para dar buenos consejos y exemplos, mire que tiene honestГ­sima arte. Sea secreta que es la parte mГЎs esencial. Cuantas cosas les vienen en manos que no han de comunicar por la vergГјenza y daГ±o que se seguirГ­a. Tenga temor de Dios. Sea buena christiana por que todas las cosas vengan en bien. Dexe cosas de sortilegios ni supersticiones y agГјeros, i cosas semejantes porque lo aborrece la Yglesia Santa. Sea devota y tenga devociГіn en la Virgen MarГ­a. Y tambiГ©n con los sanctos y sanctas del paraiso porque todos sean de un adjutorio.В» Ya he dicho que hubo un tiempo en que estaba prohibido que los mГ©dicos asistiesen a los partos, pudiГ©ndolo hacer solamente las comadronas. Con todo, no debГ­a durar mucho la prohibiciГіn, ya que en 1682, cuando vino al mundo el duque de BorgoГ±a, vemos como comadrГіn al doctor ClГ©ment. Como el parto fuera algГєn tanto costoso y entretenido y juzgara el profesor que los Гіrganos exteriores de la generaciГіn de la madre habГ­an sufrido atriciГіn, ClГ©ment dispuso una cataplasma compuesta con huevo y aceite de almendras dulces; para evitar la inflamaciГіn del vientre de la puГ©rpera aplicГі la piel, aГєn caliente, de un carnero negro reciГ©n desollado, para lo cual llamose a un carnicero que despojГі de su pellejo a la res viva en un cuarto inmediato al que la egregia parida ocupaba, y cuГ©ntase, a este propГіsito, que el desollador, temeroso de que la piel se enfriase, corriГі a llevarla a la cГЎmara de la princesa olvidГЎndose de cerrar la puerta, y con espanto de todos los circunstantes entrГі la desventurada oveja desollada, sangrienta y dando balidos hasta el lecho de la alta seГ±ora. El profesor ClГ©ment recibiГі de Luis XIV, por su intervenciГіn en el citado parto, 10000 libras; ganГіse la confianza de la corte, mermГі el prestigio de las comadronas, hizo tres viajes a Madrid para asistir otras tantas veces a la reina de EspaГ±a y, por fin, en 1712, el mismo Luis XIV otorgГіle credenciales de nobleza en las cuales existГ­a una clГЎusula segГєn la cual no podia abandonar el ejercicio de su arte ni negar consejos a las mujeres que se lo pidieran. No fue tan hacedero y sencillo como el del duque de BorgoГ±a el nacimiento del rey de Roma. MarГ­a Luisa, segunda esposa del vencedor en Marengo, fue asistida por el famoso tocГіlogo Dubois, por muerte del cГ©lebre Bandelocque. Convencido NapoleГіn I de que el vino, al par que robustece a las preГ±adas, influye en que el producto de la generaciГіn pertenezca al sexo masculino, dio de beber a su augusta esposa mГЎs que razonable cantidad de zumo de la vid durante el embarazo; los hechos vinieron a dar, en esta circunstancia, la razГіn al emperador de los franceses. El rey de Roma hizo su entrada en el mundo de suerte algo incorrecta; presentose de nalgas, lo cual, tras de dar no poco trabajo a Dubois y comprometer seriamente la vida de madre e hijo, llevГі la angustia al ГЎnimo del capitГЎn del siglo durante algunas horas. DГ­cese que, examinada la egregia parturienta por el famoso comadrГіn y notando Г©ste que las cosas no venГ­an por lo derecho, determinГі poner en conocimiento de NapoleГіn I lo critico de la situaciГіn que amenazaba tornarse angustiosa dentro de algunos instantes. Ciertamente que el sabio Dubois tenia motivos para quejarse de su suerte. SegГєn afirma Merriman, sГіlo 48 veces entre 1.8000 partos se observa aquella presentaciГіn persistente. HallГі Dubois al emperador en el baГ±o y apenas hubo comenzado a exponer sus temores, cuando NapoleГіn interrumpiendo al doctor, dijo con energГ­a: В«Salvad a la madre.В» Dubois insistiГі; pintГі el cuadro clГ­nico sin agravar las circunstancias, pero manifestando sus temores, y terminГі aconsejando se consultara a profesores doctos como era costumbre en parecidos trances; entonces el guerrero contestГі lo siguiente: M. Dubois, si vous n'etiez pas ici, c'est vous, et vous seul qu'on irait chercher; rГ©tournez prГ©s de l'impГ©ratrice et traitez-lГЎ comme vous le fariez de la femme d'un marchand de la ruГ© St. Denis. Estas frases, altamente halagГјeГ±as para Dubois y que dan a conocer la penetraciГіn del emperador, fueron pronunciadas con poca diferencia, muchos aГ±os antes, por Enrique IV en ocasiГіn parecida, dirigiГ©ndose a la comadrona Luisa Bourgesois. El caso fue que Dubois volviГі al lado de la emperatriz, puso a contribuciГіn todos sus conocimientos y habilidad, y el parto terminГі felizmente en presencia de NapoleГіn, angustiado por crueles dudas y tristes presentimientos. El rey de Roma debiГі la existencia tanto a sus padres como al comadrГіn; comprendiГ©ndolo asГ­ el conquistador, nombrГі barГіn a Dubois, aumentГі su sueldo y le regalГі, ademГЎs, y al dГ­a siguiente del parto, 10.000 francos. Chamfort narra una anГ©cdota que es muestra de psicologГ­a real bien diferente a la de NapoleГіn. Para el parto de la delfГ­na se llamГі a palacio al cГ©lebre Levrer y el delfГ­n le dijo: —PodГ©is estar contento: este parto labrarГЎ vuestra reputaciГіn. —Si mi reputaciГіn no estuviese labrada —dijo el mГ©dico—, no estaГ±a yo aquГ­. DEL ESCRIBIR Y DE OTRAS COSAS Recojo aquГ­ una serie de anГ©cdotas que he ido colocando en mis programas radiofГіnicos. De algunos citarГ© la fuente, de otros no porque la he olvidado. A Alejandro Dumas le acusaban de plagiario y Г©l contestГі: В«Yo, como Shakespeare, tomo lo bueno donde lo encuentro.В» Yo hago lo mismo, aunque no pueda repetir como Г©l В«el plagio es perdonable a condiciГіn de que vaya seguido del asesinatoВ», indicando con ello que la obra resultante del plagio ha de ser superior a la plagiada. Shakespeare tomГі su Romeo y Julieta de una novela de Mateo Bandello, escritor italiano del que pocos se acuerdan. Es un ejemplo que yo no puedo seguir. No hago una obra de creaciГіn, sino que, humildemente lo confieso, voy espigando en mis lecturas aquello que creo que puede interesar a mis oyentes, hoy mis lectores. No quisiera que me pasara lo que a un predicador inglГ©s que tenГ­a la costumbre de tomar frases de otros. Creo que la anГ©cdota la refiere Alfredo R. AntigГјedad. Un anciano estaba sentado bajo el pulpito del predicador. Apenas Г©ste habГ­a comenzado su sermГіn cuando el viejo dijo en voz alta: —Esta frase es de Sharlok. El predicador se asombrГі, pero continuГі su sermГіn. Al cabo de un rato se oyГі la voz del interruptor: —Esto es de Tillotson. MГЎs enfado por parte del clГ©rigo. Pausa y continГєa. Nueva interrupciГіn del viejo... —Esto es de Thompson. Indignado, el predicador no pudo aguantarse mГЎs: —¡Si no calla de una vez, le echo a la calle! El viejo le mirГі impГЎvido y dijo en alta voz: —Por fin ha dicho algo original. Esto de escribir es algo especial, a mГ­ se me da mejor hablar. Hablar ante un auditorio, cuanto mГЎs numeroso mГЎs fГЎcil es, o hablar ante un micrГіfono como hago todos los dГ­as. Escribir me cuesta mГЎs, no sГ© si por incapacidad o por pereza. Y no olvidemos que la pereza no es un pecado. Los teГіlogos la llaman В«asidiaВ», que es la pereza ante la actividad espiritual que nos pueda llevar hacia Dios. La pereza fГ­sica o material no puede ser pecado, pues nos impide cometer otros. Se cuenta que MarГ­a Guerrero y su esposo FernГЎndo DГ­az de Mendoza habГ­an invitado a don Benito PГ©rez GaldГіs a pasar una temporada en Barcelona, donde ellos actuaban. La anГ©cdota que voy a referir me parece que no sucediГі en la Ciudad Condal, sino en Sitges, pero para el caso es lo mismo. Don Benito estaba casi ciego y tenia necesidad de un amanuense que escribiese lo que Г©l le dictaba. Una tarde, MarГ­a Guerrero dijo a una criada que le dijese a GaldГіs no sГ© quГ© cosa. La doncella volviГі diciendo: —No he podido decirles nada porque estГЎn escribiendo uno de estos dramas que ellos hacen. La Guerrero corrigiГі: —No, quien escribe es don Benito. La criada, que habГ­a visto a GaldГіs dictando, dijo maliciosamente: —No lo crea, seГ±ora. Don Benito no hace mГЎs que hablar, quien escribe es el otro. TambiГ©n dictaba don Manuel FernГЎndez GonzГЎlez, quien una vez querГ­a escribir una novela cuya acciГіn se desarrollaba en la Г©poca de Felipe II. PidiГі a un amigo suyo, bibliotecario de la Nacional que le separase В«todosВ» los libros que tratasen de dicho rey que hubiese en la citada biblioteca, pues los querГ­a consultar. El amigo contestГі que era imposible separarle В«todosВ», y al final quedaron que a la semana siguiente FernГЎndez GonzГЎlez pasarГ­a por la Nacional a consultar los que le hubiere separado. AsГ­ lo hizo. EntrГі en la habitaciГіn donde se encontraba mГЎs de un centenar de libros que hablaban de Felipe II. El novelista los mirГі durante un rato y luego saliГі. En la puerta se encontrГі a su amigo. —¿Ya los has leГ­do todos? —No, pero los he olido y para mГ­ ya es bastante. Claro estГЎ que si cultura histГіrica hacГ­a que el Cid Campeador contemplase la catedral de Burgos, siglo antes de edificarse. Para explicar el anacronismo, afirmaba despuГ©s que la habГ­a visto por espejismo. Pues bien: este FernГЎndez GonzГЎlez dictaba a su secretario el capitulo VIII de una de sus mГЎs leГ­das novelas. Al terminar un pГЎrrafo de una escena truculenta en la que un villano maltrataba a una dГ©bil mujer, dictГі: В«Leopoldo, espada en mano, se precipitГі en la habitaciГіn con la violencia del huracГЎn.В» —Pero, don Manuel —le interrumpiГі el secretario—, Вїno recuerda usted que Leopoldo muriГі en el desafГ­o del capГ­tulo quinto? —No importa. Termine el capГ­tulo y empiece el noveno con el tГ­tulo В«De cГіmo Leopoldo, que resultГі muerto en el capГ­tulo quinto, logrГі escapar con vida del lanceВ»... —y siguiГі dictГЎndole. Y que conste que entre sus amanuenses se encontraban TomГЎs LuceГ±o y Vicente Blasco IbГЎГ±ez. LAS CONFERENCIAS Se cuenta del ilustre actor italiano Enrico Novelli que cierto dГ­a se le acercГі un joven pidiГ©ndole consejo para saber cГіmo debГ­a presentarse en una conferencia. —SeГ±or Novelli, no sГ© exactamente cГіmo hacerlo. ВїQuГ© es lo que tengo que hacer para empezar y lo que tengo que hacer para terminar la conferencia? Para que usted pueda aconsejarme con seguridad se la voy a leer. —¡Hombre, no hay necesidad! ВЎPor Dios, no se preocupe usted; serГЎ perfecta!... ВЎBueno: lГ©ala! ВЎNo hablemos mГЎs! Y quieras que no le endilgГі la tabarra que llevaba preparada. Naturalmente, aguantГі el chaparrГіn como pudo y, al fin, le dio el consejo pedido. —Mire usted, al entrar saluda con una pequeГ±a inclinaciГіn de cabeza; no exagere; mire al auditorio y empiece a hablar. Al terminar termine usted rГЎpidamente, hace una inclinaciГіn de cabeza lo mГЎs ligera posible y echa a correr si todavГ­a le dan tiempo. Llevo muchos aГ±os dando conferencias por esos mundos de Dios. Desde DublГ­n hasta MoscГє y desde Upsala a Messina, creo que he recorrido todo el mapa europeo. Hablo, pues, con conocimiento de causa. Nada mГЎs terrible que el conferenciante aficionado que se pirra por someter a un imaginario pГєblico —siempre mГЎs escaso del que habГ­a supuesto— al tormento de unas cuartillas leГ­das monГіtonamente y compiladas a base de fichas terminadas el dГ­a anterior. La mayorГ­a de los conferenciantes no se dan cuenta de que demuestran —a veces— estar informados, pero no estГЎn todavГ­a formados. Un conferenciante, a mi entender, es un actor que recita su propio texto. Como autor debe tener algo que decir, como actor debe saber decirlo; lo demГЎs son zarandajas. Se cuenta que cuando Ortega y Gasset dio su primera conferencia en Madrid, despuГ©s de sus aГ±os de exilio, lo hizo ante una multitud expectante. LeГ­a, pero leГ­a muy bien y, en un momento dado, se le cayeron las cuartillas que estaba leyendo; hizo un gesto para recogerlas y luego, encogiГ©ndose de hombros, lo dejГі estar, continuando como si tal cosa. En este momento se oyГі una voz femenina con acento porteГ±o. —¡Igual, igualito le pasГі en Buenos Aires y en este preciso momento! Ignoro si la anГ©cdota es autГ©ntica, pero bien pudiera ser. Ortega y Gasset era un gran conferenciante y algo de teatro ponemos siempre los que hablamos en pГєblico. Eugenio d'Ors, relatando una de sus conferencias, dijo: —Hubo entusiasmo, aunque no indescriptible. ВїCuГЎnto tienen que durar las conferencias? Creo que lo ideal reside en los cuarenta y cinco minutos. Como decГ­a un cГ©lebre obispo catalГЎn a sus predicadores: —Hablad brevemente. Los sermones cortos mueven el corazГіn, los sermones largos mueven el culo, con perdГіn. Se referГ­a, claro estГЎ, al movimiento de los cuerpos en su asiento cuando empiezan a estar cansados. Las conferencias deben ser como las faldas de las mujeres: suficientemente largas para contener algo y suficientemente cortas para despertar el interГ©s. Y no hay gГ©nero de duda que una minifalda interesa mГЎs que una maxifalda. A no ser que se vea compensada por un generoso escote. A propГіsito de escotes. Sabido es que la emperatriz Eugenia poseГ­a un bello rostro, pero un busto mГЎs bien feo. Su rival en los amores de NapoleГіn III era la condesa de Castiglione, que, aun siendo hermosa de cara, estaba mejor favorecida en cuanto a envases lГЎcteos se refiere. Un dГ­a la condesa se presentГі en un baile de corte con un vestido extraordinariamente escotado. La emperatriz se lo hizo notar, a lo que respondiГі la condesa: —Majestad, cada uno exhibe su cara allГЎ donde la tiene. Pero volvamos a las conferencias. Una vez dos conferenciantes hablaban de sus experiencias: —Lo terrible es cuГЎndo los oyentes miran una y otra vez el reloj. —Peor es cuando ves que, luego de mirar el reloj, lo llevan al oГ­do creyendo que estГЎ parado. Los antiguos romanos ya daban conferencias. En el foro precisamente. AllГ­ se congregaban los aficionados a la intelectualidad o los esnobs de aquel tiempo, y oГ­an a los que creГ­an que tenГ­an algo que decir; los mГЎs ricos llevaban con ellos a su pГєblico y algunas gentes que, previamente pagadas, se dedicaban a aplaudir y a alabar las frases del orador. Eran una premoniciГіn de la claque. Mi amigo Andreu Avel.li ArtГ­s, Sempronio, relata en uno de sus libros, Quan Barcelona portava barret, las tarifas de la claque en algГєn teatro. Antonio Gil y Corraliza, jefe de la claque del Liceo barcelonГ©s, procedente del Teatro Real de Madrid, tenГ­a la siguiente tarifa: В«Aplausos corrientes al final de cada acto, 10 pesetas. Por gritar "TГє solo" al final del segundo acto, 125 pesetas. Por cada subida de telГіn, 20 pesetas. Por cada "Chist" reclamando silencio, 15 pesetas. Por un "Admirable", 50 pesetas, y asГ­ sucesivamente.В» Una vez, en el Ateneo barcelonГ©s —hace de ello mucho tiempo— un conferenciante se encontrГі con que sГіlo habГ­a una persona en la sala para escucharle; se dirigiГі al oyente y le dijo: —Aunque sГіlo usted haya venido, a usted dedicarГ© mis palabras y procurarГ© ser breve. —No importa —dijo el otro—, sea tan largo como quiera. Yo soy el cochero que le ha traГ­do aquГ­ y como cobro por horas... Para muchos, quizГЎs el mejor mГ©todo para terminar una conferencia serГ­a el sistema que usГі una vez un mal cГіmico que oГ­a silbar cada dГ­a una perorata suya en una obra dramГЎtica. Un dГ­a el pobre infeliz no pudo mГЎs y, cuando empezaron los silbidos, se adelantГі a las candilejas y dijo: —Respetable pГєblico. Si no dejan de silbar y no aplauden, lo repito. La ovaciГіn fue inenarrable. EPIGRAMAS Por no saber Juan quГ© hacer a periodista se echГі y el pГєblico le leyГі por no saber quГ© leer. El epigrama no es nuevo. Hoy, aunque sucede lo mismo, para ser periodista es menester pasar por la universidad —Facultad de Ciencias de la InformaciГіn— y despuГ©s probar suerte. Ahora bien, el pГєblico es el mismo del siglo pasado cuando Miguel AgustГ­n PrГ­ncipe escribiГі los versos citados al comienzo de este capitulillo. TambiГ©n es de Miguel AgustГ­n PrГ­ncipe: Se queja de padecer dolor de cabeza Irene, mГЎs no acierto a comprender cГіmo le puede doler la cabeza que no tiene. Y vaya ahora uno que parece muy moderno, surrealista, ejemplo magnГ­fico del humor por el absurdo. Un gato y un ratГіn se convinieron y recГ­procamente se comieron. ВЎEfecto de la gula! Vicio feo del cual debes huir, ВЎoh Timoteo! Son versos que merecerГ­an haber sido publicados en La Codorniz, la revista de humor gloriosamente fenecida, pero son de Miguel de los Santos ГЃlvarez (1817-1892), el romГЎntico compaГ±ero de Espronceda y de Zorrilla. Se acabГі de confesar la sobrina del vicario y empezГі contrita a orar al pie del confesionario y aunque el padre repetГ­a: В«La castidad te interesa...В», que ella al tiempo decГ­a: В«Me pesa, SeГ±or, me pesa.В» Es de Juan MartГ­nez Villegas, como el que sigue en el que, mutatis mutandis en vez de cesante poniendo jubilado, por ejemplo, y en vez de bula un documento oficial cualquiera, se puede ver que la sociedad en siglo y medio no ha cambiado mucho. Una viuda y un cesante fueron por la bula juntos. No hizo mГЎs el despachante que mirarles el semblante y se la dio de difuntos. Y otro: BramГі el gato de una viuda en enero y el porquГ© pregunto una niГ±a aguda. La madre dijo: В«No sГ©; dolor de muelas sin duda.В» Quejose ella cierto dГ­a de la viudez sin cautela, y su niГ±a que la oГ­a dijo triste: В«-Madre mГ­a, Вїle duele a usted alguna muela?В» Otro mГЎs aplicable, por fin, en EspaГ±a: В«Ya en MГ©xico han proclamado el matrimonio civil, mirad si hemos progresadoВ», gritaba el soltero Gil. Pero el casado Pascual se lamentaba y decГ­a que mГЎs progreso serГ­a declararlo criminal. He aquГ­ otro sacado de Los pechos privilegiados, de Juan Ruiz de AlarcГіn. Es una definiciГіn de la santidad, un tanto especial. Quien bien come, bebe bien, quien bien bebe, concederme es forzoso que bien duerme; quien duerme, no peca; y quien no peca, es caso notorio que si bautizado estГЎ, a gozar del cielo va sin tocar el purgatorio. Esto arguye perfecciГіn: luego, segГєn los efectos, si los santos son perfectos, los que comen bien, lo son. De Gabriel del Corral es este otro: A su mujer ofendido В«cabraВ» un marido llamГі y ella se desagraviГі con llamarle... su marido. Lope de Vega escribiГі para la sepultura de un mГ©dico: EnseГ±Г©, no me escucharon; escribГ­, no me leyeron; curГ© mal, no me entendieron; matГ©, no me castigaron. Ya con morir satisfice ВЎOh, muerte!, quiero quejarme; bien pudieras perdonarme por servicios que te hice. Y, para terminar, he aquГ­ un delicioso epigrama de CristГіbal de Castillejo: Dame, amor, besos sin cuento, asido de mis cabellos y mil y ciento tras ellos y tras ellos mil y ciento y despuГ©s de muchos millares, tres; y porque nadie lo sienta desbaratemos la cuenta y contemos al revГ©s. UN ESPECTГЃCULO EJEMPLAR Luis XIII de Francia naciГі en 1601 y en 1610, es decir, cuando contaba sГіlo nueve aГ±os, fue proclamado rey. Cinco aГ±os despuГ©s —1615— le casaron con Ana de Austria, hermana del rey de EspaГ±a Felipe IV. Contaba, pues, catorce aГ±os y, a pesar de cГіmo estaba la corte francesa en aquel momento, no habГ­a conocido mujer y era tan virgen como cuando su madre le habГ­a parido. No sГ© si por timidez, por ignorancia o por quГ© otra causa, el rey francГ©s no se decidiГі a hacer uso de sus deberes conyugales. El caso es que la pobre Ana, al cabo de un tiempo, se quejГі de ello a su hermano el rey de EspaГ±a; Г©ste, a su vez, hizo que la queja se transmitiese al papa, el cual lo comunicГі a su nuncio en ParГ­s, quien, a su vez, informГі al embajador de Venecia, amigo de Luis XIII. Los dos Гєltimos idearon una estratagema —que explica Robert de Montesquieu— para decidir al rey a cumplir como debГ­a. En una sala secreta, dispuesta al efecto, el rey pudo asistir a las lides de amor de su hermana, la duquesa de VendГіme, con su marido. Este edificante espectГЎculo influyГі en el rey y fue comprobado por su mГ©dico que, manu medicali, le incitГі a acudir al tГЎlamo conyugal, donde su esposa, Ana de Austria, le esperaba convenientemente informada. El truco tuvo Г©xito y la reina pudo comprobar que no por ser rey se deja de ser hombre. Y que nadie se escandalice. A un lado del rey mirГіn se encontraba su mГ©dico y al otro su confesor. DESAPARECE EL CORNUDO Creo que la figura social del cornudo camina hacia su extinciГіn. No es que las mujeres de hoy sean fГ­eles a su marido mГЎs que las de antes, ni muchГ­simo menos. Lo que pasa es que ahora a la infidelidad conyugal se le da menos importancia. Las llamadas В«revistas del corazГіnВ» —que se llaman del corazГіn, pero que generalmente apuntan mГЎs abajo— estГЎn llenas cada semana de historias de Fulanita que se ha separado de su marido y estГЎ В«unida sentimentalmenteВ» con Zutanito —lo que es un eufemismo— para decir que arrugan sГЎbanas en compaГ±Г­a. Copio del libro de Vicente Vega Diccionario ilustrado de anГ©cdotas (Barcelona, Gustavo GilГ­, 1960), la siguiente: В«El jueves santo (de 1637) Miguel PГ©rez de las Navas, escribano real, habiendo guardado ocasiГіn y dГ­a en que su mujer habГ­a confesado y comulgado, le dio garrote en su casa, haciendo oficio de verdugo y pidiГ©ndole perdГіn y esto muy leves sospechas de que; era adГєltera [el subrayado es mГ­o]. В»Pero mГЎs o menos por la misma Г©poca un marido engaГ±ado que encontrГі a su mujer en la cama con otro, los entregГі a la justicia y Г©sta se los devolviГі para que, segГєn lo establecido por las leyes, hiciera con ellos lo que quisiera. Se levantГі un cadalso y, haciendo caso omiso de lo que los asistentes a la ejecuciГіn pidieran que era clemencia, los degollГі a los dos, empapГі luego su sombrero en la sangre y lo lanzГі a la multitud diciendo: »¡Cuernos fuera!В» Pero tambiГ©n es del Siglo de Oro el soneto de Quevedo titulado: В«Un casado se rГ­e del adГєltero que le paga el gozar con susto lo que a Г©l le sobra.В» DГ­cenme, don GerГіnimo, que dices que me pones cuernos con Ginesa; yo digo que me pones casa y mesa y, en la mesa, capones y perdices. Yo hallo que me pones los tapices cuando el calor por el otubre cesa; por ti mi bolsa, no mi testa, pesa, aunque con molde de oro me la rices. Este argumento es fuerte y es agudo: tГє imaginas ponerme cuernos; de obra yo, porque lo imaginas, te desnudo. MГЎs cuerno es el que paga que el que cobra; ergo, aquel que me paga, es el cornudo, lo que de mi mujer a mi me sobra. En nuestra Г©poca del swinging —creo que se escribe así— y del adulterio casi institucionalizado, el cornudo aparece como una figura desfasada o, como se dirГ­a en el lenguaje actual, obsoleta. Cuando se forman manifestaciones de fГ©minas bajo el lema de В«Yo tambiГ©n soy adГєlteraВ», ВїquГ© diantres, hemos de dar importancia a lo que antes se llamaba el marido engaГ±ado? Un dГ­a el gran autor y actor francГ©s Sacha Guitry, casado a la sazГіn con la bella actriz Yvonne Printemps, tuvo que asistir a una reuniГіn de la Sociedad de Actores. Pierre Fresnay, el tambiГ©n gran actor de teatro y cine, enviГі una carta de excusa explicando que no podrГ­a asistir a la citada reuniГіn porque estaba con fiebre. Al salir de la sesiГіn, Guitry se dirigiГі a un bar y lo primero que vio fue a su esposa y a Fresnay muy juntitos, las manos entrelazadas en una posiciГіn que no daba lugar a dudas. Sacha, sin inmutarse, se acercГі a la pareja y sin mirar siquiera a su mujer le dijo al otro: —Pierre, cuando se tiene una fiebre asГ­ se estГЎ en la cama. Y se fue. Poco despuГ©s sobrevino el divorcio. Yvonne Printemps se casГі con Pierres Fresnay y vivieron muy felices. Lejos estamos de aquel otro gran soneto de Quevedo: Cornudo eres, Fulano, hasta los codos, y puedes rastrillar con las dos sienes; tan largos y tendidos cuernos tienes, que, si no los enfaldas, harГЎs lodos. Tienes el talle tГє que tienen todos, pues justo a los vestidos todos vienes; del sudor de tu frente te mantienes: Dios lo mandГі, mas no por tales modos. Taba es tu hacienda; pan y carne sacas del hueso que te sirve de cabello; marido en nombre, y en acciГіn difunto, mas con palma o cabestro de las vacas: que al otro mundo te hacen ir doncello los que no dejan tu mujer un punto. La gente se compadece de un hombre cuando se le ha quitado su dinero y se rГ­e de Г©l cuando se le ha quitado su mujer. No me negarГЎn que ello no es muy halagГјeГ±o para el sexo femenino. Cuando uno cae y la gente se rГ­e es que la caГ­da no tiene la menor importancia. O como dice un cornudo de una obra de Tristan Bernard: —Prefiero ser accionista de una buena empresa que sГіlo propietario de una mala. Otra frase de Sacha Guitry: —Imagino un cornudo diciendo: В«Lo que me exaspera es pensar que este individuo sabe ahora aquello con lo que me contentaba.В» ВїSe han fijado ustedes en que В«cornudoВ» no tiene femenino? El adulterio de la mujer era infamante, el del hombre tolerado y, a veces, alabado. Eso es machismo puro. DE LA BRAGA A LA BRAGUETA Los romanos no usaban calzoncillos. Cualquiera que haya visto una pelГ­cula В«de romanosВ», podrГЎ tener la idea de que en Roma siempre es verano; las mujeres, especialmente si son bonitas, van vestidas con tГєnicas transparentes y, si no con los pechos al aire, como muchas veces se presentan, asГ­ sin sujetadores ni ropa interior de ninguna clase y los hombres con ligeras tГєnicas, muy en especial los musculosos y de buen parecer. La realidad es muy distinta. En Roma, en invierno, hace frГ­o, llueve y la gente va abrigada. ВїEs que ha cambiado el tiempo desde la Г©poca de los CГ©sares hasta hoy? No, lo que sucede es que es mГЎs bonito presentar un buen espectГЎculo al pГєblico que ceГ±irse a la realidad histГіrica. Los romanos no conocГ­an casi la ropa interior. Para abrigar sus piernas usaban unas vendas llamadas fascie feminalie si cubrГ­an los muslos. Fascie tibialiae si abrigaban toda la pierna. Las damas, en general, usaban los fasciae crurales, que les servГ­an de abrigo de los bajo— relieves. Los braccae fueron usados por los pueblos bГЎrbaros: los persas, los suevos, los galos, los germanos. Al conquistar sus tierras los romanos se dieron cuenta que aquello que hoy llamamos pantalones, era prenda cГіmoda y Гєtil. Al final, desde el aГ±o 69, en que Cecina los exhibiГі a plena luz, se fueron adoptando aunque con lentitud. Eran blancos, como los calzoncillos de nuestros abuelos, o de color pГєrpura como los usaban algunos emperadores. Algunos llegaban hasta la rodilla, otros hasta el tobillo y hasta tal punto se hicieron populares que a los sastres se los llamГі Braccarri. Los emperadores Arcadio y Honorio intentaron prohibir su uso, pero TГЎcito nos habla ya del general Cecina, antes nombrado, diciendo: В«Los municipios y las colonias veГ­an con malos ojos su rara vestimenta, porque llegГі a hablar a los togados vestido con bragas y cubierto con un manto militar variopinto.В» Las bragas se usaron durante casi toda la Edad Media, pero en el siglo XIV ya sГіlo las empleaban las gentes del pueblo, pues los nobles las habГ­an sustituido por las calzas o calzones que, dicho sea de paso, se confundГ­an, a veces, con las propias bragas. Las calzas, frecuentemente, iban desde la cintura hasta el pie y algunas de ellas se veГ­an reforzadas con una suela de cuero o plantillas de madera. Las mujeres tambiГ©n las usaban, tapadas por la falda claro estГЎ, y a partir del siglo XVI las calzas, que eran a veces de un color para una pierna y de otro para la otra, se empezaron a denominar por ello В«medias calzasВ», de donde viene el nombre actual de medias. Los calzones, gregГјescos, muy parecidos a ellos, se colocaban sobre las medias sujetos a ellas por ligas visibles. En el cuadro cГ©lebre que representa la entrevista que en la isla de los Faisanes celebraron Felipe IV de EspaГ±a y Luis XIV de Francia, en 1659, puede verse la diferencia entre la ampulosidad de los calzones franceses y la severidad de las calzas espaГ±olas. Las bragas, y despuГ©s las calzas, llevaban un suplemento que cubrГ­a las partes pudendas de los hombres y que se llamГі bragueta. A veces Г©sta era aparatosa. Puede verse un ejemplo en el retrato de Carlos I pintado por Tiziano. La pacata Enciclopedia Espasa dice que en las armaduras В«recibiГі tambiГ©n otro nombre mГЎs expresivo que suele ser omitido por decoroВ». Deriva del latГ­n coleo. La bragueta con botones, tal como se lleva ahora —cuando no estГЎn sustituidos por una cremallera—, se empezГі a usar en el siglo XVIII y la novedad provocГі cierto revuelo por considerarla inmoral. Tuvo que intervenir la InquisiciГіn, pero sin consecuencias. ANECDOTARIO Durante la batalla de Waterloo —por cierto, que yo he visitado el lugar en que se desarrollГі y parece que la hubiera ganado NapoleГіn, no se ven mГЎs que recuerdos, efigies y postales del gran corso y nada o casi nada recuerda a Wellington—, la guardia imperial francesa mandada por el general Cambronne fue invitada por sus enemigos ingleses a rendirse: —¡Franceses —les dijo—: ya habГ©is demostrado de sobra vuestro valor! Ahora rendГ­os. Cambronne respondiГі: —La guardia muere, pero no se rinde. Pero, al final, se rindiГі. Tal vez la anГ©cdota es falsa, como tantas otras. Yo prefiero la versiГіn de VГ­ctor Hugo en Los miserables. A la invitaciГіn del general inglГ©s, Cambronne habГ­a respondido: — Merde! Lo cual me parece mГЎs verosГ­mil. Desde entonces, en Francia, a la tal palabra se la llama le mot de Cambronne. Carlos I de EspaГ±a le dijo un dГ­a al duque de Cardona: —Ya sГ© que vuestros catalanes quieren lo que vos querГ©is. —Es cierto que hacen cuanto yo quiero, cuando quiero lo que ellos quieren; pero si no quiero lo que ellos, no hay hombre que quiera lo que quiero yo. Siendo ministro de GobernaciГіn Francisco Pi i Margall, recibiГі una comunicaciГіn del gobernador de una provincia en la que se decГ­a: В«Tengo el honor de poner en conocimiento de Vuecencia, que hayer hubo un motГ­n contra el recaudador de contribuciones, pero oy ya estГЎn calmados los ГЎnimos.В» La contestaciГіn de Pi i Margall fue: В«Me permito advertir a Vuecencia que estГЎ ignorante en cuanto a la antigГјedad de la hache. La h no es de ayer, es de hoy.В» Don Francisco de ZГєГ±iga era bufГіn de Carlos I. Cierto dГ­a pidiГі audiencia al rey cierto caballero muy vanidoso, seГ±or de una poca tierra lindando con Portugal. Vacilaba el emperador en concedГ©rsela cuando Francesillo le advirtiГі: —Conviene que Su Majestad le conceda la audiencia porque, si se enoja, es capaz de tomar toda su tierra en una espuerta y pasarse a Portugal. El mismo Francesillo decГ­a de un noble muy avariento: —Éste si que es conde, es-conde. Se tomaba el bufГіn grandes libertades con los componentes de la corte. De ellos no se librГі ni la emperatriz, que un dГ­a le mandГі llamar y se atreviГі a decirle: —No voy, porque cuando mis amigos no estГЎn en su casa no me atrevo a visitar a sus mujeres. El cГ©lebre polГ­tico francГ©s Guy Mollet se encontraba en casa de unos amigos y vio con asombro cГіmo el niГ±o de la casa se tomaba unas cucharadas de aceite de ricino sin protestar ni hacerle ascos a la pГіcima. El padre del niГ±o dijo: —Es muy dГіcil. Se traga todo lo que le dan. —Pues el dГ­a de maГ±ana serГЎ un perfecto elector —dijo el polГ­tico, que conocГ­a el paГ±o. El ya citado Francesillo de ZГєГ±iga estaba a punto de morir. Fue a visitarle su amigo Perico de Ayala, bufГіn del marquГ©s de Villena. —Hermano —le dijo—. Por Jesucristo te pido que cuando estГ©s en el cielo, como debes, niegues a Dios para que tenga piedad de mi alma. —Mira —respondió—: para que no se me olvide, ГЎtame un hilo en este dedo meГ±ique. Y muriГі. En realidad, el tal Francesillo muriГі de resultas de unas heridas que recibiГі en una emboscada que le prepararon gentes ofendidas por sus dichos. LlevГЎronle, los que le encontraron, a su casa y su mujer saliГі alarmada. —¿QuГ© pasa? ВїQuГ© pasa? —Nada, seГ±ora —respondiГі el bufГіn—, absolutamente nada, excepto que han matado a vuestro marido. Hoy dГ­a recuerdo unos versos del olvidado poeta francГ©s E. Lebruns, que en plena RevoluciГіn francesa escribiГі: L'aimable siГЁcle oГ№ l'homme dit a l'homme soyons frГЁres, ou je t'assomme (El amable siglo en que el hombre ha dicho al hombre: seamos hermanos o te aplasto.) Las cosas no han cambiado mucho en doscientos aГ±os. Cuando el cГ©lebre poeta francГ©s Alfonso de Lamartine querГ­a crearse un nombre en el mundo literario, alguien le hablГі de un seГ±or que presumГ­a de ayudar a los escritores noveles. El tal seГ±or, que incluso era diputado, al serle presentado Lamartine en un cafГ© le dijo: —MaГ±ana vaya por casa y me leerГЎ alguna cosa. AsГ­ lo hizo el poeta. Al dГ­a siguiente se presentГі en casa del presunto mecenas y le leyГі su poema. В«La caГ­da de un ГЎngelВ», hoy considerado como una de las obras maestras de la literatura francesa. Cuando terminГі, preguntГі al diputado: —¿QuГ© le ha parecido? —Muy bien, joven. Yo tambiГ©n tengo un sobrino que escribe tonterГ­as parecidas. Y allГ­ acabГі el presunto mecenazgo. Y al hilo de la anГ©cdota anterior sigue otra. Don Armando Palacio ValdГ©s, gran novelista, hoy injustamente olvidado, fue elegido miembro de la Real Academia EspaГ±ola. Con tal motivo, los periГіdicos y revistas publicaron su retrato, y el caso es que yendo don Armando a tomar un cafГ© con leche al lugar que solГ­a, el camarero, que le conocГ­a como cliente asiduo, le preguntГі: —¿Usted es Г©ste que ha salido en los papeles? —SГ­, Г©ste soy. —¿Usted escribe novelas y cosas de Г©stas? —SГ­. —Bueno, bueno —le dijo el camarero—: no se apure, cada uno se gana la vida como puede. El general prГ­ncipe de CondГ© se hallaba en un teatro de ParГ­s poco despuГ©s de haber tenido que levantar el sitio de LГ©rida. Un espectador le silbГі y el prГ­ncipe dijo: —¡Prended a este hombre! —¡Ca —dijo el otro—, a mГ­ no me cogen, que me llamo LГ©rida! Y efectivamente no le cogieron. Chascarrillo de hace trescientos aГ±os: Cierta devota, casada con un hombre de mal genio, hizo una novena a san Ignacio para pedir la enmienda de su marido. El tal muriГі a los ocho dГ­as y dijo la mujer: —¡QuГ© gran santo san Ignacio! MГЎs de lo que pedГ­ me ha concedido. CUANDO LLEGA LA MUERTE Chirac tuvo un ataque de apoplejГ­a. Se llamГі a consulta a los mГЎs eminentes de sus colegas, que ordenaron sangrГ­as abundantes. Lo hicieron asГ­ y al poco rato Chirac volviГі en sГ­, para caer inmediatamente presa de delirio. Chirac se creГ­a estar junto a un enfermo. Su mano derecha buscГі maquinalmente el brazo izquierdo, se palpГі el pulso y gritГі: —¡Me han llamado demasiado tarde! Se ha sangrado a este enfermo y debГ­an haberle purgado. ВЎEs hombre muerto! Y muriГі. Esta historia me recuerda una fГЎbula de Esopo. AsistГ­a un mГ©dico a un enfermo, y en vez de curarle, diole pasaporte, como a tantos otros, para el sepulcro. Cuando, al dГ­a siguiente, le llevaban a enterrar, dijo el mГ©dico a la familia del difunto: —¡Ese pobre se ha muerto porque le ha dado la gana!; pues si bebe y refresca copiosamente, se cura. El mГЎs allegado al fallecido replicГі: —¡LГЎstima que no se os hubiera ocurrido eso un dГ­a antes! Si en vez de griego hubiera sido espaГ±ol, de fijo hubiese contestado con el refrГЎn: В«Al asno muerto la cebada al rabo.В» De todos modos y bromas aparte, Г©sta es la gran tragedia del mГ©dico: que sabe que sean cuales fueren sus esfuerzos el final va a ser siempre el mismo: la muerte. La sensaciГіn de impotencia que ante el caso fatal debe de sentir el mГ©dico ha de ser terrible. Y mГЎs horrible todavГ­a si el agonizante es persona querida, tal vez uno de sus padres o uno de sus hijos. Claro que a fuerza de contemplar el implacable curso de la vida hacia el sepulcro invade al mГ©dico la serenidad que necesita para enfrentarse con sus problemas mГ©dicos diarios y que acompaГ±a al galeno hasta su muerte. El sabio Haller se tomaba el pulso en el momento de su agonГ­a. DecГ­a con tranquilidad: —La arteria late..., la arteria late todavГ­a..., la arteria deja de latir... Y muriГі. ВїCГіmo naciГі la Muerte? La Muerte es anterior a AdГЎn. SegГєn la leyenda, SatГЎn, al ser arrojado del cielo, mientras descendГ­a hacia la eterna noche del infierno, tenia la mirada vuelta hacia el ГЎngel que le habГ­a denunciado, volviГ©ndose mГЎs horrible su mirada a medida que se abismaba en las simas oscuras, y era una mirada tan agresora que el ГЎngel denunciador empalideciГі tanto —nunca volviГі el sonrosado a sus mejillas—, que quedГі convertido en el «Ángel de la MuerteВ». La Muerte no podГ­a ser otra cosa. ГЃngel tenГ­a que ser, ГЎngel misericordioso y amable para aquel a quien da la eterna Vida, y ГЎngel justiciero y terrible para aquel a quien conduce a la definitiva muerte. Un jardinero persa, muy joven, suplicГі a su prГ­ncipe: —EncontrГ© a la Muerte esta maГ±ana. Me hizo un gesto de amenaza. ВЎSalvadme! Quisiera, por milagro, encontrarme en Ispahan esta tarde. El generoso seГ±or le proporcionГі sus mejores caballos. Por la tarde, el prГ­ncipe se encontrГі ante la Muerte. —¿Por quГ© —le preguntó— hiciste esta maГ±ana ese gesto de amenaza a mi jardinero? —No le hice un gesto de amenaza —respondiГі la Muerte—, sino de sorpresa. Porque lo veГ­a lejos de Ispahan esta maГ±ana y debГ­a llevГЎrmelo de Ispahan esta tarde. Pero nos estamos apartando de nuestro tema: mГ©dicos y enfermos. El cardenal Richelieu, viГ©ndose en trance de morir, pidiГі a sus mГ©dicos le dijesen sinceramente lo que pensaban de su estado y cuГЎnto tiempo creГ­an que vivirГ­a. Todos le respondieron que una vida tan preciosa para el mundo interesaba al cielo y que Dios harГ­a un milagro para curarle. Poco contento con este galimatГ­as adulador, Richelieu llamГі a Chicot, mГ©dico del rey, y le conjurГі que le dijese, como amigo, si podГ­a esperar vivir o debГ­a prepararse para la muerte. —Dentro de veinticuatro horas —respondiГі ingeniosamente el mГ©dico— Vuestra Eminencia estarГЎ muerto o curado. El cardenal pareciГі muy satisfecho de esta sinceridad, dio las gracias a Chicot, y le dijo, sin mostrar emociГіn, que comprendГ­a lo que querГ­a decir. MuriГі a las venticuatro horas. Este mГ©dico lo hizo bastante mejor que aquel otro a quien el enfermo le decГ­a: —¡Ay, doctor, yo me muero! Y Г©l le contestГі: —¡No sea usted pesimista! ВЎAГєn tiene lo menos para media hora! Buen consuelo, aunque no mejor que el que daba un dГ­a Fernando VillalГіn a un amigo enfermo: —No te pongas triste; o te pones bien o te pones peor. Si te pones peor, volverГЎs a restablecerte mГЎs tarde o mueres. Si mueres, vas al cielo o al infierno. El cielo, ya se sabe, es un paraГ­so. Y si vas al infierno, encontrarГЎs tantos amigos que no lo pasarГЎs del todo mal. Dice Iribarren: Un viejo de Goizuera estГЎ si me muero, no me muero. TenГ­a a su derecha al mГ©dico y al otro lado al cura. Y dijo incorporГЎndose: —SeГ±or; no tengo ninguna prisa por irme de este mundo. AdemГЎs, me parece que yo no os hago falta por allГЎ arriba. Si necesitГЎis uno bueno, aquГ­ estГЎ Г©ste (por el cura), y si necesitГЎis uno malo, llevaos a este otro... Las reacciones ante la muerte son muy curiosas. Una mujer que yo conozco llora siempre que alude a la memoria de su pobre hermano. Era Г©ste un carnicero gordo, muy gordo, mucho mГЎs gordo aГєn, y muriГі de un ataque de apoplejГ­a. Cuando ella dice «¡Mi pobre hermano!В», se le adolece toda el alma, la voz le tiembla y los ojos se le diluyen en agua. Uno se ve obligado a participar de su tribulaciГіn, con esas frases de circunstancias, indispensables en estos trances: —¡QuГ© bueno era! ВЎY quГ© trabajador! Tan sano como parecГ­a y... morir de repente... —¡Ay! —dice ella—. ВЎPobrecico, quГ© chocolates mГЎs ricos se tomaba todas las tardes! ВїPa quГ©, pa quГ©? Todas las mantecas se las llevГі al otro mundo... Tan colarau, tan lucido como estaba, y se nos fue con todas sus carnes, con todas sus carnes... ВЎSeГ±or! ВЎSeГ±or! Tengo observado que a las gentes humildes las aflige atrozmente que los difuntos hayan ido a la fosa robustos y lucios. Es muy corriente oГ­rles: —Ya ve ustГ©; tan reluciente, ВЎpaГ­ce mentira!, tan reluciente y morirse con todas sus carnes... Se ve que ellos querrГ­an entregar a la muerte una momia seca, exprimida, una torre de huesos, donde gusanos y necrГіfagos no tuvieran ya nada que hacer. No hace mucho, una viuda de Lodosa, lamentГЎndose de la pГ©rdida de su esposo, muerto en la guerra, me decГ­a llorando: —¡Con lo gordo y lo blanco que estaba el individuo! Otra cosa que lamentan con amargura es que los difuntos hayan estado poco tiempo enfermos. —Acostarse y en dos dГ­as se fue..., ВЎen dos dГ­as! ВЎFГ­jese ustГ©, si es trago pa una madre! Parecen preferir que el enfermo estГ© un aГ±o postrado en la cama esperando el guadaГ±azo aleve de la terrible Segadora. En medio de estas fГіrmulas de ocasiГіn, recuerdo una que usan los hortelanos para notificar la muerte del enfermo, y que encierra mucha cristiana filosofГ­a: В«Ya estГЎ en la VerdГЎ.В» RecordarГ© siempre la frase de aquella vieja de Medina del Campo que me decГ­a cuando muriГі su hijo: В«Y entonces cerrГі los ojos y no los volviГі a abrir porque ya me miraba desde allГЎ arriba.В» LOS MONARCAS TRAGALDABAS Pedro Antonio de AlarcГіn, en su Viajes por EspaГ±a, dice a su paso por Yuste: В«Carlos V fue el mГЎs comilГіn de los emperadores habidos y por haber. Era mГЎs flamenco que espaГ±ol, sobre todo en la mesa. Maravilla leer (pues todo consta) el ingenio, verdaderamente propio de un gran jefe de estado mayor militar, con que se resolvГ­a la gran cuestiГіn de vituallas, proporcionГЎndose en aquella soledad de Yuste los mГЎs raros y exГіticos manjares. Sus cartas y las de sus servidores estГЎn llenas de instrucciones, quejas y demandas, en virtud de las cuales nunca faltaban en la despensa y cueva de aquel modesto palacio de Yuste los pescados de todos los mares, las aves mГЎs renombradas de Europa, las carnes, frutas y conservas de todo el universo. Con decir que comГ­a ostras frescas en el centro de EspaГ±a, cuando en EspaГ±a no habГ­a ni siquiera caminos carreteros, bastarГЎ para comprender las artes de que se valdrГ­a para hacer llegar en buen estado a la sierra de Jaranda sus alimentos favoritos.В» Carlos I usaba aperitivos de gran fuerza y exigГ­a comidas cada vez mГЎs abundantes y, como se dirГ­a hoy, mГЎs sofisticadas. Por ello, uno de sus mayordomos, el barГіn de Montfalconnet, un dГ­a, aludiendo a la aficiГіn que el emperador sentГ­a por los aparatos que le construГ­a Juanelo Turiano, le dijo: —No sГ© ya cГіmo complacer a Vuestra Majestad; como no sea haciГ©ndole un plato de relojes... Hay que decir que Carlos I tenГ­a en Yuste una colecciГіn de ellos verdaderamente impresionante y, una vez, contemplГЎndolos, dijo: —He querido aunar diez pueblos y no soy capaz de que estos relojes, a los que doy cuerda cada dГ­a, den a la vez la misma hora. Uno de sus descendientes, Felipe IV, organizaba en su corte orgГ­as gastronГіmicas que hoy nos parecen imposibles. He aquГ­ lo que dice Barrionuevo en sus В«avisosВ» correspondientes al aГ±o 1657 (BAE, vol. CCXXIII, pГЎg. 53): В«MiГ©rcoles 17. De Г©ste se hizo en la Zarzuela la comedia grande que el de Liche tenГ­a dispuesta para el festejo de los Reyes. LloviГі a cГЎntaros, que parece se habГ­an desgajado esos cielos, como lo han hecho en Madrid diez dГ­as arreo. В»Hubo una comida de mil platos y una olla disforme en una tinaja muy grande, metida en la tierra, dГЎndole por debajo fuego, como a horno de cal. TenГ­a dentro un becerro de tres aГ±os, cuatro carneros, 100 pares de palomas, 100 perdices, 100 conejos, 1000 pies de puerco y otras tantas lenguas, 200 gallinas, 30 pemiles, 500 chorizos, sin otras 1000 zarandajas. Dicen que costГі 8.000 reales, siendo lo demГЎs de ello presentado. Todo cuanto aquГ­ digo es la verdad, y ando muy corto, segГєn lo que cuentan los que allГЎ se hallaron, que fueron de 3000 a 4000 personas, y hubo para todos y sobrГі tanto, que a costales lo traГ­an a Madrid, y yo alcancГ© unos relieves o ribetes. Todo esto, fuera de las tostadas, pastelones, empanadas, cosas de masa dulce, conservas, confituras, frutas y diversidad de vinos y aguas extremadas.В» ВЎHay que ver quГ© estГіmago tenГ­an los cortesanos del rey poeta! Por cierto que a Felipe IV le llamaban sus aduladores el Grande, lo que hizo que Quevedo apostillase: —A nuestro rey le llaman el Grande, al estilo de los agujeros, que cuanta mГЎs tierra les quitas mГЎs grandes son. La alusiГіn a la pГ©rdida de territorios europeos por parte del rey espaГ±ol no podГ­a ser mГЎs clara. ВїUN BUFГ“N O ALGO MГЃS? En los claustros de la catedral de Barcelona se encuentra el sepulcro de un tal mossГ©n Borra que es objeto de curiosidad popular. El sepulcro, o por lo menos la lГЎpida, es de bronce; en Г©l, o ella, estГЎ representado un bufГіn en lujoso traje terminado con unos flecos con cascabeles. A sus pies se halla un perro, sГ­mbolo de la fidelidad. En el sepulcro se lee esta inscripciГіn latina: Hic jacet Dominus Borra miles gloriosus. FacГ­a fuit sepultura ista anno domini MCCCCXXXIII. Lo cual, traducido, significa: AquГ­ yace el seГ±or Borra, gran fanfarrГіn. [16] Fue hecha esta sepultura el aГ±o del SeГ±or de 1433. ВїQuiГ©n era este individuo singular? MossГ©n Borra era, segГєn parece, caballero, pero al mismo tiempo bufГіn de Alfonso V de AragГіn, el Sabio o el MagnГЎnimo, que concediГі sus favores a Antonio Tallander, que tal era el nombre del protagonista de nuestra historia. MossГ©n equivale a В«mi seГ±orВ» y, aunque ahora estГЎ reservado a los eclesiГЎsticos, era tГ­tulo que se daba a caballeros de la corona de AragГіn y aun de la de Navarra —recuГ©rdese a mossГ©n Pierres de Peralta, de tanta importancia en la Г©poca de doГ±a Blanca de Navarra. SegГєn se dice, el tal mossГ©n Borra prestГі sus servicios como serio diplomГЎtico al rey, que le tuvo en gran aprecio. De ello da muestra la concesiГіn que le otorgГі y que transcribo a continuaciГіn: В«Don Alfonso, por la gracia de Dios, rey de AragГіn y de Sicilia, de una y otra parte del faro de Valencia, de JerusalГ©n, de HungrГ­a, de Mayorcas, de CerdeГ±a, de CГіrcega, conde de Barcelona, duque de Atenas y Neopatria, y tambiГ©n conde del RosellГіn y CerdeГ±a. Por cuanto vuestra virtud de vos el magnГ­fico, noble y amado nuestro mossГ©n Borra, caballero, y la jocosa sabidurГ­a, que tanto agrada a los prГ­ncipes, pueblos y hombres, como que es la delicia del gГ©nero humano, pide que nuestra Magestad, de quien sois tan estimado, provea de modo que vuestra salud, esto es, la alegrГ­a de los hombres se conserve cuanto sea posible, y principalmente habiendo prometido, bajo juramento, a la ciudad de Barcelona, que ni aquГ­, ni en el camino morirГ­ais, sino que regresarГ­ais a ella vivo, queriendo Dios; y aunque es verdac que la vida del hombre se sostiene con la comida o bebida, viendo que os hallГЎis privado casi del todo del auxilio de la primera de estas dos cosas, porque os faltan los dientes, de suerte que apenas podГ©is comer, y habГ©is vuelto a la niГ±ez en que se carece de ellos; hemos juzgado con afecto maternal, que como niГ±o debГ©is de ser mantenido con la bebida solamente. AsГ­ pues, no pudiendo alimentaros de otra leche, es preciso usГ©is del vino, que siendo bueno se llama leche de viejos, a causa de que les alarga mucho la vida. En esta atenciГіn, por el tenor de las presentes concedemos licencia y plena facultad a vos el dicho noble mossГ©n Borra, en esta Nuestra Carta, para que por todo el tiempo que vivГЎis, podГЎis libre y seguramente y sin incurrir en pena alguna beber y echar tragos, una, muchas, muchГ­simas y repetidas veces, y aun mГЎs dВ» lo que conviene, de dГ­a y de noche, en cualquier lugar y a todas horas en do os diere la gana y fuese de vuestro gusto, aunque no tengГЎis sed, de toda especie de vinos, ya sea vino dulce, griego y latino, malvasГ­a titotГ©nica, montanasi, bonacia, garnatzia, vino especial de Calabria, y de Santo Nocheto, ResГЎs, Marnano, Noseja, Masitea, moscatel del Fanello, de Terracina, del Pilo, Falso amico amabili, Moancentobono, vino del Eli y de Eiano, Moscata, de Claryana y de MadramaГ±a, vino de Madrigal, de Coca, de Yepes, de OcaГ±a, de San-MartГ­n de Valle-Iglesias, de Toro, de las Lomas de Madrid y tambiГ©n de CariГ±ena, Гі ya sea lo que se llama Clareya y ProcГЎs, u otras cualesquiera especies de vinos, con tal que no sea agrio, ni mezclado con agua, sino puro, y de aquellos que tienen por excelentes nuestros aforadores y cuyos nombres os son ya bien conocidos. Y para que vos, el dicho noble mossГ©n Borra podГЎis usar mГЎs libremente de Nuestra Gracia, os conferimos y damos facultad absoluta para que podГЎis crear y construir uno o mГЎs procuradores o sustitutos, que en vuestro nombre y por vos, cuando estarГ©is ya harto de beber, que creemos sucederГЎ rara vez, apuren y beban en la mejor forma, de los vinos expresados y mejores. Mandando por esta Nuestra Carta a nuestro bodegonero mayor, a los demГЎs dependientes de nuestra bodega a los venteros, cocineros, ayudantes y otros cualesquiera que tengan jurisdicciГіn en los vinos o sean sus dependientes, a todos y a cada uno en particular, bajo la pena de dos mil florines, de que sГіlo podГЎis perdonar los mil, y de privaciГіn de oficio y del vino, que vistas las presentes y por sola su simple manifestaciГіn os den por fuerza a gustar, y si conviniere a beber todos los vinos que querГЎis o que no han de hacer lo contrario, si quieren evitar estas penas, antes bien os asistan con obra, consejo y auxilios oportunos. — En testimonio de lo cual mandamos expedir las presentes, autorizadas con todos los sellos de Nuestra Curia. — Dadas en Castellnovo de NГЎpoles a 31 de diciembre del aГ±o del Nacimiento de Nuestro SeГ±or Jesucristo 1426. — Yo el Rey don Alfonso. — Vista por el bodegonero mayor. — Nuestro SeГ±or el Rey mandГі que la escribiese a mГ­. — Francisco Martorell.В» He copiado esta carta de la traducciГіn —el original estГЎ en latГ­n— de la obra El Trivio y el cuadrivio, de BastГєs. Quiero aГ±adir algo. El nombre mossГ©n se conserva en CataluГ±a en algunos sitios de AragГіn y Valencia reservado a los sacerdotes; el de misser, en las Baleares reservado a los abogados. Ambos, en su origen, significan lo mismo. Y otra cosa, Вїno creen ustedes que un privilegio de tal monta corresponde a algo mГЎs que a un bufГіn? Para mГ­ tengo que Tallander o Borra, segГєn ustedes prefieran, debГ­a ser un agente secreto del rey. Algo asГ­ como un miembro de la CIA, las KGB, el Intelligence Service o el Segunda bis de antaГ±o. ВїVerdad? NAPOLEГ“N NO HA EXISTIDO NUNCA No, no crean que esto es una broma. Existe un libro, muy serio por cierto, que asГ­ lo dice. ВїPor quГ©? A fines del siglo XVIII y comienzos del XIX una escuela histГіrica llamada В«mГ­ticaВ» quiso explicar la historia antigua como resultado de dar realidad material a mitos lejanos especialmente solares. En 1796, Monsieur Dupuis, miembro de la Academia de Inscripciones de ParГ­s, publicГі un libro que fue un best-seller de la Г©poca. Se titulaba El origen de todos los cultos o la religiГіn universal, en cuatro volГєmenes, cuatro nada menos. PretendiГі demostrar que toda religiГіn, incluida la cristiana, y especialmente la cristiana, tenГ­a su origen en un mito solar. JesГєs no era nada mГЎs ni nada menos que una representaciГіn del sol y los evangelios debГ­an interpretarse, no a la luz de hechos histГіricos, sino como productos de una degeneraciГіn del mito solar y explicaba las oscuridades de todos los hechos histГіricos a travГ©s del estudio de la situaciГіn de las constelaciones hacГ­a quince o diecisГ©is siglos. Esta teorГ­a В«histГіricaВ» tuvo muchos adeptos, especialmente en Alemania. Pero, de pronto, se publicГі en 1835 un pequeГ±o folleto titulado Grande Erratum, fuente de un nГєmero infinito de errores a notar en la historia del siglo XIX. La primera ediciГіn impresa en Agen era un formato treinta y dosavo y no llevaba el nombre del autor. La cuarta ediciГіn —ParГ­s, 1838— se publica con el titulo В«Comme quoiNapoleon n 'ajamais existé», y lleva el nombre del autor J. B. PГ©rez, que, a pesar de su apellido netamente espaГ±ol, era un antiguo magistrado francГ©s, bibliotecario de la ciudad de Agen. El librito —pues de un folleto se trata— tuvo un Г©xito inmenso y logrГі varias reimpresiones y cubriГі de ridГ­culo a los В«historiadoresВ» de la escuela mГ­tica. ВїQuГ© decГ­a el libro? He aquГ­ una sГ­ntesis del folleto. Se cuenta que el obispo que confirmГі al que despuГ©s fue emperador de los franceses con el nombre de primer NapoleГіn, antes de imponerle el sagrado crisma, le preguntГі cГіmo se llamaba, y que habiendo contestado NapoleГіn, replicГі el prelado: «¡NapoleГіn! No recuerdo haber oГ­do nunca el nombre de este santo, ni lo he visto en el martirologio, ni lo he leГ­do en las actas de los mГЎrtires, ni...В» В«No importa —interrumpiГі el joven, algo amostazado—. San NapoleГіn es un santo corso y esto bastaВ». NapoleГіn Bonaparte, de quien tantas cosas se han dicho y escrito, no ha existido jamГЎs, pues no es otra cosa que un personaje alegГіrico, el Sol personificado; aseveraciГіn que quedarГЎ completamente demostrada, si hacemos ver que todo cuanto se atribuye a NapoleГіn el Grande estГЎ tomado de aquel astro. Veamos sumariamente lo que se nos cuenta de aquel hombre maravilloso. Se nos dice: Que se llamaba NapoleГіn Bonaparte. Que naciГі en una isla del MediterrГЎneo. Que su madre se llamaba Leticia. Que tuvo tres hermanas y cuatro hermanos, de los cuales tres fueron reyes. Que tuvo dos mujeres, y de una de ellas un hijo. Que tenГ­a a sus Гіrdenes diecisГ©is mariscales de su imperio, doce de los cuales estaban en activo servicio. Que puso tГ©rmino a una gran revoluciГіn. Que triunfГі en el mediodГ­a y sucumbiГі en el norte. En fin, que despuГ©s de un reinado de doce aГ±os, que empezГі viniendo de Oriente, fue a desaparecer en los mares occidentales. Falta saber si estas diferentes particularidades son tomadas del Sol y esperamos que quien lea este escrito quedarГЎ convencido de ello. 1.В° Desde luego sabe todo el mundo que los poetas llaman al Sol Apolo, y la diferencia entre Apolo —en francГ©s Apollon— y NapoleГіn no es grande, y aun queda mucho menor subiendo a la significaciГіn y origen de estos dos nombres. Ahora bien, Apolo es la misma palabra que ApoleГіn, y se deriva de apolluo o paoleo, dos verbos griegos, que significan perder, matar, exterminar; de manera que si el supuesto hГ©roe de nuestro siglo se llamase ApoleГіn tenГ­a el mismo nombre que el Sol, y cumplirГ­a toda la significaciГіn de este nombre, pues nos lo pintan como el mayor exterminador de hombres que ha existido jamГЎs. Pero este personaje se llamГі NapoleГіn y, por consiguiente, hay en su nombre una letra inicial que no se halla en el del Sol; si por cierto, hay una letra mГЎs y aun sГ­laba, pues segГєn las inscripciones grabadas en varios puntos de la capital, y seГ±aladamente en la columna de la plaza VendГіme, el verdadero nombre del hГ©roe era NapoleГіn. Mas esta sГ­laba no constituye diferencia alguna, porque es griega como el resto del nombre, y en griego ne y nai es una de las mayores afirmaciones, lo cual pudiГ©ramos expresar con el adverbio verdaderamente exterminador, verdadero Apolo, verdadero Sol. ВїY quГ© diremos de su segundo nombre? ВїQuГ© relaciГіn puede tener Bonaparte con el astro del dГ­a? No se presenta tan a primera vista, pero se entiende desde luego que el significado Bonaparte, buena parte, se trata de alguna cosa que tiene dos partes, una buena y otra mala y que, ademГЎs, debe tener cierta conexiГіn con el Sol. Pero nada tiene conexiГіn mГЎs directa con el Sol, que los efectos de su revoluciГіn diurna, y estos efectos son el dГ­a y la noche, la luz y las tinieblas, la luz que produce su presencia y las tinieblas que prevalecen mientras se halla ausente. 2.В° Apolo, segГєn la mitologГ­a griega, naciГі en una isla del MediterrГЎneo —en la de DГ©los— y a NapoleГіn se le ha hecho nacer en otra isla del mismo mar, prefiriendo la de CГіrcega, porque la situaciГіn de Г©sta con respecto a Francia, en que se ha querido que reinase, es la mГЎs anГЎloga a la de DГ©los respecto a Grecia, donde tuvo Apolo sus principales templos y orГЎculos. Es verdad que Pausanias concede a Apolo el tГ­tulo de divinidad egipcia, pero para esto no era necesario que hubiese nacido en Egipto, bastando que en este paГ­s se le mirase como Dios, que es, sin duda, lo que Pausanias ha querido decirnos; y aquГ­ tenemos una nueva coincidencia entre NapoleГіn y el Sol, pues se cuenta que en Egipto miraron a NapoleГіn como un ente sobrenatural, amigo de Mahoma, y hasta le tributaron adoraciones. 3.В° SupГіnese que su madre se llamГі Leticia, pero es claro que bajo el nombre de Leticia, que quiere decir alegrГ­a, se ha querido designar la Aurora, cuya luz naciente esparce la alegrГ­a por toda la naturaleza, la Aurora, que precede al Sol, abriendo, como dicen los poetas, las puertas de Oriente con sus dedos de rosa. Es tambiГ©n muy notable que segГєn la mitologГ­a griega, la madre de Apolo se llamГі Leto; asГ­ como Leto, hicieron los romanos Letona, madre de Apolo y de Diana, los modernos han hecho Leticia, que es el sustantivo del verbo loetor o del inusitado loeto, que quiere decir В«inspirar alegrГ­aВ». Es, pues, evidente que esta Leticia estГЎ tomada, como su hijo, de la mitologГ­a griega. 4.В° SegГєn se cuenta, este hijo de Leticia tenГ­a tres hermanas, y es indudable que estas tres hermanas son las tres Gracias, que con sus compaГ±eras las Musas, formaban el adorno y encanto de la corte de su hermano Apolo. 5. В° AГ±aden que este moderno Apolo tuvo cuatro hermanos, pero estos cuatro hermanos, no son otra cosa que las cuatro Estaciones, como vamos a probar. DГ­cese que de las cuatro, tres fueron reyes, y estos tres son la primavera, que reina sobre las flores, el estГ­o que reina sobre las mieses, y el otoГ±o que reina sobre los frutos; y como estas tres estaciones dependen directamente del influjo del Sol, se nos dice que los tres hermanos de NapoleГіn recibieron de Г©ste el poder, y sГіlo reinaron por Г©l. Cuando se aГ±ade que de los cuatro hermanos de NapoleГіn, uno no fue rey, es porque de las cuatro estaciones del aГ±o, hay una, el invierno, que sobre nada reina. Si para debilitar la fuerza de nuestro paralelo, se quisiese decir que el invierno no deja de tener su imperio, y se le atribuyese el triste principado de las nieves y de los hielos, responderГ­amos, que eso precisamente es lo que se nos ha querido indicar con el vano y ridГ­culo principado que se supone concedido a este hermano de NapoleГіn, despuГ©s de la decadencia de toda su familia, principado que se ha querido unir al pueblo de Canino, porque Canino viene de cani, que significa las canas de la frГ­a vejez y recuerda el invierno; tanto mГЎs que, segГєn el lenguaje de los poetas, los ГЎrboles que se hallan en la falda de los montes, son su cabellera, y cuando el invierno los cubre con sus escarchas, son las canas de la naturaleza desfallecida en la vejez del aГ±o. Cum gelibus crescit canis in montibus humor. 6. В° SegГєn las mismas fГЎbulas, NapoleГіn tuvo dos mujeres y otras tantas se han atribuido al Sol; Г©stas fueron la Luna, segГєn los egipcios; pero con la diferencia notable que de la una, es decir, de la Luna, no tuvo posteridad el Sol, y de la otra tuvo un hijo Гєnico que fue Horo, hijo de Osiris y de Isis, es decir, del Sol y de la Tierra. 7.В° DГ­cese que NapoleГіn puso coto a un azote devastador, que llenaba de terror a toda Francia, y a quien se llamГі la В«Hidra de la revoluciГіnВ». Ahora bien, una hidra es una serpiente, y poco importa el gГ©nero a que pertenece, sobre todo cuando se trata de una fГЎbula. Es la serpiente PitГіn, dragГіn monstruoso que llenaba Grecia de terror, y que fue muerto por Apolo, por lo que se nos dice que NapoleГіn empezГі su reinado ahogando la RevoluciГіn francesa, tan quimГ©rica como todo lo demГЎs, pues es claro que la palabra В«revoluciГіnВ» estГЎ tomada de la palabra latina revolvo que indica la posiciГіn de una serpiente enroscada; de modo que es PitГіn y nada mГЎs. 8.В° El cГ©lebre guerrero del siglo XIX dicen que tenГ­a al frente de sus ejГ©rcitos doce mariscales del Imperio, y cuatro que no estaban en ejercicio. Los doce primeros significaban claramente los doce signos del zodГ­aco, marchando a las Гіrdenes del Sol NapoleГіn, y mandando cada uno una divisiГіn del innumerable ejГ©rcito de las estrellas, dividido en doce partes correspondientes a los doce signos; y los otros cuatro son probablemente cuatro puntos cardinales, que inmГіviles en medio del movimiento general, representan muy bien la inactividad de que se trata. De modo que todos estos mariscales tanto activos como inactivos, no son otra cosa que entes simbГіlicos, sin mГЎs realidad que su jefe. 9.В° DГ­cese que este jefe recorriГі gloriosamente los paГ­ses del mediodГ­a, pero que habiendo penetrado demasiado en los del norte no pudo mantenerse en ellos. Todo esto caracteriza perfectamente la marcha del Sol, pues es sabido que Г©ste domina soberanamente en el mediodГ­a; pero lo mГЎs notable es que despuГ©s del equinoccio de la primavera, trata el Sol de internarse en „las regiones septentrionales, alejГЎndose del ecuador, y al cabo de tres meses de marcha encuentra el trГіpico boreal que le obliga a retroceder hacia el mediodГ­a, siguiendo el signo de CГЎncer, de aquГ­ ha nacido la imaginaria expediciГіn de NapoleГіn a MoscГє, y la humillante retirada que tuvo por resultado. 10. В° Por Гєltimo, el Sol nace en Oriente y se pone en Occidente, como todos saben. Pero respecto a los espectadores colocados en el extremo de la Tierra, parece que el Sol sale por la maГ±ana de los mares orientales, y se pone por la tarde sumergiГ©ndose en los occidentales. AsГ­ nos pintan los poetas su nacimiento y puesta, y asГ­ debemos entender lo que se nos dice de que NapoleГіn vino por mar de Oriente, esto es, de Egipto, para reinar en Francia, y que desapareciГі en los mares de Occidente, despuГ©s de haber reinado doce aГ±os, que no son otra cosa que las doce horas del dГ­a que brilla el Sol sobre el horizonte. SГіlo ha reinado un dГ­a, dice hablando de NapoleГіn el autor de las Nuevas Mesenianas, y el modo con que describe su elevaciГіn, descenso y caГ­da, prueba que aquel encantador poeta, no ha visto en NapoleГіn, como nosotros, sino una imagen del Sol, pues no es otra cosa, como lo demuestran su nombre, el de su madre, sus tres hermanas, sus cuatro hermanos, sus dos mujeres, su hijo, sus mariscales y sus hazaГ±as; el lugar donde naciГі, el sitio de donde vino a entrar en la carrera de la dominaciГіn, el tiempo que empleГі en recorrerla, los paГ­ses en que imperГі, los puntos en que tuvo que sucumbir, y la regiГіn donde desapareciГі pГЎlido y destronado despuГ©s de su brillante carrera, como dice el poeta Delavigne. Queda, pues, demostrado, que el supuesto hГ©roe no es mГЎs que un personaje alegГіrico cuyos atributos son tomados del Sol y, por consiguiente que NapoleГіn Bonaparte, de quien se han escrito tantas cosas, no ha existido, pues el error nace en que se ha incurrido en un quidproquo, a saber, de que se ha tomado por historia la mitologГ­a del siglo XIX. No me negarГЎn que valГ­a la pena exhumar este olvidado folleto. ВЎAhГ­ es nada! NapoleГіn, el cГ©lebre emperador francГ©s, no existiГі. No existiГі, por tanto, su imperio, su cГіdigo, su invasiГіn de EspaГ±a. La guerra de la Independencia, todo es fruto de la imaginaciГіn y transformaciГіn de un mito. ВЎA lo que puede llevar la obcecaciГіn en seguir un determinado В«sistemaВ» histГіrico! Recuerdo ahora a los devotos marxistas del materialismo histГіrico que pretenden explicar el descubrimiento de AmГ©rica por el precio del trigo en Medina del Campo el aГ±o anterior. ANECDOTARIO El prГ­ncipe de Salm-Salm, el del siglo XVIII, era jorobado y muy contrahecho. Un dГ­a en uno de los pasillos del Louvre un cortesano, al verle pasar, dijo a otro: —AhГ­ va el Esopo de la corte. Le oyГі el prГ­ncipe y dijo en voz alta: —En efecto, Esopo hacia hablar a las bestias. PirГіn, el cГ©lebre escritor francГ©s, entrГі en una taberna y se encontrГі con su amigo y rival Crebillon, que le dice: —¿SabГ©is que la hija del tabernero ha parido? —¿Y quГ© me importa a mГ­? —Es que dicen que el hijo es vuestro. —¿Y quГ© os importa a vos? Un consejo de Sheridan, el cГ©lebre escritor y polГ­tico inglГ©s: В«Si las ideas no acuden con presteza a tu imaginaciГіn, estimГєlalas con un vasito de vino, y si las ideas se te brindan y acuden espontГЎneamente, justo serГЎ que las recompenses con un vaso de vino.В» Roberto Robert afirma que es histГіrico el hecho siguiente: En cierta capital de provincia muriГі el secretario del ayuntamiento, que era a la vez catedrГЎtico de la universidad y hombre muy apreciado por todos. En el acto del entierro, el alcalde quiso pronunciar unas palabras, y ante la tumba y el silencio de todos soltГі lo que sigue: Europa ha perdido un sabio, EspaГ±a un hombre de bien, nosotros el secretario... Requiescat in pace. AmГ©n. Ni que decir tiene que las risas alteraron la seriedad de la ceremonia. Cuando la RevoluciГіn francesa, Olimpia de Gouges se habГ­a hecho impopular por su defensa del rey y de la realeza. Un dГ­a, en la calle, un individuo la cogiГі por los cabellos gritando: —¿QuiГ©n quiere la cabeza de Olimpia? La doy por quince sueldos. —Doy treinta y me la quedo —respondiГі Olimpia. Y asГ­ la salvГі. Una frase de Boyle que bien vale por una anГ©cdota: В«Debemos predicar el Evangelio a los salvajes de la India: de esta manera adquirirГЎn la idea del pudor y para cubrirse las carnes nos comprarГЎn nuestros tejidos de algodГіn.В» Creo que la idea expresa con claridad el tipo de colonizaciГіn inglesa; los espaГ±oles en AmГ©rica creamos mestizos. Los ingleses, no. Consideraban a los indГ­genas como animales salvajes y no se mezclaron con ellos. En 1788, cuando el duque de Orleans fue desterrado a Villers Cotterets, adquiriГі en seguida gran popularidad y Rivarol, hablando sobre ello, dijo: —Este prГ­ncipe destruye las leyes de la perspectiva; cuanto mГЎs se aleja mГЎs grande parece. ВїNo les parece, amigos lectores, que esta frase tiene actualidad? SГіlo que al revГ©s, gente que nos parecГ­a grande cuando estaban lejos, cuando han llegado hasta nosotros los hemos visto convertirse en enanos. El mГєsico Berlioz dio un concierto en Viena que obtuvo un Г©xito sensacional. Una admiradora se le acercГі y, estrechГЎndole la mano, le dijo: —¡Perdone mi osadГ­a, pero quiero acariciar la mano que ha escrito mГєsica tan bella! Y como a todo esto le tenГ­a cogida la mano izquierda Berlioz le replicГі: —Como usted guste, seГ±ora, pero yo escribo con la otra. Una anГ©cdota del siglo XV. Un seГ±or de cierto villorrio se dedicaba a salteador de caminos. Apresado por la justicia, fue condenado a ser descuartizado, y el cura del pueblo en la misa dominical dio la noticia a sus feligreses de la siguiente forma: —Hermanos, rogad a Dios en caridad por el alma de nuestro seГ±or fallecido en Toledo a causa de sus heridas. En un festival benГ©fico actuaron la eximia actriz MarГ­a Guerrero y la cГ©lebre bailaora Pastora Imperio. Al terminar Г©sta su actuaciГіn, fue felicitada por la primera, que le preguntГі si se habla cansado mucho. Pastora respondiГі: —¡Calle ustГ©! ВЎCon lo que el pГєblico nos hace repetГ­! UstГ©s, las cГіmicas, salen, hablan lo suyo y se van tan descansГЎs, pero nosotras las artistas... Prosper MerimГ©e dijo un dГ­a a la emperatriz Eugenia una frase que merece aplauso: —Cuando le decimos hermosa a una mujer que es fea no cabe esperar que nuestras palabras logren volverla hermosa de verdad, pero es seguro que se pondrГЎ casi bonita. Bernard Shaw sentГ­a un verdadero horror por el telГ©fono. Cuando alguien llamaba a su casa, la criada tenГ­a la obligaciГіn de contestar: —El seГ±or no responde nunca antes de las seis de la tarde. Si telefoneaban despuГ©s, la respuesta era: —El seГ±or no responde nunca despuГ©s de las seis de la tarde. Y si alguien insistГ­a diciendo: —¿A quГ© hora puedo telefonear? —A las seis en punto. Y a esta hora el telГ©fono estaba descolgado. Una vez, Shaw recibiГі una carta que contenГ­a una sola palabra: —ImbГ©cil. Y comentГі: —En mi vida he recibido muchas cartas sin firma, pero Г©sta es la primera vez que recibo una firma sin carta. En esta temporada en que tanto sufrimos de la sequГ­a, bueno serГЎ recordar una anГ©cdota. Cierto presunto escritor se presentГі, creo que al empresario Tirso Escudero, diciГ©ndole: —Tengo escrito un drama rural extraordinario. El protagonista es un labriego que ve sus campos secos y ГЎridos por falta de lluvia, pero es hombre creyente y confГ­a en la Providencia, que por fin se apiada de Г©l y le envГ­a el agua que necesita. La Гєltima escena es un canto, un himno... —No me diga mГЎs —atajГі el empresario—: ВЎes el himno de Riego! Y paralela a esta anГ©cdota va otra que tal vez es cuento. En Г©poca de pertinaz sequГ­a un cura de pueblo predicaba a sus feligreses: —Hermanos mГ­os: tened fe. La fe mueve montaГ±as, la fe lo puede todo. Si tenГ©is fe todo se arreglarГЎ. El prГіximo jueves a las siete de la tarde habrГЎ una funciГіn religiosa para impetrar la lluvia. Si tenГ©is fe, Dios os oirГЎ. Al jueves siguiente se celebrГі la ceremonia y el cura subiГі al pГєlpito: —Hermanos: os dije que la fe lo podГ­a todo, pero veo que no tenГ©is fe suficiente. Hemos venido para pedir la lluvia al SeГ±or y ninguno de vosotros ha traГ­do paraguas. Le preguntaron a Milton: —¿Por quГ© en ciertos paГ­ses un prГ­ncipe puede ser proclamado rey a los catorce aГ±os y, en cambio, no puede casarse hasta los dieciocho? —Porque para gobernar un reino basta un niГ±o, y para gobernar una mujer, no basta. COSAS ROMANAS DE ANTES DE LAS PANDECTAS El seГ±or CicerГіn (don Marco Tulio) escribiГі una vez que В«somos esclavos de la ley, para poder ser libres В» (Legum servi sumus est liberi essepossimus. CicerГіn, De legibus, I); algunos aГ±os despuГ©s el seГ±or SГ©neca (don Lucio Anneo) dejГі escrito que В«la ley debe ser breve para que los profanos puedan recordarla con facilidad В» (Legen brevem esse oportet, quo facilius ab imperitis teneatur. SГ©neca, EpГ­stolas, 94, 38), y como Г©stos podrГ­a citar mil otros testimonios de que los creadores del derecho actual, nuestros antepasados romanos se preocupaban enormemente del que se puede llamar el problema moral del derecho. ВїCuГЎl fue el resultado? Corruptissima repГєblicaplurimae leges, dice TГЎcito (En un Estado corrupto se hacen muchas leyes. TГЎcito, Anales, III, 27). Crearon el derecho, legislaron y legislaron hasta el colmo, hasta la nГЎusea. No dejaron nada por hacer, durante siglos y siglos los hombres se rigieron, se rigen y se regirГЎn por lo que ellos dejaron establecido. Pero, ВЎay!, tambiГ©n los abogados empezaron por aquellas calendas a tomar figura moderna: Ni de muerte, ni veneno, ni de violencia se trata, pero sГ­ sencillamente del robo de mis tres cabras. Yo denuncio a mi vecino como autor de tal hazaГ±a; el juez reclama las pruebas, pero tГє sГіlo le hablas de la guerra de MitrГ­dates, de la batalla de Carinas, y de la perfidia pГєnica y su furor. No te cansas de citar los Silas, Marios, Mucios, con pasmarotadas y voces. Mas ВїcuГЎndo, PГІstumo, hablarГЎs de mis tres cabras? (Marcial, В«Contra el abogado PГІstumoВ», Epigramas VI,19) ВЎCuГЎntos imitadores tiene aГєn hoy el abogado PГІstumo ridiculizado por Marcial! Este autor nos da valiosos detalles acerca de la catadura de algunos abogados romanos. He aquГ­ otros dos ejemplos: Cipero, por muchos aГ±os has sido tГє panadero y hoy abogas por ganarte a millares los sextercios. Entretanto, sin cesar comes, y aun tomas a prГ©stamo; ahora bien, pues panadeas, y aun haces harina, creo que tu antigua profesiГіn nunca has dejado, Cipero. (Marcial, В«Contra CiperoВ», Epigramas, VIII, 16) Evidentemente, aquГ­ hay un juego de palabras producido por el cambio de estado de Cipero. В«Haces pan —dice el poeta— cuando abogas, y procuras ganar los sextercios a millares, a pesar de la ley Cincia, que lo prohГ­be; y haces harina cuando gastas lo que tan mal has adquirido, porque cuando se pasa la harina a travГ©s de un cedazo, lo bueno cae y queda lo malo.В» La explicaciГіn parece violenta; para justificarme aГ±adirГ© que no es mГ­a, sino que la he entresacado de las notas a los epigramas de Marcial publicados por la biblioteca ClГЎsica Hernando (tomo CXLI, p. 331). La ley Cincia acabada de citar, promulgada el aГ±o 350 a. de J.C., prohibГ­a a los abogados recibir remuneraciГіn alguna fuese en forma de presente o de honorarios (Lex Cincia qua cavetur antiquitus, nequis ob causam orandam, pecuniam; donumve acciperet. TГЎcito, Anales, XI, S); fue renovada por Augusto y revocada por un senado consulto de Claudio, que fijaba en 10000 sextercios el mГЎximo de los honorarios de un abogado (TГЎcito, Anales, V, 8). Este senadoconsulto fue confirmado por NerГіn, segГєn se desprende de su biografГ­a escrita por Suetonio, y Trajano obligГі a las partes a jurar que no habГ­an dado ni prometido nada al abogado, aunque autorizaba a Г©ste a recibir los 10000 sextercios una vez terminada la causa. El otro ejemplo es el epigrama que dirigiГі a Sexto, versiГіn de Salinas: Sexto, tu abogado fui por precio de dos mil reales. Y sГіlo los mil cabales me envГ­as; la causa di. Respondes que nada hablГ©, y que la causa he perdido. Otro tanto me has debido, Sexto, pues me avergoncГ©. (Marcial, EpГ­stola VIII, I) Que los abogados en Roma no eran cosa extraordinaria en cuanto a honradez, es cosa sabida, y si alguien lo ignorase sГіlo dirГ© que despuГ©s de la muerte en Grecia de un tal Minucio Besilo, hombre riquГ­simo, un falsificador le atribuyГі un testamento a su favor, en el que astutamente introdujo importantes legados a favor de Craso y Hortensio, y Г©stos, aunque no habГ­an conocido al presunto testador, aceptaron la defensa del testamento. Aunque bien es verdad que cuando el emperador Caracalla asesinГі a su hermano, que para huir de su furor se habГ­a amparado en los brazos de su madre, buscГі a Papiniano, rogГЎndole que le defendiese ante el Senado de tan horrible crimen. El cГ©lebre jurisconsulto le contestГі: —Es mГЎs fГЎcil cometer un fratricidio que justificarlo. De todos modos, segГєn cuenta TГЎcito, los antiguos germanos cortaban la lengua a los abogados de los pueblos invadidos por ellos, y les decГ­an: В«Cesa de silbar, vГ­bora.В» Bien es verdad tambiГ©n que el propio TГЎcito dice: Nec quidquam mercis tam venalefuit, quam advocatorum perfidia (Anales, XI, 5), y cita el ejemplo de un caballero romano de Samios que, traicionado por el abogado Suilio, al que habГ­a dado 400000 sextercios, se suicidГі en la morada de su pГ©rfido defensor. Plinio certifica por su parte que el abogado Nominato habГ­a traicionado a los Vicentinos, que le habГ­an entregado fuertes sumas para que defendiese sus intereses. (Plinio, Lib. III, epist. V.) (QuizГЎ lo hizo porque debГ­a algo y no querГ­a que le impusiesen las penas que la ley seГ±alaba al deudor.) Para poder decir esto hay que atender al tiempo (Lex Poetelia-Papira). La ley romana hizo del deudor la prenda de su deuda: su persona, su familia, sus hijos pertenecГ­an al acreedor e incluso tomaba un nombre que expresaba la anulaciГіn de su personalidad: nexus, non suus. Una vez adjudicados a su acreedor los deudores no eran ni ciudadanos, ni ingenuos, ni esclavos; formaban una clase aparte e intermedia entre el esclavo y el hombre libre. Todo senador, todo patricio, tenГ­a en su casa una cГЎrcel destinada a los addicti, a los deudores que a manadas se le enviaban (gregalim adducebantur, dice Tito Livio). Los podГ­a guardar durante sesenta dГ­as, encadenados por una cadena de hierro, cuyo peso mГЎximo de quince libras estaba fijado por la ley; como Гєnico alimento estaba fijado el de una libra de harina diaria. Expirados los sesenta dГ­as, todo ha terminado para el deudor. El acreedor estГЎ autorizado a darle muerte o bien, si tiene en mГЎs sus intereses particulares que su sed de venganza, puede conducirle a la plaza pГєblica durante tres dГ­as de mercado para ser vendido; si a los tres dГ­as no ha encontrado comprador, su propietario estГЎ autorizado para venderle al extranjero de mГЎs allГЎ del TГ­ber. Y suerte si el pobre deudor no lo es mГЎs que de un solo acreedor, porque si son muchos se le puede descuartizar y sus trozos serГЎn repartidos entre los Shylock que le rodean (Aulo Gelio, XX, I; Tertuliano, Apolesget. IV; Quintiliano, Inst. Orat, III, 6). Esta ley estuvo en vigor en Roma hasta el aГ±o 428 a. de J.C., en que un movimiento popular la hizo abolir (Tito Livio, II, 24 y VIII, 28). Suerte que la supervivencia del derecho romano no ha alcanzado a leyes semejantes, que en estos tiempos (el tiempo siempre se para) en menos de medio aГ±o habrГ­a en el mundo una mortandad al lado de la cual la Гєltima guerra pasarГ­a por ser una sencilla maniobra militar. Una de las leyes mГЎs interesantes de la Г©poca romana es la llamada ley Julia. Para comprender la importancia de dicha ley es menester conocer la depravaciГіn de la sociedad romana y el extremo de inmoralidad a que habГ­an llegado sus costumbres. Especialmente, una clase social, los libertos y sobre todo las libertas, se distinguГ­a entre todas. Estas libertas dieron nombre al libertinaje y eran adiestradas en el difГ­cil arte de las cortesanas por verdaderas sociedades comerciales que especulaban sobre sus encantos y obtenГ­an de ellas enormes beneficios. Las matronas vivГ­an en buena armonГ­a con dichas mujeres, corruptoras de sus maridos y de sus hijos; es mГЎs, incluso las protegГ­an, las imitaban y hacГ­an de ellas no sus rivales, sino sus modelos (В«Nos quieren hacer depender de ellas, y nos hacen arrastrar una vida miserable de tal forma que necesitemos de ellas en todo momento forzГЎndonos a estar bajo su protecciГіnВ», asГ­, dice Lena, vieja cortesana en Cistellaria, de Plauto, acto I, esc. I, vid. v. 24-43). Los hombres dedicaban sus afanes con preferencia a la conquista de las mujeres casadas, hasta tal punto que una mujer rica y aristocrГЎtica no se casaba mГЎs que para alentar a los amantes, ut adulterium incitat, dice SГ©neca (De beneficis, lib. III, 16). El matrimonio era un paso necesario para el adulterio. «¿DГіnde encontrarГ©is —dice el filГіsofo citado— una mujer tan humilde, tan pobre de espГ­ritu y tan tГ­mida que se contente con sГіlo un par de amantes? ВїNo es necesario, hoy dГ­a, que la mujer cuente las horas del dГ­a por el nГєmero de sus adulterios, que necesite mГЎs de un dГ­a para visitar a sus favoritos, que cada uno la acompaГ±e hasta la casa del siguiente? Lo que hoy se llama matrimonio consiste en no tener mГЎs que un amante: bien ignorante serГЎ la mujer que lo ignore.В» (SГ©neca, loe. cit.) Algunos maridos especulaban con las gracias de sus esposas y se hacГ­an pagar su vergonzosa tolerancia; hasta tal punto llegГі a ser abundante su nГєmero, que la citada ley Julia contenГ­a un pГЎrrafo titulado De lenocinio mariti. Como es natural, el divorcio era cosa comГєn y normal. Los maridos repudiaban a sus esposas no porque se avergonzaran de sus actos, sino para casarse con otras y adquirir nuevas dotes. En cuanto a las mujeres, SГ©neca atestigua que no se casaban mГЎs que para divorciar. В«Muchas cuentan sus aГ±os no por los cГіnsules, sino por el nГєmero de sus maridos.В» (SГ©neca, loe. cit.) Poco a poco se vino en considerar el matrimonio como un estado contra natura y las leyes tuvieron que hacerse no sГіlo para corregir el vicio, sino, sobre todo, para poner un freno a la despoblaciГіn. Augusto resistiГі largo tiempo a los deseos de los senadores que le suplicaban la instituciГіn de penas destinadas a reprimir la impudicia (DiГіn Casio, lib. LIV), y cuando se decidiГі a hacerlo las aplicГі inmediatamente, pero con atenuaciГіn, a su hija y a su nieta, aunque se duda si lo hizo para satisfacer la moral pГєblica o vengar una pasiГіn personal, incestuosa y despreciada (vid. Suetonio, Augustus, 66). La ley Julia castigaba a los adГєlteros a la pГ©rdida de parte de sus bienes y al destierro. Augusto condenГі a muerte a los amantes de su hija y de su nieta, juzgГЎndolos como criminales de lesa majestad y no como adГєlteros. EstГЎbale permitido al padre matar a su hija y al cГіmplice de su hija sorprendidos en adulterio en su casa o en casa de su yerno; pero era necesario que los matase con su propia mano (Digesto, lib. XLVIII, tit. V, art. 6). Contrariamente a los principios admitidos luego por la justicia espaГ±ola, el marido, en tal caso, tenia menos derechos que el padre. No le estaba permitido matar a su esposa. La ley habГ­a querido —segГєn palabras del Digesto— refrenar la cГіlera irreflexiva y el primer movimiento de indignaciГіn de los maridos (Caeterum mariti calor et Г­mpetus facile decernentis, fuit refraenandus, Digesto, loe. cit.). Parece como si se temiese el exterminio general de las mujeres casadas. Y a todo eso nos hemos olvidado un poco de los abogados. Pero Вїes que existirГ­an Г©stos sin leyes que discutir? Un dГ­a CicerГіn sostenГ­a ante el tribunal una tesis completamente contraria a la que habГ­a sostenido en otra ocasiГіn. Invitado a explicarse lo hizo poco mГЎs o menos asГ­: —Reclamo el derecho de pasar toda mi vida contradiciГ©ndome tranquilamente. En las causas no estГЎn ni nuestra particular convicciГіn ni nuestras ideas, sino la expresiГіn de la verdad tal como puede deducirse de las pruebas, de las actas. Si las causas fuesen claras y se discutiesen por sГ­ mismas no se necesitarГ­a para nada a los abogados. He aquГ­ la descripciГіn de un abogado romano, RГ©gulo, segГєn Nisard en sus comentarios a Estacio. В«RГ©gulo es hombre de talento e intrigante, enriquecido sin reparar en medios, es odiado y a la vez temido porque tiene la doble reputaciГіn de ser rico y ser malvado. RГ©gulo versifica y se ofende si sГіlo se le alaba por sus Г©xitos jurГ­dicos. Cuando ha informado bien se le pueden alabar sus poesГ­as pero es peligroso decirle que ha informado bien cuando ha leГ­do sus versos. Es un charlatГЎn que engaГ±a precisamente a los que creen que no pueden ser engaГ±ados. Los magistrados, pГєblicamente, le dan la razГіn, pero, en privado, critican su oratoria pesada y de mal gusto; los poetas le otorgan ante el auditorio del foro la palma de la poesГ­a, y entre sГ­, tienen sus versos por menos que nada. De esta manera su reputaciГіn se sostiene sobre los que mГЎs severamente le juzgan; triunfo Гєnico, pero triunfo que siempre y en todo lugar se obtendrГЎ cuando pueden reunirse estas tres cosas: intriga, maldad y talento. В»El papel polГ­tico de RГ©gulo ha sido poco claro y por ello se le teme. Bajo el Гєltimo cГ©sar murmuraba constantemente y se sabГ­a que era secretamente su mejor amigo; ahora parece ser un entusiasta del actual cГ©sar, pero todo el mundo sabe que estГЎ descontento de ti. Pero su Г©xito principal no estriba en la polГ­tica, sino en los testamentos. RГ©gulo darГ­a lecciones al Tiresias horaciano en punto a saber captar voluntades de moribundos. Aunque no siempre se vale con la suya. В»Un dГ­a va a ver a una viuda que se estГЎ muriendo, le pregunta el dГ­a y la hora de su nacimiento. Cuenta misteriosamente con los dedos y le dice: »—CurarГЎs, pero para mГЎs seguridad voy a consultar a un infalible. В»Sale, finge un sacrificio y vuelve diciendo que astros y victimas estГЎn acordes en la curaciГіn. Reconocida, la viuda le asegura un legado en su testamento. Pocos dГ­as despuГ©s, empeora y muere tras haberle borrado de su testamento. В»RГ©gulo es intrigante, artero, desprovisto de escrГєpulos. RГ©gulo se muestra discГ­pulo de Anacarsis, que decГ­a: "Las leyes son como las telaraГ±as; con ellas sГіlo se caza a las moscas pequeГ±as, las moscas grandes rompen la tela." В»Una de estas Гєltimas moscas era EscipiГіn el Africano, que tenГ­a una gran cantidad de trucos para escapar de las ocasiones difГ­ciles. В»Un dГ­a EscipiГіn fue acusado por el tribuno Nevia de despilfarro del dinero del Estado. El gran general no se amilanГі y, subiendo a la tribuna, se dirigiГі al pueblo diciendo: "Ciudadanos, hoy es el aniversario de mi victoria sobre los cartagineses. Justo es que en vez de ocuparnos de estas pequeГ±eces subamos juntos al Capitolio a dar gracias a los dioses."В» Claro que puede decirse que en este caso el acusador tuvo la mala pata de elegir un mal dГ­a para el juicio; de todas maneras, EscipiГіn no se quedaba corto en cuanto a excusas. En otra ocasiГіn, acusado tambiГ©n de un delito de tipo crematГ­stico, se dirigiГі a los jueces con estas palabras: —¿Os atrevГ©is a juzgar a aquel gracias al cuГЎl tenГ©is autoridad para juzgar? Y lo mГЎs bonito de la historia es que le hicieron caso. Julio GГЎlico, abogado romano, discutГ­a ante el emperador Claudio, que juzgaba a orillas del TГ­ber. Durante su oraciГіn, el emperador se enfadГі y mandГі que le arrojasen al rГ­o, donde se ahogГі. Poco tiempo despuГ©s uno de sus clientes se dirigiГі a otro abogado, Domicio Afro, rogГЎndole que se encargase de su defensa ante el emperador. Afro rechazГі el encargo diciendo: —¿Por ventura crees que sГ© nadar mejor que GГЎlico? De todos modos, no siempre pasaba igual. Una mujer de Esmirna fue acusada ante Dolabella, procГіnsul en Asia, de haber envenenado a su marido porque Г©ste habГ­a matado a un hijo que ella habГ­a tenido de un precedente matrimonio. Dolabella no sabГ­a exactamente quГ© hacer: no podГ­a absolver a la mujer y le repugnaba, no obstante, condenarla. De modo que se limitГі a aplazar la vista de la causa y a fijar el nuevo dГ­a de la vista para al cabo de cien aГ±os, para ser definitivamente juzgada. Este truco se parece al de DemГіstenes. Una mujer habГ­a recibido una suma en depГіsito de dos amigos y parientes, conviniГ©ndose que no la entregarГ­a a no ser a los dos reunidos. Tiempo despuГ©s se presentГі uno de los dos y logrГі convencerla de que el otro habГ­a muerto, consiguiendo de ella que le entregase la suma que tenГ­a en depГіsito. Al cabo de un tiempo compareciГі el segundo a pedir el dinero y al enterarse del caso la denunciГі. DemГіstenes, en su defensa, no dijo mГЎs que lo siguiente: —La depositarГ­a estГЎ dispuesta a devolver el dinero que le ha estado confiado; ahora bien, no puede hacerlo al acusador porque segГєn convenio debe hacerlo a los dos reunidos. Y se sobreseyГі la causa. ANECDOTARIO GASTRONГ“MICO Se me ha dicho repetidas veces que soy hombre amante de la buena cocina. Ello no es totalmente exacto; lo que yo amo es el buen comedor. Quiero decir que el reino de las ollas, las perolas, sartenes, cacerolas y demГЎs adminГ­culos me es casi totalmente desconocido. A mГ­ me gusta comer bien y beber mejor. Claro estГЎ que me place saber quГ© como y en muchos restaurantes he solicitado del chef explicaciones sobre la receta o datos sobre un determinado plato, y creo que ello debe ser regla indispensable para todo aquel que quiera apreciar en su justo punto un plato de su gusto. Pero aunque conozca las recetas, no me atreverГ­a a meterme en una cocina para practicarlas; prefiero que lo hagan los profesionales o los aficionados de categorГ­a que, como mi hermano Luis, saben perfectamente guisar primero y saborear despuГ©s. SГ© que, desde estas pГЎginas, como antes desde el micrГіfono, invado terreno en que son maestros mis amigos NГ©stor LujГЎn y Luis Bettonica. De antemano les pido perdГіn o les ruego que perdonen mi osadГ­a en gracia a mi interГ©s por el tema. Tengo ante mГ­ dos libros, uno espaГ±ol y el otro francГ©s, firmados con el mismo seudГіnimo: Savarin. El primero, titulado CrГ­ticas gastronГіmicas, es original de Francisco Moreno de Herrera, conde de los Andes, y contiene muchos de los artГ­culos que publicГі sobre el tema en el diario madrileГ±o ABC. EstГЎ editado por Prensa EspaГ±ola, Madrid, 1971. El segundo se titula La vraie cuisine franГ§aise, y el verdadero nombre del autor me es desconocido. Cito la traducciГіn castellana que con el tГ­tulo de Mi cocina fue publicado en Barcelona por Ediciones Daimon en 1964. Esta ediciГіn espaГ±ola es recomendable, pues estГЎ revisada y completada por el maestro culinario Juan CabanГ©, al que conocГ­ cuando era chef del hotel ColГіn de Barcelona, y que lo adaptГі al gusto espaГ±ol. Otro libro recomendable es 1080 recetas de cocina, de Simone Ortega. Es libro de bolsillo. Alianza Editorial, Madrid. Dice Brillat-Savarin, en el aforismo 20 de los que prologan su libro La fisiologГ­a del gusto, que convidar a alguien equivale a encargarse de su felicidad en tanto estГ© con nosotros. Г‰ste es el primer deber de todo buen anfitriГіn. Pero ВїquГ© es un anfitriГіn? SegГєn Casares, es el que tiene convidados a su mesa. Aunque el origen del nombre es griego, su significaciГіn actual nos viene del francГ©s. Veamos cГіmo. En la mitologГ­a griega AnfitriГіn, hijo de Alceo y de Hipponoma y nieto de Perseo, estaba casado con una mujer muy bella llamada Alcmena, mujer de extraordinaria belleza, de la que JГєpiter se enamorГі. Aprovechando la ausencia del marido, general tebano, el dios tomГі su apariencia y Alcmena, creyendo acostarse con su esposo, lo hizo con JГєpiter o Zeus, que es su nombre griego. De este episodio Plauto, hacia el aГ±o 214 a. de J.C., escribiГі una comedia y MoliГЁre, en 1668, otra en la que al final, en el curso de un banquete que reГєne a todos los hГ©roes de la pieza, Sosia, servidor de AnfitriГіn, exclama: ... le veritable Amphitryon est l'Amphitryon oГ№ l'on dГ®ne. (El verdadero AnfitriГіn es el AnfitriГіn en casa del cual se cena.) La frase tuvo Г©xito, y en Francia se comenzГі a usar el nombre propio como nombre comГєn en el sentido que tiene hoy en dГ­a tambiГ©n en castellano y en otras lenguas. Sobre la historia del general Tebano se han escrito varias obras, entre las que recuerdo en este momento una de H. von Kleist en 1807 y otra de Jean Girandoux, que se estrenГі en 1939, con el titulo de Amphitryon 38. Pasemos a otra cosa. ВїSaben ustedes que la salsa bechamel debe su nombre a un personaje histГіrico? Pues sГ­, seГ±ores, Louis de Bechameil, marquГ©s de Nointel, fue quien la inventГі o por lo menos asГ­ se dice, aunque hay quien, con mГЎs fundamento, cree que fue su cocinero el descubridor de la salsa en cuestiГіn. No hacen mucho honor al ilustre marquГ©s aquellos cocineros que sirven con su nombre un engendro inconfundible o una especie de diarrea blanca repugnante a la vista y al paladar. Si la bechamel o besamela, como se llamГі un tiempo en EspaГ±a, es buena, se le aГ±aden unas rodajas de trufa, autГ©ntica, no de plГЎstico, y ya me dirГЎn luego quГ© piensan de ello. Y va de anГ©cdota. Un seГ±or pide en un restaurante un chateaubriand. —Pero muy hecho, por favor; que no sangre. —Si no sangra, no serГЎ un chateaubriand —responde el maГ®tre. —Usted dГ©jese de crГ­tica literaria y sГ­rvame la carne como se la he pedido. Los que conozcan las obras del romГЎntico vizconde FranГ§ois RenГ© de Chateaubriand comprenderГЎn la ironГ­a de la respuesta. Atala, RenГ©, Los mГЎrtires del cristianismo, Los Natchez y sobre todo sus Memorias de ultratumba representan la corriente romГЎntica en su mayor apogeo. Fue un cocinero, Montmireil, quien un dГ­a ofreciГі a su amo un gran trozo de carne cuando era embajador de Londres. ВЈ1 Chateaubriand В«es un filete grueso de lomo bajo asado a la parrilla o salteadoВ». En algunos lugares de EspaГ±a, el filete es el bistГ©, y al Chateaubriand o al tournedo se los califica de solomillo, pero, como dice el Savarin francГ©s, que entrecomillo, В«el solomillo es la parte de la vaca (o del buey, aГ±ado yo) que va de la punta de la cadera a las primeras costillas y estГЎ formado por el lomo alto y el bajo. El solomillo, para merecer este nombre, se ha de asar enteroВ». TambiГ©n dice el libro citado que В«el solomillo es la parte mГЎs estimada de la vaca (o del buey). Asado entero recibe el nombre de rosbif, cortado en lonchas los de filete o bistГ© si son normales; Chateaubriand, si son gruesos y tournedo si, a pesar de ser gruesos, son pequeГ±osВ». ВїEstГЎ claro? Y como postres, ВїquГ© les parece unos melocotones Melba? En 1894, la cantante australiana Nellie Melba, cuyo verdadero nombre era Helen Porter Mitchell, estaba en Londres, donde cantaba Lohengrin en el teatro del Covent Garden. En el hotel Savoy de la misma ciudad dirigГ­a las cocinas el gran artista culinario francГ©s Auguste Escoffier. La cantante enviГі al cocinero dos butacas para una representaciГіn y, en la cena que siguiГі a la misma, Escoffier cogiГі un gran bloque de helado de vainilla al que dio la forma del cisne de Lohengrin y a su alrededor colocГі unas copas del mismo helado con melocotones cubiertos con una capa de purГ© de frambuesas y coronados con azГєcar hilado y crema chantilly. AsГ­ surgiГі el postre, que recomiendo vivamente, que creo que gustarГЎ a todos y que, naturalmente, no es apto para diabГ©ticos. Para terminar, fruta. Unas ciruelas Claudias, por ejemplo, ayudarГЎn la digestiГіn; los horticultores franceses del siglo XVI bautizaron asГ­ a una nueva especie de ciruelas, al parecer procedentes de Persia, en honor a la reina Claudia, esposa de Francisco I y ex prometida de Carlos I de EspaГ±a. Y si a pesar de la comida que les he ofrecido, sienten que pueden terminar con un grog, aunque es mГЎs recomendable a media tarde en Г©poca de resfriados, se mezcla ron caliente, agua azucarada a punto de hervir y limГіn. En 1740, el almirante Eduard Veron, nacido en 1684, y mГЎs conocido por su sobrenombre de OГ­d Grog, decidiГі obligar a los marineros bajo su mando a reducir su raciГіn habitual de ron. Como los pobres marineros tenГ­an frГ­o, idearon la citada mezcla, que bautizaron con el mote del almirante. ВЎQue aproveche! ANECDOTARIO Advierto que la anГ©cdota que voy a referir es falsa; pero tiene gracia. Que me perdonen los vecinos del pueblo protagonista. Un vecino de Cacabelos —ente autГіnomo de Castilla-LeГіn— creyГі haber encontrado la cuadratura del cГ­rculo y, lleno de orgullo, quiso hacer pГєblico el suceso; pero revelaba tanta ignorancia al tratar de la materia que un periГіdico publicГі los versos siguientes: En Cacabelos un chulo acaba de descubrir la cuadratura del cir culo. Ya de hoy mГЎs nadie le ladra a esta sublime criatura que ha dado por fin en la cuadra tura. ВЎDenle al instante una placa que bien la merece, oh cielos!, el ciudadano de Caca belos. Ignoro quiГ©n es el autor de estos versos; si algГєn lector me lo puede decir, se lo agradecerГ©. El mГєsico francГ©s Rameau parecГ­a, a veces, distraГ­do y en realidad es que sГіlo pensaba en la mГєsica; lo demГЎs no le importaba. Un dГ­a se hallaba de visita en casa de una seГ±ora y de repente agarrГі a un perro de lanas que allГ­ habГ­a y lo echГі a la calle por la ventana. La dueГ±a de la casa, indignada, dijo: —Pero ВїquГ© habГ©is hecho? ВїPor quГ©? Rameau, con gran ingenuidad, preguntГі: —Pero Вїno se ha dado cuenta? ВЎDesafinaba! La actriz Dolores del RГ­o preguntГі en cierta ocasiГіn a MarГ­a FГ©lix, otra gran actriz: —¿QuГ© haces para parecer tan joven? —Serlo. He aquГ­ una buena respuesta, pues, en muchos casos, la voluntad de ser joven aГ±ade brГ­os a la madurez. Digo la madurez y no la vejez. Nada mГЎs ridГ­culo que un viejo verde: aquel que cree esconder su edad a los demГЎs empezando por no querer confesГЎrsela a sГ­ mismo. Para ser joven hay que vivir con los jГіvenes; pero no como los jГіvenes. Si se vive con ellos, sin darse cuenta uno, participarГЎ de sus ideas, compartiГ©ndolas o no, pero comprendiГ©ndolas, y es mГЎs fГЎcil comprender a un joven que no que Г©ste comprenda a un viejo. De algo ha de servir la experiencia, que es la suma de fracasos que uno ha tenido en la vida. Pero hay quien no los ha sabido aprovechar y otros que, como no han hecho nunca nada, no han fracasado jamГЎs. Y, hablando de viejos. Talleyrand, ya en el ocaso de su vida, se enamorГі de una dama de la corte que no quiso saber nada de Г©l. —Es encantador, pero demasiado viejo —decГ­a a sus amigos. Pero Talleyrand, ilusionado, y no se pueden tener ilusiones a cierta edad, le escribГ­a cada dГ­a una cartita. Al fin la dama —que no lo debГ­a ser tanto, por lo que sigue— le contestГі con una carta que decГ­a: В«SeГ±or: Me servirГ© de su prГіxima carta para limpiarme el culo.В» Pido perdГіn por la frase, pero la he traducido exactamente. Talleyrand respondiГі con una cuarteta que, mal traducida, decГ­a: Papelitos, os envidio. Id, seguid vuestro destino, pero al pasar, por favor, anunciadme a vuestro vecino. Se cuenta, y el saberlo es necesario para comprender la anГ©cdota que sigue, que el sultГЎn de TurquГ­a cada noche pasaba revista a las mujeres de su harГ©n, y ante aquella que escogГ­a para pasar la noche tiraba un paГ±uelo. Pues bien, un dГ­a de 1714 el mariscal de Villeroy llegГі a Lyon, donde se dieron fiestas en su honor. Una dama le preguntГі: —Mariscal Вїha tirado su paГ±uelo ante alguna dama? —SeГ±ora, ya no me sueno —fue la respuesta. Otra frase de Talleyrand. Una seГ±ora muy fea le dijo: —Parece que os habГ©is vanagloriado de haberos acostado conmigo. —¿Vanagloriado? No, seГ±ora. Me he acusado. Del mismo Talleyrand —se atribuye tambiГ©n la anГ©cdota a otros hombres polГ­ticos y puede servir aГєn ahora— se dice que cuando estaba a las puertas de la muerte un mГ©dico dijo: —Por el momento no hay peligro. El corazГіn funciona bien. —¡Claro! ВЎHa servido tan poco! —fue el comentario. Francisco Bergamin, ilustre polГ­tico y catedrГЎtico, examinaba a un alumno que estaba pez. Queriendo salvarle le dijo: —HГЎbleme usted de la letra de cambio. Silencio del alumno. —¿No sabe usted lo que es una letra de cambio? —No, seГ±or —fue la tГ­mida respuesta. —¡Dichoso de usted! —suspirГі Bergamin. Como comprenderГЎn mis lectores, esto ocurriГі cuando las letras de cambio se pagaban religiosamente. Ahora entre el protesto de letras y las letras de protesta estamos hasta las narices. Jonathan Swift, el autor de Los viajes de Gulliver, un dГ­a dijo a su criado: —TrГЎeme las botas. AsГ­ lo hizo el criado, presentГЎndolas llenas de barro. —¿Por quГ© no has limpiado las botas? —Como sabia que ibais a salir y los caminos estГЎn llenos de barro, me ha parecido que era inГєtil limpiarlas. Swift no dijo nada, pero al poco rato el criado le pidiГі la llave de la despensa. —¿Para quГ© la quieres? —Para sacar comida, aГєn no he almorzado. —Pues mira: como de aquГ­ a unas horas volverГЎs a tener hambre, no vale la pena de que comas. La adulaciГіn es el arte que tienen algunos de decirte a la cara lo que no dirГЎn a tus espaldas. Un rasgo servil y ridГ­culo es el del cardenal de EstrГ©es ante Luis XIV de Francia. Г‰ste se quejaba de que perdГ­a los dientes. —¿Dientes? —dijo el cardenal—.;Bah! ВїQuiГ©n usa dientes hoy en dГ­a, seГ±or? DebГ­a de ser el mismo que le dijo al mismo rey que le preguntГі la hora: —Es la hora que Vuestra Majestad desee. Otro rasgo de adulaciГіn contado en sus Historiettes, por Tailemant des Reaux. El cardenal Richelieu dio en escribir comedias, muy malas por cierto, y un sacerdote lisonjero y adulador, llamado Cotin, empezГі un sermГіn diciendo: —Eminencia, JesГєs terminГі el drama de nuestra salvaciГіn en el teatro de la Cruz... Una frase de Cervantes que vale por una anГ©cdota. Se encuentra en El licenciado Vidriera: В«De las damas que llaman cortesanas que todas o las mГЎs tienen mГЎs de corteses que de sanas.В» Watt, el cГ©lebre inventor inglГ©s de gran humanidad y cuya vida es la expresiГіn de un continuo trabajo, dio una vez una contestaciГіn lapidarГ­a: —¿CuГЎl es vuestro mayor placer? —le preguntaron. —No he conocido mГЎs que dos placeres en mi vida —contestó—: la pereza y el sueГ±o. Que ustedes duerman bien. RECETAS Y MГЃS RECETAS En la consulta de un hospital, hace ya muchos aГ±os, se presentГі un hombre de los alrededores de Madrid: un tipo de В«pardilloВ». Se quejaba del estГіmago. El mГ©dico le interrogГі. Le reconociГі y le dijo: —No creo que tenga usted gran cosa. Ahora le darГ© una receta con unos polvos. EscribiГі la receta y echГі encima de Г©sta, como se hacГ­a hace aГ±os, la arenilla de la salvadera para secar la tinta. —Tome usted esto cuando sienta dolor. A los ocho o diez dГ­as apareciГі el В«pardilloВ» y el mГ©dico le preguntГі: —¿QuГ© tal? —Muy bien. Esos polvos me han venido muy bien: pero habГ­a muy pocos y ya se me han acabado. —Bueno; pues le harГ© otra receta —y se la dio al В«pardilloВ», y al tomarla preguntГі Г©ste: —¿Y los polvos? —En la botica se los darГЎn a usted. —Pero yo digo los polvos que echГі usted en el papel el otro dГ­a, porque fueron los que yo me tomГ© y me curaron. El profesor y los estudiantes se miraron con sorna y el profesor dijo: —SГ­, pero ahora tiene usted que tomar otros, que se los darГЎn en la botica. Parecida es esta otra anГ©cdota. RecetГі un mГ©dico cierta bebida a un enfermo y, enseГ±ГЎndole la receta, le dijo: —Esto es lo que debe usted tomar maГ±ana temprano. El enfermo lo hizo al pie de la letra, se comiГі la receta y se curГі. FГЎcil serГ­a sacar ahora la conclusiГіn de la inutilidad de los medicamentos. FГЎcil y equivocada. Lo mГЎs probable, por no decir lo mГЎs seguro, es que las enfermedades no fuesen cosa del otro jueves y que la sola naturaleza bastГЎrase para curarlas. Pero si asГ­ era, Вїpara quГ© diablos se recetaba nada? Si no habГ­a necesidad de medicamentos, Вїpor quГ© se prescribГ­an? Siempre han sido los mГ©dicos dados a recetar, y han hecho bien. Si asГ­ no lo hiciesen, el enfermo muchas veces no creerГ­a en ellos ni en la posibilidad de su curaciГіn; necesita un signo sensible, y Г©ste es la receta. De muy antiguo le viene al hombre el afГЎn de recetar. La historia de la medicina antigua no es mГЎs que una colecciГіn de prescripciones mГЎs o menos absurdas encaminadas a devolver la salud al paciente. La mayorГ­a son de extravagancia enorme, pero no nos riamos mucho de ellas. El cГЎГ±amo, el muГ©rdago y la infusiГіn de adormideras ahuyentaban a los espГ­ritus malignos del dolor. La corteza de sauce y el abedul negro calmaban los dolores reumГЎticos. Los retoГ±os de cicuta, reciГ©n cogidos, curaban el escorbuto, y a los enfermos de hidropesГ­a se les daba un sapo hervido en agua y hecho un revoltillo, como el caldo de las brujas de Macbeth, que parecГ­a mejorarlos. ВїQue tales medicamentos eran pura fantasГ­a? Esto es lo que los hombres de ciencia creГ­an hasta hace muy pocos aГ±os, cuando descubrieron que en la piel del sapo hay una droga llamada bufonina, que es realmente muy eficaz para el tratamiento de la hidropesГ­a. De la antigua China viene la creencia de que, para librar a los niГ±os de pecho del mal espГ­ritu que les produce convulsiones, hay que darles pedacitos de hueso de dragГіn, y, aunque parezca absurdo, los tales huesos son de dinosaurio enterrados en las arenas del desierto de Gobi. Hoy dГ­a los mГ©dicos recetan calcio para ciertas convulsiones que sufren los reciГ©n nacidos, y los huesos de dinosaurio, como todos los otros huesos, contienen calcio. ВїPodrГ­a creer el lector que las cenizas de una esponja quemada aliviasen una hinchazГіn del cuello? Pues, de acuerdo con la antigua teorГ­a, tales cenizas se usaban para ahuyentar al espГ­ritu causante de la hinchazГіn. Ahora bien: Гєltimamente la ciencia ha demostrado que una hinchazГіn del cuello llamada bocio puede producirse cuando los alimentos y el agua no contienen yodo en suficiente cantidad, lo cual sucede en ciertas regiones; o sea, que para evitar el bocio se administran pequeГ±as cantidades de esta sustancia, y las cenizas de esponja contienen yodo [17]. El refranero de todos los pueblos ha conservado multitud de medicamentos empГ­ricos y caseros. Sin moverse del espaГ±ol, a cientos pueden encontrarse en las obras de paremiologГ­a: В«De las virtudes del romero, puede escribirse un libro entero.В» В«El can que mucho lame, sin duda sangre sacaВ» (perniciosa creencia de la gente de campo, que los perros, a fuerza de lamer, sacan la В«sangre malaВ» de las heridas). В«El hijo muerto y el apio al huerto.В» (Al apio se le seГ±alaban propiedades estimulantes, aperitivas, diurГ©ticas y expectorantes, y por eso se aconsejaba en la debilidad digestiva, escrГіfula, gota y afecciones catarrales, tanto de sus hojas como de sus raГ­ces, y entre las mujeres se aconsejaba, para disminuir la leche, la infusiГіn de Г©stas. El jugo total como antipalГєdico. Hoy ha quedado su aplicaciГіn culinaria, casi reducida a la utilizaciГіn en ensaladas, por su grato sabor, y como todas las verduras crudas, excita el peristaltismo y facilita la evacuaciГіn intestinal.) В«El orГ©gano, todo mal quita.В» В«La hierbabuena en la guerra, ni la comas ni la siembres.В» (Dice el doctor SorapГЎn de Rieros, apoyГЎndose en la autoridad de AristГіteles, que la razГіn de este refrГЎn es porque la hierbabuena resfrГ­a los miembros y corrompe la simiente.) В«La mordedura del perro cГєrase con sus pelos.В» (ErrГіneo. Medios repugnantes se encuentran en libros de medicina ГЎrabes como curar las quemaduras con boГ±iga de vaca, etc., que todavГ­a se aplica en los pueblos.) В«Mala es la llaga, que el vino no sana.В» В«Para el mal de riГ±ones, caldo de bojardonesВ» (setas), etc., y no debe olvidarse tampoco aquel otro refrГЎn tan usado y que previene contra la mayorГ­a de ellos: В«Si te duele la barriga, Гєntala con aceite, que si no se te quita el mal, te pondrГЎs reluciente.В» Es decir, la medicina por fuera, que por dentro puede daГ±ar. Los comentarios son del doctor Castillo de Lucas. No debe olvidarse la anГ©cdota siguiente: Pensaba un joven emprender el estudio de la medicina y quiso tomar consejo de Voltaire, que se interesaba mucho por Г©l. —¡QuГ© vais a hacer! —le dijo el escritor, riendo—. Vais a meter drogas que no conocГ©is dentro de cuerpos que aГєn conocГ©is menos. Por ello los mГ©dicos, que lo saben, son los primeros que desconfГ­an de sus propias recetas. Madame StaГЁl encontrГі a su mГ©dico, el doctor Ravaud, a quien hacГ­a mucho tiempo que no veГ­a. —¡Mi buen doctor Ravaud! ВЎDichosos los ojos! ВїEs cierto que estuvo usted unos dГ­as enfermo? —SГ­, seГ±ora; exactamente tres, y de la misma enfermedad que sufriГі usted y que me obligГі a hacerle tantГ­simas visitas. —¿Y ha mejorado tan pronto? DГ­game, ВїquГ© ha tomado, doctor? —Nada, absolutamente nada. ВЎSe lo aseguro! Hoy la tendencia predominante es recetar poco. No existen aquellas listas enormes de medicamentos que se veГ­an obligados a tomar los enfermos de hace unos cuantos siglos; listas que alcanzaban a 60, 70 y hasta 100 medicamentos diferentes. Claro estГЎ que hoy se ha popularizado el chiste del seГ±or a quien el farmacГ©utico le dice: —Éstas son las pastillas contra el resfriado; Г©stos, los polvos contra el dolor de cabeza que producen las pastillas; Г©stas, las gotas contra el dolor de estГіmago que producen los polvos; Г©stas, las inyecciones contra el dolor de riГ±ones que producen las gotas. Y cuando le venga la opresiГіn pectoral, vuelva por aquГ­ que le recetarГ© el resto. Hoy los medicamentos han perdido buena parte de su encanto. PresentaciГіn magnГ­fica la tienen; la botellita de cristal es de calidad, parece que contiene perfume, la caja estГЎ pulcramente impresa a cuatro tintas y ademГЎs va envuelta en papel celofГЎn, desgraciadamente maculado por algГєn timbre mГіvil. Todo esto estГЎ muy bien (menos el timbre mГіvil, claro estГЎ, y el precio), pero le falta algo. Le falta lo maravilloso. Y antiguamente todos los remedios lo poseГ­an. La mandrГЎgora era un remedio muy comГєn entre los herbolarios. Tiene esa planta una raГ­z parecida en su forma a la zanahoria, que con frecuencia se divide en dos partes, de modo que, dejГЎndose llevar de la imaginaciГіn, se le puede atribuir cierto parecido con el cuerpo de un hombre, cuyas piernas serian la raГ­z partida por medio; a esta forma humana se le atribuГ­an las virtudes curativas tan grandes que poseГ­a. SegГєn los herbolarios, se corrГ­a gran peligro al coger esta planta porque, cuando se la arrancaba de la tierra, daba la mandrГЎgora un chillido terrible que mataba instantГЎneamente a todo el que lo oГ­a. Claro que ante esto uno no puede menos que preguntarse lo siguiente: ВїCГіmo podГ­a saberse que tal cosa sucedГ­a, si todos los que habГ­an oГ­do el chillido habГ­an muerto sin contГЎrselo a nadie? Pero el que lleguemos a esta pregunta significa que somos mГЎs exigentes que los clientes de los herbolarios, los cuales no preguntaban, creyendo simplemente lo que se les decГ­a, y maravillГЎbanse en gran manera ante el poder que la tal droga tenГ­a que poseer sobre las enfermedades. El herbolario contaba a la gente que la Гєnica manera de coger la mandrГЎgora era atando la punta de un cordel a la planta y la otra alrededor del cuello de un perro; luego de taparse los oГ­dos, para no oГ­r el chillido, el dueГ±o del perro llamaba a Г©ste, que, al acudir corriendo, tiraba del cordel, arrancando la mandrГЎgora, que daba el gran chillido; el dueГ±o del perro llamaba a Г©ste, que, al acudir corriendo, tiraba y, a consecuencia de todo ello, el perro se morГ­a; ante todas estas dificultades, no habГ­a que maravillarse de que semejante droga alcanzara un precio elevadГ­simo. La mayorГ­a de las recetas que administraban los que pertenecГ­an a la escuela de Galeno contenГ­an cientos de hierbas— diferentes y eran lo que el farmacГ©utico moderno llama В«recetas de escopetaВ»; o sea, dispararle a la enfermedad muchas drogas distintas, con la esperanza de que alguna le toque. Como muestra de la complejidad de las recetas antiguas. He aquГ­ algunas fГіrmulas para curar el mal de piedra: В«RГЁcipe. Ceniza de escorpiones, dos partes; cantГЎridas cortadas las alas, una parte; sangre de cabrГіn desecada, dos; ceniza de vitro, ceniza de liebre, ceniza de coles no trasplantadas, de huevos que salieron pollos, y ceniza del ave cauda trГ©mula, de cada cosa tres partes; piedra judaica, esponja, piedra del hГ­gado del buey, simiente de malvavisco, de salsГ­fraga, goma arГЎbiga, Nilium solis, silobГЎlsamo, espicanardo, culantro fresco de pozoВ»; de cada una de estas materias tomaban cantidad sabida, y todo confeccionado con miel rosada, medio cuartillo, se administraba cantidad como de dos avellanas por maГ±ana y tarde con decocto de garbanzos negros y trГ©bol marino. Se comprende, ante los ingredientes que componГ­an la mayorГ­a de las medicinas de otros tiempos, la actitud de Quevedo segГєn una anГ©cdota que se le atribuye. Dicen que un mГ©dico le recetГі una purga. Г‰l, en vez de tomarla, la arrojГі al vaso de noche. VolviГі el mГ©dico, mirГі el vaso y exclamГі: —¡Oh, que cosa tan pestГ­fera! ВЎQuГ© daГ±o no habГ­a de causar dentro de un cuerpo humano! Y replicГі Quevedo: —Por eso no quise yo que entrara en el mГ­o. En el rГ©gimen Sanitaris Salernitarum se dan recetas muy curiosas: Seis cosas, aquГ­ expuestas, te protegen de todo veneno con poder secreto: pera, ajo, nuez, nabo, ruda y rГЎbano. Pero el ajo mГЎs que todos, y quien lo come beberГЎ sin miedo de quien fermentГі su vino y respirar podrГЎ los aires infectos de continuo. Si el ajo asГ­ te libra de la muerte, sopГіrtalo con agrado, aunque tu aliento huela. Y no te burles de Г©l, como quien dice que sГіlo hace llorar, beber y heder. Otra muestra: Si por azar las muelas te atormentan por obra de gusanos que allГ­ crГ­an, dolor que evitarГ­as, si quisieras, si te limpiases los dientes cuando harto. Quema incienso (resina bien oliente), Г©chale beleГ±o y semilla de cebolla. Y, por un tubo, al hueco de la muela sГіplale el humo y hallarГЎs alivio. Г“leos, anguilas, nueces y frГ­o en la cabeza, fruta cruda y manzanas te dan ronquera. Esto ya es otra cosa. Estas recetas son mГЎs comprensibles, pero no se olvide que en este mismo libro se dice: AlegrГ­a, reposo y continencia dan con la puerta en las narices de los doctores y de toda su ciencia. Y tambiГ©n: Tres doctores de gran ciencia consultarГЎs a porfГ­a: tranquilidad, alegrГ­a y el doctor don Continencia. Hay remedios milagrosos, remedios que lo curan todo, panaceas. No sГ© quГ© literato dijo que la filosofГ­a mГЎs consoladora era la de los prospectos de especГ­ficos, y casi casi tenГ­a razГіn. Ahora, como medicamento singular, el que se anunciaba en el periГіdico El Noticiero Navarro en el aГ±o 1901, segГєn Iribarren. В«Purgante de AndrГ©s y Fabia. Corrige inmediatamente: inapetencias, afecciones nerviosas, vahГ­dos, estreГ±imientos, dolores de cabeza y otros padecimientos de estГіmago.В» TambiГ©n es buena el agua de Fitero, en cuyos baГ±os viejos se leГ­a, hace bastantes aГ±os, esta inscripciГіn: Esta agua todo lo cura, menos gГЎlico y locura. Las medicinas tienen, en general, un defecto importantГ­simo: que tienen un sabor desagradable. (Inconveniente que va desapareciendo, gracias al uso cada vez mГЎs frecuente de las inyecciones y de los supositorios.) Y, claro estГЎ, para usarse, uno tiene que vencer la natural repugnancia que las pГіcimas le producen, lo que a veces no se consigue del todo. AdemГЎs, que sus precios estГЎn por las nubes. Dos razones de peso, entre otras muchas, para no tomarlas. El actor Simpson estaba enfermo hacГ­a unos dГ­as y su mГ©dico, Ashley, le recetГі un remedio que el actor se negГі a tomar, y he aquГ­ la singular estratagema de que se valiГі su mГ©dico para curarle. Harry Simpson trabajaba en no sГ© quГ© pieza en la que estaba condenado a beber veneno. Una noche, cuГЎl fue su horror viendo que el vaso que tenГ­a en la mano contenГ­a la medicina en vez de la copita de oporto acostumbrada. No podГ­a tirar el contenido porque acto seguido de beber tenГ­a que mostrar vacГ­a la copa a sus verdugos. Pronunciaba con este motivo un largo monГіlogo. Harry Simpson cerrГі los ojos y se tragГі la pГіcima. —Me vengarГ© —prometiГі. Y se vengГі: no pagГі al mГ©dico. Buena manera de vengarse. Supongo que tampoco pagГі al farmacГ©utico. Bien es verdad que en Inglaterra son los propios galenos quienes preparan sus recetas. No sГ© si las deben cobrar aparte. El precio de las medicinas hizo posible la reflexiГіn narrada en la anГ©cdota que sigue: No habГ­a nada que hacer. Se morГ­a el hombre. Desahuciado por el mГ©dico, estaba en su lecho. Sobre la mesita de noche, medicamentos... A un lado, el buen amigo trataba de hacerle tomar una bebida. —¡No quiero! —decГ­a el hombre—. Tiene un gusto horrible. —¡No seas terco! —replicaba el amigo—. ВЎTГіmala! ВїO es que quieres morirte y que haya que tirar a la basura estas medicinas que tanto costaron? Hubo de tomarlas a la fuerza. Un mГ©dico fue llamado para atender a un niГ±o enfermo. RecetГі una pГіcima algo desagradable de tomar y recomendГі que la tomara a la fuerza si era necesario. —No tenga miedo —dijo la madre—; si no la toma, lo mato. Lo cual no deja de ser un sistema. Aunque me parece mejor el de aquel mГ©dico octogenario a quien preguntaron quГ© hacГ­a para gozar de una excelente salud, y dijo: —Vivo de mis remedios y no los tomo jamГЎs. —Me paso la noche en vela, doctor; no puedo dormir. —¡Bah!... Esto estГЎ resuelto rГЎpidamente: cada media hora disuelva una cucharadita de carbonato de cal en un poco de agua y haga gГЎrgaras, doce o catorce veces. —¿Y eso me harГЎ dormir? —pregunta el paciente, sorprendido. —No sГ©, pero pasarГЎ la noche entretenido. Aunque mejor que esta anГ©cdota me parece la que sigue: —¿QuГ© toma usted para el insomnio? —Una copa de vino a intervalos regulares. —¿Y esto le da a usted sueГ±o? —No, pero por lo menos me deja satisfecho del insomnio. Este individuo debГ­a de ser pariente del paciente del mГ©dico aquel que preguntaba a la enfermera: —¿TomГі ya el enfermo una cucharadita de whisky cada dos horas, como he ordenado? —SГ­, doctor; el pobre tienen tantos deseos de ponerse bien, que ha tomado adelantadas las dosis de una semana. Esto es interГ©s y ganas de curarse. No puede negarse que existe gente de buena fe que no sГіlo cree en los mГ©dicos, sino tambiГ©n en la eficacia de las medicinas, lo cual ya es mГЎs de alabar. (Este reducido grupo de gente de buena fe estГЎ formado por todo el mundo, sin excepciГіn.) He aquГ­ un caso ejemplar. —¿Y quГ© —dice el mГ©dico—, siguiГі mi consejo? ВїSe tomГі la taza de ron despuГ©s del baГ±o caliente? —He hecho todo lo posible —responde el enfermo—, pero no pude acabar de beberme todo el baГ±o. Asi da gusto. Esto es un buen enfermo y lo demГЎs son cuentos. AsГ­ pueden hacer efecto las medicinas. Aunque a veces sin necesidad de medicamentos se pueden hacer curas portentosas. El cГ©lebre mГ©dico Silva, en un viaje que hizo a Burdeos, fue asediado a consultas por toda la ciudad. Las mГЎs hermosas mujeres iban en procesiГіn a quejarse de dolores nerviosos que las atormentaban. Silva no decГ­a nada, no daba ningГєn remedio. Presionado para que explicase los motivos de su silencio, dijo en tono de orГЎculo: —Eso no es nada nervioso, eso es la edad. Al dГ­a siguiente, en todo Burdeos no se podГ­a encontrar una sola mujer que se quejase de los nervios. FRANGOLLO SegГєn el Diccionario ideolГіgico de Casares esta palabreja significa figuradamente mezcla, revoltijo. AhГ­ va, pues, un frangollo. Si se usan con cierta chunga, estas palabras desusadas tienen su encanto. Si se emplean en serio, se cae en la pedanterГ­a. Se dice corrientemente В«no hay tu tГ­aВ» para indicar algo imposible, ВїquiГ©n era esa tГ­a? Nadie, no hay tal tГ­a ni la ha habido jamГЎs. La frase que usa mi consultante, como se usa de continuo, es una corrupciГіn de В«no hay atutГ­aВ». El Diccionario de autoridades de 1726 (tomo I, p. 483, vol. I), dice entre otras cosas: В«Atuthia f. f. GГ©nero medicinal que muchos llama tuthia. Parece haber varias especies de ella... HГЎcense de ella varias medicinas y la que tiene mГЎs nombre en las boticas es la atuthia preparada...В» La palabra la usa ya Espinel en el primer capГ­tulo de su Marcos de ObregГіn. Los ГЎrabes hicieron con esta sustancia un colirio al que atribuГ­an muchas y muy grandes propiedades salutГ­feras especialmente en oftГЎlmica. Poco a poco se fue extendiendo la fama del producto, que llegГі a ser considerado como una panacea. Por ello, В«no hay atutГ­aВ» equivalГ­a a no tener remedio una enfermedad, un conflicto o una situaciГіn. Por cierto que he empleado la palabra В«panaceaВ» que algunos dicen В«panacea universalВ» con evidente redundancia, ya que el vocablo deriva del latГ­n con la raГ­z griega В«panВ», que significa В«todoВ». En la lengua del Lacio, panacea era una В«planta imaginaria a la cual se le atribuye la virtud de curar todos los malesВ». El Diccionario de autoridades antes citado decГ­a: В«Es voz griega que significa medicina universal o sanalotodo.В» ВїDe dГіnde vienen los nombres de В«fachasВ» y В«cocosВ», atribuidos a los pertenecientes a partidos de derechas o izquierdas respectivamente? La palabra В«fachaВ», muy usada en la zona republicana o В«rojaВ» durante la guerra civil espaГ±ola es usada por la gente vulgar y ordinaria de izquierdas para designar a los que no participan de sus ideales, del mismo modo que В«cocoВ» es empleada por la gente ordinaria y vulgar de derechas para calificar a los que no son de su opiniГіn. В«FachaВ» viene del italiano В«fascistaВ» —pronunciase В«fachistaВ» a la italiana— y data de los aГ±os 30. В«CocoВ» es de origen mГЎs moderno; la empezaron a usar los franceses para aludir a los comunistas y luego a los pertenecientes a partidos de izquierdas. Por cierto, y aunque sea saliГ©ndome de la pregunta, he de recordar que a los componentes de una falange se les ha de llamar В«falangistasВ». Esto es, por lo menos, lo que dice el Diccionario de la Academia. Origen de las palabras В«covachuelistaВ» y В«burГіcrataВ». En los sГіtano del antiguo AlcГЎzar Real de Madrid se encontraban las oficinas del Estado. Por ser muy hondas y hГєmedas y por parecerse, por ello, a unas cuevas se llamГі В«covachuelistasВ» a los que en ellas trabajaban. La palabra В«burГіcrataВ» es de origen francГ©s. Deriva de bureau -pronГєnciase В«birГіВ», poco mГЎs o menos—, equivalente a despacho, oficina. Al В«burГіВ» se le aГ±adiГі la palabra В«crataВ», derivada del griego cratos, gobernar, como en aristocracia, democracia, etc. Cuando los В«burГіcratasВ» tienen pretensiones cientГ­ficas se los llama В«tecnГіcratasВ», del griego tecnГ©, equivalente a arte. En general, covachuelistas, burГіcratas y tecnГіcratas se caracterizan por su falta de imaginaciГіn. En su oficio, claro estГЎ. El coГ±ac y el champГЎn Вїpueden ser iguales en todo el mundo? ВїQuГ© quiere decir un coГ±ac В«Tres estrellasВ», como se ve en ciertos coГ±acs franceses? El coГ±ac es un aguardiente producido en la regiГіn francesa de Cognac —se pronuncia coГ±ac—, y el champГЎn, un vino espumoso de la regiГіn de la Champagne, al norte de Francia. Como el Jerez o el ValdepeГ±as son nombres correspondientes a sitios determinados, y por ello, en casi todos los paГ­ses del mundo han sido sustituidos por los nombres de В«brandyВ» —de origen inglГ©s, como es notorio— y В«vino espumosoВ». Estos Гєltimos pueden ser de cava —mГ©todo В«champenoisВ» o de cuba—; algunos espaГ±oles de cierta fama lo son. En cuanto a las estrellas del В«brandyВ», debo decir que tienen su origen en 1860, cuando Maurice Hennessy, creador del cognac de su nombre, quiso clasificar la calidad de sus productos. En EspaГ±a se usaban estrellas, cepas, ceros, etc. El cognac hors d'Гўge es aquel de cuyas holandas o base de su elaboraciГіn no puede ser precisado su origen. El coГ±ac В«NapoleГіnВ» indica que ha permanecido por lo menos seis aГ±os y medio en el tonel. En cuanto a los brandys espaГ±oles hay que tener confianza en lo que dice la etiqueta, siempre veraz e indicativa. ВїCada cuГЎndo se celebra una olimpiada? Pues ahora mismo se estГЎ celebrando. No confundamos los tГ©rminos: los juegos olГ­mpicos se celebran cada cuatro aГ±os. Olimpiada era, y debe continuar siendo, el espacio de tiempo entre unos juegos olГ­mpicos y otros. Es decir, designa el espacio de tiempo que separa dos celebraciones sucesivas de estas pruebas deportivas. No lo olviden los estudiantes de griego cuando encuentren esta palabra. ВїDe dГіnde viene la expresiГіn В«vete a la porraВ»? ВїQuГ© porra? Para conocer el origen de Г©sta y otras frases comunes en nuestro lenguaje les recomiendo el libro El porquГ© de los dichos, de JosГ© MarГ­a Iribarren (Ed. Aguilar). SegГєn este autor, se llama В«porraВ» este bastГіn grande rematado por una bola que lleva el soldado que figura al frente de las bandas militares, aquel que lo lanza al aire y lo recoge, le hace dar mil vueltas en uno u otro sentido, etc. Este soldado, llamado antes, no sГ© si ahora, tambor mayor, plantaba esta porra a la puerta del alojamiento de su batallГіn, que debГ­a ser lo que ahora llamamos, o se llamaba por lo menos cuando yo hice la В«miliВ» plana mayor. AllГ­ estaba tambiГ©n la prevenciГіn, lugar en donde se pasaban los arrestos impuestos por causas leves. De manera que mandar a alguien a la porra era castigarle y enviarle a sitio desapacible e ingrato. La plaza Roja de MoscГє. Se cree que la cГ©lebre plaza Roja de MoscГє lleva este nombre a partir de la revoluciГіn comunista y en homenaje a su bandera. La palabra rusa Krasnaia significa rojo y tambiГ©n hermoso, por lo que el nombre de la plaza vendrГ­a a ser el de plaza Hermosa. En ella, ademГЎs de la tumba de Lenin se encuentra el Kremlin, palabra que no es exclusiva de MoscГє, pues significa ciudadela, fortaleza y se encuentra en varias ciudades de la UniГіn SoviГ©tica. Vayair estos detalles para futuros viajeros a la URSS. La tercera sinfonГ­a de Beethoven. Ludwig van Beethoven era un gran admirador de NapoleГіn Bonaparte; veГ­a en Г©l al hombre que, haciendo suyos los principios democrГЎticos de la RevoluciГіn francesa, los pensaba aplicar sin el terror que la iniciГі. A pesar de lo que se dice, se conserva la pГЎgina dedicatoria de la sinfonГ­a al futuro emperador. El mГєsico, en una carta dirigida a su amigo en 26 de agosto de 1804, indica que la sinfonГ­a estaba dedicada a Ponaparte (sic, con P). En la Sociedad de MГєsicos de Viena se conserva una copia con el tГ­tulo: SinfonГ­a Grande titolata Bonaparte. En buen italiano deberГ­a decirse intitolata. Luego sigue una inscripciГіn en alemГЎn Geschrieben auf Bonaparte, que viene a decir lo mismo. Cuando NapoleГіn se hizo consagrar emperador, Beethoven, desilusionado, exclamГі: «¡Bah! Era un hombre como todos los demГЎs.В» En el mes de agosto de 1804, la sinfonГ­a fue estrenada en privado en el palacio del prГ­ncipe Lobhowitz, a quien, por fin, la dedicГі. MARГЌA LUISA DE ORLEANS, PRIMERA ESPOSA DE CARLOS II MarГ­a Luisa sabГ­a que Carlos II era memo y oligofrГ©nico. Pero lo que sucediГі fue mГЎs allГЎ de sus temores. Carlos II, en cuanto recibiГі la noticia de su boda, no hacГ­a mГЎs que hablar de ella, besaba su retrato y lo enseГ±aba a todo el mundo, desde las costureras a los criados. No dejГі nunca de ser un niГ±o, y aun niГ±o retrasado y se comportaba como tal. El embajador de Francia en Madrid, conde de BlГ©ourt, que luego fue duque, sobornГі a unos criados del rey y se hizo con unos calzoncillos del mismo, В«de tela ГЎspera y sedaВ» y que mostraban trazas de poluciones, los hizo examinar por dos mГ©dicos. Uno de ellos dijo que el rey tenГ­a capacidad para engendrar, el otro que no, con lo que el embajador se quedГі con ganas de saber mГЎs. Al parecer, el rey era impotente. No sГіlo porque no tenГ­a capacidad generativa, sino porque era incapaz de una erecciГіn. Por ello, la pobre MarГ­a Luisa de Orleans no dio nunca seГ±ales de fecundidad. Durante nueve aГ±os y tres meses, la reina sufriГі el martirio de un marido memo e impotente que no se daba cuenta de lo que hacГ­a debido a su mentalidad no superior a los doce o trece aГ±os. Cierto dГ­a, el rey regalГі a un pordiosero una cruz de brillantes que llevaba en el pecho. Era un Jueves Santo y en ocasiГіn de visitar los monumentos. Algunos cortesanos, al ver que no llevaba la cruz, creyeron que se la habГ­an robado, pero el mendigo la enseГ±Гі diciendo que el rey se la habГ­a dado. Г‰ste confirmГі el hecho. Como la cruz pertenecГ­a a las joyas de la corona y no podГ­a ser vendida ni regalada a nadie, el Consejo decidiГі tasarla en dos mil ducados, que fueron entregados al pobre, y recuperar la cruz. La vida de la pobre reina era difГ­cil en la severa corte espaГ±ola, tan distinta de la francesa, alegre y frГ­vola. MarГ­a Luisa aГ±oraba Versalles. A ello se aГ±adГ­a la situaciГіn polГ­tica en que Francia y EspaГ±a tenГ­an intereses opuestos. La tirantez entre ambas naciones, una hacia el ocaso y la otra en el apogeo de su poder, era notable, lo que dio lugar a episodios a veces desagradables Cuando Carlos II se casГі con MarГ­a Luisa, quiso el rey que la ceremonia fuese Г­ntima y se celebrase en la capilla del real palacio, admitiГ©ndose solamente a los grandes de EspaГ±a. El mariscal duque de Villors, a la sazГіn embajador de Francia en Madrid, quiso asistir a ella diciendo, sin que le faltase razГіn, que MarГ­a Luisa era una sobrina del rey de Francia y que Г©l, personalmente, habГ­a intervenido en el casorio. Se presentГі, pues, en el recinto y se sentГі en el taburete que le pareciГі mejor colocado y que estaba destinado al condestable de Castilla. Al llegar Г©ste le dijo: —PerdГіn, seГ±or embajador, pero este taburete estГЎ reservado para mГ­. —Si me indicГЎis otro mГЎs preferente os lo cederГ© —respondiГі Villars. En estas palabras se encerraba toda la descortesГ­a del mundo alentadas por el poder francГ©s ante la descomposiciГіn espaГ±ola. El condestable de Castilla cediГі su puesto. Esta anГ©cdota, que he leГ­do en el libro de Vega, mencionado en la bibliografГ­a, me parece un tanto sospechosa. En primer lugar, porque la he visto atribuida a diversos personajes, de no menos diversos paГ­ses, en circunstancias similares y en segundo lugar porque el matrimonio de Carlos II con MarГ­a Luisa de Orleans se celebrГі primero, por poderes, en Fontainebleau y luego el 19 de noviembre de 1679 en Quintanapalla, lugar de la provincia de Burgos, siendo la entrada de los novios en Madrid el 23 de enero de 1670. Claro que en la capital de EspaГ±a se pudo celebrar otra ceremonia en la que ocurriese el suceso narrado. Pero me parece poco probable. Creo que los historiadores, a veces, colocan en el lugar que les parece aquellas anГ©cdotas que por lo verosГ­miles u oportunas, creen que pueden interesar al lector. ISABEL II Y NICOLAS SALMERГ“N Tres meses despuГ©s de morir Fernando Vil, la reina MarГ­a Cristina de BorbГіn casГі en secreto con AgustГ­n Fernando MuГ±oz, de humilde linaje de TarancГіn. Una hija de dicho matrimonio, Josefa, casГі con el prГ­ncipe Ladislao Czartoryski, del que tuvo un hijo, Augusto. A la muerte de la reina MarГ­a Cristina surgieron algunas desavenencias en torno al testamento que implicaban, como principal heredera, a la reina Isabel II, destronada entonces y residente en ParГ­s. TambiГ©n exiliado se encontraba en la capital francesa el insigne abogado don NicolГЎs SalmerГіn, que despuГ©s de haber sido uno de los cuatro primeros presidentes de la Primera RepГєblica EspaГ±ola, vivГ­a de su profesiГіn de abogado, que lo era y eminente, al servicio de los espaГ±oles residentes o inmigrantes en Francia. La familia Czartoryski encargГі un asunto a don NicolГЎs y, al saberlo la reina Isabel II, se lamentГі ante su amigo TomГЎs RodrГ­guez RubГ­, de la Embajada espaГ±ola en ParГ­s, de no haberlo hecho ella antes. RodrГ­guez RubГ­ estuvo conforme en la honestidad y el saber de SalmerГіn, aunque hizo ver a la ex soberana que quizГЎ no serГ­a conveniente que Isabel II se pusiese en manos del gran jurisconsulto sin hablar con Г©l, ya que era abogado de la parte contraria y republicano por aГ±adidura. —Lo que falta es que SalmerГіn quiera encargarse del asunto —dijo la reina por toda respuesta. RodrГ­guez RubГ­ hizo las gestiones necesarias y pocos dГ­as despuГ©s don NicolГЎs SalmerГіn se dirigГ­a al palacio de Castilla, residencia en ParГ­s de la ex reina de EspaГ±a. Al ser recibido por ella no pudo menos de advertirle: —SeГ±ora, soy republicano; no serГ©, pues, el abogado de una reina, sino que tendrГ© una cliente espaГ±ola. Isabel II, que tuteaba a todo el mundo, segГєn costumbre real, le atajГі y le dijo: —El que sea usted o no republicano, es cosa que le ataГ±e a usted y no a mГ­; yo he llamado al abogado mГЎs eminente y al hombre mГЎs honrado de EspaГ±a. —SeГ±ora, el modesto abogado estГЎ a sus Гіrdenes —contestГі SalmerГіn. . Es fama que fue la Гєnica vez que Isabel II tratГі de В«ustedВ» a alguien. SalmerГіn cumpliГі con su deber a maravilla, solucionГі el caso y no quiso cobrar minuta alguna. Al enterarse de ello Isabel II, le enviГі un retrato suyo con marco de plata en el que estaban engarzadas perlas y piedras preciosas. SalmerГіn se quedГі con el retrato y devolviГі el marco con una carta de agradecimiento. Poco tiempo despuГ©s y con ocasiГіn de una desavenencia con su marido, Francisco de AsГ­s, Isabel II tuvo que recurrir otra vez a un abogado, que fue en esta ocasiГіn don Manuel Cortina. SolucionГі Г©ste tambiГ©n el conflicto y como minuta solicitГі de la reina un retrato suyo; pero, acordГЎndose de lo sucedido con SalmerГіn, precisГі: —Pero, Majestad, que sea sin joyas. A los pocos dГ­as, don Manuel Cortina recibГ­a un retrato de Isabel II con una expresiva dedicatoria que terminaba: —...y, como ves, sin joyas. Y, efectivamente, en el retrato aparecГ­a la reina sin brazaletes, collares, anillos ni pendientes, absolutamente sin ninguna joya. DE LAS TERTULIAS Parece que, allГЎ por los aГ±os en que en EspaГ±a reinaba Felipe IV, se puso de moda, en la alta sociedad, leer y comentar las obras de Tertuliano. Г‰ste, que se llamaba Quinto SГ©ptimo Florente Tertuliano, era un escritor eclesiГЎstico que floreciГі en el siglo a, o mejor a caballo entre el u y ui, y era natural de Cartago, hijo de un centuriГіn romano. Era abogado y ejerciГі como tal en Roma. Hacia el aГ±o 194 se convirtiГі al cristianismo y se dedicГі a su defensa, pero con tal ardor que cayГі en la herejГ­a montaГ±ista. Usaba mucho de los juegos de palabras y, por ello, tal vez, atrajo a los comentaristas del siglo XVII, que empezaron a ser llamados tertulianos y sus reuniones denominadas tertulias. Jugando con las palabras, se llamГі a Tertuliano В«Tres veces TulioВ», o sea, tres veces superior a Marco Tulio CicerГіn. Parece mentira que un hombre tan importante, severo y erudito haya llegado a simbolizar o definir una reuniГіn de personas que en un cafГ©, un saloncillo de teatro, un ateneo, o una casa particular, se dediquen a hablar de todo lo divino y lo humano con preferencia hacia esto Гєltimo. Fue en una tertulia del teatro Principal, la que presidГ­a por derecho propio don Jacinto Benavente, en la que sucediГі la anГ©cdota que sigue: Un autorcillo de comedias que se representaban Гєnicamente en teatros alejados de las grandes capitales y que alcanzaban dos representaciones como mГЎximo se las daba de gran escritor y se vanagloriaba de lo que Г©l llamaba sus «éxitosВ». Un dГ­a, cuando la tertulia estaba mГЎs animada, se levantГі para dirigirse a cierto sitio cuyo nombre es excusado decir. Como tardase en volver y alguien se asombrase de ello, don Jacinto, entre dos chupadas a su puro, dejГі caer: —Se habrГЎ dormido sobre sus laureles. En otra tertulia, Г©sta en el saloncillo de teatro EspaГ±ol, tambiГ©n de Madrid, Eugenio SallГ©s, el autor de El mudo gordiano, escuchaba a un cГіmico de vigГ©sima tercera categorГ­a que estaba diciendo: —Yo habrГ­a hecho una gran carrera si mi maldita timidez, si mi exagerada modestia... —PerdГіn —interrumpiГі SellГ©s—. Por favor, no maltrate a los ausentes. A una tertulia del Ateneo barcelonГ©s acudГ­a un hombre, ya viejo, ciego a causa de una enfermedad, que habГ­a sido alguien en el ГЎmbito de la cultura barcelonesa y al que, en aquel momento, nadie podГ­a aguantar porque se ponГ­a pesado hablando siempre de lo mismo y con las mismas palabras. Achaque que es comГєn en los viejos. Un dГ­a decidieron que, al entrar nuestro personaje en el lugar de la tertulia, que por estar decorado con motivos marГ­timos llamaban В«El CamaroteВ», todos los contertulios guardasen silencio absoluto, con lo que el buen hombre creerГ­a que no habГ­a nadie y se irГ­a. AsГ­ lo hicieron; creyГі el seГ±or y, asombrado por no oГ­r a nadie, dijo: —¡Buenas tardes! Silencio total. —Buenas tardes —repitiГі. Silencio. —¿Que no hay nadie? MГЎs silencio. —¿No hay nadie? —volviГі a decir. Una tumba era mГЎs ruidosa. Entonces el buen seГ±or, convencido de que estaba solo, levantГі una pierna y lanzГі al aire una sonora ventosidad. No tan sonora, empero, como las carcajadas que no pudieron reprimir los asistentes. Cierta actriz y cierto actor llevaban varios aГ±os de vida marital cuando de pronto decidieron legalizar su situaciГіn casГЎndose por la Iglesia. Se comentaba esta decisiГіn en una tertulia compuesta casi toda por miembros de la profesiГіn teatral, y un periodista que la frecuentaba dijo: —No parece que sea gente de teatro. Lo hacen todo al revГ©s. —¿Por quГ©? —le preguntaron. —Pues porque realizan el ensayo general despuГ©s de mГєltiples representaciones. En una tertulia en Madrid asistГ­a con cierta frecuencia el cГ©lebre polГ­tico MelquГ­ades ГЃlvarez, asesinado en 1936 por los defensores de la libertad. Don MelquГ­ades ГЃlvarez hablaba muy bien y su conversaciГіn era tan fluida y amena que uno de los contertulios no pudo menos que decirle como gran elogio: —La verdad, don MelquГ­ades, es usted maravilloso. He oГ­do hablar a muchos polГ­ticos, pero para mГ­ no hay duda de que es usted el mejor lenguado de EspaГ±a. Las tertulias desaparecen y es una pena. Como es lГЎstima que no se haya recogido la inmensa fuente de ingenio que en ellas se derrocha. En Francia abundan los anecdotarios de todas clases. AquГ­ hay pocos y es de lamentar. La chispa popular y la erudita, la del pueblo y la de los escritores, las peГ±as o tertulias de bolsistas, ganaderos, agricultores, artistas, polГ­ticos, etc., son un almacГ©n infinito de gracias y rasgos ingeniosos. Recuerdo que un dГ­a, en Sevilla, estaba en una tertulia en el patio de un hotel, concretamente el hotel SimГіn, en la calle GarcГ­a de Vinuesa, que por aquel entonces regentaba mi buen amigo Mariano Aguayo, precozmente fallecido. El limpiabotas estaba trabajando cuando de pronto se dio cuenta del silencio que de todos nosotros se habГ­a apoderado. Era que por la puerta del patio habГ­a entrado un individuo, feo sobre toda fealdad, un Quasimodo victorhugesco, pero mГЎs feo todavГ­a. El В«limpiaВ» se dio la vuelta, vio aquel adefesio y exclamГі: —¡Pero si parece hecho con los recortes de la Maternidad! Han desaparecido las tertulias de cafГ©, porque los cafГ©s ya no existen. Aquellos cafГ©s en los que un parroquiano se sentaba, tomaba un cafГ© y con esta consumiciГіn pasaba toda la tarde, no es comercial, y ha sido sustituido por el asГ©ptico bar con aluminios e incГіmodos taburetes que invitan al cliente a estar lo menos posible sentado en ellos. Falta tambiГ©n el В«puntalВ», el eje, el personaje en torno al cual se formaban las tertulias, y ello no porque hayan desaparecido los ingenios, sino porque Г©stos estГЎn empleados en un periГіdico, una editorial, un banco o una empresa cualquiera que los obliga a fichar y a permanecer en ella durante unas horas determinadas. Y sobre todo han desaparecido las tertulias porque se ha extinguido el arte de la conversaciГіn; hoy no se conversa, se monologa, no se sabe escuchar, se grita, se discute. Ya no existe la ironГ­a, sustituida por el celtibГ©rico sarcasmo de rancio abolengo en EspaГ±a. Yo quisiera que en todos los pueblos de la penГ­nsula se usase una frase catalana que creo esencial. Cuando alguien propone una idea, algo que se opone al contrarГ­o se dice: В«Parlem-neВ», В«Hablemos de elloВ». Y hablar es lo que distingue al hombre de los animales. Hablemos sosegadamente, reposadamente, del tema que nos ocupa. ВЎQuГ© raro es eso hoy en dГ­a! Hablar, conversar, tertulia, son tГ©rminos que, por desgracia, han pasado a ser В«historias de la historiaВ». DEL CABO Y DEL SARGENTO Todos los que hemos hecho el servicio militar sabemos perfectamente que el cabo es inferior al sargento y, ВЎay!, del que lo olvide, porque si agradara al primero no se lo perdonarГЎ el segundo. Pero, etimolГіgicamente, ocurre todo lo contrario. Cabo deriva de capo, a su vez derivado de caput, igual a cabeza. El mismo origen tiene la palabra capitГЎn, con lo que hete aquГ­ al cabo convertido en igual a su superior y por encima del sargento. Mas la etimologГ­a estГЎ, en este caso, por debajo de la disciplina militar. Si cabo es inferior a capitГЎn, siempre de la misma familia, gramaticalmente hablando, Вїde dГіnde viene el sargento? El sargento deriva de servente, participio presente del verbo ser— vire, a travГ©s del francГ©s sergent. Es decir, si el cabo mandaba В«su quarenta mila sergentiВ», como dice una crГіnica italiana, el sargento era en cambio el criado de a pie del amo que iba a caballo. Y he aquГ­ cГіmo el capo, el cabo, pasГі a ser inferior al servente, el sargento. Ya he dicho que es conveniente estar al lado de los poderosos. Esto me recuerda la anГ©cdota del duque de Morny. Se hablaba ante Г©l de la posibilidad de un golpe de Estado que llevase a su hermano natural, NapoleГіn Bonaparte —que luego serГ­a NapoleГіn 111, no confundamos— de presidente de la RepГєblica a emperador. Una dama, en la Г“pera, le preguntГі: —SeГ±or duque, Вїes cierto que se va a dar un escobazo? —SeГ±ora —respondiГі Morny—, lo Гєnico que le puedo decir es que si se da un escobazo, yo estarГ© del lado del mango. DE LA MENTA Y OTRAS HIERBAS Los judГ­os de la antigГјedad esparcГ­an menta sobre la cama de los reciГ©n casados, y las В«sagasВ» o brujas romanas usaban la menta o su polvo en la preparaciГіn de sus filtros amorosos. En Roma, durante un tiempo, se creyГі que la menta tenГ­a efectos afrodisГ­acos y, por ello, en tiempo de guerra prohibГ­an sembrar sus semillas y hacer infusiones de la planta, tal vez profetizando el lema de В«haced la guerra pero no el amorВ», solamente que ahora es al revГ©s. ВїEs afrodisГ­aca la menta? QuizГЎ en grandes cantidades. Leo en un libro que В«contiene carvone, limonene y felandrina, todas ellas sustancias estimulantesВ». Debo confesar con vergГјenza que ignoro quГ© cosas sean tales sustancias, pero si lo dice un mГ©dico... Las cabareteras —cuando habГ­a cabareteras, que ahora se llaman chicas de alterne— consumГ­an grandes cantidades de ella. —¿QuГ© quieres tomar? —preguntaba el cliente. —Un В«cГіtelВ» de menta. ВїSabes?, esto pone en forma. El cliente pagaba el В«cГіtelВ», que las mГЎs de las veces estaba constituido por un poco de jarabe de menta y agua. Como las copitas eran pequeГ±as, las pobres chicas podГ­an consumir doscientas seguidas, sin mГЎs efecto que el tener que ir al tocador con cierta frecuencia. ВїExiste una Cocina afrodisiaca? Con este tГ­tulo publicГі Billie Young un libro editado en EspaГ±a por MartГ­nez Roca en 1981. En Г©l se habla del satiriГіn que tomaba HГ©rcules, que fue capaz, gracias a Г©l, de desflorar cincuenta muchachas en una sola noche. ВЎLГЎstima que no dГ© la receta, que se ha perdido! Pero dice que las naranjas ayudan la potencia sexual, asГ­ como el chocolate, el tomate, esencial—; mente su hoja, y la salsa de soja, que ya empleaban los antiguos emperadores chinos para revigorГ­zarse. He aquГ­ una receta del libro. Copio sГіlo los ingredientes: 3/4 de kg de carne de cerdo, cortada a trozos; 2 cucharadas de calvados; sal y pimienta; 1 cucharada de melaza; 1 taza de col trinchada muy fina; 1 vaso de agua; 4 manzanas ГЎcidas a rodajas muy finas; 1 cucharada y media de azГєcar moreno; 2 tiras de tocino; 3 tallas de apio a dados; 2 cucharadas de salsa de tomate. Para detalles de la confecciГіn del plato y sus efectos, cГіmprese el libro. En el Lucayos Cook Book, de 1660, se lee esta otra receta, mГЎs difГ­cil de realizar. В«Para aumentar sus facultades. Toma un gorriГіn macho y desplГєmalo vivo. Г‰chalo luego a 10 avispas, que lo matarГЎn a picaduras. AГ±ade los intestinos de un cuervo negro, aceite de lila y manzanilla. CuГ©celo todo en grasa de toro hasta que la carne se deshaga. Ponlo en una botella y lo usas cuando lo necesites. Es maravilloso.В» No lo he probado nunca. EmpezarГ­a por no saber distinguir un gorriГіn macho de uno hembra. Una planta de gran renombre como afrodisГ­aco es la mandrГЎgora. Ya en el GГ©nesis (30, 14-17) se dice —cito segГєn la versiГіn de Bover— Cantera. В«Ahora bien, caminando RubГ©n por el tiempo de la siega del trigo, hallГі en el campo unas mandrГЎgoras y llevГіselas a LГ­a, su madre. Y dijo Raquel a LГ­a: »—¡Dame, por favor, de las mandrГЎgoras de tu hijo!В»RespondiГі LГ­a: »—¿Te parece poco haber cogido a mi esposo, que vas tambiГ©n a coger las mandrГЎgoras de mi hijo?В»Y Raquel contestГі: »—Pues bien: acuГ©stese aquГ©l contigo esta noche en compensaciГіn de las mandrГЎgoras de tu hijo. В»LlegГі, pues, Jacob del campo por la tarde y LГ­a saliГі a su encuentro diciendo: »—Tienes que entrar en mГ­ porque te he alquilado formalmente por unas mandrГЎgoras de mi hijo. В»En efecto, yaciГі Г©l con ella aquella noche y Dios escuchГі a LГ­a, la cual concibiГі y pariГі a Jacob el quinto hijo.В» El Diccionario de la Biblia, de Haag, dice que la mandrГЎgora es un В«fruto amarillo de agradable aroma (Cant. 7,14), de la MandrГЎgora vernalis, del gГ©nero belladonna, considerado en Oriente, todavГ­a hoy, como afrodisГ­aco, que devuelve la fertilidad a la mujer estГ©rilВ», lo que explica el ansia de Raquel por obtenerlo. Pero en la Edad Media —y aun en la moderna, recuГ©rdese la comedia La mandrГЎgora, de Maquiavelo— lo que contaba no era el fruto de la planta, sino su raГ­z. Г‰sta es muy peculiar: se libera a nivel del suelo en una forma que, con un poco de buena voluntad, puede compararse a dos primas hermanas. Los autores medievales, siguiendo en eso a los latinos, creГ­an mucho en la eficacia de la planta contra una serie de enfermedades, incluso las mentales. Apuleyo, en el siglo II, la considera recomendable para la curaciГіn de la idiotez y la epilepsia. Hoy en eficacia ha disminuido considerablemente. No conozco a nadie que la use. La yohimbina es un alcaloide de un ГЎrbol, el yohimbГ© —llamado Coryanthe yohimbe, originario de ГЃfrica—, cuya corteza se usa como excitante sexual, especialmente en forma de clorhidrato de yohimbina. Se toma por vГ­a oral —se encuentra en muchos especГ­ficos— o se aspira por la nariz, como la cocaГ­na. AtenciГіn si se sufre de la prГіstata: puede producir trastornos. Los pueblos africanos lo usan desde la mГЎs remota antigГјedad. En el siglo XIII —tomo el dato del libro La cocina afrodisГ­aca, de Frazier, editado en EspaГ±a en 1980—, el obispo Burdrad de Worms alude a una costumbre asquerosa que se deduce que debГ­a de ser corriente por aquellas calendas. Se halla en el libro De poenitentia decretorum, y dice asГ­: «¿Has hecho ya aquello que algunas mujeres acostumbran hacer? Guardan su sangre menstrual y la mezclan en los alimentos y la bebida que les sirven a sus esposos con objeto de que Г©stos las quieran con mГЎs ardor.В» Me dicen que tal costumbre era tambiГ©n popular en EspaГ±a hasta hace tiempos relativamente recientes. Da asco. Y ya que hablamos de afrodisГ­acos, terminaremos con uno que no pertenece al reino vegetal, sino al animal, pero que es el mГЎs conocido y de mayor reputaciГіn. Aunque sea muy peligroso, me refiero a la cantГЎrida. La Lytta vesicatoria es un coleГіptero de unos 15 mm de longitud, que se encuentra comГєnmente en las riberas del MediterrГЎneo y en Rusia. En EspaГ±a es comГєn en AndalucГ­a. Los antiguos griegos y romanos lo usaban seco y pulverizado para excitar el apetito venГ©reo (libido) y como abortivo. En realidad no es un afrodisГ­aco propiamente dicho, sino un vesicatorio. Produce una inflamaciГіn de los Гіrganos genitourinarios; es decir, que puede llevar a una excitaciГіn erГіtica, pero a costa de los riГ±ones y el aparato digestivo, provocando a veces la muerte. Esto sucediГі en una orgГ­a que el marquГ©s de Sade organizГі en Marsella a fines del siglo XVIII. Como el polvo de cantГЎrida puede mezclarse fГЎcilmente con la comida o la bebida, asГ­ lo hizo en una cena. El resultado fue naturalmente de una excitaciГіn erГіtica, pero acabГі con varios muertos y muchos enfermos. Intervino la Justicia y el marquГ©s se salvГі gracias a sus influencias; la dosis mortal de cantГЎrida es de dos centigramos. En fin. No hay mejor afrodisГ­aco que una muchacha de dieciocho aГ±os. Y si ni ello da resultado, no queda mГЎs que un remedio: la resignaciГіn. LA VIDA CONYUGAL En el siglo XVI, y mГЎs aГєn en Г©pocas anteriores, entendГ­an con harta frecuencia los tribunales en asuntos relativos a la esterilidad, como base de divorcio. Por los aГ±os de 1590 viГ©ronse tres pleitos de aquella naturaleza que fueron muy comentados en la corte. Se trataba en uno de juzgar si un marido era impotente, como afirmaba su esposa. Convocada junta de peritos en casa del vicario de Madrid, acudieron a ella, entre otros, Francisco VallГ©s (el Divino), mГ©dico del rey, y el famoso cirujano Juan Fragoso, quienes, habiendo examinado detenidamente al caballero en cuestiГіn, se inclinaron a declararle potente en atenciГіn a que estaba bien formado y con proporcionada grandeza en sus miembros, aunque advirtiendo, muy sagazmente, que podГ­an existir causas interiores, no visibles, que le impidieran engendrar. En otra ocasiГіn, una mujer acusГі al marido de haberla desflorado con los dedos В«y no de otra manera, porque Г©l no era para mГЎsВ». AquГ­ los pareceres se dividieron; hubo larga discusiГіn y el cirujano> perito informГі que, В«no existiendo falta en la compostura y formaciГіn de los miembros genitales del sujeto —el cual era bien peloso, crecГ­a su miembro, puesto en agua caliente y fregГЎndole manos de mujer, en tanto que se acortaba con el agua frГ­a—, era de presumir que se hallaba dotado de necesaria potenciaВ». La tercera demanda de divorcio la interpuso una dama alegando В«que su marido era impotente, no embargante que estaba preГ±ada de Г©lВ». Encomendado el examen pericial del marido a cirujanos, mostrГЎronse acordes en declarar potente al marido, pues encontraron sus Гіrganos bien dispuestos para la cГіpula. Mas en lo de considerar doncella y preГ±ada a la esposa, hubo contrarias opiniones. Unos aseguraban no ser ello posible, pues aunque las parteras declarasen virgen a la dama, sabido era que se conocГ­an artificios para simular la virginidad, entre los cuales gozaban de no escaso crГ©dito algunos polvos hechos con diversas sustancias y ciertas hierbas, como la alchimilla o pie de leГіn, de que habla Laguna en el DioscГіrides. Otros dijeron, y se tuvo por mГЎs cierto, que el caso alegado por la demandante era posible y se veГ­a con frecuencia en sentir de mГ©dicos, filГіsofos, teГіlogos y juristas. Galeno admitiГі la posibilidad del hecho, y Juan de AviГ±Гіn, en su Sevillana Medicina testifica, con Avicena, В«que la mujer se puede empreГ±ar quedando virgen, porque la simiente del hombre puede pasar a travГ©s de la tela vaginal de algunas mujeres, cuando Г©sta es rala y floxa y muy porosaВ». Eran asuntos de los que se hablaba con absoluta naturalidad. Hoy, en cambio, existe un pudor especial que impide hablar de estos problemas y enfermedades con la misma libertad con que se habla de las afecciones del estГіmago, pongo por caso. Y aun se extiende esta costumbre a actos tan normales e importantes como son los embarazos y los partos. ВЎDios nos libre de hablar de estas cosas en segГєn quГ© casa o reuniГіn! Afortunadamente, nuestros antepasados tenГ­an otro concepto de la vergГјenza, y podemos gozarnos en la lectura de saladГ­simos episodios de la vida de los siglos pasados. (De todos modos, este apartado, como otros que se refieren a problemas sexuales, contiene mГЎs datos histГіricos que anГ©cdotas chistosas. El terreno es resbaladizo y fГЎcilmente se quebrantan en Г©l las normas del buen gusto.) Grey de mГ©dicos estulta de Pilar juzgaba el llanto, y despuГ©s de gran consulta, decide la turbamulta que lavativas al canto. Y dijo el de cabecera: — Вї Quiere que se les eche yo? Pilar con voz lastimera: — Por un lado bien quisiera, pero por el otro no. El doctor Ricord examina a una paciente. —Usted no tiene nada; pero creo que ya estГЎ en la edad en que una seГ±orita tiene necesidad de casarse. —Pero, doctor, ВЎsi estoy casada desde hace seis meses! —Entonces, divГіrciese. El cronista Sandoval dice que por el mes de marzo del aГ±o 1543 enfermГі el rey CatГіlico en Medina del Campo, viniendo de Carrioncillo, В«porque la reina su mujer (doГ±a Germana de Foix), con codicia de tener hijos, le dio no sГ© quГ© potaje ordenado por unas ^mujeres, de las cuales dicen fue una, doГ±a MarГ­a de Velasco. DominГіle tan fuertemente la virtud natural que nunca tuvo dГ­a de salud, y al fin le acabГі este malВ», y otro historiador asegura que como doГ±a Germana tuviese tanto deseo de tener generaciГіn, principalmente un hijo que heredase los reinos de AragГіn, le hizo dar a su marido algunos potajes hechos de turmas de toro y cosas de medicina que ayudaban a hacer generaciГіn, porque le hicieron entender que se empreГ±arГ­a luego. El rey de AragГіn y conde de Barcelona, don MartГ­n el Humano, ofrece ejemplo parecido al que acabamos de mencionar. Dicen Mari— chola y Manrique, en su celebrada Historia de la legislaciГіn (tomo V), que la muerte de don MartГ­n, rey de Sicilia, fue muy sentida en todos los reinos de AragГіn no sГіlo por sus altas prendas, sino porque no teniendo el monarca aragonГ©s del mismo nombre otros hijos y hermanos preveГ­an los males que acaecerГ­an en la sucesiГіn del reino y quisieron evitarles con el matrimonio del monarca don MartГ­n y la joven y hermosa doГ±a Margarita de Prades. MГЎs, aunque en demanda de sucesiГіn se agotaron todos los recursos de la ciencia y del charlatanismo, quedГі la reina tan intacta como antes de casarse, a pesar de no tener don MartГ­n mГЎs que cincuenta y un aГ±os. Diego Monfar, cronista de los condes de Urgell, afirma que se atribuyГі la dolencia postrera del rey de AragГіn y conde de Barcelona, don MartГ­n el Humano, a pestilencia (glГЎnola o peste bubГіnica), pero la mГЎs comГєn opiniГіn fue que muriГі de las comidas y unciones que le daban las mujeres, sin consejo de los mГ©dicos, para engendrar, y que esto se certifica porque, despuГ©s de muerto el rey, hallaron en su aposento una arquilla repleta de semejantes ungГјentos y confecciones. Otro cronista, Lorenzo Valla, asegura que don MartГ­n no pudo realizar el matrimonio con doГ±a Margarita, pues no era apto para el acto carnal, para el que no tenГ­a virtud, a pesar de los auxilios de arte mГ©dico y de ingeniosos artefactos. El doctor AndrГ©s Ferrer de Brocaldino se pregunta: «¿Por quГ© son estГ©riles muchas mujeres?В» Y se responde: В«Por destemplanza de la matriz. Por la desproporciГіn de los humores del marido y mujer; por cГЎlidos o por demasiado frГ­os; por falta de virtud generante o recipiente.В» «¿Por quГ© las mujeres pГєblicas son estГ©riles? Por la diferencia de los generantes y porque la materia de uno destruye la del otro. El gran remedio para concebir la estГ©ril es tomar en polvos, deshecha, la matriz de la liebre.В» A pesar de este В«gran remedioВ», los autores continuaron buscando otros y elaborando teorГ­as para explicar la esterilidad. En la Partida IV del Libro de las Siete Partidas se trata de los impedimentos masculinos para la consumaciГіn del matrimonio. В«Impotencia, en latГ­n, tanto quiere dezir en romance como non poder. Este non poder yazer con las mujeresВ», distingue segГєn sea temporal, como sucede en los niГ±os, o definitivo. Lo Гєltimo acontece В«por flaqueza de cora?on o de cuerpo de orne, o de ambos ayuntadamenteВ», tambiГ©n habla de que viene por fallescimiento de natura: В«assГ­ como el que es tan de frГ­a natura, que no se puede esforzar, para yazer con las mugeresВ». Como causa femenina admite que В«la muger ha su natura cerrada, que non puede el varГіn yazer con ellaВ». El doctor Lobera de ГЃvila propone varios experimentos para saber si la esterilidad es de origen masculino o femenino: В«Echen en agua la mujer su simiente y el hombre la suya y la simiente que non baxare, sino que anduviere en lo alto de la agua nadando, aquГ©lla es en la que estГЎ el defecto de no engendrar: y este experimento lleva razГіn: porque es seГ±al que no estГЎ bien digesta aquella simiente, y que tiene ventosidad que la hace andar nadando.В» RecuГ©rdese que se admitГ­a que la mujer producГ­a un semen o lГ­quido germinativo igual que el hombre: В«La mujer tiene tambiГ©n simiente como el varГіn, salvo que la de la mujer es flaca respecto a la del varГіn.В» Se aceptaba que el semen femenino se producГ­a en los ovarios, los testГ­culos femeninos, como los llaman algunos autores, y por medio de sus conductos, las trompas, se vertГ­an en el Гєtero; aunque tambiГ©n creГ­an que, en realidad, el semen se originaba como un resultado del metabolismo de todo el cuerpo; es mГЎs, para algunos, el principal lugar en que comenzaba su elaboraciГіn serГ­a el cerebro y en el ovario no habrГ­a mГЎs que una especie de almacenamiento. Otra prueba de Lobera de ГЃvila serГ­a В«que orinen ambos, cada uno en una lechuga, y orinen encima: el que primero secase su lechuga es del que tiene la falta en no engendrar, y este experimento, en parte es conforme a razГіn, porque significa gran calor y abundancia de humores adustos en aquella lechuga que primero se secaseВ». TambiГ©n de tipo biolГіgico es la siguiente prueba: В«Que tome siete granos de trigo y siete de cebada y siete de habas y los ponga en un vaso en un barreГ±o con tierra y otro tanto en otro y orinen el varГіn en un vaso y ella en otro, y dejarlos estar allГ­ siete dГ­as y en el vaso donde se hallase vacГ­as las simientes o granos, es seГ±al de aquel cuya es aquella orina no tiene defecto, sino que es hГЎbil para engendrar.В» Finalmente, en la siguiente prueba algГєn autor humorГ­sticamente ha querido ver una especie de exploraciГіn de la permeabilidad tubГЎrica: В«Que tapГЎndola bien (a la mujer) con un vestimento, la pongan por bajo sahumerios de cosas aromГЎticas, como de mirra y estoraque y otras semejantes o dГЎndole sahumerios con una caГ±a el olor de los aromГЎticos y un fumigio subir por dentro del cuerpo a la boca y las narices, es seГ±al que el defecto de engendrar no estГЎ en ella —aГ±adiendo—: Lo mismo se hace poniendo por debajo de la madre un ajo, y si la mujer siente el sabor en la boca, es seГ±al que el defecto no estГЎ en ella, sino en el varГіn.В» La poquedad del coito o esterilidad, dicen graves autores de la Edad Media, es una imperfecciГіn del ser, ya que Г©ste no puede engendrar semejante a sГ­. La poquedad aludida viene en el hombre В«por yacer con mujer de pocos aГ±os, o vieja, o porque estГЎ en la menstruaciГіn, es tiГ±osa, sarnosa, hediendo o de aborrecible acatamiento. TambiГ©n puede sobrevenir por ser el varГіn niГ±o, decrГ©pito, borracho o tragГіn o estar doliente, dГ©bil, cansado o poseГ­do de ira o temor grandes, cosas que amenguan el calor naturalВ»; la mala disposiciГіn de la verga y de los testГ­culos o su falta eran causa de esterilidad seГ±aladas en libros vetustos, asГ­ como las enfermedades de estos Гіrganos. В«Para remediar la poquedad y finchimiento de la virtud generativaВ» prohibГ­an en primer tГ©rmino, В«todas aquellas circunstancias que traen accidentes de la ГЎnima tristososВ» y В«evitaban las sustancias que enfrГ­an la complixiГіnВ», como las lechugas, adormideras, opio, mijo y sus semejantes; que la calientan como la ruda, Agno casto, y proscribГ­an los purgantes, sangrГ­as, baГ±os, etc. Si la esterilidad dependГ­a de enfermedades, aconsejaban curarlas; si de cortedad de la verga, indicaban la conveniencia de levantar las nalgas de la mujer para que la semilla cayese en el fondo de la madre, y si el defecto nacГ­a de excesiva longitud del miembro, В«entonces el macho o la hembra tengan la raГ­z de la verga apretada con toda la mano, porque no metan toda la verga y porque la simiente en el camino no se enfrГ­eВ». El doctor Comenge, de quien son estos pГЎrrafos, aГ±ade en una nota: В«Un erudito profesor y urГіlogo de fama cuyas aserciones me merecen entero crГ©dito, dГ­jome que el rey Fernando VII tenГ­a el miembro viril de dimensiones mayores que de ordinario, a lo que atribuyГіse el no haber tenido sucesiГіn en sus tres primeras mujeres. Sabedora doГ±a Cristina de aquella circunstancia nada consoladora para los intereses del trono, discurriГі, o le aconsejaron, que usara don Fernando una almohadilla perforada en el centro, de tres o cuatro centГ­metros de espesor, por cuyo orificio introducГ­a el pene antes del coito y durante Г©l; asГ­ se hizo y alcanzaron sucesiГіn; esto mismo hacГ­a el marido de una actriz de estos tiempos, y el doctor SuГ©nder aconsejГі, con Г©xito, tan sencillo artificio a varios clientes. Para combatir la debilidad generativa recetaban la nuez moscada, menta, alimentaciГіn nutritiva y leche de vacas. Gozaban de gran estimaciГіn en tales casos las unciones en el espinazo, ingles, testГ­culos y plantas de los pies, con aceite de pimienta blanca y con ungГјento hecho de estorque, almizcle, asafГ©tida, cebolla albarrana, mirra, pimienta y castГіreo. Como heroico remedio contra la esterilidad y gran excitador de la sensual potencia, recomendaban un emplasto hecho con testГ­culos de raposo, meollos de los pГЎjaros y flores de palma. En Escocia, de donde procedГ­a dicha fГіrmula, decГ­ase que tal medicina tenГ­a la propiedad de В«facer desfallecerse a la mujer debajo del varГіnВ». CreГ­an los autores mГ©dicos del siglo XV, y con ellos el vulgo, que el vergajo de toro, los testГ­culos de raposo, el jengibre con leche de vacas, canela y clavo, hacГ­an al hombre fecundo y facilitaban grandemente el embarazo. Con lo dicho podremos formarnos algo mГЎs que aproximada idea de los potajes que tomaban y diabluras que hacГ­an nuestros antepasados para lograr sucesiГіn y deducir el rГ©gimen a que fueron sometidos o pudieron serlo don MartГ­n y don Fernando por voluntad de sus esposas. Como complemento a lo escrito damos una fГіrmula en la cual se comprendГ­an los conocimientos de los mГ©dicos antiguos en lo referente a la fecundaciГіn. He aquГ­ tan curioso documento, encaminado a enseГ±ar el modo de que resulta fecunda la cГіpula: В«DespuГ©s de la medianoche e ante del dГ­a, el varГіn deve despertar a la fembra: fablando, besando, abrazando e tocando las tetas e el pendejo e el periteneon, e todo aquesto se face para que la mujer cobdicie: que las dos simientes concurran juntamente: porque las mujeres mГЎs tarde lanzan la esperma. E quando la mujer comienza a fablar tartamudeando: entonces devense juntar en uno e poco a poco deven facer coito e deve se juntar de todo en todo con el pendejo de la mujer en tal manera que el ayre non pueda entrar entre ellos. E despuГ©s que haya echado la simiente deve estar el varГіn sobre la mujer sin facer movimiento alguno que no se levante luego e despuГ©s que se levantase de sobre la mujer deve estender sus piernas e estar para arriba e duerma si pudiese que es mucho provechoso e non fable nin tosca... В» (Libro de Medicina. Lib. VII, fo. CLXIII.) Seguramente que tan detallada prescripciГіn en libro de universal renombre indica, en nuestro sentir, que se publicГі con objeto de facilitar respuesta a las interrogaciones que, a menudo, dirigiesen a los mГ©dicos sus clientes, singularmente aquellos que cifran en la descendencia su mayor felicidad; tambiГ©n es verГ­dico que innГєmeros matrimonios se sujetaron, en actos camales, a los consejos de autor tan reputado. InfiГ©rese de la lectura de libros mГ©dicos, anteriores a 1450, que la esterilidad y la impotencia, con todas sus gradaciones y especies, fueron conocidas con la comГєn denominaciГіn de В«poquedad del coitoВ» o В«flaqueza de engrandarВ», aunque supieron distinguir las causas mГ©dicas, quirГєrgicas y fisiolГіgicas. En el siglo XVI perfeccionГЎronse mucho tales conocimientos, segГєn puede verse en el Libro de las declaraciones, de J. Fragoso. VГ©ase cГіmo las practicaba un monarca portuguГ©s. Era don Juan V de Portugal, como el sombrГ­o Luis XI en Francia, hemiplГ©jico del lado derecho, mas, de tal suerte, que la parГЎlisis no le impedГ­a montar a caballo, correr aventuras y satisfacer caprichos no siempre laudables. Harto aficionado a los placeres venГ©reos, segГєn rezan las crГіnicas, solГ­a entregarse a ellos con pasiГіn desenfrenada; no obstante la torpeza e incoordinaciГіn de sus movimientos en los actos carnales. Por una de sus amantes mercenarias, que declarГі en el cГ©lebre y escandaloso proceso incoado por el obispo de Targa, se sabe que el lujurioso monarca no podГ­a valerse de sus remos para la cГіpula y, asГ­, la citada testigo tenГ­a que bajarle los calzones, ayudarle para colocarle en situaciГіn conveniente y conducir las cosas al lugar oportuno, como suele hacerse en algunos establecimientos para el fomento de la crГ­a caballar. Multitud de fГіrmulas se conocГ­an entonces, a las que se atribuyГі singular virtud para reforzar el poder genГ©rico; nosotros Гєnicamente diremos que entre los ingredientes preferidos en la confecciГіn de las recetas sobresalientes por milagrosas, principalmente en lo que al varГіn se refiere, se contaban, aparte las glГЎndulas seminales de toda especie, las avellanas, nueces, almendras, lenguas de ave, piГ±ones, yemas de huevo, corazГіn de liebre, el marfil, polvo de araГ±a y sustancias muy olorosas. В«YA NO HAY PIRINEOSВ» Conocida es la historia de la frase. De acuerdo con el testamento de Carlos II, la corona de EspaГ±a es ofrecida al duque de Anjou, que reinarГЎ con el nombre de Felipe V. En el momento de proclamar al rey, su abuelo Luis XIV dice: В«Ya no hay PirineosВ», frase que reproduce mГЎs tarde Voltaire en su libro Le siГЁcle de Louis XIV, comentando que В«es la mГЎs bella pronunciada jamГЎs por el monarcaВ». Todo esto es muy bonito; pero no es verdad. La frase no fue pronunciada jamГЎs, pues las cosas sucedieron de otra manera. He aquГ­ cГіmo: El dГ­a 8 de noviembre de 1700 llegaba a ParГ­s la noticia de que el rey de EspaГ±a habГ­a fallecido el dГ­a 1 y que en su testamento —que ya era conocido por Luis XIV— habГ­a declarado heredero de la corona espaГ±ola al duque de Anjou. El rey francГ©s estaba de caza y, tras seis horas en bamboleante carroza, llegГі a Ver salles acompaГ±ado por la duquesa de BorgoГ±a y otras damas, porque el rey de Francia no podГ­a prescindir de la compaГ±Г­a femenina ni siquiera en las cacerГ­as. Se avisГі en seguida al gran delfГ­n [18] para que se presentase ante su padre. El heredero de Luis XIV habГ­a estado casado con MarГ­a Ana Cristina Victoria de Baviera y era В«un hombre sin inteligencia, de humor muy desigual, muy perezoso, increГ­blemente silencioso, fГєtil y meticuloso en las cosas pequeГ±as, completamente insensible a la miseria y al dolor de los demГЎs; malo, serГ­a cruel si no fuera perezosoВ». Saint— Simon dice que В«carecГ­a de luces y conocimientos, radicalmente incapaz de adquirirlos, muy perezoso e incapaz de elegir acertadamente, carecГ­a de discernimiento; habГ­a nacido para el aburrimiento o la melancolГ­a que comunicaba a los demГЎs y para ser una bola que rodaba al azar impulsada por otros, excesivamente testarudo y pequeГ±o en todo, absorto en su grasa y sus tinieblasВ». Su madre, MarГ­a Teresa de Austria, hija de Felipe IV de EspaГ±a, era una tontaina absoluta que se apresuraba en llegar temprano a las ceremonias cortesanas pensando que le quitarГ­an el sitio si llegaba tarde. [19] Al dГ­a siguiente, y en la alcoba de madame de Maintenon, se convocГі el consejo al que asistieron, entre otros, el gran delfГ­n y sus tres hijos: el duque de BorgoГ±a, el duque de Anjou y el duque de Berry. El rey Sol cogiГі de la mano al duque de Anjou y dijo: В«SeГ±ores, he aquГ­ el rey de EspaГ±a. Su nacimiento le ha llevado a ceГ±ir esta corona. El pueblo espaГ±ol lo ha deseado y me lo ha pedido con anhelo. Yo se lo he concedido con placer, acatando asГ­ los designios de la providencia. —Y dirigiГ©ndose a Felipe, continuó—: Sed buen espaГ±ol. Г‰se es desde este momento vuestro primer deber. Pero acordaos que habГ©is nacido en Francia para que sepГЎis mantener la uniГіn entre ambos reinos y con ella la felicidad y la paz de Europa.В» Esto sucediГі el 10 de noviembre. El dГ­a 11, el embajador espaГ±ol don Manuel Oms de Santa Pau, marquГ©s de Castelldosrius, fue recibido por el rey Luis XIV y por el todavГ­a duque de Anjou. El marquГ©s pronunciГі un discurso en castellano que fue entendido por el rey francГ©s, pero no por el futuro rey espaГ±ol, que no conocГ­a dicho idioma y que, con dificultades, lo hablaba al final de su vida, aunque en su ambiente familiar siempre se expresГі en lengua francesa. En el discurso, el marquГ©s dijo: В«He aquГ­ un feliz dГ­a, pronto partirГ©is para EspaГ±a en un feliz viaje, pues los Pirineos se han hundido.В» Como se ve, nadie dijo В«ya no hay PirineosВ», aunque la frase del marquГ©s de Castelldosrius se le acerca mucho. No la pronunciГі Luis XIV ni tampoco el embajador espaГ±ol. ВїQuiГ©n la pronunciГі entonces? Nadie. La frase en cuestiГіn apareciГі escrita al dГ­a siguiente en el Mercure de France, una especie de diario oficial de la Г©poca. La frase, pues, no fue pronunciada, sino escrita. Y por un periodista anГіnimo. TRUCOS FORENSES Cuenta el cГ©lebre editor Bernard Grasset que cierto dГ­a, siendo niГ±o, se presentГі en el despacho de su padre, que era abogado, con la sana intenciГіn de robar alguna plumilla o unas cuartillas. El primer pasante de su padre se encontraba allГ­ y copiaba en grandes hojas de papel sellado trozos de una Biblia que tenia abierta ante Г©l. —¿QuГ© hace usted ahГ­? —le preguntГі el futuro editor. —Estoy ocupГЎndome del proceso de Marc CarГіn, la propietaria de la casa, contra el vecino de arriba, que hace tanto ruido por la noche. —Bernard Grasset no veГ­a la relaciГіn entre los versГ­culos bГ­blicos del diluvio universal que estaba copiando el pasante y las molestias que ocasionaba el locatario ruidoso. Le explicГі entonces el pasante que en todo proceso, para que el abogado obtuviese un beneficio razonable, era menester que se dirigiera a la parte contraria cierto nГєmero de hojas de papel sellado, aunque lo de menos era que las cosas escritas en Г©l tuviesen que ver con el proceso en cuestiГіn. Y aГ±ade Grasset: «Éste fue mi primer contacto con el mundo judicial; es decir, con toda esta serie de medios que el hombre moviliza para triunfar ante los tribunales o para sacar provecho de los triunfos, medios que tienen sГіlo un leve contacto con la idea que un niГ±o puede hacerse de la justicia.В» Para triunfar serГЎ necesario, a veces, recurrir a medios como el citado —aunque, en realidad, lo que hacГ­a el pasante no estaba destinado a ganar el proceso, sino a ganar dinero—, pero, aparte la ilicitud moral que ello comporta, con frecuencia puede alcanzarse la meta deseada con medios mucho mГЎs sencillos. Un abogado tiene en su imaginaciГіn tantos mГЎs trucos cuanto mГЎs experto es en las lides judiciales. Se juzga un caso de asesinato. Una mujer comparece entre los testigos, va enlutada. El presidente del tribunal le pregunta su nombre y responde sollozando. Es la madre de la vГ­ctima. El dolor de la madre se extiende por la sala y hace pena en los corazones de los componentes del jurado y de los propios jueces. La impresiГіn que produce serГЎ difГ­cil de borrar. El defensor Lachaud, uno de los mejores abogados de Francia, lo observa y se inclina sobre su pupitre como para escuchar mejor. Ante Вї1 una pila de libros, cГіdigos y tratados. En el momento escogido hace un gesto al parecer involuntario y cГіdigos y tratados caen al suelo con gran ruido. Lachaud se inclina a recogerlos y es entonces el birrete el que cae, reuniГ©ndose con los libros, la toga le molesta y poco falta para que Г©l mismo no sea uno mГЎs en la pila informe. El espectГЎculo es ridГ­culo e hilarante. Magistrados y jueces no pueden contener la risa... pero el hГЎlito de tragedia ha pasado ya. Un cГ©lebre abogado de Burdeos, durante diez aГ±os seguidos terminaba sus oraciones forenses con este argumento casi irresistible: —SeГ±ores del jurado, absolved a mi cliente, ВЎpor favor! Г‰sta es la Гєltima vez que informo ante un tribunal... No me neguГ©is este supremo favor que serГЎ, al mismo tiempo, un acto de justicia. Mejor me parece el argumento usado por Lachaud, el protagonista de la penГєltima anГ©cdota, en su defensa de un parricida cГ©lebre. Antes de la vista de la causa, el propio presidente del tribunal le habГ­a dicho: —Esta vez va a ser difГ­cil su tarea, difГ­cilmente podrГЎ convencer al jurado para que no condene a muerte a su cliente. —Ya veremos... Era el 24 de diciembre. La vista se habГ­a prolongado hasta las nueve de la noche. El tribunal habГ­a decidido terminar aquel dГ­a. A las diez, terminado el informe fiscal, se concediГі la palabra al abogado defensor, el cual empezГі con un exordio interminable lleno de digresiones e interrumpiГ©ndose a cada paso. Al fin, dirigiГ©ndose al tribunal, pidiГі una breve suspensiГіn de la vista alegando una gran fatiga, suspensiГіn que concediГі el presidente hasta las once y media. A esta hora se reanudГі la sesiГіn y Lachaud pareciГі ya mГЎs en forma; empezГі a acumular argumentos legales uno tras otro, argumentos de gran fuerza que parecen impresionar al jurado, aunque sin llegar a conmoverlo. De pronto suena la medianoche y todos los campanarios de la ciudad lanzan sus campanas al vuelo. Es Nochebuena. El defensor se para y durante un minuto reza. Y en seguida lanza su cuerpo implorando a los jurados: —SeГ±ores. En esta Nochebuena naciГі el supremo perdГіn. JesГєs en su pesebre os pide piedad. La misericordia divina es infinita... ВїSerГ©is vosotros mГЎs inflexibles que Dios? El parricida estaba salvado. Un abogado de una capital de provincia francesa tenГ­a como adversario en una causa a un ilustre abogado de ParГ­s. La fama de Г©ste era tal que se daba por descontada la derrota del provinciano. Cuando le tocГі hablar a este Гєltimo, empezГі diciendo: —Con la venia. Cuando en una casa alguien sufre una ligera indisposiciГіn, se consulta el caso con el farmacГ©utico; cuando el enfermo tiene fiebre se llama al mГ©dico; pero si el caso es desesperado se recurre a una celebridad. В»AsГ­ para esta causa: evidentemente, la parte contraria cree su caso desesperado y ha llamado a mi ilustre colega parisiense para defenderla. E inГєtil es decir que ganГі el pleito. Un abogado ruso, del tiempo de los zares, explicaba la siguiente anГ©cdota. Cierto dГ­a, residiendo en MoscГє, tenГ­a que ir a Nidji Novgorod para presentar los documentos relativos a cierta causa. El plazo se cumplГ­a el mismo dГ­a y no tenГ­a tiempo de mandarlos por correo. Aquella misma tarde tenГ­a una cita galante con una simpatiquГ­sima seГ±ora a la que habГ­a cortejado en vano durante meses. ВїQuГ© hacer? —Me fui a la estaciГіn para ver si encontraba algГєn colega al que confiar los documentos para que los entregase en Nidji. No encontrГ© ninguno. Pero en un departamento encontrГ© a un seГ±or cuyo rostro inspiraba simpatГ­a por lo franco y agradable; me presento, le explico el caso y me dice: »—Mire, no se preocupe, no falte a su cita. Precisamente yo voy a Nidji, estГ© tranquilo, que entregarГ© estos papeles a su debido tiempo. В»Algunas semanas despuГ©s voy a Nidji para la vista de la causa; los documentos habГ­an llegado a tiempo y ganГ©.В»En el corredor del tribunal se me acerca un seГ±or:В»-Perdone, Вїno me reconoce? Soy el que le trajo los documentos aquellos... »—¡Oh, sГ­, claro! No sabe usted cГіmo se lo agradezco. No sГ© cГіmo pagarle. »—Pues mi y sencillamente, defendiГ©ndome en mi caso. »—¿CГіmo; »—SГ­, le he oГ­do hablar y estoy seguro que me harГЎ absolver.В»Era un estafador y reincidente por aГ±adidura. Le defendГ­ y le absolvieron. Simplemente, expliquГ© lo que me habГ­a pasado. Moro-Giafferi empleГі una vez una defensa sensacional. Se juzgaba a un Barba Azul que habГ­a tenido que ver con diez mujeres. HabГ­a entrado en relaciones con ellas por medio de un anuncio en los periГіdicos, y, segГєn afirmaba la acusaciГіn, se las habГ­a llevado a un chalet situado en las afueras de ParГ­s, apropiГЎndose de su dinero, de sus vestidos y sus joyas que fueron encontradas en poder del acusado. Las mujeres habГ­an desaparecido y nadie sabГ­a de su paradero. El pГєblico, horrorizado, seguГ­a las incidencias de la vista en la que el espectro de Landru aparecГ­a a cada instante, pero empequeГ±ecido. Los autos revelaban numerosos sГ­ntomas patolГіgicos en el acusado y entre otras cosas se demostraba que, desde su mГЎs tierna edad, se dedicaba, con fruiciГіn, a estrangular cuantos perros tenГ­an la desdicha de caer en sus manos. Todo el mundo esperaba que la defensa apoyarГ­a la tesis de la demencia y que se asistirГ­a a un duelo entre psiquiatras de una y otra parte. Moro-Giafferi imaginГі otra cosa. No llamГі en su auxilio a la ciencia, sino al propio CГіdigo y demostrГі con irrefutable lГіgica que su cliente no era asesino por la sencilla razГіn de que no habГ­a asesinados. —En este preciso momento —explicГі al jurado—, Вїpuede considerarse viudo al esposo de una cualquiera de las mujeres desaparecidas? ВїPuede volverse a casar? В»La ley lo prohГ­be. В»Los descendientes, ascendientes o colaterales de las desaparecidas, Вїpueden heredarlas? В»La ley lo impide. В»A aquel para quien la muerte serГ­a un provecho —el legatario— el CГіdigo le opone la duda. LГіgicamente debe aplicarse la misma duda a aquel para quien la muerte serГ­a un perjuicio o sea al acusado. В»Los jurados son como magistrados. Deben aplicar la ley segГєn la letra y el espГ­ritu de la misma. Si la ley exige para la simple transmisiГіn de la herencia una certeza material, Вїno la exigirГЎ para enviar a un hombre al cadalso? В»La ley exige un certificado de defunciГіn. Mostradme uno y os entrego a mi cliente. »¿No hay defunciГіn? Entonces, en nombre de la ley, no acusГ©is a un hombre de haber matado a unas mujeres que no han muerto. Y asГ­, el gran abogado francГ©s pudo salvar la cabeza de su cliente. SANTA TERESA DE JESГљS MURIГ“ UN 4 DE OCTUBRE Y FUE ENTERRADA EL DГЌA SIGUIENTE, 15 DEL MISMO MES No, no se trata de un error. 4 y 15 estГЎn bien escritos, В«dГ­a siguienteВ», tambiГ©n responde a la realidad. Veamos cГіmo, pero empecemos desde lejos. Copio del libro de BastГєs, La sabidurГ­a de las naciones (vol. I, Barcelona, 1862), los datos que siguen. Antes de Julio CГ©sar todos los aГ±os eran de 365 dГ­as; pero como la Tierra tarda 5 horas, 48 minutos y 48 segundos mГЎs en completar la vuelta de su Гіrbita alrededor del Sol, por eso cada cuatro aГ±os se atrasaba casi un dГ­a, de modo que si el solsticio de invierno o el dГ­a mГЎs breve del aГ±o caГ­a, supongamos, el primer dГ­a de enero, al cabo de cuatro aГ±os caerГ­a el dГ­a 2; despuГ©s de otros cuatro, el dГ­a 3, y asГ­ en adelante. De donde se seguГ­a que el mes de enero, que caГ­a en invierno, andando el tiempo hubiera caГ­do en primavera, despuГ©s en estГ­o, etc. Julio CГ©sar, para corregir esta deformidad, mandГі aГ±adir al aГ±o un dГ­a cada cuatro aГ±os, de donde vino el aГ±o bisiesto. Al dГ­a 23 de febrero lo llamaban los romanos sexto de las calendas; es decir, dГ­a sexto antes de las calendas, de marzo; y como en el aГ±o en que se intercalaba o aГ±adГ­a un dГ­a, que se hacГ­a en aquel mes y en aquel dГ­a, habГ­a dos dГ­as sextos, de aquГ­ vino llamar bisiesto —bis sexto— o aГ±o de dos dГ­as sextos al que constaba de 366 dГ­as. Esta correcciГіn hubiera sido perfecta si el Sol o la Tierra en su curso a mГЎs de los 365 dГ­as, gastase seis horas cabales, pues Г©stas en cada cuatro aГ±os harГ­an un dГ­a justo. Pero como faltan 44 minutos cada cuatro aГ±os, los cuales al cabo de 100 aГ±os llegan a componer casi un dГ­a, de aquГ­ provino que el dГ­a del equinoccio de la primavera, que en el aГ±o 325, por ejemplo, en que se celebrГі el Concilio Niceno, era el 21 de marzo, se habГ­a adelantado al dГ­a 11, porque, en efecto, los once minutos anuales que faltan, como hacen una hora cada cinco aГ±os y medio, componen un dГ­a con poca diferencia cada dentГі y tantos aГ±os y, por consiguiente, hacГ­an cerca de diez dГ­as en los 12S5 aГ±os que pasaron desde el de 325 hasta el de 1580. Este defecto habГ­a sido conocido ya por algunos astrГіnomos. El cardenal Pedro de Ailly habГ­a presentado al papa Juan XXIII, en un sГ­nodo tenido en Roma el aГ±o 1412, un tratado para la reforma del calendario y, sin embargo, de que fue examinado por los concilios de Basilea y de Constanza, nada resolvieron sobre el particular. En 1475, Sixto IV pensГі en la reforma del calendario, y para ello consultГі con Juan Muller, mГЎs conocido con el nombre de Regio Montano; pero tampoco obtuvo ningГєn resultado, porque muriГі Г©ste en el aГ±o siguiente. LeГіn X, en 1516, emprendiГі de nuevo esta reforma, y se hablГі de ella en el Concilio de Trento; pero esta gloria estaba reservada al papa Gregorio XIII. A fin de hacer una correcciГіn exacta, se vahГі este papa de los conocimientos del cГ©lebre matemГЎtico y astrГіnomo italiano Luis Lulio o Lilio; y siguiendo sus consejos, mandГі que el aГ±o 1582 se quitasen diez dГ­as al mes de octubre, de modo que al dГ­a 4 no siguiese el dГ­a 5, sino el 15. Y para precaver en lo sucesivo semejante equivocaciГіn, ordenГі a mГЎs que de cada cuatro aГ±os centenares, sГіlo uno fuese bisiesto; esto es, que fuese bisiesto el aГ±o de 1600, pero no los de 1700 y 1900, siГ©ndolo otra vez el 2000, y no los tres centenares siguientes, y asГ­ en adelante. Rebajando, pues, tres aГ±os bisiestos, o quitados tres dГ­as en cada cuatrocientos aГ±os, se rebaja el producto de los once minutos anuales que sobran, con mayor aproximaciГіn, y pasarГЎn muchГ­simos siglos siВ» que sea notable la diferencia. Antes que Gregorio XIII para poner en armonГ­a el aГ±o civil con el seriar dispusiera que se suprimieran los 10 dГ­as del aГ±o 1582, como hemos dicho, pasando del 4 de octubre al 15 del mismo mes, los dГ­as disminuГ­an verdaderamente hasta el 11 de diciembre, cuyo dГ­a era entonces el mГЎs corto y su noche la mГЎs larga del aГ±o. Como Santa Teresa muriГі precisamente el dГ­a 4 de octubre de 1582, d dГ­a siguiente fue, de conformidad con lo dispuesto por el papa Gregorio —por esto se llama reforma o calendario gregoriano— el 15 del mismo mes. Por todo ello se ve que tenГ­a razГіn el titulo de este capitulГ­llo. En catalГЎn tenemos dos proverbios muy curiosos. Uno de ellos dice В«Per santa LlГєcia, un pas de puГ§aВ», que equivale a decir que a partir de 13 de diciembre, festividad de la santa, el dГ­a empezaba a crecer. SegГєn BastГєs, existe en castellano un refrГЎn В»imitar: В«Por santa Lucia, un salto de pulga crece el dГ­a.В» Ello era cierto antes de la reforma gregoriana. El otro proverbio equivalente al castellano: В«Por los tiempos de marГ­a castaГ±aВ» es В«la setmana dels tres dijousВ» —la semana de los tres jueves—, que tuvo lugar precisamente en estos dГ­as que comentamos. Otra cosa curiosa. Como en Rusia no se aceptГі la reforma testa despuГ©s de la implantaciГіn del rГ©gimen comunista, la celebraciГіn de la RevoluciГіn de Octubre se conmemora en noviembre. LOS MESES DEL AГ‘O Cada dГ­a vemos escritos en el calendario los nombres de los meses del aГ±o: enero, febrero, marzo... Pero ВїcuГЎl es su origen? Vamos a verlo. Para empezar digamos que В«calendarioВ» es palabra derivada del latГ­n calendae, nombre con el que los latinos indicaban d primo" dГ­a del mes. Г‰sta era una invenciГіn latina desconocida por los griegos; por ello, cuando los romanos querГ­an indicar que una cosa no se realizarГ­a nunca decГ­an que aquello se harГ­a ad calendas groecas, es decir, nunca. В«AlmanaqueВ», en cambio, procede del hispanoГЎrabe manah, equivalente a parada de un viaje, signo del zodiaco y, finalmente, calendario. Las diversas significaciones se explican si se supone que el Sol se detenГ­a en doce lugares durante su viaje anual a travГ©s del ciclo. Estos lugares, relacionados con los signos del zodiaco se Saman В«casasВ». El aГ±o se divide en doce meses con nombres de origen muy dar o, todos procedentes del latГ­n: Enero deriva de Ianuarius, es decir, mes de Jano, viejo dios tal vez de origen etrusco, sГ­mbolo del Sol y de la Luna y que tenia dos caras. Febrero era el mes de la purificaciГіn, Februus, de Februarius. En su segunda quincena se celebraban las fiestas Lupercales, con solemnes purificaciones de los vivos y conmemoraciones de los difuntos. Marzo estaba dedicado a Miarte, el dios de la guerra, el antiguo Ares de los griegos, y en la primitiva Roma d aГ±o empezaba precisamente este mes. No debe olvidarse que, segГєn la tradiciГіn, Marte era el padre de RГіmulo, fundador de la andad. Abril es el mes en que se abren AprilГ­s, las fuerzas de la naturaleza para la evoluciГіn de los vegetales. Es el mes de la primavera, en que la potencia genГ©rica se abre con mayor intensidad en los hombres y las mujeres. Mayo conmemoraba a Maia, bija de Allante, madre de Mercurio y sГ­mbolo de la festividad de los cereales. Junio es d mes al que se le atribuyen dos orГ­genes distintos, segГєn unos descendГ­a de Juno, la reina del Olimpo, esposa de JГєpiter, de rotundas formas inmortalizadas por Rubens. SegГєn otra versiГіn el nombre procede de Lucius Iunius Brutus, quien capitaneГі la revoluciГіn que destronГі al Гєltimo rey de Roma e instaurГі la RepГєblica. Julio es conocido por estar dedicado a Iulius Caesar, nacido de un parto difГ­cil provocado por una operaciГіn, que aГєn se practica hoy y que por ello se llama cesГЎrea. [20] Agosto estaba, en cambio, dedicado a Cesar Octavio Augusto, primer emperador de Roma. Y en cuanto a los demГЎs nombres tienen un origen basado en adjetivos numerales. Setiembre procede de septem, es decir, siete porque era el sГ©ptimo mes cuando, como se ha dicho, el aГ±o empezaba en marzo. Octubre, de octo, ocho. Noviembre, de novem, igual a nueve. Diciembre, de decem, diez, por las mismas razones apuntadas. LAS DIETAS В«Y Sancho dijo: »—Aquel platonazo que estГЎ mГЎs adelante vahando, que parece que es olla podrida, que por la diversidad de cosas que en las tales ollas podridas hay, no podrГ© dejar de topar con alguna que me sea de gusto y de provecho. »—Absit —dijo el mГ©dico—, vaya lejos de nosotros tan mal pensamiento: no hay cosa en el mundo de peor mantenimiento que una olla podrida. AllГЎ las ollas podridas para los canГіnigos, o para los rectores de colegios o para las bodas labradorescas, y dГ©jenos libres las mesas de los gobernadores, donde ha de asistir todo primor y toda atildadura; y la razГіn es, porque siempre y a doquiera y de quienquiera, son mГЎs estimadas las medicinas simples que las compuestas, porque en las simples no se puede errar, y en las compuestas sГ­, alterando la cantidad de las cosas de que son compuestas; mas lo que yo sГ© que ha de comer el seГ±or gobernador ahora para conservar su saluda y corraborarla, es un ciento de caГ±utillos de suplicaciones, y unas tajadicas sutiles de carne de membrillo, que le asienten el estГіmago y le ayuden a la digestiГіn. В»Oyendo esto Sancho, se arrimГі sobre el espaldar de la silla, y mirГі de hito al tal mГ©dico, y con voz grave le preguntГі cГіmo se llamaba, y dГіnde habГ­a estudiado. A lo que Г©l respondiГі: »—Yo, seГ±or gobernador, me llamo el doctor Pedro Recio de AgГјero, y soy natural de un lugar llamado Tirteafuera, que estГЎ entre Caracuel y AlmodГіvar del Campo, a la mano derecha, y tengo el grado de doctor por la Universidad de Osuna. В»A lo que respondiГі Sancho, todo encendido de cГіlera:В»-Pues, seГ±or Pedro Recio de mal AgГјero, natural de Tirte— afuera, lugar que estГЎ a la derecha mano como vamos a Caracuel a AlmodГіvar del Campo, graduado en Osuna, quГ­teseme luego de delante; si no, voto al sol, que tomo un garrote, y que a garrotazos, comenzando por Г©l, no me ha de quedar mГ©dico en toda la Г­nsula a lo menos de aquellos que yo entienda que son ignorantes; que los mГ©dicos sabios, prudentes y discretos, los pondrГ© sobre mi cabeza y los honrarГ© como a personas divinas. Y vuelvo a decir que se me vaya Pedro Recio de aquГ­; si no, tomarГ© esta silla donde estoy sentado, y se la estrellarГ© en la cabeza, y pГ­danmelo en residencia; que yo me descargarГ© con decir que hice servicio a Dios en matar a un mal mГ©dico, verdugo de la repГєblica. Y denme de comer, o si no, tГіmense su gobierno; que oficio que no da de comer a su dueГ±o, no vale dos habas.В» (Cervantes, Don Quijote de la Mancha, 11, capГ­tulo. XLVII.) Tras esta cita de la mГЎs genial de las novelas, seria casi de excusar cualquier otro comentario o anГ©cdota sobre el sistema de la dieta. El mГ©dico doctor MartГ­n, estando casi en la agonГ­a, dijo a varios colegas que estaban a su alrededor: —SeГ±ores, dejo tras de mГ­ a tres grandes mГ©dicos... Creyendo cada uno de los que le rodeaban que el ilustre enfermo iba a nombrarle a Г©l, quedaron todos suspensos de las palabras que de sus labios surgГ­an: —...el agua, el ejercicio y la dieta. Gran palabra, gran sistema, tan pronto en la cima de la popularidad como condenado al desprecio mГЎs absoluto. Yo recuerdo que de pequeГ±o, cuando estaba enfermo, el mГ©dico y luego de mirarme, auscultarme, etc., lo primero que decГ­a era: —Unos dГ­as de dieta serГЎ lo mejor. Era igual que se tratase de un resfriado, del sarampiГіn, la tos ferina o la difteria —he tenido las cuatro—, el resultado era el mismo. —Un poquito de dieta serГЎ lo mejor. Ahora, cuando mi nieto estГЎ enfermo, sea de lo que sea, la consigna es diferente: —SГ­, que coma lo que quiera, que no sea un alimento pesado, pero que coma, que coma. Esto me recuerda el caso de una seГ±ora que consultaba al doctor Bouvard sobre un remedio entonces en boga y le pedГ­a su parecer. —SeГ±ora, apresГєrese a tomarlo mientras cura —dijo el mГ©dico. La dieta ha tenido entusiastas seguidores y detractores fervientes. Entre los primeros podemos contar al cГ©lebre predicador francГ©s Bordalue. Un mГ©dico pedГ­a al cГ©lebre sacerdote quГ© rГ©gimen de vida observaba. Le respondiГі que no hacГ­a mГЎs que una comida al dГ­a. A lo que contestГі el mГ©dico: —Por favor, no propague el sistema porque nos quedarГ­amos sin clientela. De donde se deduce que para no estar nunca enfermos lo mejor es comer poco, doctrina que coincide con la de aquel mГ©dico que decГ­a: —Nunca me han hecho levantar de noche para asistir a una persona que no hubiese cenado, al paso que es muy frecuente llamarme a altas horas de la noche para visitar a personas que han cenado demasiado. Frase que condensa un proverbio espaГ±ol con las palabras: В«MГЎs matГі una cena que sanГі Avicena.В» El mГ©dico HГ©quet, visitando a sus enfermos ricos, no dejaba nunca de entrar en la cocina, donde abrazaba a los cocineros. —Amigos mГ­os —les decГ­a—, os agradezco los servicios que prestГЎis a nuestra causa; sin vosotros los que entrarГ­an en el hospital serГ­an sГіlo los mГ©dicos. Un rey de Persia enviГі al califa MustafГЎ un mГ©dico muy hГЎbil. Г‰ste al llegar preguntГі por la forma de vivir en la corte. —AquГ­ se come cuando se tiene apetito y no se satisface del todo —se le contestГі. —Entonces —respondiГі el mГ©dico— me voy, pues no tengo nada a hacer aquГ­. Un seГ±or iba preguntando a todos los mГ©dicos conocidos cuГЎl era la mejor hora del dГ­a para comer. El uno le decГ­a a las diez, el otro a las once, el otro a las doce... Y uno, que era el mГЎs experimentado, le dijo: —La perfecta hora de comer para el rico es cuando tiene gana; y para el pobre, cuando tiene de quГ©. Por mi parte creo que la mejor soluciГіn se encuentra en el refrГЎn espaГ±ol: В«Ayunar, despuГ©s de hartarВ» o В«Ayunar, despuГ©s de cenarВ», que se complementa con los de В«Ayunar para bien comer, es fГЎcil hacerВ» y В«Comer hasta enfermar y ayunar hasta sanarВ», Г©ste ya en un plan desbarrado. Y para terminar este apartado, citemos, ya que estamos metidos en refranes, que В«Cura mГЎs la dieta que la lancetaВ», o В«Dieta mangueta [21] y vida quieta y mandar los disgustos a la puГ±etaВ». Y en fin, que В«Harto ayuna quien mal comeВ». LA ETIQUETA Si decimos que alguien va vestido de etiqueta, nadie va a suponer que en el vestido lleva colgado el marbete con el nombre de la sastrerГ­a y el precio del vestido. Hablamos de una comida de etiqueta y de la etiqueta de una botella de vino o aguardiente. ВїTienen las dos acepciones de la palabra el mismo origen? Pues sГ­, lo tienen. В«EtiquetaВ» viene del francГ©s Г©tiquette, igual a rГіtulo o marbete, y se aplicaba, en especial, a aquellos que indicaban el contenido de los legajos judiciales. En tiempos de Carlos I se iniciГі la costumbre de fijar un cartel en determinado lugar del palacio en el que se indicaban los actos del dГ­a y las actividades del rey. Actividades que, naturalmente, eran de etiqueta. Hacia 1670, Lorenzo Magalotti, cГ©lebre escritor italiano y gran viajero, decГ­a en una carta a un su amigo: В«Hablando de los usos y costumbres de una corte, de una oficina, yo no veo malas otras palabras que regГіle, pratiche, costumi y con mГЎs frecuencia que otros Stili. A mi regreso a Italia empecГ© tambiГ©n a decir etichetta. Puede ser que sea malo profanar la lengua toscana con un espaГ±olismo mГЎs; pero el hecho es que se oye decir etichetta incluso por aquellos que nunca han estado en Madrid.В» De ello se deduce que etiqueta en el sentido de ceremonial, ya en el siglo XVII se habrГЎ extendido por toda Europa. Lo mГЎs curioso del vocablo francГ©s es que la forma estignier significa В«fijar, atarВ», derivado a su vez del neerlandГ©s stikken, y con el mismo significado deriva una palabra inglesa de gran uso en todo el mundo, ticket, que en IberoamГ©rica se pronuncia tambiГ©n tiqueta. Marbete, rГіtulo, memoria, todo es lo mismo. Al fin y al cabo, ВїquГ© es el ceremonial sino una etiqueta indicativa de una determinada actuaciГіn? EL JURADO FГ­jense mis lectores cГіmo la mayor parte de las anГ©cdotas tienen lugar en juicios ante jurado. Nunca he podido comprender cГіmo en una naciГіn civilizada que tiene establecida la instituciГіn de la magistratura se puede aceptar la del jurado. ВїEs que se considera que tres o seis aГ±os de bachillerato, cinco o seis de carrera, dos o mГЎs de preparaciГіn de judicatura y los que sean de oposiciones, los magistrados tienen necesidad de ser aconsejados por doce individuos cualesquiera que a lo mejor no conocen mГЎs legislaciГіn que la que rige el fГєtbol? ВїDe quГ© sirve la toga del juez si estГЎ a merced de la voluntad del jurado? Y no se me diga que Г©ste no tiene mГЎs cometido que asesorar al juez, pues peor es la excusa. Hace un tiempo, Ivonne Chevalier matГі de dos tiros a su esposo, que acababa de ser nombrado ministro de uno de los innumerables gobiernos de Francia. El jurado, para hacer absolver a la acusada, contestГі de tal forma a las preguntas del presidente del tribunal que el resultado fue que Ivonne Chevalier habГ­a disparado los tiros, los tiros habГ­an muerto a su marido, pero madame Chevalier no habГ­a muerto a nadie. Cuando el jurado fue instituido en Italia, el profesor de derecho penal de la Universidad de Pisa, Carmignani, dejГі de informar en signo de protesta y el cГ©lebre abogado francГ©s, Jouffroy, le apostrofГі diciГ©ndole: —Usted salva la lГіgica, pero mata a la libertad. ВЎValiente libertad esa cuya existencia es incompatible con la lГіgica! Feroci recuerda que mГЎs de una vez se dio el caso de jurados que protestaron la sentencia del presidente, que respondГ­a en todo al veredicto por ellos votado, y Carrara cita que en una de sus actuaciones dos jurados no votaron sobre los atenuantes, creyendo que habГ­an absuelto cuando en realidad habГ­an condenado; y en otro caso concedieron los atenuantes creyendo haber condenado cuando en realidad habГ­an absuelto. Y Manzini (Trat. Der. Pen. IV, 359) explica que en cierta ocasiГіn, en que el acusado habГ­a confesado, los jurados habГ­an negado la culpabilidad. Este autor define al jurado como В«arcaico sanhedrГ­n de incompetentes obtenidos por sorteoВ». TambiГ©n se ha dicho que В«el jurado es una especie de condenado a trabajos forzados de hacer justicia durante quince dГ­asВ». Cierta vez el jurado por igualdad de votos negГі la existencia del delito de asesinato; el presidente del tribunal dijo que en este caso debГ­a votarse a continuaciГіn.por la existencia de un delito de homicidio, advirtiendo a los jurados que habГ­an votado por el asesinato que descartado Г©ste no podГ­an volver a votar por Г©l. Pues bien, por igualdad de votos fue descartada tambiГ©n la existencia del homicidio, con lo que se tuvo que proceder a nuevo juicio, pues resultaba que habГ­a un muerto, un acusado convicto y confeso, y no existГ­a en cambio delito en la opiniГіn de los doce honrados miembros del jurado. Un jurado, entusiasta cazador, votГі siempre de acuerdo con la tesis del fiscal, pues habГ­a quedado entusiasmado por la precisiГіn en que dicho seГ±or habГ­a hablado sobre los lГ­mites de los vedados y de los tiempo de veda. —Un hombre que tiene una claridad de conceptos tan grande —decГ­a— no puede equivocarse. Y en cambio, otro jurado votГі en contra del fiscal por parecerle que Г©ste en su requisitoria, no habГ­a explicado, con suficiente claridad, la diferencia entre las diversas clases de cafГ©. Y aun se ha dado el caso de un jurado que no vacilГі nunca en votar en blanco, fuera lo que fuera lo que se le preguntase, ya que, segГєn despuГ©s explicГі, lo hizo asГ­ para seguir en un todo los consejos evangГ©licos de no juzgar para no ser juzgado (Mat. 7, 1). El jurado se presta a mГЎs trucos oratorios que el juez. Г‰ste debe ser impresionado por argumentos jurГ­dicos que no sentimentales y para Г©l sГіlo cuentan cГіdigos y disposiciones legales. No obstante, el ingenio del abogado puede, a veces, influir en forma extrajurГ­dica en el ГЎnimo de los jueces. El abogado Fournoy, estando informando un dГ­a, advirtiГі que el presidente estaba distraГ­do por la conversaciГіn de sus compaГ±eros de sala. Entonces, levantando bruscamente la voz, Fournoy, exclamГі de pronto: —Pido a la sala me conceda cuanto menos un favor. —¿QuГ© desea? —le preguntГі el presidente, muy sorprendido. —Pido a la sala que, con el fin de justificarme ante mi cliente, se sirva darme un certificado de que juzga este pleito sin oГ­rme. Desconcertado, el presidente concentrГі su atenciГіn y le permitiГі informar hasta el final. GanГі el pleito. Camus, en el siglo XVIII, en sus cartas sobre la profesiГіn de abogado, deplora В«esas interrupciones que, en algunos parlamentos, se hacen con frecuencia a los abogados, en el transcurso de su informe, para advertirles que concluyan pronto: interrupciones muy enojosas y muy desagradables que molestan mucho al abogado y que no hacen honor al presidenteВ». Menciona algunas respuestas afortunadas de los abogados interrumpidos en forma tan desconsiderada. —Letrado, concluid —decГ­a un dГ­a el presidente al abogado Dumont, que no habГ­a terminado su informe. —Estoy dispuesto a concluir en el acto —replicГі Г©ste con audacia— si la sala entiende que he dicho bastante para ganar el pleito con las costas; en caso contrario, tengo que exponer razones esenciales de las cuales me es imposible prescindir sin faltar a mi deber y a la confianza con que me honra mi cliente. El presidente no insistiГі y el abogado pudo concluir tranquilamente su informe ante la sala, que, a partir de aquel instante, concentrГі en Г©l de nuevo su atenciГіn. Pero quГ© hacer cuando un presidente exclama, como lo hizo, segГєn dicen, cierto magistrado contemporГЎneo: —¡Basta ya, seГ±or letrado! ВЎEl tribunal ya no entiende nada de todo eso! Va a pronunciar su sentencia. ClГ©ry, ingenioso y mordaz, replicГі a un presidente impaciente que le hacГ­a esta oferta seductora: —No informe, letrado, y no habrГЎ prisiГіn. Con estas sencillas palabras: —No es culpable, eres buen juez; absolverГЎs. Por Гєltimo, para que sirva de remate a todos estos incidentes, mencionaremos esta frase de un abogado a quien un presidente recordГі con brusquedad el respeto debido a la magistratura, y que se limitГі a contestarle con dignidad: —¡Sin duda, la magistratura tiene derecho a nuestro respeto, pero la abogacГ­a tiene derecho a vuestras consideraciones! No siempre son los abogados los autores de frases, sino tambiГ©n los jueces aportan material para el anecdotario. En un reciente asunto en el Palacio de Justicia una joven y bella abogada pide un aplazamiento. El juez se niega. La abogada insiste: —Precisamente en el dГ­a fijado tengo ciertos asuntos... Y el juez dice muy serio: —Es posible, seГ±orita, que usted tenga para tal dГ­a ciertos asuntos, pero el tribunal tiene tambiГ©n ciertas reglas. Un abogado hace mucho tiempo que estГЎ hablando. Su perorata es cada vez mГЎs pesada y aburrida. En un momento dado el abogado dice: —Perdonen si grito demasiado, pero es que esta sala es un poco sorda. Y el presidente dice bajito al juez, que se halla a su izquierda: —¡QuГ© suerte tiene! En un tribunal de la Toscana, en una tarde de julio, se discutГ­a cierta causa cuya defensa estaba encargada a un prolijo y aburrido abogado. Г‰ste, cuando llegГі su turno, empezГі a hablar y habГ­a pasado ya una hora y aГєn no daba seГ±ales de terminar, pasГі otra hora y una media mГЎs. El presidente empezГі a dar seГ±ales de cansancio que, advertidas por el defensor, hicieron que parase su perorata y dijese: —Antes de continuar, agradecerГ­a al seГ±or presidente que me asegurase que la sala sigue mi argumentaciГіn. Y el presidente, bonachГіn, respondiГі: —Crea, seГ±or letrado, que este tribunal ha seguido hasta aquГ­ con vivo interГ©s su oraciГіn forense y que le seguirГЎ de la misma manera de aquГ­ en adelante; pero por mi parte debo advertir al seГ±or letrado que sГіlo podrГ© hacerlo por poco tiempo, pues en noviembre espero la jubilaciГіn. En una vista fue llamado, entre otros, un testigo, que, no hacГ­a mucho, habГ­a salido del manicomio. El abogado de una de las partes a quien la declaraciГіn del tal testigo era perjudicial observГі: —¿CГіmo se puede dar crГ©dito, seГ±ores, al testimonio de este seГ±or que hace sГіlo tres meses que ha salido del manicomio? —Es exacto —dijo a Г©ste el testigo—, hace poco que he salido del manicomio; pero en realidad, ello quiere decir que soy el Гєnico de los que se encuentran aquГ­ que puede presentar un certificado que me declara sano de mente. Lo cual quiere decir que no sГіlo a los abogados y los jueces les estГЎ permitido tener ingenio. HabГ­a un fiscal cГ©lebre por su costumbre de desconcertar y confundir a los testigos en la audiencia. —¿A quГ© distancia se encontraba usted del lugar del hecho? —preguntГі cierta vez a uno de ellos. —A siete metros y treinta y nueve centГ­metros. —¿Y cГіmo lo sabe con tanta precisiГіn? —dijo el fiscal, estupefacto. —Porque ya supuse que alguien me harГ­a una pregunta imbГ©cil de este calibre y tomГ© las medidas exactas. Aunque quizГЎ el mejor de los rasgos de ingenio que conozco es el de un abogado defensor a quien el fiscal oponГ­a constantemente la autoridad de la cosa juzgada. A cada argumento peligroso para la acusaciГіn el fiscal interrumpГ­a con vehemencia: —Perdone el letrado, pero a este respecto la autoridad de la cosa juzgada... Pero al final, a una nueva interrupciГіn, el abogado se irrita y extendiendo la mano hacia el crucifijo que preside la sala, exclama: —¡SeГ±or fiscal, he aquГ­ la autoridad de la cosa juzgada! LA ZARZUELA Dice el Diccionario: В«Zarzuela: femenino de zarza.В» Y tambiГ©n: В«zarzuela, femenino, obra dramГЎtica y musical en que alternan la declamaciГіn y el canto. Letra de la obra de esta clase. MГєsica de la misma obraВ». Sabemos, por otra parte, que el palacio de la Zarzuela es la residencia habitual del rey de EspaГ±a, don Juan Carlos. ВїTienen algo que ver una definiciГіn con otra y con el palacio? Efectivamente. Zarzuela es tambiГ©n un lugar poblado de zarzas y en un paraje asГ­, en los montes de El Pardo, se edificГі en el siglo XVII un palacio del Buen Retiro real que se llamГі palacio de la Zarzuela. En Г©l viviГі, durante largas temporadas, el rey Felipe IV. En realidad, el palacio fue construido en 1636 para el infante don Fernando, hermano del rey, que habГ­a sido gobernador de los PaГ­ses Bajos. El arquitecto fue Alonso Carbonell. El infante dio a la corte grandes representaciones de obras en las que, a imitaciГіn de ciertos festines florentinos, se mezclaban letra, mГєsica y escenografГ­a. El erudito don Manuel GarcГ­a Villanueva Ugalde y Parra, escritor del siglo XVIII y fallecido en 1803, en su obra Origen, Г©pocas y progresos del teatro espaГ±ol, escribe que В«Felipe IV, dado a la galanterГ­a, a los placeres y a las musas, alguna vez se empleГі en hacer comedias y en representarlas y las protegiГі apasionadamenteВ». В«El rey se preciaba de ser poeta y entre las comedias que compuso se cuenta una, titulada El conde de Essex, que fue muy aplaudida por el pГєblico..., compuesto por sus cortesanos, por lo que mal se puede deducir si era buena, mala o peor.В» В«La mГєsica, reducida primero a la guitarra y al canto de algunas jГЎcaras entonadas por los ciegos, admitiГі ya el artificio de la armonГ­a cantГЎndose a tres y cuatro; y el encanto de la modulaciГіn aplicada a la representaciГіn de algunos dramas que del lugar en que frecuentemente se oran, tomaron el nombre de "zarzuelas".В» SegГєn algunos autores, Lope de Vega escribiГі la letra de una zarzuela titulada La selva sin amor, pero de ella no han quedado rastros ni de la mГєsica ni "del autor de la misma. En cambio, en 1628, CalderГіn de la Barca escribiГі El jardГ­n de Falerina con mГєsica de Juan Risco. La primera zarzuela asГ­ denominada fue El mayor encanto amor, escrita al alimГіn por SolГ­s, Rojas y CalderГіn. Este Гєltimo escribiГі muchas otras, entre las que hay que destacar El laurel de Apolo y La pГєrpura de la rosa, escrita Г©sta con motivo del matrimonio de la infanta MarГ­a Teresa de Austria con el rey Luis XIV de Francia. En tiempos de Carlos II, el condestable de Castilla hizo escribir varias zarzuelas al gran escritor Francisco Bances CГЎndamo. Entre ellas, la de mГЎs Г©xito fue Duelos de ingenio y fortuna, В«hecha ejecutar con grande y furtiva pompa de galas y trajes, real aparato de escenas, mutaciones, apariencias y mГЎquinas ingeniosasВ». El director de escena tenГ­a, en la mayor parte de los casos, mГЎs importancia que el letrista o el mГєsico ya que los cortesanos, como los espectadores de los espectГЎculos arrevistados de hoy, iban al teatro mГЎs interesados por la tramoya que por el argumento y cantables de la obra. Con el advenimiento de la Casa de BorbГіn decayГі la aficiГіn a estos espectГЎculos que dejaron de representarse en la corte, aunque continuaron en los teatros pГєblicos. Los primeros reyes borbones atacados por una lipemanГ­a pertinaz, se refugiaron en los tristes conciertos de los castrados italianos, algunos de los cuales, como Farinelli, gozaron de gran reputaciГіn y predicamento real. A fines del siglo XVIII se produjo un renacimiento del gusto por la zarzuela que se considerГі, desde entonces, como el gГ©nero nacional por excelencia, olvidando que las operetas francesas o vienesas, por ejemplo, son tambiГ©n mezcla de declamaciГіn y canto. AГ±adamos, por fin, que con el nombre de zarzuela se conoce, especialmente en CataluГ±a, un plato de pescados en salsa, del que hay muchas recetas, tantas como cocineros. Cuando a este plato se le aГ±ade langosta se le conoce con el nombre de «ÓperaВ». MUCHO CRITICAR A LOS MГ‰DICOS, PERO LUEGO... Un mГ©dico habГ­a sido llamado para certificar el fallecimiento de una de sus clientes que, a pesar de todos sus cuidados, no habГ­a podido salvar. Queriendo demostrar la superioridad de su tratamiento, redactГі el certificado en los siguientes tГ©rminos: В«El infrascrito doctor X certifica que la seГ±ora X ha fallecido a consecuencia de una enfermedad desconocida, de la que la habГ­a curado, pero de la que, dada su avanzada edad, no ha podido resistir la convalecencia.В» El honor estaba a salvo y, como dice Nicocles, segГєn Valerio MГЎximo: В«Los mГ©dicos tienen la suerte de que el sol ilumina sus triunfos y la tierra oculta sus faltas.В» Esto, claro, favorece al charlatanismo del que no faltan altos ejemplos que lo justifiquen, ya que, segГєn el doctor Cortezo (discurso de ingreso en la Real Academia EspaГ±ola), AristГіteles lo fue en el sentido mГЎs riguroso de la palabra, pues vendiГі drogas, segГєn testimonio de Epicuro, por las ferias, para poder vivir y reparar en algo la pГ©rdida de su patrimonio derrochado durante su juventud. Este charlatanismo transitorio, ejercido por quien luego educГі al rey mГЎs poderoso de su Г©poca y dictГі un sistema filosГіfico que durante siglos fue acatado por el mundo sabio, demuestra la indiferencia que el grande hombre tenia respecto al daГ±o que sus drogas pudieran hacer, cuando Г©l estimaba lГ­cita su venta para ganar el sustento. Todo ello justifica los dos epigramas de Nicarco harto conocidos; dice el primero: В«FedГіn no me administrГі ni lavativas ni fricciones, pero teniendo la fiebre me acordГ© de su nombre, y hГ©teme muerto.В» Y el segundo: В«Socles ofreciГі enderezar al jorobado Diodoro; colocГі tres pesadas piedras cuadradas sobre su espina dorsal. Diodoro muriГі, pero quedГі mГЎs recto que una regla.В» Y los dos consejos de Quevedo en el Libro de todas las cosas: В«Para que cualquier mujer u hombre, que bien te pareciese, sea hombre o mujer, luego que te trata muera por ti: SГ© el mГ©dico que le cures; y es probado, pues cada uno muere del mГ©dico que le da el tabardillo, o mal que le dio. В»Para no morirse jamГЎs: no seas necio, que estos solos son los que se mueren, que a los desgraciados mГЎtanlos las heridas; a los enfermos mГЎtanlos los mГ©dicos; y los necios sГіlo se mueren a sГ­ mismos.В» Y va otra vez Quevedo: Cura gracioso y parlando a sus vecinas el doctor; y siendo grande hablador es un mГЎtalas callando. A su muГ­a mata andando sentado mata al que cura a su cura sigue el cura con rГ©quiem y funeral y no lo digo por mal. Un mГ©dico testarudo estaba diciendo en una casa que acababa de curar a cierto enfermo. EntrГі en aquel momento un amigo de visita y dijo que el enfermo habГ­a muerto. —¡No puede ser! —exclamГі el mГ©dico. —SГ­, acabo de verlo ahora... —Pues bien, ha muerto curado. Y, en verdad, ВїquiГ©n podГ­a llevarle la contraria? QuiГ©n sabe de quГ© morirГ­a aquel pobre seГ±or. Hablando de un cГ©lebre mГ©dico, Guy PatГ­n escribiГі a su amigo Falconnet: В«Monsieur Bouvard, primer mГ©dico del rey Luis XIII, estГЎ enfermo de una fiebre continua, una fluxiГіn pectoral y de 83 aГ±os.В» Dado el caso de que el doctor Bouvard muriese, Вїa quГ© podrГ­a atribuirse su defunciГіn? ВїA la fiebre, a la fluxiГіn, a la edad o... al mГ©dico? Cierta vez una aguda bronquitis puso en peligro la vida del gran pintor y eminente literato Santiago RusiГ±ol, y Г©l, dada la poca fe que tenГ­a en los mГ©dicos, se negaba a dejarse visitar por ninguno de ellos. Al fin, a fuerza de ruegos, de insistir y de batallar, la familia convenciГі a don Santiago, y un facultativo entrГі en la casa. DГ­as despuГ©s le visitГі el vicepresidente del CГ­rculo ArtГ­stico y, claro estГЎ, le preguntГі cГіmo se encontraba. —Mire usted —contestГі el enfermo—. Antes tenГ­a bronquitis, pero ahora tengo bronquitis y mГ©dico. Hermano espiritual de Santiago RusiГ±ol, debГ­a ser el protagonista de la siguiente anГ©cdota: Dos amigos hablan de una irreparable desgracia sufrida por otro conocido suyo. —¿Y quГ© mГ©dico le visitaba? —Ninguno. Ha muerto por sГ­ solo. Esta respuesta me recuerda una historia oriental. HallГЎbase en oraciГіn al salir el sol un derviche, en los alrededores de El Cairo, y como viese un fantasma que se dirigГ­a a la ciudad se acercГі a Г©l, preguntГЎndole: —¿QuiГ©n eres? —Soy la Peste —respondiГі. —¿AdГіnde vas? —A El Cairo. —¿A quГ©? —A matar quince mil hombres. —¿No hay medio de impedГ­rtelo? —No. AsГ­ estГЎ escrito. —Marcha, pues; pero cuidado que mates uno mГЎs de los quince mil que has dicho. Cuando hubo desaparecido el contagio, volviГі a repetirse el mismo encuentro y el derviche volviГі a comenzar su interrogatorio, diciendo: —¿Vuelves de El Cairo? —SГ­. —¿QuГ© has hecho allГ­? —MatГ© los quince mil hombres. —Mientes, porque los muertos fueron treinta mil. —Es verdad; pero yo no matГ© mГЎs que quince mil; los otros quince mil murieron de miedo. Y es que se puede morir de aprensiГіn, como se puede curar por sugestiГіn. La condesa de Esclignac era una de las seГ±oras mГЎs aprensivas, В«vaporosasВ» y afectadas de los nervios de ParГ­s. El doctor Bouvard, que conocГ­a perfectamente la Г­ndole de los males de la vieja condesa, le tenia prescrito un rГ©gimen sencillГ­simo consistente en tomar un vaso de agua clara al levantarse y, media hora despuГ©s, una jicara de chocolate seguida de otro vaso de agua. Cierto dГ­a se olvidГі de tomar el primer vaso de agua, no reparando en tal olvido hasta despuГ©s de haber tomado el chocolate con un vaso de agua detrГЎs. Grande fue, con este motivo, el desconsuelo de la condesa; se agita, se desespera y manda llamar al mГ©dico. Г‰ste la encuentra realmente desazonada y con algo de fiebre, nacida de la agitaciГіn misma. Enterado de lo sucedido, dice a su enferma: —El caso es grave, pero tiene fГЎcil arreglo. El objeto fundamental de mi rГ©gimen es mantener el chocolate entre dos aguas, a fin de que no se le haga pesado. Hoy, segГєn parece, ha tomado usted lo primero el chocolate y encima un vaso de agua; ahora sГіlo falta el agua debajo; pues bien, tome en seguida una ayuda de agua clara y nada habremos perdido. La condesa comprendiГі la fuerza del razonamiento, se dio una ayuda de agua clara y al punto quedГі restablecida. EL PENDГ“N MORADO DE CASTILLA La caracterГ­stica mГЎs importante del pendГіn morado de Castilla es que no existe ni ha existido nunca. El pendГіn de Castilla es rojo carmГ­n, como la bandera de Navarra o la de la UniГіn SoviГ©tica. ВїQue cГіmo diablos surgiГі el morado como color castellano? Vamos a verlo. La primera referencia escrita sobre el tema se encuentra en las Memorias para la historia de las tropas de la Casa Real de EspaГ±a, Madrid, 1824, por SerafГ­n MarГ­a de Soto. AllГ­ se dice que el Regimiento n.В° 1 o Inmemorial del Rey, tuvo por В«primera bandera el pendГіn morado de Castilla, que debГ­a residir en la compaГ±Г­a CoronelaВ». Ello es, en parte, cierto. El regimiento en cuestiГіn fue fundado el 10 de septiembre de 1634 como coronelГ­a o guardia real, con pendГіn morado, pero que no correspondГ­a a los colores de Castilla, sino a los de su primer coronel, el conde-duque de Olivares, don Gaspar de GuzmГЎn. A este regimiento se lo llamГі В«tercio de los moradosВ» y en el siglo XVIII В«Regimiento del ReyВ», con el sobrenombre de Inmemorial por ser, al parecer, la mГЎs antigua de las unidades de infanterГ­a. El color de la bandera no era morado В«en el sentido actual de violeta oscuro prГіximo al azul, sino rojo grana como el zumo de la moraВ». Se encuentra hoy en la Real ArmerГ­a despuГ©s de haber estado depositado en la iglesia principal de Reus, donde se encontraba el Regimiento al ser disuelto en 1824 y en la basГ­lica de Atocha de Madrid. Cito todos estos datos, y textualmente aquellos que van entrecomillados, entresacГЎndolos del interesante libro Memorial de Castilla , de Manuel GonzГЎlez Herrero, Segovia, 1978, que recomiendo vivamente a mis oyentes y lectores. No se lo pierdan. В«Los Borbones espaГ±oles consagraron con valor oficial para la Casa Real el color morado en lugar del pГєrpura... Carlos Broschi "Farinelli", al describir en 1758 la falГєa real, capitana de la flotilla que para recreo de Fernando VI se estableciГі en Aranjuez, dice: "Cuando se embarcan Sus Majestades, ademГЎs de la bandera que lleva su popa se arbola en el palo mayor el estandarte de las armas reales que es de color morado [...] Alfonso XII y Alfonso XIII usaron siempre el guiГіn morado que se izaba en los edificios y buques en los que se encontraba el rey.В» Quedamos, pues, en que el color morado no es el color del pendГіn de Castilla, ya he dicho que era el rojo el caracterГ­stico castellano. Dice Lope de Vega: Aquel Fernando venturoso espera que corone el alcГЎzar de Sevilla de las rojas banderas de Castilla. La JesuralГ©n conquistada, XV, 22-24 En la iglesia de San MartГ­n de Segovia, en el ayuntamiento de SepГєlveda, en San Vicente de ГЃvila, en los sellos de Alfonso X y Enrique IV, en el pendГіn de las Navas de Tolosa, que se conserva en el monasterio de las Huelgas de Burgos, en dondequiera que se exhiba un pendГіn o escudo de Castilla, en todas partes se verГЎ que es rojo carmГ­n con el castillo de oro de tres torres, si lleva escudo. Por algГєn tiempo se creyГі que los comuneros enarbolaban el pendГіn morado, pero ello era el resultado de confundir los comuneros del siglo XVI con una sociedad paramasГіnica llamada Sociedad de los Comuneros, fundada en el siglo XIX y de la que habla con cierta ironГ­a Benito PГ©rez GaldГіs en В«El Grande OrienteВ», uno de sus Episodios Nacionales. Lo curioso del caso es que el auge del republicanismo a finales del siglo pasado, creo que fue el lerrouxismo incipiente, modificГі la bandera espaГ±ola roja y gualda —que se habГ­a conservado durante la Primera RepГєblica— sustituyendo la banda roja inferior por la morada para contrarrestar asГ­ los movimientos regionalistas —en especial el catalГЎn—, con el que ellos creГ­an que era el color de Castilla en signo de centralismo. Ya lo saben, pues, los republicanos autonГіmicos, regionalistas o separatistas, cuando enarbolan la bandera republicana hacen ondear al viento no los colores castellanos, sino el propio del conde-duque de Olivares, el mГЎs centralista de los ministros de la Casa de Austria. LA HISTORIA DEL SOSTГ‰N DoГ±a Margarita BelГ©n, de Madrid, me escribe preguntГЎndome cuГЎl es el origen de tan sugerente prenda femenina, porque ha leГ­do en un libro norteamericano que fue inventada a comienzos de este siglo, y ella cree que data de mucho tiempo atrГЎs. Creo que el libro que doГ±a Margarita ha leГ­do es el Almanaque de lo insГіlito, de Irving Wallace y David Wallechinsky que, en su tomo 2, pГЎg. 280, afirma que el aГ±o 1912, un tal Otto Titzling en Estados Unidos inventГі el sostГ©n. El libro aГ±ade que В«hacia 1929, Philippe de BrassiГЁre, un francГ©s, as de la aviaciГіn durante la guerra y diseГ±ador de modas en ParГ­sВ», se apoderГі de la idea, le dio un aire mГЎs coqueto y lo transformГі en una invenciГіn francesa, de lo que se siguiГі un pleito y otras zarandajas. Por esto, aГ±ade el libro, В«en los paГ­ses anglosajones a los sostenes se los llama "brassiГЁres" o "bra"В». Todo eso es muy bonito, pero no me acaba de convencer del todo. VerГЎ usted, seГ±ora, ya las mujeres romanas usaban para sostener el pecho unas fascia pectoralis, mamillares o strophium. AdemГЎs, se sabe que algunas damas de la alta sociedad empleaban unas redecillas sutiles de hilos argГ©nteos o de oro para sujetar los pechos y que dejaban pasar por un agujero de tal redecilla a los pezones que eran pintados de carmГ­n, oro o plata para resaltarlos y que hicieran juego con el strophium en cuestiГіn. Por otro lado, la palabra soutiengorge, o sostГ©n en francГ©s, aparece en 1905 en el vocabulario de la lengua de nuestros vecinos, lo cual indica que antes de 1912 ya se conocГ­a dicha prenda en Francia; la palabra queda registrada en el diccionario Larousse, en 192S, es decir, cuatro aГ±os antes de que el tal Philippe de BrassiГЁre descubriese el sostГ©n en NorteamГ©rica. MГЎs aГєn, del tantas veces citado Philippe de BrassiГЁres, no he encontrado dato alguno en las dos o tres historias de la primera guerra mundial que he consultado. No digo que no haya existido, digo solamente que no lo he encontrado citado. Pero la palabra brassiГЁre como nombre comГєn sГ­ se encuentra en los diccionarios. Concretamente en el Petit Robert, que tengo ante mГ­, se dice que es palabra que data del siglo XIII derivada de bras, o sea brazo, y una de sus acepciones es la de tirantes de una camisa, un jubГіn, etc. En 1863 se llamaba brassiГЁre a un tipo de camisa de mujer muy ajustada o de niГ±o muy corta. De todo ello deduzco que en los paГ­ses anglosajones se llama brassiГЁre al sostГ©n para las cintas que le sujetan por sobre los hombros. AГ±adamos a todo ello que el modista [22] Paul Poiret afirma en su libro En habillant l'Г©poque, que Г©l fue quien, al desterrar al corsГ© como prenda femenina, inventГі el sostГ©n para los pechos de sus dientas. Creo, por todo lo expuesto, que el sostГ©n, tal como hoy lo concebimos y admiramos, es de invenciГіn francesa, reciente, y nada tiene que ver con lo expuesto en el libro de Wallace y Wallechinsky. Y permГ­tame una Гєltima apostilla: cada vez se usa menos la palabra sostГ©n y mГЎs la de sujetador. Creo que estГЎ muy puesta en razГіn. Es mucho mГЎs bonito imaginar algo que sujeta lo que tiende a escaparse, que algo que sostiene lo que tiende a caer. Maravillosas sutilezas de la coqueterГ­a femenina. ONANISMO Y MASTURBACIГ“N Un oyente me pregunta si estas dos palabras significan lo mismo. SegГєn el Diccionario de la Real Academia EspaГ±ola son sinГіnimas. Efectivamente, en el citado diccionario se dice —ediciГіn de 1970, que es la que uso: Onanismo (de OnГЎn, personaje bГ­blico): vicio sexual solitario, masturbaciГіn. MasturbaciГіn: acciГіn y efecto de masturbarse. Masturbarse: procurarse solitariamente goce sensual. Creo que son una sarta de disparates. Este В«solitariamenteВ» es absurdo, pues de todos es sabido que se puede efectuar el acto en grupo o se puede masturbar a otra persona del propio sexo o del contrario. В«SensualВ» es otro error. DeberГ­a decir В«sexualВ», pues la sensualidad no precisa necesariamente del sexo para manifestarse. Ante una buena mГєsica, una buena comida, un buen vino, puede gozarse sensualmente; ВЎy cГіmo! Pero Вїes que cuando oigo a Mozart a solas en mi casa puede alguien decir que me estoy masturbando? No olvidemos que el Diccionario de la Academia no contiene todas las acepciones de una palabra. A veces las recoge con retraso. Piensen mis lectores que la palabra В«masturbaciГіnВ» no entra en Г©l hasta 1899, cuando ya Montaigne la usaba en francГ©s en 1570. Por otra parte, y aunque sea apartГЎndonos un momento del cogollo de la pregunta, recordemos que si un extranjero lee que el aire de Madrid o de Barcelona estГЎ muy polucionado y recurre al diccionario, se encontrarГЎ con la definiciГіn siguiente: PoluciГіn: EfusiГіn del semen. Con lo cual obtendrГЎ una idea bastante rara de la manera de comportarse de barceloneses y madrileГ±os. Esta definiciГіn ya la daba el doctor Francisco LГіpez de Villalobos en su Sumario de la Medicina en 1498. Deriva del latГ­n polluere, manchar, ensucia/. En el latГ­n eclesiГЎstico antiguo se hablaba de la poluciГіn de una iglesia cuando se profanaba Г©sta. En francГ©s continГєa la palabra polution con el mismo significado, y de ahГ­ nos ha venido a nosotros con el que ahora le damos. Pero continuemos con nuestro tema. Ya he dicho que onanismo dice el Diccionario AcadГ©mico que deriva del personaje bГ­blico OnГЎn. Veamos, pues, lo que dice la Biblia en el GГ©nesis, cap. 38 versГ­culos 1-10: В«SucediГі por entonces que bajГі JudГЎ, apartГЎndose de sus hermanos, y llegГі hasta un adulamita, de nombre Jira. Vio allГ­ a una cananea llamada SuГ©, y la tomГі por mujer y entrГі a ella, que concibiГі y pariГі un hijo, al que llamГі Er. ConcibiГі de nuevo y pariГі un hijo, a quien llamГі OnГЎn; volviГі a concebir y pariГі un hijo a quien llamГі Sela; cuando pariГі Г©ste, hallГЎbase en Quizib. TomГі JudГЎ para Er, su primogГ©nito una mujer llamada Tamar. Er, primogГ©nito de JudГЎ, fue malo a los ojos de YahvГ©, y YahvГ© le matГі. Entonces dijo JudГЎ a OnГЎn: "Entra a la mujer de tu hermano, y tГіmala como cuГ±ado que eres, para suscitar prole a tu hermano." Pero OnГЎn, sabiendo que la prole no serГ­a suya, cuando entraba a la mujer de su hermano se derramaba en tierra para no dar prole a su hermano. Era malo a los ojos de YahvГ© lo que hacГ­a OnГЎn, y le matГі tambiГ©n a Г©l.В» Es decir, que lo que hizo OnГЎn no fue masturbarse, sino usar el coitus interruptus, marcha atrГЎs o retirada a tiempo, que con estas palabras se conoce al mГ©todo anticonceptivo mГЎs fГЎcil, mГЎs usado y menos seguro. Parece un poco raro que un padre le diga a su hijo que se una sexualmente a su cuГ±ada viuda, pero Г©sta era la llamada ley del levirato, de levir —cuГ±ado—, seguida por los hebreos de aquel tiempo. Se encuentra en el Deuteronomio cap^-25, versГ­culos 5-10: В«Cuando dos hermanos habitan uno junto al otro y uno de los dos muere sin dejar hijos, la mujer del muerto no se casarГЎ fuera con un extraГ±o; su cuГ±ado irГЎ a ella y la tomarГЎ por mujer, y el primogГ©nito que de ella tenga llevarГЎ el nombre del hermano muerto, para que su nombre no desaparezca de Israel. Si el hermano se negase a tomar por mujer a su cuГ±ada, subirГЎ Г©sta a la Puerta, a los ancianos y les dirГЎ: "Mi cuГ±ado se niega a suscitar en Israel el nombre de su hermano; no quiere cumplir su obligaciГіn de cuГ±ado, tomГЎndome por mujer." Los ancianos de la ciudad le harГЎn venir y le hablarГЎn. Si persiste en la negativa y dice: "No me agrada tomarla por mujer", su cuГ±ada se acercarГЎ a Г©l en presencia de los ancianos, le quitarГЎ del pie un zapato y le escupirГЎ en la cara, diciendo: "Esto se hace con el hombre que no sostiene la casa de su hermano." Y su casa serГЎ llamada en Israel la casa del descalzado.В» Debo hacer algunas aclaraciones. La viuda debГ­a no tener hijo varГіn, aunque los tuviera hembras, pues la heredad y el nombre de la tribu se transmitГ­a por lГ­nea de varГіn. Quien debГ­a cohabitar con la citada viuda habГ­a de ser precisamente el hermano del muerto, hijo del padre, aunque fuera de distinta madre. El fruto de esta cohabitaciГіn se consideraba hijo del difunto y heredaba sus bienes y su nombre. Tal vez por ello OnГЎn procediГі tal como lo hizo. En el libro de Rut, NoemГ­ se excusa ante Rut y su otra nuera por no tener hijos que darles en sustituciГіn de los difuntos. AsГ­ pues, queda claro la diferencia entre masturbaciГіn y onanismo que confunde en sus definiciones el Diccionario de la Real Academia EspaГ±ola. Y aunque aquГ­ queda explicado, segГєn creo, lo que se me pedГ­a, estimo que es interesante seguir con la historia de la pobre Tamar. ContinГєa el GГ©nesis en el mismo capГ­tulo 38, versГ­culos 11-26. В«Dijo entonces JudГЎ a Tamar, su nuera: "QuГ©date como viuda en casa de tu padre hasta que sea grande mi hijo Sela." Pues se decГ­a: "No vaya a morir tambiГ©n Г©ste como sus hermanos." Fuese, pues, Tamar y habitaba en casa de su padre. PasГі mucho tiempo, y muriГі la hija de SuГ©, mujer de JudГЎ. Pasado el duelo por ella, subiГі JudГЎ con su amigo Jira, el adulamita, al esquileo de su ganado a Tamna. HiciГ©ronselo saber a Tamar diciГ©ndole: "Mira, tu suegro ha ido a Tamna al esquileo de su ganado." Despojose ella de sus vestidos de viuda, se cubriГі con un velo, y cubierta se sentГі a la entrada de EnaГ­m, en el camino de Tamna, pues veГ­a que Sela era ya mayor y no le habГ­a sido dada por mujer. JudГЎ, al verla, la tomГі por una meretriz, pues tenГ­a tapada la cara. Dirigiose adonde estaba, y le dijo: "DГ©jame entrar a ti", pues no conociГі que era su nuera. Ella le respondiГі: "ВїQuГ© vas a darme por entrar a mГ­?", y Г©l contestГі: "Te mandarГ© un cabrito del rebaГ±o." Ella le dijo: "Si me das una prenda hasta que lo mandes..." "ВїQuГ© prenda quieres que te dГ©?", le dijo Г©l. Ella contestГі: "Tu sello, el cordГіn de que cuelga y el bГЎculo que llevas en la mano." Г‰l se los dio, y entrГі a ella, que concibiГі de Г©l. Luego se levantГі, se fue, y quitГЎndose el velo volviГі a vestirse sus ropas de viuda. MandГі JudГЎ el cabrito por medio de su amigo el adulamita para que retirase la prenda de manos de la mujer; pero Г©ste no la hallГі. PreguntГі a las gentes del lugar, diciendo: "ВїDГіnde estГЎ la meretriz que se sienta en EnaГ­m a la vera del camino?" Y ellos le respondieron: "No ha habido ahГ­ nunca ninguna meretriz." VolviГі, pues, a JudГЎ, y le dijo: "No la he hallado, y las gentes del lugar me han dicho que no ha habido allГ­ ninguna meretriz." Y dijo JudГЎ: "Que se quede con ello, no vaya a burlarse de nosotros; yo ya he mandado el cabrito y tГє no la has hallado." Al cabo de unos tres meses hicieron saber a JudГЎ la cosa, diciГ©ndole: "Tamar, tu nuera, se ha prostituido y de sus prostituciones estГЎ encinta." JudГЎ contestГі: "Sacadla y quemadla." Cuando se la llevaban mandГі ella decir a su suegro: "Del hombre cuyas son estas cosas estoy yo encinta. Mira a ver de quiГ©n son ese anillo, ese cordГіn y ese bГЎculo." Los reconociГі JudГЎ, y dijo: "Mejor que yo es ella, pues no se la he dado a Sela, mi hijo." Pero no volviГі a conocerla mГЎs.В» JudГЎ, el suegro de Tamar, la manda a su casa paterna, la de ella, prometiГ©ndole que cuando su hijo menor sea hombre la unirГЎ a Г©l; pero en el fondo algo de supersticiГіn habГ­a en su decisiГіn, pues al decir: В«No sea que muera Г©l como sus hermanosВ», ello hace un poco mГЎs comprensible, teniendo siempre en cuenta el espГ­ritu de la Г©poca, la conducta posterior de Tamar. Г‰sta se encuentra en una posiciГіn ambigua de viuda, no repudiada, prometida, sin hijos y esto, sobre todo, es lo que mГЎs le dolГ­a, pues sГіlo las verdaderas viudas repudiadas y sin hijos podГ­an ser devueltas a casa de sus padres. Por ello, dispuesta a todo, se hace pasar por una prostituta, pero cuida a hacerse con una prenda que asegure al futuro posible hijo el reconocimiento por parte de JudГЎ. Le pide, pues, como arras el sello que en Oriente se usaba para cerrar un contrato, el cordГіn con el que el sello se colgaba al cuello y el bastГіn de jefe de familia o de tribu. En caso de adulterio, la adГєltera era quemada, mГЎs tarde lapidada. RecuГ©rdese el cГ©lebre episodio narrado en el Evangelio. Pero cuando JudГЎ reconoce sus prendas reconoce tambiГ©n al hijo como continuador de su estirpe. No vuelve a tener mГЎs relaciГіn matrimonial con Tamar, pero carga con las responsabilidades de padre, suegro, esposo y jefe de tribu. This file was created with BookDesigner program [email protected] 25/11/2012 notes Notas a pie de pГЎgina [1] La Гєnica parte de la humanidad que no tiembla al cruzar las puertas de los juzgados estГЎ formada por aquellos que ganan su vida con menesteres judiciales. [2] Estos son los preceptos del derecho: vivir honestamente, no daГ±ar a nadie, dar a cada uno lo suyo. ULPlANO.lib. IregularuminDigesto, lib. 1,10,11. Ya ClCERГ“N habГ­a dicho algo semejante en De natura deorum III, 15: В«Justitia... suum cuique di stribuit.В» [3] Salmo LXXXIV, v. II. [4] Quita, mata. [5] Partida III, tГ­tulo I, ley I. [6] AsГ­ trasladГі esta fГЎbula SalvГЎ a su GramГЎtica espaГ±ola, en la ediciГіn de ParГ­s de 1830, y de allГ­, sin duda, la copiaron cuantas antologГ­as y colecciones de trozos escogidos la han publicado despuГ©s, viniendo al cabo la moraleja del apГіlogo a convertirse en frase proverВ¬bial. VeintitrГ©s aГ±os despuГ©s, recogiГі Mora las poesГ­as que su paternal amor juzgГі dignas de llevar su nombre y precedidas de una advertencia preliminar y dedicadas al conde de San Luis diolas a luz en Madrid y ParГ­s el aГ±o 1853. En esta ediciГіn definitiva y ne varГ­etur, el cuarto verso de la fГЎbula se lee asГ­: A ser un Cesalpino entre los gatos, y el final va corregido del siguiente modo: Las uГ±as, dijo el gato, bueno es esto quГ© hace sin uГ±as un letrado ignoro. ВїNo vemos que en el Foro trabajan mГЎs las uГ±as que el Digesto? LeГіn Medina: R.H.XVIII.21. [7] ASENSIO, 74. Este cuento del siglo XVIII se encuentra ya en Poggio Bracciolini y en los cuentistas medievales. Es, sin duda, de origen oriental. [8] Dilexi iustitiam, el odivi iniquitatem, propterea morior in exilio. En la Vida de los pontГ­fices, escrita por el cardenal NicolГЎs de AragГіn, se aГ±ade В«quod contra quГ­dam Venerabilis Episcopus respondisse narratur: Non potes. Domine, morГ­ in exilio, qui en vice Christi et Apostolorum ejus divinitus accepisti gentes haereditatem, et possessionem termino terrae,В» [9] Quevedo, El alguacil alguacilado. [10] DГЎbase el nombre de В«dГ­asВ» a la duraciГіn del periodo de las sesiones de los triВ¬bunales. [11] La traducciГіn espaГ±ola del libro de Nicolay, de donde copio estas lГ­neas, pone В«truchaВ» en vez de В«cerdaВ», creo que por equivocada traducciГіn de la palabra francesa В«trufeВ». Y eso que el traductor era nada menos que don Juan B. EnseГ±at, C. de la R. A. de la Historia que de estos menesteres entendГ­a lo suyo. Quandoque bonus dormitat Homerus dice Horacio (ArspoГ©tica, V, 359). Y para demostrar que nadie estГЎ libre de error, recuГ©rdese que el propio Cervantes al citar este latinajo se trastocГі y lo escribiГі: Aliquando bonus... El que estГ© libre de pecado que tire la primera piedra. [12] Rath-Vegh . Historia de la estupidez humana. [13] El libro fue editado en 1631. [14] LГ©ase HAGGART. El mГ©dico en la Historia. Ed. Sudamericana, Buenos Aires, 1943 [15] Esta anГ©cdota, que he copiado de un libro del siglo pasado, es falsa. Tiene su origen en unos versos de una obra de CalderГіn de la Barca que dicen: Habla en una ciudad un loco; aqueste tenГ­a tan gran tema, que decГ­a ser toda ВЎa Trinidad. Un hidalgo que gustaba dГ©l un vestido le dio; pero en dos dГ­as quedГі tan roto como se estaba. El hidalgo le riГ±Гі diciendo: «¿CГіmo has rompido tan apriesa ese vestido?В» Y el loco le respondiГі: «¿CГіmo durar puede ser en mГ­ vestido ninguno, si el vestido es sГіlo uno y somos tres a romper?В» Como se ve, se ha de ir con mucho cuidado y no fiarse en demasГ­a de los anecdotarios. Este incluido. [16] Miles gloriosus es el tГ­tulo de una obra de Plauto. La traducciГіn exacta serГ­a Soldado glorioso o valeroso, pero desde Plauto hasta hoy se le ha dado un sentido irГіnico, que es el que ofrezco ahora. [17] VГ©ase El mГ©dico en la Historia, de Haggarth. [18] Se llamaba asГ­ al prГ­ncipe heredero francГ©s, por serlo de la regiГіn del DelfГ­nado. [19] Los pГЎrrafos entrecomillados se pueden encontrar en el panfleto de GONZALO DE REPARAZ (hijo): Los Borbones de EspaГ±a. Historia patolГіgica de una dinastГ­a degenerada. Madrid, Javier Morata, 1931, publicada a raГ­z de la proclamaciГіn de la Segunda RepГєblica. [20] Г‰sta es la versiГіn mГЎs conocida; pero es falsa. La palabra cesГЎrea viene del verbo caedare. cortar, y se ignora cГіmo naciГі Julio CГ©sar. [21] Mangueta es la cГЎnula que sirve para dar lavativas. [22] AsГ­, modista y no modisto, del mismo modo que se dice ebanista o electricista y no ebanisto o elcctricisto.

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